martes, 15 de enero de 2008
Jon Vickers, tenor
ROH Covent Garden/Colin Davis



Peter Grimes es un pescador inglés de principios del siglo XIX que tiene un carácter huraño y cuando menos diferente. Se ve marginado y culpabilizado por el resto de la sociedad, que no acepta las diferencias en su seno. Esta actitud del pueblo le hará convertirse en un hombre cada vez más solitario que detesta las relaciones con el resto de sus conciudadanos. Ante esta perspectiva, el pueblo buscará cualquier excusa para condenarle. La situación acaba siendo tan traumática y tan asfixiante, por la presión ejercida por la sociedad, que el pescador terminará suicidándose, volviendo así la tranquilidad a la aldea, cuando el elemento diferenciador ha sido eliminado. Dos ideas son básicas en la obra, por un lado el retrato de los hombres y mujeres que viven del mar y por otra lo cruel que puede ser la sociedad frente a quien no se ajusta a sus normas.

La obra de Britten es la primera ópera inglesa destacable desde "Dido y Eneas" de Purcell, escrita en 1689. Esto significa que el compositor no tuvo precedentes directos ingleses en los que basarse y hubo de crear muchas veces, en el sentido más estricto del término. Benjamín Britten se muestra aquí por primera vez como un auténtico autor dramático. Su estilo es nuevo, moderno, conmovedor, inteligente sin ser intelectual, en una línea media entre el verismo y el impresionismo. Sin poder calificar la música de Britten de "descriptiva" o "programática", su riqueza de efectos en esta obra posee una fuerza inusual. La obra fue estrenada en el londinense Sadler Wells Theater el 7 de junio de 1945, sólo un mes después de acabada la Segunda Guerra Mundial.

Britten, natural de una aldea en la costa marítima de Inglaterra, quiso reflejar este mundo que él tan bien conocía a la hora de componernsu primera ópera. En sus propias palabras “un mundo de pescadores, de hombres y mujeres que viven del mar y para la mar”. Pero su obra va más allá de esa particularidad y llega hasta la misma esencia del comportamiento humano. Fuera de la anécdota del lugar y del tiempo, la ópera de Britten muestra a una sociedad que margina y repudia al diferente, al que no se siente plenamente integrado en ella. En este sentido, las referencias implícitas a la homosexualidad, son claras. Grimes se convierte en el prototipo (que no héroe) de la persona socialmente repudiada por su comportamiento, el símbolo de la opresión de la mayoría frente al diferente. Situaciones además que aparecen en la obra, como las canciones que canta el marinero a su grumete o el cariño que siente hacia éste, redundan en este postulado.

Britten utiliza la politonalidad en ciertos momentos, también armonías muy libres y audaces, cuando lo exige el drama; pero en el fondo nunca abandona la tonalidad, pues ha reconocido en ella la firme columna vertebral de la música occidental. Sin poder calificar la música de Britten de «descriptiva» o «programática», su riqueza de efectos posee una fuerza inusual; incluso sin escenografía (por ejemplo en los interludios orquestales) surge la impresión del mar, de los poderes elementales, del destino inevitable, de la monotonía opresiva, de la sofocante estrechez de los conflictos y pasiones humanos, a partir de los sonidos que Britten crea con una paleta de colores casi inagotable. A veces el sonido se vuelve popular, sin caer en lo folclórico; suena una vieja melodía de pescadores de la costa oriental y añade algún que otro matiz.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
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