I. Allegro Vivace
Orquesta Filarmónica de Viena/Karl Böhm
Durante los meses del verano de 1788, Mozart compuso las sinfonías nº 39 (en Mi bemol mayor K 543), nº 40 (en Sol menor K 550) y nº 41 (en Do mayor K 551), que serían sus últimas obras sinfónicas. Ese verano fue, tal vez uno de los más dramáticos para el maestro de Salzburgo. Abandonado por la crítica y agobiado por las deudas y el desastre financiero, Mozart se vio forzado a dejar la Viena y mudarse a una casa en las afueras. Aquí, en sólo tres meses compuso estas tres obras maestras, esplendor de la música instrumental. Son tres sinfonías de una notoria superioridad en comparación con las anteriores.
La Sinfonía "Júpiter” tiene como fecha de terminación el 10 de agosto de 1788, dieciséis días después de haber puesto fin a la nº 40. Su desarrollo melódico y armónico, así como su material temático y su colorido instrumental alcanzan en esta obra el culmen. Los instrumentos de viento no se emplean como simple acompañamiento, sino que Mozart les hace cantar como solistas.
La Sinfonía nº 41 utiliza la instrumentación típica de la sinfonía clásica: vientos a dos (1 flauta, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas y 2 trompetas), timbales y cuerdas. En cuanto a éstas, Mozart introduce una importante innovación que se mantendrá hasta el siglo XX: separa los violonchelos de los contrabajos, que antes tocaban siempre la misma parte aunque separados por una octava. Surge así el quinteto de cuerdas formado por violines primeros y segundos, violas, violonchelos y contrabajos.
La "Sinfonía Júpiter" tiene cuatro tiempos, siguiendo la costumbre y el orden usuales a la sazón. El primero de ellos, "Allegro vivace", está en forma de sonata. El segundo es un "Andante cantabile", el tercero, "Menuetto: Allegretto" y el Finale es "Molto allegro".
Parece ser que fue J. P. Salomon, empresario alemán, establecido en Inglaterra, quien dio a esta sinfonía el sobrenombre de "Júpiter", nombre de la suprema divinidad de la mitología romana. Con ello quiso probablemente resumir en una palabra el carácter triunfal, generoso y solemne de la obra. Compuesta poco después de la melancólica y rebelde Sinfonía nº 40, representa la superación de estos sentimientos con una voluntad afirmativa y una majestuosidad que concuerdan con la tonalidad de do mayor.
Con su sinfonía "Júpiter", Mozart indica ya de manera clara el camino que esta forma va a seguir en la época romántica. En ella, el centro de gravedad se desplaza al movimiento final, lo que va a ser un rasgo característico en la centuria siguiente a su existencia. Con todo el rico contenido de esta sinfonía trasciende los esquemas clásicos, y desde las sinfonías de su madurez fue profundizando en cada una de sus obras como unidades espirituales y con rasgos singulares que son los que definen su genialidad siempre vigente.