Para muchos, Berlioz ejemplifica la imagen del compositor romántico como artista. Trabajó sin descanso para divulgar la música de su tiempo. Al verse obligado a enseñar a distintos grupos orquestales la técnica que requería el nuevo estilo, fue maestro de toda una generación de músicos, y se convirtió en el primer director de orquesta virtuoso.
Con la «Sinfonía fantástica, opus 14» (1830) produjo una revolución estética por el uso integral de un programa literario (inspirado en la actriz irlandesa Harriet Smithson con la que más tarde contrajo matrimonio), y estableció la música programática como género dominante en las obras orquestales románticas. En esta obra, así como en «Harold en Italia» (1834, inspirada en el poema Childe Harold de Lord Byron), una sinfonía para viola y orquesta, el empleo de la transformación constante de un tema (
ideé fixe, o idea fija), anticipa el género que el compositor húngaro Franz Liszt denominó poema sinfónico, género que utilizaron importantes compositores como Richard Strauss y Richard Wagner, este último desarrolló en Alemania la técnica conocida como
leitmotiv, concepto que utilizó en sus extensas obras, en donde a cada personaje y situación le corresponde su propio
leitmotiv o motivo conductor.