miércoles, 23 de enero de 2008
Orquesta Filarmónica de Viena
Herbert von Karajan



Estrenada en el Hoftheater de Munich el 10 de junio de 1865 bajo la dirección musical de Hans von Bülow, la partitura de Tristan und Isolde fue terminada en Venecia en 1859, ciudad a la que Wagner se había trasladado con el alma destrozada tras la ruptura con su amor imposible, Mathilde Wesendonck. La historia, basada en una antigua leyenda celta refundida en el siglo XIII por Gottfried von Strassburg, sirvió al compositor alemán para sentar las bases del moderno drama musical, el “más hermoso poema de amor jamás escrito”, según Thomas Mann, profundamente unido al alma romántica por el culto a la noche y la idea schopenhaueriana de la negación de la voluntad de vivir de los amantes.

Un breve, demoledor y desgarrado preludio inaugura el tercer y último acto. Un pastor toca con su caramillo (corno inglés) una sencilla melodía junto al castillo de Tristan, en Kareol. Al terminar su canción pregunta a Kurwenal sobre el estado de salud de su señor. Destrozado, el escudero le responde que agoniza. Tristan se agita en su lecho. Kuwenal intenta animarle diciéndole que Isolde estará muy pronto a su lado. El malherido guerrero manifiesta a Kurwenal su inmenso y franco agradecimiento. La espera se prolonga y Tristan, delirando, rememora el filtro amoroso. Por un instante recupera la conciencia y ansía la llegada de Isolde. La asfixiante y desesperada música que Wagner idea para esta escena es, sin duda, una de las más estremecedoras de la historia de la ópera. La escritura vocal es de una incandescencia y una exigencia extremas. La embarcación que trae a Isolde se divisa en la lejanía. Tristan envía a Kurwenal a recibirla.

Enloquecido, el guerrero se arranca sus vendajes. Entra Isolde y se arroja a los brazos de Tristan, que, unos instantes después, expira. El dolor de la princesa es infinito. El pastor anuncia a Kurwenal la llegada de otro navío. A bordo vienen Marke y los suyos. El escudero se dispone a defender el castillo. Aparece Melot y Kurwenal le atraviesa con su espada. Después se enfrenta a los soldados del re y, encontrando la muerte. Entran Brangäne y Marke. El rey, quien confiesa haber viajado hasta allí con la única intención de perdonar a los amantes es devorado por la amargura al ver el cuerpo sin vida de su querido Tristan y lamenta la tragedia desencadenada. Pero Isolde ya no pisa este mundo. Junto al cuerpo inerme de Tristan, la princesa entona su acongojante, extático lamento “Mild und leise” (“Delicioso y suave”). Al finalizar su canto exhala su último suspiro . Marke bendice a los amantes y cae el telón.
Publicado por jrtapia @ 8:00  | Voces femeninas
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