Allegro ben moderato
Quinteto Cambini
El Quinteto de viento, también conocido como Quinteto de viento-madera, es un grupo de cámara formado por cinco instrumentos: flauta, oboe, clarinete, trompa y fagot. También suele denominarse de la misma forma a las obras compuestas para dicha agrupación.
Al contrario que el Cuarteto de cuerda, cuyo timbre sonoro es muy homogéneo, los instrumentos del Quinteto de viento se diferencian considerablemente entre sí, tanto en el timbre como en la técnica interpretativa de sus integrantes. El Quinteto de viento moderno nace a partir de una agrupación camerística patrocinada por el emperador José II de Habsburgo en la Viena del siglo XVIII: dos oboes, dos clarinetes, dos trompas y dos fagotes.
A principios del siglo XIX, los quintetos compuestos por Anton Reicha o Franz Danzi establecieron definitivamente este género. Aunque en la segunda mitad del siglo XIX se produjo una notable caída en el número de obras compuestas, en los albores del siglo XX el quinteto de viento tomó fuerza definitiva.
Autores destacables en este género:
Siglo XVIII
Antonio Rosetti (1750-1792): Quinteto para flauta, oboe, clarinete, corno inglés y fagot
Siglo XIX
Johann Georg Albrechtsberger (1736–1809): Quinteto para dos oboes, clarinete, trompa y fagot
Giuseppe Maria Gioacchino Cambini (1746–1825)
Franz Danzi (1763–1826)
Johann Georg Lickl (1769–1843)
Antoine Reicha (1770 – 1836)
August Klughardt (1847–1902)
Carl Nielsen (1865 - 1931)
Arnold Schoenberg (1874 - 1951)
Heitor Villa-Lobos (1887- 1959)
Jacques Ibert (1890 - 1962)
Darius Milhaud (1892-1974)
Walter Piston (1894-1976)
Paul Hindemith (1895-1963)
Roberto Gerhard (1896–1970)
Ernst Krenek (1900–1991)
Ferenc Farkas (1905–2000)
Elliott Carter (1908)
Samuel Barber (1910-1981)
Jean Françaix (1912-1997)
Ingolf Dahl (1912-1970)
Vincent Persichetti (1915-1987)
Malcolm Arnold (1921-2006)
György Ligeti (1923-2006)
Hans Werner Henze (1926)
Karlheinz Stockhausen (1928-2007)
Ramiro Cortés (1933–1984)
Siglo XXI
Stephen Truelove (1946)
CARL NIELSEN (1865-1931): QUINTETO EN LA MAYOR OP. 43.
Esta obra es fundamental en el repertorio moderno del quinteto de vientos y la más famosa, dentro de lo que cabe, del concierto de hoy. Una obra que, además, debemos a una casualidad telefónica. Y es que, en una tarde de verano de 1921, Carl August Nielsen –el compositor más conocido de los nacidos en Dinamarca–, hablando por teléfono con un amigo, escuchó de fondo a unos músicos ensayando en su casa una obra para vientos de Mozart y en ese mismo instante le surgió el deseo de componer algo para aquellos ejecutantes, y esa obra, de unos veinticinco minutos de duración, concluida al año siguiente, es el Quinteto Op. 43 que, efectivamente, llegaron a estrenar aquellos músicos que Nielsen escuchó al otro lado de la línea telefónica y que eran los miembros del Quinteto de vientos de Copenhague.
Desde ese estreno en 1922 –primero, en casa de un banquero de Gotemburgo y, meses después, en concierto público–, el Quinteto de Nielsen se ha convertido en paradigma de su género dentro del ámbito escandinavo y compositores posteriores, como el sueco John Fernström o el noruego Johan Kvandal, han escrito otros siguiendo las líneas marcadas por éste.
Compuesto entre las Sinfonías Quinta y Sexta, el Quinteto es un descanso entre las fuerzas titánicas desencadenadas por una y los enigmas un tanto descarnados propuestos por la otra. Nielsen, como su contemporáneo Sibelius, demostró que se podían componer grandes obras sinfónicas sin seguir ni los caminos de la vanguardia atonal ni el neoclasicismo aséptico –más que aséptico, antibiótico– de Stravinsky. Sin embargo, en el presente Quinteto, tal vez esté Nielsen más cerca del músico ruso que en ninguna otra de sus obras, ya desde el mismo comienzo, que se abre con un solo de fagot, como La Consagración de la Primavera. Sin su asepsia antibiótica, el compositor danés nos ofrece superficies tersas, timbres claros, líneas definidas y, por si fuese poco, un minueto en el segundo tiempo y un tema con variaciones en el tercero, como si nos encontrásemos en una sonata de Mozart. Aun así, no debemos olvidar que nos hallamos ante el autor de las poderosas sinfonías Expansiva e Inextinguible (la Tercera y la Cuarta, respectivamente) y por ello, a pesar de esta estética neoclásica, la originalidad de las modulaciones y el rigor de unos desarrollos siempre progresivos son inequívocamente personales.
Los tres movimientos de la obra son: Allegro ben moderato, Menuet y Praeludium (Adagio) – Tema con variaciones.
CARLOS DE MATESANZ.