jueves, 31 de enero de 2008

Este bajo finlandés nació en Hiitola en 1935. Recibió su enseñanza en la Academia de Música Lahti, perfeccionando la voz junto a Carl Martin Ohmann en Estocolmo. Debutó en el Teatro Real de Helsinki, con el personaje de Sparafucile de Rigoletto en 1961. Hizo su primera aparición en el Festival de Bayreuth en 1962. Ese mismo año, se unió a la Deutsche Oper de Berlín, donde cantó los roles principales como bajo. Ha sido especialmente aclamado por su representación dramática de Boris Godunov. A partir de 1972 desempeñó el cargo de director artístico del Festival del castillo de Savonlinna. Hombre de grandes dimensiones -medía 2,04 cm y pesaba 130 kilos- sus papeles de bajo eran magníficos. A estas enormes dimensiones le correspondía una voz no particularmente profunda, pero sí voluminosa y flexible. Fue una de las voces de bajo más sonoras y potentes de la posguerra. Su bajo parece extenderse sin esfuerzo, sin la “ruptura” a la que la mayor parte de los bajos tienen que recurrir para alcanzar sus notas más profundas, y sin la cualidad poco musical que a menudo se encuentra en esos bajos capaces de las notas más bajas. Su voz era muy amplia y al mismo tiempo, extremadamente poderosa sin embargo con un sello claro y natural que le permitía una paleta impresionante de matices.

Sus papeles más destacados fueron, en el repertorio ruso, además de Borís Godunov, Pimen en la misma ópera de Modest Mussorgski Borís Godunov, así como el Príncipe Gremin en Eugenio Oneguin de Chaikovski. Dentro de los roles wagnerianos Hagen (El ocaso de los dioses), Hunding (La Walkyria), Titurel y Gurnemanz (Parsifal), Rey Marke (Tristán e Isolda), Fasolt (El oro del Rin) y Fafner (Sigfrido). Sus personajes mozartianos preferidos fueron Osmìn (El rapto en el serrallo), Comendador (Don Giovanni), y Sarastro (La flauta mágica). También actuó como Paavo Ruotsalainen en Viimeiset Kiusaukset (Las últimas tentaciones) de Joonas Kokkonen he hizo algunas logradas incursiones en obras verdianas: El Gran Inquisidor (Don Carlo) y Sparafucile (Rigoletto).

Su última grabación, ya muy afectado por la enfermedad, fue una memorable versión del Viaje de invierno, de Franz Schubert. Murió en 1989 en Juva (Finlandia), sin poder cumplir su deseo de ser director artístico de la Opera Nacional Finlandesa, cargo para el que había sido nombrado.

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miércoles, 30 de enero de 2008
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Foto: Pablo García Vicente


Miguel A. Pérez Martín
Revista DOCE NOTAS


Jueves 24 de enero de 2008, Salón de actos del Edificio "C" López de Araujo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación, Universidad Politécnica de Madrid.


Flauta: Mª José Belotto; Oboe: Ricardo Gassent; Clarinete: Miguel Pérez; Trompa: Andrés Bercellini; Fagot: Mor Biron

Programa: György Ligeti, Seis Bagatelas; Paul Hindemith, Kleine Kammermusik, Op. 24, nº 2; Jacques Ibert, Tres Piezas Breves para Quinteto; Carl Nielsen, Quinteto en La Mayor, Op. 43


Lo primero que sorprende al asistente al concierto es la originalidad del espacio. No por tratarse de un espacio universitario dedicado a la enseñanza de la ciencia, si no por albergar una interesante colección de objetos relacionados con la técnica de las telecomunicaciones: galena, receptores de radio, osciladores, unidades telefónicas de conmutación, radares…parecía el decorado de alguna ópera de Stockhausen, mejor aún un homenaje a los futuristas y sus “intornarumoris”, muy interesante, muy inspirador. Una sorpresa.
La segunda sorpresa viene a cargo de la sala, una pequeña sala universitaria con acústica –para el espectador- más que buena, la madera ya está seca y el rebote del sonido es el adecuado, parece que desde el escenario los músicos no tienen tan buena audición, la electrónica, presente en la antesala, lo puede arreglar fácilmente.

La tercera viene, ya era hora, a cargo del Quinteto de Viento Hyperión, formado por cinco jóvenes de la escuela de la Filarmónica de Berlín y que trabajan a caballo de España y Alemania. Un repertorio muy bien elegido, alejado de las tendencias temporalmente más recientes pero hundiendo sus raíces en las vanguardias del s.XX: Hindemith, Ligeti y la maestría y reconocimiento de músicos como Carl Nielsen o el francés Ibert. La interpretación es magistral, como corresponden a músicos del entorno de la ¿mejor? orquesta de Europa, la Filarmónica de Berlín. Un alto grado de autoexigencia demuestran al interpretar las obras de Ligeti y Hindemith: intensidad, precisión, dedicación, presencia, sonoridad, contrastes controlados, son algunos de los parámetros musicales y sonoros que el público percibe con facilidad y que recompensa con aplausos a esta joven formación. Las obras de Ibert y Nielsen, aparente más fáciles de escuchar, resultan de una complejidad técnica igualmente desafiante para los intérpretes.

Ya ejerciendo de espectador deformado por mi pasado escénico, agradecería un cambio en el orden de las piezas del concierto: Ligeti, Ibert, Nielsen y acabar con Hindemith…sería un final muy alto que dejaría al público más entregado de lo que ya acaba. Si, además, potenciasen el componente escénico de todo concierto ejecutando flauta y clarinete estas obras de pie, sería un éxito más rotundo. Entiendo que un cantante de flamenco necesita estar sentado para potenciar determinados resonadores…y lo mismo debe hacer un intérprete de violín solista, flauta, clarinete…debe hacer resonar partes de su cuerpo con el instrumento para alcanzar mejor un sonido propio, una voz particular. El estar sentado amortigua estos resonadores.

La cuarta sorpresa está relacionada de nuevo con la organización del concierto…la acogida final al público y la conversación con los músicos alrededor de un ligero tentempié es una muestra de “civilidad” de la que no estamos sobrados en la música en España…en cualquier estilo, siempre hay prisas por cerrar los espacios, lo que resta los conciertos de la necesaria interacción entre el artista y su público, que fue abundante en este caso.

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martes, 29 de enero de 2008


Arena di Verona (Agosto de 1990).
Ballet en 2 Actos y 24 escenas- Música de Mikis Theodorakis - Basado en la novela de Nicolais Kazantzakis - Coreografía y Dirección Escénica, Lorca Massine -- Principales Intérpretes: Vladimir Vassiliev, Gheorghe Iancu, Luciana Savignano

Con 17 años, Theodorakis se alistó en la resistencia a la ocupación alemana de Creta y luego fue perseguido y encarcelado por distintos gobiernos conservadores.

Pasó a ser considerado como un símbolo de resistencia a la junta militar de los años sesenta y setenta en Grecia, que lo mantuvo bajo arresto domiciliario hasta que una petición internacional le permitió vivir exiliado cuatro años en París.

En 1996, utilizó su celebridad para desactivar la tensión diplomática entre Grecia y Turquía en momentos en que los dos vecinos estaban a punto de entrar en guerra por un islote deshabitado del mar Egeo.

El bagaje musical de Theodorakis se extiende desde las óperas hasta la música coral, pasando por las canciones populares. Su maestría es reconocida dentro y fuera de Grecia.

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La sonata y la forma sonata. La sonata como un todo. El "allegro" de sonata. La Sinfonía. El Concierto. Las formas libres: el Preludio y el Poema Sinfónico.

Texto de consulta en pdf:

http://aam.blogcindario.com/ficheros/formasonata.pdf

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lunes, 28 de enero de 2008
German Brass



El GERMAN BRASS nace en 1984 y hoy es proclamado internacionalmente como la cumbre del movimiento "Brass". Entre sus integrantes, todos solistas de las orquestas de mayor renombre de Alemania, se encuentra el argentino Enrique Crespo, trombón solista de la Sinfónica de Bamberg y de la Radio de Stuttgart. El grupo ha dado en el año 2001 solamente en Alemania más de 60 conciertos, haciendo giras además en EE.UU., Japón y los países europeos. A esto se le suma además actuaciones en TV y grabaciones de mas de 20 Cds. El repertorio de German Brass abarca todos los estilos y épocas musicales, reúne lo clásico con los éxitos de siempre, la música seria con aquella seriamente popular. Interpretarán en esta oportunidad obras de Vivaldi, Bach, Höfs, Pergolesi, Crespo, Smetana y un recorrido por los paisajes musicales del mundo.

INTEGRANTES:
* Matthias Höfs, trompeta solista Hamburg Philharmonic, profesor en la Facultad de Música de Hamburgo. Arreglador de German Brass.
* Christoph Baerwind, Hamburg Philarmonic, Uwe Köller, trompeta solista en la ópera del estado de Berlin, profesor de la Universidad de Música de Graz, Austria.
* Werner Heckmann, trompeta solista de la Orquesta de la Ópera del estado de Suavia en Stuttgart.
* Wolfgang Gaag, corno solista en las orquestas sinfónicas de Bamberg, de la radio de Stuttgart y de la filarmónica de Munich. Profesor de la Universidad de Música de Munich.
* Frank Lloyd, corno solista de London Philarmonic, del Philip Jones Brass Ensemble. Profesor en la Universidad de Música de Essen.
* Enrique Crespo, trombón solista de la Sinfónica de Bamberg y de la Radio de Stuttgart (SWR).
* Alexander Erbrich Crawford: Director, arreglador y compositor de German Brass, trombón de la orquesta de la opera del estado de Suavia en Stuttgart.
* Uwe Füssel, trombón bajo de la Orquesta de la Ópera del estado de Baviera en Munich Walter Hilgers, tubista de la Filarmónica de Hamburgo y de la orquesta sinfónica de la Radio de Hamburgo (NDR). Profesor de tuba y música de cámara en la Universidad de Música de Weimar.

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Roberto Giordano, piano


Muy raramente se escucha en una sala de conciertos "Reminiscencias de Don Juan", de Franz Liszt. Su extrema dificultad hace que sea una página prohibida para casi todo el mundo. De hecho, quien se atreve con ella es porque domina el piano con largueza y porque además se siente seguro para mostrar en un escenario tantas acrobacias ejecutorias. Recordemos que Liszt escribió cantidades ingentes de paráfrasis y toda clase de transcripciones (de lieder, sinfonías, fragmentos de ópera...), pero sólo una pequeña parte tiene presencia más o menos habitual en el repertorio de los pianistas. Muchas piezas no están en él por la sencilla razón de que su altura musical no es comparable a las de las obras originales del húngaro. Y otras, porque son prácticamente intocables. Esta invención lisztiana sobre la más celebrada ópera de Mozart pertenece a este último grupo.

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domingo, 27 de enero de 2008



Kristóf Baráti, violin, interpreta la obra de Ernst, basada en la canción de Schubert "Erlkönig", en la Gran Sala de la Academia de Música de Budapest (Abril de 2005).

Nacido en Brno, región de Moravia (República Checa), el 6 de mayo de 1814, Heinrich Wilhelm Ernst comenzó sus estudios de violín a la edad de nueve años en su ciudad natal. Pasó después al Conservatorio de Viena, donde prosiguió estudios de violín con Joseph Böhm y de composición con Ignaz von Seyfried, que había sido alumno de piano de Mozart. En 1828, Ernst vió actuar a Paganini y se convirtió en un admirador de su estilo extravagante y virtuoso, abandonando sus estudios.

En 1840 emprendió sus primeros viajes artísticos que le llevarían hasta París, donde perfeccionó su formación violinística con De Bériot. Considerablemente influido por Paganini, cuyas composiciones no publicadas podía tocar de oído, logró imitarlo sin perder su propia personalidad. Ernst fue un virtuoso de primer orden. Por lo demás su avanzada y perfecta técnica se revela en las obras que dejó, reflejo seguro de sus dotes violinísticas.

Sus viajes por Europa fueron constantes, interpretando piezas compuestas por él mismo. En 1832 visitó París. En este período se vinculó sentimentalmente con Stephen Heller, lo que quedó plasmado en sus "Pensées fugitives" para violín y piano. Visitó Londres en 1843 y se estableció allí en 1850. Ernst siguió con sus giras por Europa hasta 1857, época en la que centró su atención en la música de cámara, colaborando desde 1859 con Joseph Joachim, Henryk Wieniawski y Carlo Alfredo Piatti en el Cuarteto Beethoven Society.

Ernst fue un artista y un músico muy respetado. Colaboró con Berlioz en interpretaciones de su obra "Harold en Italia", fue acompañado en varias ocasiones por Mendelssohn, y estaba considerado por Joachim como el mejor violinista de la época. Berlioz, de hecho, le dedicó los mayores elogios. Sus logros técnicos reflejan la fuerte influencia de Paganini, muchas de cuyas innovaciones incorporó a su arsenal virtuosístico.

Al final de su vida, su salud empeoró a causa de una neuralgia severa. Pasó sus últimos años componiendo en Niza. Entre las obras de este período figuran los "Estudios polifónicos". Ernst murió en Niza el 8 de octubre de 1865.

Forman parte del repertorio habitual su "concierto Patético" en Fa sostenido menor y los "Aires Húngaros". Sus composiciones alcanzan el número de veintiséis, todas para violín.

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En 1934,en Dresde, Karl Böhm acababa de llegar a la ciudad para hecerse cargo de la ópera sustituyendo a Fritz Busch. El joven nacido en Graz en 1894 había desempeñado el cargo de Kapellmeister en ciudades como Darmstadt y Hamburgo. Era discípulo de Richard Strauss, con quien a pesar de la diferencia de edad compartió una gran amistad. La claridad de las ideas de Böhm,la relativa falta de artificio de su estilo directorial agradaron a Strauss y al público en general.Böhm fue como un relevo de los desaparecidos Furtwängler(1954),Toscanini(1957) o Knappertsbusch(1965) Su competidor era Herbert von Karajan. Dentro de sus grabaciones sus bien estructurados planos sonoros,la redondez de sus fortísimos,el entendimiento de las texturas,la manera que éstas se desentrañan para que el discurso aparezca siempre claro y diáfano, la forma de recrearse los timbres,muestran un evidente conocimiento del lenguaje musical.

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sábado, 26 de enero de 2008
Canadian Brass



Música, pasión y gozo, música dorada es como parece ser y percibirse auditivamente el sonido de los instrumentos de metal, como la trompeta, trombón, trompa, tuba y toda la familia de estos instrumentos musicales, los que con el heroísmo que comunican por medio de su sonido transportan al melómano a sitios desconocidos y emocionantes.

Los cinco maestros componentes de “Canadian Brass”, son los encargados de poner por su calidad interpretativa el entusiasmo, la alegría en la ejecución de los instrumentos de metal, con su virtuosa, espontánea y a veces hasta humorística ejecución musical, eempleando como medio de comunicación sus presentaciones personales o medios electrónicos, para solazarse disfrutando sus geniales interpretaciones.

El Quinteto “Canadian Brass”, ha recorrido el mundo llevando en su bagaje este mensaje universal, déico y fantástico. Este grupo cuenta con un gran historial de más de cincuenta grabaciones con música de Scheidt, Bach, Schultz, Gabrieli, Praetorius, Holborne, Pezel, Marcello, Forsyth, Morel, Dupre, Joplin, Beethoven, Wagner, Purcell, Vivaldi, Pachelbel, incluyendo también música coral, música de cámara, música barroca, música del renacimiento, música moderna y más. Todo este trabajo se realiza bajo una supervisión meticulosa de parte de todo el grupo, incluyendo su equipo de producción.

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viernes, 25 de enero de 2008
Vladimir Horowitz, piano


Domenico Scarlatti (Nápoles 1685–Madrid 1757) es uno de esos compositores que en nuestro país hemos “adoptado” por derecho propio. Nacido en Nápoles, en ese momento perteneciente a la corona española, tuvo el privilegio, pero también el enorme peso de ser el hijo de un grande de la historia de la música, Alessandro Scarlatti, de quien aprendió el oficio. En realidad, y por esos avatares que sólo Freud sabe explicar, no sería hasta la muerte de su progenitor, ya en España, cuando
abandonando prácticamente las óperas, los misereres y las cantatas de su juventud, se centraría en componer las quinientas cincuenta y cinco sonatas para tecla que le han asegurado su lugar en la posteridad.

Para ello había sido necesario el encuentro con una dama especial, cuyo nombre resuena hoy en alguna calle de Madrid o en la bellísima iglesia del Convento de la Encarnación, remodelada por Ventura Rodríguez gracias a los mil doblones de oro que cedió a las monjas en su testamento. La reina María Bárbara de Braganza era una mujer de dotes singulares, a quien Domenico Scarlatti conoció siendo aún una niña en Lisboa, cuando era infanta e hija del rey Joao V, convirtiéndose en su
maestro de música. María Bárbara, que supo apreciar plenamente el talento del compositor, se llevó como parte de su dote a Scarlatti a España cuando se desposó con Fernando (el futuro y melancólico Fernando VI).

Poseía una alta categoría de intérprete y tuvo fama de ser una buena compositora. La música era el eje de su vida y no cabe duda de que el fecundo intercambio entre la soberana y el músico está en la simiente de la gran obra de este último.

Las sonatas para clave que Scarlatti escribiera durante su estancia en la corte española, y que suelen poseer una estructura idéntica. Responden a una forma binaria compuesta por dos partes sensiblemente iguales, que está previsto que
se repitan. La primera parte finaliza a menudo en la dominante (o en el relativo mayor) y la segunda siempre en la tónica. Las cadencias con que se concluyen cada una de las dos partes son similares. Hay pocas excepciones a este esquema básico. El músico napolitano, gran creador de ideas musicales, no se cuidó en exceso de renovar las formas musicales del siglo XVIII. Su grandeza reside en otra parte: la riqueza de motivos musicales, la variedad en la invención rítmica y melódica, su extraordinaria habilidad para la modulación, la galantería inserta en las arterias de lo barroco… El folklore español algunas veces es una inspiración. Por encima de todo, nos resultan asombrosamente sutiles y modernas y han constituido
un buen punto de partida para creaciones de hoy y ahora.

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jueves, 24 de enero de 2008
Nelson Freire, piano


"Orfeo y Eurídice" es una de las obras maestras de la ópera de la segunda mitad del siglo XVIII. Si hay un aria de esta ópera que se haya repetido hasta la saciedad es la conocida "Che faró senza Euridice". Sin embargo, el fragmento instrumental denominado "Danza de los Espíritus Bienaventurados" es menos conocido, aunque su melodía es de gran belleza y fuerza interior. En el vídeo Nelson Freire interpreta el arreglo para piano que hizo Sgambati -discípulo de Liszt- sobre el original de Gluck.

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Nacida en Santiago de Chile, reside y se educa en la comuna de Providencia. Inicia sus estudios en la Escuela Moderna de Musica con Alkhe Sheffel y se licencia como Interprete Superior en Canto. Posteriormente completa sus estudios de post-grado en la Juilliard School de Nueva York.

Hizo su debut operístico como Cio-Cio-San (Madama Butterfly) en el Teatro Municipal de Santiago en 1.990. Posteriormente gana numerosos concursos de canto, incluyendo el Queen Elisabeth en Bruselas, el Pavarotti, el Licia Albanese y el Young Artist Emergency Fund.

Desde su debut en Europa en 1.993 en Sour Angelica, en el Festival de Spoleto , su debut en la Scala de Milán con Magda de La Rondine en 1.994 y su interpretación de Sour Angelica en la producción de Willy Decker en la Opera de Colonia, es unánimemente aplaudida en los más grandes escenarios internacionales:

La Scala de Milán (La Rondine, Los Cuentos de Hoffman, Fausto, Manon, Turandot, Traviata, La Boheme), Metropolitan de Nueva York (Traviata, Boheme, Turandot, Madama Butterfly), Staatsoper de Viena (Pagliacci, Turandot, Traviata, Los Cuentos de Hoffman, Boheme, Simon Boccanegra, Madama Butterfly), Covent Garden de Londres (Turandot, Boheme, Madama Butterfly), Opera Nacional de Paris (Traviata, Boheme, Los Cuentos de Hoffman, Capuletti e I Montechi, Fausto, Otello), Opera de Zurich (La Boheme, Manon Lescaut), Bayerische Staatsoper de Munich (Traviata, Boheme, Simon Boccanegra, Otello), Deutsche Oper y Sataatsoper de Berlin (Traviata, Otello, Suor Angelica, Madama Butterfly) , Concertgebow de Amsterdam (Pagliacci, Suor Angelica, Le Villi), Teatro del Liceo de Barcelona (Madama Butterfly), La Fenice de Venecia (Traviata), La Monaine de Bruselas (Le Villi), Teatro de la Opera de Roma (Turandot), Teatro Colón de Buenos Aires (Suor Angelica, Mefistófele), Palau les Arts de Valencia (Simon Boccanegra), Teatro Real de Madrid (Madama Butterfly), Festival de Salzburgo (Turandot), Mayo Musical Florentino (Turandot), Opera Nacional de Tokyo (Traviata), Teatro Municipal de Rio de Janeiro (Traviata), Festival Internacional de Santander (Fausto, Stabat Mater, Simon Boccanegra), Festival de Musica de Canarias (Stabat Mater, Suor Angelica, Don Giovanni), Festival Internacional de Perelada (Madama Butterfly), Festival de Ravinia (Otello), Teatro Filarmonico de Verona (Réquiem de Verdi) etc...

Trabaja habitualmente bajo la dirección de los más importantes directores musicales: Chailly, Muti, Metha, Pappano, Harnoncourt, Thielemann, Levine ,Petre, Gavazzeni, Gergiev, Maazel, Luisi, Conlon, Welser-Most.... y de escena: Zeffirelli, Poutney, Kupfer, Stein, Decker, Flimm, Carsen, Leiser-Caurier.... y especialmente el director de cine Anthony Minghella (Oscar a la mejor dirección por El Paciente Inglés), que la eligió personalmente para que protagonizara su nueva producción de Madama Butterfly, con la que se inauguró la Temporada 2006-07 del Metropolitan de Nueva York.

Igualmente es muy intensa su actividad concertistica y de recitales, habiéndose presentado en: Berlin, Munich, Leipzig, Sao Paulo, Manaos, Burdeos, Lucca, Valencia, Las Palmas, La Coruña, Jerez, Santiago, Lugo, Dubrovnik, Mexico...

Entre sus grabaciones más importantes podemos citar: Bel Sogno (Warner) recital de arias de ópera dirigido por Maurizio Barbaccini, Il Trittico (Sour Angelica) (Emi) dirigido por Antonio Pappano, Aida (Warner) dirigida por Nikolaus Harnoncourt, Obras Sacras de Verdi (Decca) dirigida por Riccardo Chailly, Concierto Puccini Atto I dirigido por Ricardo Chailly. En DVD, Turandot del Festival de Salzburgo (TDK) dirigida por Valery Gergiev, Il Trittico (Suor Angelica) del Concertgebouw (RCO) dirigida por Riccardo Chailly, La Boheme del Teatro de la Scala (TDK) dirigida por Bruno Bartoletti y de la Opera de Zurich (Emi) dirigida por Franz Wesler Most. Simon Boccanegra de la Staatsoper de Viena (TDK) dirigida por Daniele Gatti. Réquiem de Verdi con la Orquesta de las Americas dirigida por Placido Domingo

En el año 2.004 fue galardonada en Londres con el prestigioso Olivier Laurence Award, por su interpretación de Madama Butterfly en la Royal Opera House (Covent Garden), interpretación que se recoge en el vídeo adjunto (Un bel di vedremo, aria de Butterfly).

Reside en la isla Gran Canaria (España), está casada con un abogado español y es madre de dos hijos, Romina y Esteban Manuel.

Ha sido distinguida con las más altas condecoraciones culturales de su pais, Chile, como la Cruz Gabriela Mistral, la Gran Cruz Apóstol Santiago y la Medalla de Oro del Instituto Cultural de Providencia. Es Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional Andrés Bello de Santiago de Chile.

Sus próximos compromisos la llevaran a: Metropolitan Opera de Nueva York (Madama Butterfly, Ghost of Versailles, Los Cuentos de Hoffman), Opera de Zurich (El Trovador, Boheme), Opera de Los Angeles (Otello, Il Postino), Opera de Viena (Madama Butterfly), Teatro de la Opera de Ginebra (Don Carlo), Covent Garden de Londres (Boheme), Teatro alla Scala de Milan (Luisa Miller), Deutsche Oper de Berlin (Manon Lescaut), Opera de Munich (Madama Butterfly), Opera de Genova (Boheme), Festival de Torre del Lago (Edgard, Le Villi) entre otros.

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miércoles, 23 de enero de 2008
Director: Leonard Bernstein (1958)



Ramón Vinay fue un tenor dramático de fama universal, nacido en Chillán el 31 de Agosto de 1911. De padre francés y madre italiana, se educó en Francia el Lycée Gasdendi de Digne.

En 1931 debutó en el mundo de la ópera como barítono con “La Favorita”, donde interpretó el papel de Alfonso. Luego destacó en el papel de Conde de Luna en “El Trovador”. En su repertorio de barítono también se encontraba “Rigoletto” y Scarpia de “Tosca”.

Su voz se orienta a la tesitura de tenor cuando se relaciona con el barítono chileno René Maison. En 1943 debuta con registro de tenor en el papel de Don José de la Ópera “Carmen” de Bizet. En 1944 interpreta por primera vez uno de los papeles más característicos dentro de su carrera artística, “Otello”, en ciudad de México. Al año siguiente debuta con gran éxito, en el mismo papel en la New York City Opera de Nueva York.

Entre los años 1945 y 1948 interpreta en el mismo escenario Sansón de "Sansón y Dalila", Cavaradossi de “Tosca” y Des Grieux de “Manon Lescaut”.

El 22 de febrero de 1946 debuta en el Metropolitan Opera House de Nueva York interpretando a Don José de “Carmen”. Su gran éxito en éste escenario le valió 121 representaciones en 16 temporadas, interpretando 14 papeles entre los que destacan Canio, Ramadés, Tannhaüser, Siegmund, Tristán, Samson, Herodes, Egisto y Otello.

Su debut en el famoso Teatro de La Scala de Milán (1947 – 1948) lo hizo interpretando el papel del Moro de Venecia, “Otello”, papel que en su trayectoria protagonizó más de 250 veces. Representaciones de este rol en la Arena de Verona, el Covent Garden, el Festival de Salzburgo, la Ópera de Viena, la Grand Opera de Paris, el Teatro Colón de Buenos Aires, la Ópera de Chicago, de San Francisco entre otros le llevaron a ser considerado “el mejor interprete de Otello”.

Al comenzar la década de 1950, Vinay interpreta “Tristán e Isolda” de Wagner. De 1952 a 1957 canta en Bayreuth roles de tenor, aunque su última aparición en 1962 fue como barítono). Entretanto interpreta en el mismo escenario Siegmund (1953 y 1957), Parsifal (1956) y Telramund (1962).

Durante ese periodo, curiosamente Vinay mantiene la tesitura de tenor, la que abandona para volver a la de barítono, en lo que podría considerarse la tercera etapa de su carrera, en la cual interpretó Iago, Falstaff y Scarpia. En una representación del “Barbero de Sevilla” en el Metropolitan Opera House en 1966, llegó a abordar la tesitura de bajo, en el papel de Basilio.

Su despedida se produjo en 1969 en Santiago de Chile, interpretando a Iago. Falleció el 4 de Enero de 1996, a consecuencia de un infarto cardiaco en la ciudad de Puebla (México).

Tal cual fue su voluntad descansa en el Parque de las Artes del Cementerio Municipal de Chillan - Chile, su ciudad natal.

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Orquesta Filarmónica de Viena
Herbert von Karajan



Estrenada en el Hoftheater de Munich el 10 de junio de 1865 bajo la dirección musical de Hans von Bülow, la partitura de Tristan und Isolde fue terminada en Venecia en 1859, ciudad a la que Wagner se había trasladado con el alma destrozada tras la ruptura con su amor imposible, Mathilde Wesendonck. La historia, basada en una antigua leyenda celta refundida en el siglo XIII por Gottfried von Strassburg, sirvió al compositor alemán para sentar las bases del moderno drama musical, el “más hermoso poema de amor jamás escrito”, según Thomas Mann, profundamente unido al alma romántica por el culto a la noche y la idea schopenhaueriana de la negación de la voluntad de vivir de los amantes.

Un breve, demoledor y desgarrado preludio inaugura el tercer y último acto. Un pastor toca con su caramillo (corno inglés) una sencilla melodía junto al castillo de Tristan, en Kareol. Al terminar su canción pregunta a Kurwenal sobre el estado de salud de su señor. Destrozado, el escudero le responde que agoniza. Tristan se agita en su lecho. Kuwenal intenta animarle diciéndole que Isolde estará muy pronto a su lado. El malherido guerrero manifiesta a Kurwenal su inmenso y franco agradecimiento. La espera se prolonga y Tristan, delirando, rememora el filtro amoroso. Por un instante recupera la conciencia y ansía la llegada de Isolde. La asfixiante y desesperada música que Wagner idea para esta escena es, sin duda, una de las más estremecedoras de la historia de la ópera. La escritura vocal es de una incandescencia y una exigencia extremas. La embarcación que trae a Isolde se divisa en la lejanía. Tristan envía a Kurwenal a recibirla.

Enloquecido, el guerrero se arranca sus vendajes. Entra Isolde y se arroja a los brazos de Tristan, que, unos instantes después, expira. El dolor de la princesa es infinito. El pastor anuncia a Kurwenal la llegada de otro navío. A bordo vienen Marke y los suyos. El escudero se dispone a defender el castillo. Aparece Melot y Kurwenal le atraviesa con su espada. Después se enfrenta a los soldados del re y, encontrando la muerte. Entran Brangäne y Marke. El rey, quien confiesa haber viajado hasta allí con la única intención de perdonar a los amantes es devorado por la amargura al ver el cuerpo sin vida de su querido Tristan y lamenta la tragedia desencadenada. Pero Isolde ya no pisa este mundo. Junto al cuerpo inerme de Tristan, la princesa entona su acongojante, extático lamento “Mild und leise” (“Delicioso y suave”). Al finalizar su canto exhala su último suspiro . Marke bendice a los amantes y cae el telón.

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martes, 22 de enero de 2008




Si no os gusta la ópera, desde el momento en que veáis este divertido documental de Otto Schenk, no me cabe duda de que os engancharéis. Nunca en un espacio tan corto de tiempo han sucedido tantos desastres en un escenario, sobre todo en el fragmento dedicado a las óperas de Wagner...

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lunes, 21 de enero de 2008
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Elementos formales: motivos, frases, períodos y temas musicales. Clasificación de las formas musicales.
La forma por secciones: formas binarias y ternarias. El Rondó. Formas basadas en la variación. Formas fugadas.



Todos los textos sobre lo anterior se pueden descargar aquí:
http://aam.blogcindario.com/ficheros/formasmusicales.pdf

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Allegro ben moderato
Quinteto Cambini



El Quinteto de viento, también conocido como Quinteto de viento-madera, es un grupo de cámara formado por cinco instrumentos: flauta, oboe, clarinete, trompa y fagot. También suele denominarse de la misma forma a las obras compuestas para dicha agrupación.

Al contrario que el Cuarteto de cuerda, cuyo timbre sonoro es muy homogéneo, los instrumentos del Quinteto de viento se diferencian considerablemente entre sí, tanto en el timbre como en la técnica interpretativa de sus integrantes. El Quinteto de viento moderno nace a partir de una agrupación camerística patrocinada por el emperador José II de Habsburgo en la Viena del siglo XVIII: dos oboes, dos clarinetes, dos trompas y dos fagotes.

A principios del siglo XIX, los quintetos compuestos por Anton Reicha o Franz Danzi establecieron definitivamente este género. Aunque en la segunda mitad del siglo XIX se produjo una notable caída en el número de obras compuestas, en los albores del siglo XX el quinteto de viento tomó fuerza definitiva.

Autores destacables en este género:

Siglo XVIII
Antonio Rosetti (1750-1792): Quinteto para flauta, oboe, clarinete, corno inglés y fagot

Siglo XIX
Johann Georg Albrechtsberger (1736–1809): Quinteto para dos oboes, clarinete, trompa y fagot
Giuseppe Maria Gioacchino Cambini (1746–1825)
Franz Danzi (1763–1826)
Johann Georg Lickl (1769–1843)
Antoine Reicha (1770 – 1836)
August Klughardt (1847–1902)
Carl Nielsen (1865 - 1931)
Arnold Schoenberg (1874 - 1951)
Heitor Villa-Lobos (1887- 1959)
Jacques Ibert (1890 - 1962)
Darius Milhaud (1892-1974)
Walter Piston (1894-1976)
Paul Hindemith (1895-1963)
Roberto Gerhard (1896–1970)
Ernst Krenek (1900–1991)
Ferenc Farkas (1905–2000)
Elliott Carter (1908)
Samuel Barber (1910-1981)
Jean Françaix (1912-1997)
Ingolf Dahl (1912-1970)
Vincent Persichetti (1915-1987)
Malcolm Arnold (1921-2006)
György Ligeti (1923-2006)
Hans Werner Henze (1926)
Karlheinz Stockhausen (1928-2007)
Ramiro Cortés (1933–1984)

Siglo XXI
Stephen Truelove (1946)

CARL NIELSEN (1865-1931): QUINTETO EN LA MAYOR OP. 43.

Esta obra es fundamental en el repertorio moderno del quinteto de vientos y la más famosa, dentro de lo que cabe, del concierto de hoy. Una obra que, además, debemos a una casualidad telefónica. Y es que, en una tarde de verano de 1921, Carl August Nielsen –el compositor más conocido de los nacidos en Dinamarca–, hablando por teléfono con un amigo, escuchó de fondo a unos músicos ensayando en su casa una obra para vientos de Mozart y en ese mismo instante le surgió el deseo de componer algo para aquellos ejecutantes, y esa obra, de unos veinticinco minutos de duración, concluida al año siguiente, es el Quinteto Op. 43 que, efectivamente, llegaron a estrenar aquellos músicos que Nielsen escuchó al otro lado de la línea telefónica y que eran los miembros del Quinteto de vientos de Copenhague.

Desde ese estreno en 1922 –primero, en casa de un banquero de Gotemburgo y, meses después, en concierto público–, el Quinteto de Nielsen se ha convertido en paradigma de su género dentro del ámbito escandinavo y compositores posteriores, como el sueco John Fernström o el noruego Johan Kvandal, han escrito otros siguiendo las líneas marcadas por éste.

Compuesto entre las Sinfonías Quinta y Sexta, el Quinteto es un descanso entre las fuerzas titánicas desencadenadas por una y los enigmas un tanto descarnados propuestos por la otra. Nielsen, como su contemporáneo Sibelius, demostró que se podían componer grandes obras sinfónicas sin seguir ni los caminos de la vanguardia atonal ni el neoclasicismo aséptico –más que aséptico, antibiótico– de Stravinsky. Sin embargo, en el presente Quinteto, tal vez esté Nielsen más cerca del músico ruso que en ninguna otra de sus obras, ya desde el mismo comienzo, que se abre con un solo de fagot, como La Consagración de la Primavera. Sin su asepsia antibiótica, el compositor danés nos ofrece superficies tersas, timbres claros, líneas definidas y, por si fuese poco, un minueto en el segundo tiempo y un tema con variaciones en el tercero, como si nos encontrásemos en una sonata de Mozart. Aun así, no debemos olvidar que nos hallamos ante el autor de las poderosas sinfonías Expansiva e Inextinguible (la Tercera y la Cuarta, respectivamente) y por ello, a pesar de esta estética neoclásica, la originalidad de las modulaciones y el rigor de unos desarrollos siempre progresivos son inequívocamente personales.

Los tres movimientos de la obra son: Allegro ben moderato, Menuet y Praeludium (Adagio) – Tema con variaciones.


CARLOS DE MATESANZ.

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Los tres músicos (Picasso)


Jueves 24 de enero de 2008, 19:30 horas
Salón de Actos del Edificio C "López Araujo"
ETSI Telecomunicación de la UPM
Ciudad Universitaria s/n


PROGRAMA
G. Ligeti................ Seis bagatelas
P. Hindemith ......... Kleine Kammermusik
J. Ibert................. Tres piezas breves
C. Nielsen............. Quinteto de viento, Op. 43

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domingo, 20 de enero de 2008


Reportaje sobre David Izquierdo Rentería, afinador de pianos del Teatro Real.

La afinación es la acción de poner en la frecuencia justa los instrumentos musicales en relación con un diapasón de referencia, con el fin de que entonen bien unos con otros.

También se conoce como afinación el canto o la ejecución de un instrumento entonando con perfección los sonidos.

En la afinación de instrumentos actual se utiliza como referencia prácticamente en todo el mundo el La4 a 440 Hz, por lo menos en teoría. En la práctica, las orquestas afinan con el La que genera el oboísta principal, en vez de hacerlo con algún dispositivo electrónico (lo cual sería más fiable), y el propio oboísta no suele utilizar tal dispositivo para afinar su instrumento previamente, por lo que puede haber ligeras diferencias en cuanto a la afinación exacta utilizada. Los instrumentos solistas como el piano (con quien afina la orquesta cuando tienen que tocar juntos) a veces tampoco están afinados con el La a 440 Hz.

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"Nabucco" es una ópera en cuatro actos de Guiseppe Verdi (1813 - 1891). Después de la muerte de su esposa y de sus dos hijos y tras el rotundo fracaso de su ópera "Un Giorno di Regno" (Un día de Reinado) había dejado de componer. Fue Merelli, el empresario del teatro de la Scala, quien animó al maestro a seguir componiendo y le admitió su nueva ópera Nabucco que fue el primer gran éxito del genio de Roncole.

El autor del libreto fue Temístocle Solera (1815 - 1878) basándose en textos de la Biblia, que distorsionó a su gusto y siguiendo una costumbre efímera de los años 1830 y 1840, cada acto lleva un título más o menos novelesco.

La obra se estrenó el 9 de marzo de 1842 en el Teatro alla Scala de Milán, siendo los intérpretes Giuseppina Strepponi , quien años mas tarde se convertiría en la segunda esposa del compositor (Abigaille), Giovannina Bellinzaghi (Fenena), Teresa Ruggeri (Anna), Corrado Miraglia (Ismael), Giorgio Ronconi (Nabucco), Prospero Derivis (Zacarías), Napoleone Marconi (Abdallo), Gaetano Rossi (Sumo Sacerdote).

El estreno fue un rotundo éxito, en parte por el famoso coro "Va, pensiero..." que tan bien cuajaba con los ideales del movimiento de independencia italiano (Risorgimiento), convirtiéndose el autor y su coro, sin pretenderlo, en uno de los símbolos del movimiento de la unidad de Italia. Hasta tal punto llegó la fama del autor que había pintadas en las paredes de las calles con el acróstico ¡VIVA VERDI! (VIVA Vittorio Enmanuel Re Di Italia), en alusión al rey Víctor Manuel de Saboya futuro rey de la Italia unificada, burlando así la censura de la policía austríaca.

Acto III, Escena V
Zacarías

Oh chi piange? di femmine imbelli
chi solleva lamenti all'Eterno?
Oh sorgete, angosciati fratelli,
sul mio labbro favella il Signor!

Del futuro nel bujo discerno...
ecco rotta l'indegna catena!...
Piomba già sulla perfida arena
del leone di Giuda il furor!

Oh, ¿quién llora?...
¿Quién eleva lamentaciones al Eterno
como si fuera una mujer cobarde?
¡En pie, el Señor habla por mi boca!

Sé leer en el vacío del futuro...
¡Las indignas cadenas están ya rotas!
¡Se lanza ya a la pérfida arena
el furor del león de Judá!

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sábado, 19 de enero de 2008


Doménica (arpa 1ª) y Leah (arpa 2ª) son dos simpáticas arpistas australianas que ensayan este pequeño fragmento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz.

En la actualidad el arpa que se emplea en la orquesta es un instrumento de considerables dimensiones. Su caja de resonancia, hecha de madera de pino, está colocada dentro de un casco de haya chapado en maderas preciosas (caoba, palisandro, etc.). La tabla de armonía, a la que se fijan las cuerdas, debe ser muy resistente ya que soporta una tensión equivalente a dos toneladas. En la parte inferior de la caja del arpa, atravesando la base de la columna, se hallan colocados los siete pedales que corresponden a las siete notas de la escala; tres están situadas a la izquierda (Si, Do, Re) y cuatro a la derecha (Mi, Fa, Sol, La).

La consola del instrumento ha conservado su forma de cuello de cisne. En su zona derecha se encuentran las clavijas que sirven para tensar y afinar las cuerdas; a su izquierda están las horquillas. Los pedales pueden asumir dos posiciones, cada una de las cuales hace subir la altura de las notas un semitono. Dado que el arpa se afina diatónicamente en Do bemol mayor, cada cuerda puede producir tres sonidos: bemol, becuadro y sostenido. En posición normal (bemol) las cuerdas pasan libremente entre las horquillas; la primera posición del pedal hace girar la horquilla superior acortando la cuerda en un semitono (becuadro); la segunda posición hace girar la horquilla y permite obtener el sostenido. Las cuerdas, en número de 46 y con una extensión de seis octavas y media, suelen ser de tripa de carnero y también de nylon en el registro agudo, de seda recubierta de acero en el medio y de acero revestido de latón en el grave. La columna, formada por dos piezas de madera vaciada, contiene el mecanismo de varillas metálicas que sirve de transmisión entre los pedales y las horquillas.

Para tocar el instrumento, el ejecutante debe sentarse y hacer que la parte superior de la caja de resonancia descanse sobre su hombro derecho. Las cuerdas se tañen con cuatro dedos de cada mano (el uso del meñique, intentado por algunos arpistas, no ha dado resultado). El empleo del arpa en la plantilla orquestal, bastante limitado aún incluso hasta el siglo XVIII y principios del XIX, se hizo habitual en el impresionismo, período áureo de este instrumento.

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Orquesta Filarmónica de Moscú/Gennady Rozhdestvensky
I. Allegro moderato





II. Canzonetta: Andante


III. Finale: Allegro vivacissimo


Piotr Ilych Chaikovski nació en Kamsko-Votkinsk (Rusia) el 7 de mayo de 1840 y murió el 7 de mayo de 1893. No se sabe a ciencia cierta si su muerte fue causada por la ingestión de arsénico o tuvo otras causas, como que hubier podido contraer la enfermedad del cólera.

En su vida, Chaikovski sufrió numerosos problemas sentimentales por causas diversas. En 1854 murió su madre, tragedia de la que nunca se recuperó. Y algo que nunca favoreció a su estabilidad emocional fue su tendencia homosexual. Según se dice, se casó en 1877 (cuando tenía 37 años) con una estudiante del conservatorio, Antonina Miliukova, con el fin de ocultarla. Tal matrimonio fracasó al cabo de pocos años, en 1881, cuando la esposa tuvo un hijo ilegítimo, aunque durante el tiempo que convivieron nunca se llevaron bien.

A pesar de todo, la vida de Chaikovski estuvo plagada de éxitos musicales, prueba de lo cual es el número de grabaciones que registran actualmente sus obras o el de las interpretaciones efectuadas en conciertos públicos.


CONCIERTO PARA VIOLÍN, OP. 35

El Concierto para Violín fue compuesto por Chaikovski en un momento de su vida en el que se sentía especialmente atraído por la obra de los músicos franceses de la época.

El Concierto fue estrenado en Viena en 1881, recibiendo una crítica totalmente negativa por parte del célebre Eduard Hanslick, quien calificó la obra, básicamente, de "horrorosa" y, en general, la producción de Chaikovski, de "música hedionda" y del "más salvaje nihilismo ruso". Supongo que sus motivos tendría para atreverse a tal crítica... Quizás, su encasillamiento en la música más convencional, ajustada a los parámetros de la cultura de la época, le impidió llegar a disfrutar de la originalidad de las composiciones de un genio como Chaikovski. Su cruda opinión, no se ajustaría a ninguna "salvajada musical" del compositor ruso, aunque podría encontrarse su "fundamento" (si es que lo tiene) en la originalidad de las obras de Chaikovski. Este Concierto para Violín, Op.35, consta de tres movimientos, que son:

I. Allegro moderato
II. Canzonetta: Andante
III. Finale: Allegro vivacissimo

Dentro de la estructura de la obra, lo que más puede llamar la atención es que en su primer movimiento (Allegro moderato) Chaikovski coloca la "cadenza" en medio del desarrollo, cuando lo acostumbrado en aquella época era que se hallara tras la "reexposición". Aquí se tiene una prueba de la ya comentada originalidad del compositor, que rompe con los rígidos moldes estructurales vigentes, a diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, quienes no se atrevían a variar mínimamente.

Al principio del segundo movimiento, en la "Canzonetta", los diferentes instumentos parece que se comunican entre sí, haciendo varias "voces" y "dialogando" en diferentes "texturas"; después, la instrumentación conduce paulatinamente a una parte más libre. El tercer movimiento también es de gran belleza, ya que después de la cadencia un poco más triste de la Canzonetta Andante, se experimenta una especie de retorno al optimismo y la alegría, tan característico de numerosas obras del compositor.

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David Fiódorovich Oistrakh, apodado el "Rey David" (1908-74), fue un violinista y director de orquesta ruso, nacido en Odesa y fallecido en Amsterdam. A la edad de cinco años inició sus estudios musicales. Tras graduarse en el Conservatorio de su ciudad natal en 1926, hizo su debut como concertista en 1933 en Moscú. Desde 1934 ejerció su magisterio instrumental en el Conservatorio de esta ciudad, alternando su labor docente con giras musicales por las repúblicas soviéticas.

Desde 1937, año en que obtuvo en Bruselas el primer premio de interpretación del Concurso Reina Elizabeth, los triunfos obtenidos con el impecable estilo y la técnica perfecta que le han hecho uno de los mejores violinistas de todos los tiempos fueron innumerables. En 1951 hizo una gira artística por toda Europa y, a partir de 1955, la extendió a los Estados Unidos, país éste donde causó la admiración de la crítica con su insuperable interpretación del Concierto para dos violines en Re menor de Bach, acompañado de su hijo Igor Davídovich (1931).

Su amplísimo repertorio clásico (Bach, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Brahms) se extendía al de los músicos contemporáneos, y particularmente al de los rusos (Chaikovski, Kabalevski, Khachaturián, Shostakóvich, Prokófiev). Este último escribió para él su famosa Sonata Op. 94 bis. En 1942 David Oistrakh recibió el premio Stalin y en 1969 la Universidad inglesa de Cambridge lo nombró doctor honoris causa.

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Waltraud Meier, Isolda y Lluìs Pasqual


Estrenada en el Hoftheater de Munich el 10 de junio de 1865 bajo la dirección musical de Hans von Bülow, la partitura de Tristan und Isolde fue terminada en Venecia en 1859, ciudad a la que Wagner se había trasladado con el alma destrozada tras la ruptura con su amor imposible, Mathilde Wesendonck. La historia, basada en una antigua leyenda celta refundida en el siglo XIII por Gottfried von Strassburg, sirvió al compositor alemán para sentar las bases del moderno drama musical, el “más hermoso poema de amor jamás escrito”, según Thomas Mann, profundamente unido al alma romántica por el culto a la noche y la idea schopenhaueriana de la negación de la voluntad de vivir de los amantes.

Jesús López Cobos está en el foso de esta producción del Teatro San Carlo de Nápoles, que supone el regreso de Lluis Pasqual tras su Don Giovanni de la temporada 2005-2006. Una visión mediterránea del drama wagneriano en una producción que ha sido muy aclamada por la crítica italiana, ambientada en tres épocas diferentes y con el mar como una permanente referencia. Los dos repartos, de indiscutible impacto, incluyen el regreso de muchos cantantes ya aplaudidos por el público madrileño como Waltraud Meier, Jeanne-Michèle Charbonnet, Robert Dean Smith, Elena Zhidkova, Jon Frederic West, Alan Titus o René Pape, junto a la presentación de Mihoko Fujimura, Alexander Marco-Buhrmester y Georg Zeppenfeld.


Madrid, 16 ene (EFE).La complejidad de una ópera como "Tristán e Isolda", compuesta por Richard Wagner, no ha impedido que el público del Teatro Real se entregue en aplausos la noche de su estreno, con especial atención a la mezzosoprano alemana Waltraud Meier, una de las mayores expertas del mundo en la obra.

Es la primera vez que esta producción, dirigida por Lluís Pasqual, se representaba en el escenario madrileño tras ser estrenada en Nápoles, y ha contado para ello con la dirección de la Orquesta Sinfónica de Madrid por parte de Jesús López Cobos.

La mezzosoprano alemana Waltraud Meier, una de las mayores expertas del mundo en Wagner y que lleva representando "Tristan und Isolde" desde 1993, ha rubricado una noche brillante, que le ha valido el reconocimiento en aplausos del público madrileño.

Centrándose en todo momento en los aspectos más psicológicos de los protagonistas, para que esta perturbadora historia de amor se proyecte con independencia de siglos concretos, Pasqual ha presentado tres actos en tres épocas distintas, marcados por el mar como hilo conductor entre ellos.

Así, el primero se desarrolla en lo que podría ser la Edad Media, en un barco en alta mar a punto de llegar a puerto, donde Tristán debe entregar a Isolda para que se despose con el rey Marke, al que el caballero ha jurado fidelidad.

El segundo, tiene por escenario un bosque al más puro estilo romántico y es ahí, entre las sombras, donde los dos enamorados dan rienda suelta a su deseo antes de verse sorprendidos por los soldados del rey.

El tercero y último, considerado por los expertos como uno de los más complicados de interpretar para los tenores debido a su carga dramática y técnica, tiene lugar en un hospital contemporáneo, donde ambos enamorados se reencuentran y, habiendo conocido la máxima unión física y psíquica, no pueden sino darse muerte, culmen romántico por excelencia.

No en vano, esta ópera, en la que tienen igual importancia texto y orquesta y que fue estrenada en Munich en 1865, supone la culminación de la época romántica y la apertura inmediata a la modernidad.

Además, muchos especialistas en la obra de Wagner afirman que tiene una conexión directa con la biografía del compositor alemán, que en esa época vivió un romance apasionado por Matilde Wessendonk, esposa de su benefactor.

En la puesta en escena de esta versión que dirige Pasqual, a cargo de Ezio Frigerio, han resaltado sobre todo los tonos grises y telas brillantes, con un vestuario cargado de reflejos muy en consonancia con el mar en movimiento del fondo.

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viernes, 18 de enero de 2008
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Vasily Petrenko

NDR RADIOPHILHARMONIE HANNOVER
Director: Vasily Petrenko
Solista: Ilya Gringolts, violín
Viernes, 25 de enero de 2008 (22:30 h)
Auditorio Nacional de Música
Príncipe de Vergara, 146

PROGRAMA:
P. I. Chaikovski
Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 35

H. Berlioz

Sinfonía Fantástica, Op. 14


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NDR Radiorhilharmonie Hannover

Venta de localidades

PRECIOS:
Desde 5 hasta 15 € (Descuento del 50% para miembros de la UPM ya incluido). La Comunidad Universitaria de la Universidad Complutense y los estudiantes residentes en Colegios Mayores pueden obtener las entradas en las mismas condiciones que los de la Politécnica, previa presentación del correspondiente carné).

LUGAR: Edificio B del Rectorado de la UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID, Pº de Juan XXII, 11. Ciudad Universitaria. Vicerrectorado de Doctorado y Postgrado. Unidad de Actividades Culturales. Planta Baja.

HORARIO: lunes a viernes de 9:00 a 14:00; lunes y miércoles de 15:30 a 18:30 horas.

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Ilya Gringolts

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Niza, abril de 1978



El compositor italiano Francisco Cilea (Palmi 1866 - Varezze 1950) representa un verismo más elegante que el practicado por Mascagni y Leoncavallo, un verismo que se podría decir está influido por un cierto espíritu belcantista.

Adriana Lecouvreur sobresale por derecho propio entre todas sus obras. El libreto, en cuatro actos, es obra de Arturo Colautti, basado en un drama de E. Scribe y E. Legouvé. Se estrenó en el Teatro Lírico de Milán el 26 de noviembre de 1902 cantada por Enrico Caruso y Angelica Pandolfini. La versión definitiva – más breve – fue estrenada en 1930 en el teatro San Carlos de Nápoles.

El personaje central de esta ópera realmente existió. Adriana Couvrueur, luego Lecouvreur, vivió entre 1692 y 1730 y llegó a ser una de las más destacadas actrices de la llamada “Comedie Française”, famosa y centenaria organización teatral cuyas bases fueron sentadas en 1680, durante el reinado de Luis XIV, y cuya intensa actividad conoció en el siglo XVIII muchas obras de Corneille, Moliere, Racine y luego Voltaire.

En la “Comedie Française” tuvo también mucha figuración otra actriz, Marie-Anne de Chateneuf, conocida como Mademoiselle Duclos, o simplemente “La Duclos”, 24 años mayor que Adriana Lecouvreur. Ella también es aludida, aunque no vista, en la ópera de Cilea. En torno a la vida de la actriz Adriana Lecouvreur hubo personas y situaciones que con muy ligeras transformaciones son rescatadas en la ópera.

Grandes cantantes, como Maria Caniglia y Gina Cigna abordaron el rol principal en los años 30 y 40 del pasado siglo XX. En los 50, aunque en forma tardía, lo cantó Magda Olivero, y en los 60 fue Renata Tebaldi la encargada de hacerlo famoso. En los 70 Adriana fue magistralmente recreada por Montserrat Caballé.

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jueves, 17 de enero de 2008
Wilhelm Kempff, piano







Los tiempos son:
I. Largo-Allegro
II. Adagio
III. Allegretto

En octubre de 1802, hace poco más de dos siglos, Ludwig van Beethoven envió a sus hermanos Karl y Johann una carta en la que les exponía la gravedad que para él tenía la sordera que cruelmente le aquejaba, que ya no podía paliar ni disimular, que aumentaba inexorablemente, y que, como el águila de Prometeo, le devoraba el espíritu sin cesar. Injusto le resultaba que, por su su afán de evitar la incomprensión y el ridículo, lo tratasen de cruel, loco o misántropo.

La sordera es lo más doloroso que pueda imaginarse para un músico, y él lo decía con claridad. Confesaba que "... poco ha faltado para que yo mismo pusiese fin a mis días". Esta carta, conocida como "El testamento de Heiligenstadt", es una nota breve que da cuenta de su depresivo estado de ánimo. En otros tiempos, ésta y otras notas del mismo Beethoven, así como numerosas y notables piezas literarias inspiradas en su vida, entre las cuales se destaca "Juan Cristóbal", de Romain Rolland, formaban parte de la base cultural de la juventud. Beethoven era para muchos el paradigma de la lucha personal por sobreponerse a las propias limitaciones.

En 1802 el compositor tiene 32 años. El mismo ignora su verdadera edad y cree tener treinta, pues su padre le quitaba años para que impresionara más fácilmente al público en su papel de niño prodigio. Su fama como compositor se ha afianzado considerablemente. En los últimos tres años, desde la Sonata Patética, de 1799, ha compuesto numerosas obras de distintos géneros: una sinfonía, un concierto para piano, siete cuartetos de cuerda, dos sonatas para violín y piano, ocho sonatas para piano, y otras obras de cámara. Muy conocidas son la sonata para violín y piano "La primavera", y la sonata para piano "Claro de luna". La última de las sonatas para piano de este período sombrío, la Nº 17, denominada "La Tempestad", contemporánea del referido "Testamento...", es una obra relativamente poco difundida en la actualidad, pero que el mismo Beethoven consideraba una de sus preferidas. El nombre "La Tempestad" no se lo puso el compositor. Su secretario Schindler contó que en una ocasión le había preguntado por el sentido de la sonata, y que Beethoven le habría respondido "Lee La Tempestad de Shakespeare".
Esa fue la última obra de teatro del dramaturgo inglés, escrita en 1611. Menos famosa que "Hamlet", "Otelo" y las otras grandes tragedias, "La Tempestad" muestra la historia de Próspero, un expatriado arteramente, hombre que prepara su venganza contra los causantes de sus desgracias, con la ayuda de dos acólitos sobrenaturales, Ariel y Calibán. Sin embargo, a diferencia de los sangrientos argumentos habituales del autor isabelino, en este caso la venganza no se lleva a cabo. Próspero, luego de haber desenmascarado y enjuiciado a sus enemigos, los perdona, y emprenden todos juntos el viaje para reiniciar la vida interrumpida años antes por los facinerosos. Se la ha calificado como "el drama del perdón". A pesar de que en esta obra el escenario no se tiñe de sangre, muchos espectadores se quedan con la inquietud de si, faltando el escarmiento, no se irá a reiniciar todo de nuevo.

Buscando en la obra de Shakespeare la eventual génesis de la sonata beethoveniana, encontramos multitud de escenas o temas que pudieron haber sido el origen de alguna inspiración: la impotencia fente al destino, el contraste entre lo espiritual y lo material, la venganza y el perdón, la traición, el olvido,... pero nada específico. Sin embargo, el comentario de Schindler dio pie para considerar que la sonata era música incidental escrita para la pieza teatral, para usarla a modo de obertura, o para subrayar la acción. De ahí a servir de prototipo a muchas otras piezas musicales destinadas a matizar la acción teatral y luego como apoyo a la proyección de películas mudas y aun como fondo para filmes de monitos animados, no hubo más que un paso. Cuando escuchamos hoy el primer movimiento de la sonata nos resulta inevitable asociarla a las imágenes del "malo" acechando al "jovencito", o a las del ratón que huye del gato que huye del perro. Es necesario un esfuerzo hermenéutico considerable para escucharla sin esos ecos. Sólo así apreciaremos la música en la que se suceden repetidamente la calma y el frenesí. Pero, por mucho esfuerzo que hagamos, no es posible asociar esta música con ningún pasaje de la obra shakesperiana.

El tercer movimiento, allegretto, no ha corrido mejor suerte. Su motivo breve y reiterado ha hecho suponer que se trataba de alguna cantinela bucólica y despreocupada, o como una rítmica imitación del trote de un caballo, o cosas así. La versión de Alfredo Perl, incluida en su interpretación de las sonatas completas de Beethoven, me parece la más apropiada. Si Beethoven describe algo, es un clima de íntima tensión. La sencillez y reiteración implacable del motivo musical son vehículos de la inquietud y del anhelo. El acontecimiento es interior. No siendo médico ni músico puedo aventurar que la partitura es prácticamente un electrocardiograma, con todos los episodios provocados por la tensión extrema. Perl da a las palpitaciones una frecuencia de 80 pulsaciones por minuto. Lo que tiene alguien que hace antesala para escuchar una respuesta importante. Lamentablemente para el "show" de la música, este movimiento, y con él la sonata, concluye sin apoteosis ni fuegos artificiales, sino que, como un reloj al que se le acaba la cuerda, simplemente se detiene. La consiguiente perplejidad del espectador del concierto se refleja obviamente en aplausos titubeantes, que parecen reprochar algo al intérprete, lo que la hace ingrata para los pianistas.

Falta que se hagan presente en la vida del músico otras fatalidades, tanto de índole personal como familiar y social, que lo apartarán cada vez más de sus semejantes. Le quedan 24 difíciles años de vida, y más de cien obras por componer, desde luego las más célebres. El magnífico y voluntarioso Beethoven de hace tres años ha sido herido en pleno en su orgullo por la sordera galopante que lo aqueja. "La Tempestad", escuchada con las prevenciones ya hechas, es el honesto reflejo de la extrema dureza del golpe recibido, y también la reafirmación de la voluntad del autor de perseverar en su obra, para darnos a pesar de todo y a raudales bella música y el ejemplo de asumir su propio destino, por difícil que parezca.

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Dezsö Ránki, Piano
English Chambre Orchestra/Jeffrey Tate





En la forma en la que el género del concierto para piano fue desarrollado por Mozart se encuentra una síntesis de los elementos creadores del período clásico: el sinfónico, el concertante, el operístico y el de música de cámara. Fue Mozart quien llevó el concierto para piano al más alto rango de expresión sinfónica, resultando imposible no tomar en consideración la mayoría de sus partituras pertenecientes a este género.

Respecto a la obra que nos ocupa, cabe señalar que, como caso poco frecuente dentro de su producción pianística, Mozart no fue su primer intérprete. Este concierto, que había sido terminado el 12 de abril de 1784, fue dedicado a Barbara Ployer, consagrada alumna de Mozart, quien lo estrenó en Döbling, el 10 de junio del mismo año.

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miércoles, 16 de enero de 2008
Orquesta Filarmónica de Viena
Leonard Bernstein, director



Franz Joseph Haydn nació el 31 de marzo de 1732, en Rohrau, Austria y murió el 31 de mayo de 1809, en Viena. Fue uno de los mayores compositores del Clasicismo Vienés. Es el primer nombre de la "tríada clásica", seguido de Mozart y Beethoven.
No fue hombre de gran cultura, sino de rara inteligencia musical. Aprovechó el material folklórico que existía en Viena, o sea, el folklore musical alemán, checo, húngaro, italiano, croata...

Comenzó tocando el violín en pequeñas orquestas donde ya no había piano o clavecín (o sea, sin bajo continuo) y ninguno de los músicos hacía el papel de solista-virtuoso. Lo que valía era el conjunto. Esa independencia de la cuerda en relación al bajo continuo, así como la importancia dada al conjunto instrumental, hizo que la música barroca quedase superada.

Haydn elabora una nueva polifonía instrumental con la finalidad de dar cohesión al cuarteto y a la sinfonía. El principio de construcción será la forma sonata de Carl Philipp Emmanuel Bach que, perfeccionada por Haydn, se convertirá en la base del clasicismo vienés.

El nombre "sinfonía"cambió de significado con el tiempo, al principio se llamaron sinfonías simplemente a obras que implicaban la sincronización de varias voces, después se empleó ese nombre para denominar piezas de forma libre, por ejemplo, Bach denominó sinfonías a lo que ahora se conoce como Invenciones a Tres Voces; hasta que Haydn lo empleó para denominar así a sus obras con estructura de sonatas, pero escritas para gran orquesta.

Lo de gran orquesta en la época de Haydn consistía en alrededor una docena de violines, un par de violas, unos cuatro violonchelos, uno o dos contrabajos, dos oboes, dos fagotes, un par de trompas y, en algunos casos, una o dos flautas, dos trompetas, dos clarinetes, un clavicémbalo o un par de timbales.

Empleando sólo los instrumentos, Haydn habla el idioma de la música sacra italiana de la época precedente, o sea, sus temas son cantables. Es el comienzo de la música moderna.

Los cuartetos de Haydn constituyen todo un universo de la música, completo y autónomo en sí mismo, como las cantatas de Bach. En la segunda fase de su producción musical Haydn experimenta la influencia de Mozart. Su música sacra es bella, pero sin mucha relación con los textos litúrgicos.

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martes, 15 de enero de 2008
Orquesta Sinfónica de Chicago
Georg Solti, director



La Sinfonía Italiana es una obra de considerable sutileza y originalidad. Se ajusta a los procedimientos formales que son clásicos en espíritu, aunque algunas veces violan las formas estrictamente clásicas. Su sonido de superficie, con su orquestación brillante, bellas armonías y encantadoras melodías, es absolutamente romántico. Su singular armonización del clasicismo y el romanticismo la convierte en una de las joyas sinfónicas del siglo XIX.

La imagen histórica de Félix Mendelssohn es la de un compositor de talento, rico en dinero, familia, amigos y admiradores; inteligente, de buen carácter y alegre, además de exitoso en cualquiera de sus propósitos, que no conoció las pasiones, los sufrimientos, ni las torturas emocionales de autores como Schumann, Berlioz, Chopin, Wagner o Liszt, por el contrario era el ideal del burgués.

Mendelssohn inició la composición de su Sinfonía nº 4 en Italia en 1831. La obra sería terminada en Berlín en 1833. El propio Mendelssohn dirigió el estreno, con la Orquesta Filarmónica de Londres, el 13 de mayo de 1833.

Durante varios siglos, Italia ha sido la meca de los compositores del norte de Europa. Especialmente durante la era romántica, un viaje al soleado sur era casi una exigencia para todo artista que se respetara. Los compositores afluían a Italia en busca de inspiración. Algunos de los resultados más obvios son la Serenata Italiana de Hugo Wolf, el Capriccio Italiano de Chaikovski, Harold en Italia de Berlioz, Venecia y Nápoles, de Liszt y la Sinfonía Italiana de Mendelssohn.

Mendelssohn visitó Italia por primera vez en 1830, cuando tenía 22 años. Se sintió conquistado por la belleza de las antiguas ruinas romanas, el Vaticano, el Coliseo y el Monte Pincio.

Sus cartas a su familia hablan rapsódicamente de estas visitas, pero rara vez mencionan al pueblo italiano. De hecho, pasó la mayor parte de su tiempo en compañía de alemanes. Fue insensible a la política, la sociedad o la cultura de Italia. Así que, aunque su inspiración fue genuina, la Italia evocada es un país tal como lo ve un turista. Sólo en el final, por medio de una danza folclórica, escribe con un sabor auténticamente italiano. Después de cuatro meses en Roma Mendelssohn escribía a sus hermanas: “La sinfonía Italiana progresa. Será la pieza más alegre que haya compuesto nunca, especialmente su último movimiento, para el lento no he encontrado nada, esperaré hasta Nápoles”.

Efectivamente, el segundo movimiento fue sugerido por una procesión que presenció por las calles de esa ciudad, el tercer movimiento es cercano a la música incidental que había compuesto para Sueño de una noche de verano de Shakespeare, el último movimiento es un saltarello, danza italiana muy antigua que refleja la alegría del carnaval romano.

Aunque el compositor esperaba terminar la sinfonía durante su estancia en Italia, la obra le llevó más tiempo de lo esperado. El incentivo para terminar la música llegó en la forma de un encargo por parte de la Sociedad Filarmónica de Londres. Mendelssohn terminó la sinfonía en Berlín, dos meses antes de su estreno en Londres, en 1833.

Mendelssohn nunca quedó del todo satisfecho con su sinfonía. En una carta escrita en 1834, expresaba su descontento respecto del movimiento intermedio y manifestaba que tendría que modificar prácticamente todo el primer movimiento. La revisión de la partitura efectuada en 1837 contiene sólo leves modificaciones. Aunque más tarde efectuó nuevas revisiones, parece ser que la partitura final se ha perdido. La versión publicada en 1851, cuatro años antes de la muerte del compositor, sigue la partitura original.

El primer movimiento pone al director frente a un interesante dilema. Mendelssohn indica la habitual repetición de la sección de exposición. Los intérpretes actuales por lo general suelen ignorar las repeticiones de la exposición. La elección se hace sobre la base de la comprensión por parte del intérprete del ritmo y de las proporciones de la pieza, la longitud del concierto e incluso la naturaleza del mismo. Los estudiosos han debatido frecuentemente si las indicaciones de tales repeticiones son meras formalidades que quedaron de las anteriores prácticas barrocas o si los compositores realmente pretendían que se observaran. Hay algunas piezas que parecen demasiado largas si se asume la repetición, otras que se desequilibran cuando se la omite. Sin embargo, respecto de la mayoría de las obras, la evidencia interna no es concluyente. La elección, en cuanto a repetir o no, es una cuestión de interpretación artística.

En la Sinfonía Italiana hay un "primer final" de la exposición que queda omitido por completo de la interpretación si no se asume la repetición. La presencia de un primer final no carece de antecedentes y, por lo tanto, no exige en definitiva que se observe la repetición. Sin embargo, el primer final contiene fragmentos de música que no se escuchan en ninguna otra parte del movimiento hasta unos compases poco antes del final. Este material está relacionado con las melodías principales de la obra, pero es diferente de ellas. Si se asume la repetición, el final de la coda es una reminiscencia. Cuando todos los temas han reaparecido y cuando por último lo hace el del primer final, el movimiento queda completo. Si, por otra parte, se omite la repetición el final de la coda es un giro fresco y nuevo relacionado con los materiales principales.

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Jon Vickers, tenor
ROH Covent Garden/Colin Davis



Peter Grimes es un pescador inglés de principios del siglo XIX que tiene un carácter huraño y cuando menos diferente. Se ve marginado y culpabilizado por el resto de la sociedad, que no acepta las diferencias en su seno. Esta actitud del pueblo le hará convertirse en un hombre cada vez más solitario que detesta las relaciones con el resto de sus conciudadanos. Ante esta perspectiva, el pueblo buscará cualquier excusa para condenarle. La situación acaba siendo tan traumática y tan asfixiante, por la presión ejercida por la sociedad, que el pescador terminará suicidándose, volviendo así la tranquilidad a la aldea, cuando el elemento diferenciador ha sido eliminado. Dos ideas son básicas en la obra, por un lado el retrato de los hombres y mujeres que viven del mar y por otra lo cruel que puede ser la sociedad frente a quien no se ajusta a sus normas.

La obra de Britten es la primera ópera inglesa destacable desde "Dido y Eneas" de Purcell, escrita en 1689. Esto significa que el compositor no tuvo precedentes directos ingleses en los que basarse y hubo de crear muchas veces, en el sentido más estricto del término. Benjamín Britten se muestra aquí por primera vez como un auténtico autor dramático. Su estilo es nuevo, moderno, conmovedor, inteligente sin ser intelectual, en una línea media entre el verismo y el impresionismo. Sin poder calificar la música de Britten de "descriptiva" o "programática", su riqueza de efectos en esta obra posee una fuerza inusual. La obra fue estrenada en el londinense Sadler Wells Theater el 7 de junio de 1945, sólo un mes después de acabada la Segunda Guerra Mundial.

Britten, natural de una aldea en la costa marítima de Inglaterra, quiso reflejar este mundo que él tan bien conocía a la hora de componernsu primera ópera. En sus propias palabras “un mundo de pescadores, de hombres y mujeres que viven del mar y para la mar”. Pero su obra va más allá de esa particularidad y llega hasta la misma esencia del comportamiento humano. Fuera de la anécdota del lugar y del tiempo, la ópera de Britten muestra a una sociedad que margina y repudia al diferente, al que no se siente plenamente integrado en ella. En este sentido, las referencias implícitas a la homosexualidad, son claras. Grimes se convierte en el prototipo (que no héroe) de la persona socialmente repudiada por su comportamiento, el símbolo de la opresión de la mayoría frente al diferente. Situaciones además que aparecen en la obra, como las canciones que canta el marinero a su grumete o el cariño que siente hacia éste, redundan en este postulado.

Britten utiliza la politonalidad en ciertos momentos, también armonías muy libres y audaces, cuando lo exige el drama; pero en el fondo nunca abandona la tonalidad, pues ha reconocido en ella la firme columna vertebral de la música occidental. Sin poder calificar la música de Britten de «descriptiva» o «programática», su riqueza de efectos posee una fuerza inusual; incluso sin escenografía (por ejemplo en los interludios orquestales) surge la impresión del mar, de los poderes elementales, del destino inevitable, de la monotonía opresiva, de la sofocante estrechez de los conflictos y pasiones humanos, a partir de los sonidos que Britten crea con una paleta de colores casi inagotable. A veces el sonido se vuelve popular, sin caer en lo folclórico; suena una vieja melodía de pescadores de la costa oriental y añade algún que otro matiz.

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lunes, 14 de enero de 2008
Kiri Te Kanawa, soprano
ROH Covent Garden/G. Solti


“Otello” es la penúltima ópera de Giuseppe Verdi (1813-1901), ya sobre los 70 años de edad, absolutamente maduro y consagrado. La ópera que la antecede es “Aida”, estrenada en El Cairo en diciembre de 1871 y, seis semanas más tarde, en el Teatro alla Scala de Milán. Tras esta grandiosa producción, el maestro Verdi decidió no volver a componer, pues consideraba que su tarea en la arena operística había llegado a su fin.

Para toda petición o presión por una nueva ópera, viniera de donde viniera, Verdi tenía como única respuesta un rotundo no y la negativa a siquiera conversar sobre el tema.

Sin embargo, de las gestiones del editor Giuglio Ricordi surgió la posibilidad de que, basada en un famoso drama de William Shakesapeare, una nueva ópera verdiana subiera a los escenarios. Verdi profesaba casi una religiosa veneración por el célebre dramaturgo inglés, y fue por este flanco por donde mostró una suerte de debilidad y abrió su ánimo para volver a componer. El tema de la nueva ópera sería el célebre “Otello” de Shakespeare.

Ricordi propuso el nombre de Arrigo Boito para encargarse del libreto y fueron sus excelentes esbozos los que acrecentaron la posibilidad de que el maestro Verdi se abocara nuevamente a una nueva obra para la lírica.

Sin embargo Verdi estaba reticente. Él ya era una celebridad mundial, quería descansar y estaba encargado de responder a otros múltiples compromisos. Además, decía el compositor, para qué una nueva ópera “Otello” si ya había otra, exitosa, escrita por Gioacchino Rossini en 1816.

Finalmente, en 1884, a los 71 años de edad, Giuseppe Verdi olvidó sus anteriores negativas y se embarcó en la composición de “Otello”. El proceso fue lento y llevado en un ambiente de absoluta reserva e incluso misterio.

Cuando la partitura estuvo lista, vino un largo y arduo período de ensayos, tras el cual la ópera subió a escena en La Scala de Milán el 5 de febrero de 1887, con un triunfo resonante. Ya que habían transcurrido casi 16 años de la presentación de “Aida”, la expectación que el estreno de “Otello” despertó fue enorme, congregando esta primera representación una numerosísima y selecta audiencia, que no vaciló en vitorear varias veces al compositor durante el desarrollo mismo de la función.

Sin duda, este inmediato éxito se debió a que la obra era sustentada por un libreto de máxima excelencia y un tratamiento musical que mostraba a Verdi en la cima de su madurez estilística.

El alto concepto dramático que empapa la obra le concede unidad y la libera por completo de ciertos altibajos tan característicos de producciones anteriores.

Con justa razón puede aplicarse a “Otello” la expresión de “drama musical” entendiéndose por tal una etapa superior en el desarrollo histórico del género operístico. La orquestación de la obra muestra a Verdi en caminos completamente nuevos para él, que nunca había pensado en tanta diferenciación, en tantos colores sutiles y expresivos.

El concepto de “aria” casi desaparece como elemento aislado. Donde se dan fragmentos a cargo de los solistas, están ligados tanto anímica como musicalmente a los fragmentos colindantes.

La adaptación libretística del original shakesperiano, efectuada por Arrigo Boito, no puede calificarse sino de magistral, ya que reduciendo los textos originales a menos de un tercio, logra esbozar con absoluta eficacia un drama, que la música potencia al máximo. En ese libreto se suprimen las escenas iniciales de Venecia del original teatral, y así, de los cinco actos de la pieza de Shakespeare, la ópera rescata sólo cuatro, desarrollándose ésta íntegramente en la isla de Chipre.

En su gran producción de óperas el maestro Verdi tuvo tres encuentros con la obra teatral de William Shakespeare. El primero fue “Macbeth”, cuyo estreno fue en 1847. Luego, 40 años más tarde, vendría este “Otello”. En 1893 el legado operístico verdiano llegaría a su fin con “Falstaff”, también inspirada en la obra teatral de Shakespeare.

Debe consignarse en este recuento que Giuseppe Verdi tuvo durante mucho tiempo la idea de convertir en ópera otra pieza de este dramaturgo inglés. Esa fue “El rey Lear”, pero por una u otra razón ese proyecto nunca llegó a concretarse.

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Orquesta Sinfónica de Chicago
Georg Solti, director





Anton Bruckner, compositor y organista austriaco, nació el 4 de septiembre de 1824 en Ansfelden, cerca de Linz, en una familia de campesinos. Bruckner fue autodidacta. Su primera obra -una misa de réquiem- es del año 1849. De profundas convicciones religiosas, en 1851 inició su trabajo como organista en el monasterio de San Florián, cerca de Ansfelden, y de 1856 a 1868, en la catedral de Linz. Estudió con el prestigioso maestro de contrapunto Simon Sechter, y compuso tres de sus más importantes obras corales: la Misa en re menor (1864), la Misa en mi menor (1866) y la Misa en fa menor (1867). También su primera sinfonía en do menor (1866). Entre los años 1868 y 1892 fue organista de la corte y profesor del conservatorio de Viena. Compuso otras ocho sinfonías, así como obras sacras, orquestales, corales, para órgano y también para piano.

Anton Bruckner no había oído ni una sola nota de Wagner hasta la edad de 40 años. Fue entonces cuando acudió a una representación de Tannhäuser y a partir de aquel momento su vida dio un vuelco, convirtiéndose en un ferviente wagneriano y, sin pretenderlo, se vio envuelto en las violentas disputas entre wagnerianos y antiwagnerianos que agitaron los treinta últimos años del siglo XIX. Su veneración por Wagner le ganó la animadversión de los músicos y críticos antiwagnerianos de Viena. No obstante, al final de su vida Bruckner gozaba de gran prestigio en su país y obtuvo varios galardones, así como una pensión para el resto de sus días. Contribuyó al desarrollo de la forma sonata mediante la dilatación del material temático en el primer movimiento de sus sinfonías. También amplió la envergadura de estas y adoptó estructuras más amplias que hasta entonces nadie había intentado utilizar. Su orquestación se caracteriza por la alternancia de las distintas familias de instrumentos. Crea de este modo, un efecto coral que muestra la influencia de Wagner y del timbre de su propio instrumento, el órgano.

Bruckner murió a causa de una crisis fulminante de hidropesía el 11 de octubre de 1896, mientras componía su novena sinfonía en re menor. Sus restos fueron enterrados en la Abadía de San Florián, justo debajo del gran órgano, según los deseos del propio compositor. Durante los trabajos para construir la cripta se descubreron 6.000 esqueletos procedentes de un campo de batalla de la época de los Hunos. De esta forma, los cráneos minuciosamente alineados parecen admirar, en un silencio absoluto e impresionante, a aquél que llamaron: el Menestrel de Dios.

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domingo, 13 de enero de 2008
Nicola Benedetti, violín
Northern Sinfonia/Yan Pascal Tortelier







El compositor polaco Karol Szymanowski nació en Tymoszowka en 1882 y murió en Lausana en 1937. Realizó sus estudios en el Conservatorio de Varsovia, del que fue nombrado director en 1927. En 1930 recibe el cargo de rector de la Universidad Musical Oficial de Varsovia.

A Szymanowski se le tiene por el más importante de los compositores polacos del s. XX. Su obra ha sido considerada por las generaciones posteriores como la más rica en enseñanzas y con proyección de futuro de las producidas en su país. Este autor poseía una sensibilidad muy refinada en las cuestiones rítmicas y armónicas. Su concepción musical, bastante audaz para su época, ha hecho que buena parte de su obra sobreviva. Su primera etapa está influida por Stravinski y Debussy, luego pasa por un período caracterizado por su interés hacia la filosofía mística oriental. Esta faceta está considerada como la menos válida de su producción y da paso a otra donde lo principal es un formalismo de tendencia germánica, unido a un hedonismo helénico derivado del arte francés. A este periodo pertenece su célebre "Fuente de Aretusa". Su tercera etapa -la más valiosa- se entronca con la música racial polaca, aunque nunca con datos directamente folklóricos.

La obra de Szymanowski es amplia y sugestiva. Autor de varias sinfonías, destaca entre ellas la tercera, subtitulada "El canto de la noche". Son también apreciables sus dos conciertos para violín y orquesta y sus dos óperas, "Hagieth" y "El rey Roger", pero entre sus producciones para la escena destaca "Mandrágora", ballet de altos vuelos. Entre sus composiciones religiosas son de interés el "Stabat Mater" y el "Veni Creator". Es autor de numerosas composiciones para voz y orquesta, pudiéndose mencionar "Oh, Señor", con texto de Kasprowicz; "Zuleika", texto de Bodenstedt; "Letanías de la Virgen María", texto de Liebert. Entre su magnífica música de cámara se cuentan dos cuartetos, las "Metopas" para piano, la Sonata en re para violín y piano y, para esta misma combinación, "Mitos", donde se integra "La fuente de Aretusa".

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Mansson dirigió el primer concierto de la ONE tras las obras

Gonzalo Alonso
LA RAZÓN, 13-01-2008


Temporada de la OCNE
«Carta Blanca a Elliot Carter». Solistas: N. Daniel. Oboe. Orquesta Nacional de España. Director: D. Mansson. 11-I-2008. Auditorio Nacional. Madrid

Había tanta curiosidad entre el público para ver qué cambios había en el Auditorio tras los seis meses de cierre por obras como decepción ante los mismos. Era obvio que muchos abonados a la OCNE habían acudido más por morbo que por el programa que iban a escuchar, como quedó patente a lo largo del concierto y, sobre todo, en su final. A alguien sin mucho seso se le ocurrió hablar de «reapertura» del Auditorio e incluso de sesión solemne con invitación a la Casa Real, con lo que se generaron expectativas a las que no había lugar, puesto que las obras no han sido más que una adaptación a las normativas de seguridad. Apenas cuatro nuevos monitores multimedia y un poco de pintura en las paredes se han añadido al cambio de puertas de acceso a las salas o a ciertas modificaciones, algunas tan innecesarias como antiestéticas, en las barandillas. Naturalmente no acudió la Reina, pero sí el ministro de Cultura, el director general del Inaem y los muchos cargos que de pronto han surgido en el Auditorio (Enrique Carajuel, Luis Alonso, Consuelo Martínez, José Manuel López López?).
Tanto cargo o quizá la necesidad de ahorrar a fin de disponer de un millón de euros para programación propia del Ministerio han debido repercutir en el nuevo aspecto de los programas de mano de la OCNE, bastante más ligeros de aspecto, aunque con una letra grande que resulta más útil en la penumbra de la sala.
Esta temporada se otorga «Carta blanca» al compositor neoyorquino de casi cien años Elliot Carter y por ello habrá muchas ocasiones de tratar su obra y figura. Baste ahora resaltar su enorme vitalidad, su evolución estilística en el trascurso del tiempo y el hecho de que hoy sus músicas no suenan demasiado actuales. Pensemos en las de otros autores que tendrían su edad si todavía viviesen.
Tampoco la ONE es la mejor formación para obras que precisan mucha convicción en la interpretación y mucha sutileza en los detalles, y el excelente solista de oboe no bastó para sacar todo el contenido de sus pentagramas. Este Carter no tuvo nada que ver con el de Boulez y la Sinfónica de Londres de Ibermúsica de hace años. Quizá por ello unas treinta personas salieron en estampida al empezar el tercer movimiento de la extensa «Symphonia: sum fluxae premium spei» y la gran mayoría del público se levantó y marchó nada más acabar su interrogativa nota final sin esperar a los saludos. Que tomen nota quienes tienen la tentación de convertir el Auditorio Nacional en otro Reina Sofía. Cada música precisa su sitio.

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Mischa Maisky, violonchelo
Joven Orquesta del Festival de Verbier
James Levine, director



El último puesto profesional que ocupó Schumann fue el de director municipal de música de Dusseldorf. Sin embargo, no tuvo mucho éxito como director y finalmente se le pidió que renunciara. Poco después de instalarse en su nueva ciudad, Schumann compuso el Concierto para Violonchelo, una de sus últimas obras importantes. El comienzo de una grave enfermedad mental cercenó sus actividades como compositor (escribió la Tercera Sinfonía poco después del concierto y algo de música de cámara al año siguiente, pero su anterior ritmo febril de composición había desaparecido para siempre).

El concierto es melódico en su totalidad, con el violonchelo siempre destacado y la orquesta por lo general usada ligeramente. De manera que la pieza no es un diálogo ni confrontación entre el solista y la orquesta. Pero un compositor cargado de conflictos seguramente ha de expresarlos de algún modo. Los conflictos y contrastes del concierto se encuentran todos dentro de la línea solista. Schumann opone un violonchelo alto a un violonchelo bajo, en lugar de poner al solista en oposición con la orquesta. El resultado es abrumador para el solista: este, en contraste con el Concierto para Piano, es una obra para virtuoso.

Aunque el concierto fue compuesto rápidamente, Schumann siguió puliéndolo durante varios años, justo hasta el momento de su ingreso definitivo en el asilo de Endenich. Jamás pudo escuchar una interpretación de este concierto.

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sábado, 12 de enero de 2008
Janos Starker, violonchelo



Gaspar Cassadó nació el 30 de septiembre de 1897 en Barcelona, ciudad donde comenzó sus estudios musicales a los cinco años de edad. En 1907 se trasladó a París con su padre, el músico Joaquim Cassadó. Allí conoció a Pau Casals, con el que estudiaba, y recibió lecciones de armonía con Ravel y Falla. Su trabajo con Casals le marcó toda su vida, tanto en el aspecto técnico como en el musical. Cassadó hizo una gran carrera como solista actuando por todo el mundo. Tuvo un gran interés en la música contemporánea y estrenó diversas obras de autores como Morera, Honegger, Tansman, Hindemith, Castelnuovo-Tedesco, Pfitzner, Halfter, Khachaturian, Martinu, Delius, Dallapiccola, entre otros.

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Cassadó en los años sesenta


Formó dúo con la pianista Alicia de Larrocha, con la que dio conciertos en España y Europa a finales de los años 50. Fue profesor de música en los Cursos de Compostela y en la Acadèmia Musicale Chigiana de Siena. Tocó con grandes músicos del Siglo XX como Oistrakh, Rostropovich y Menuhin. Participó en el jurado de multitud de concursos internacionales. Radu Aldulexcu, Marçal Cervera, Elías Arizcuren destacan como alumnos de Cassadó. Así mismo, Cassadó llevó a cabo muchas transcripciones para violonchelo y piano, compuso música de cámara y varias piezas para piano solo.

Cassadó murió en Madrid el 24 de diciembre 1966.

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Renée Fleming, soprano
Violeta Urmana, mezzosoprano
Jorge Antonio Pita, tenor
René Pape, bajo
Coro y Orquesta del Covent Garden de Londres
Antonio Pappano, director


Un solo de la mezzo introduce el cuarteto final. Su melodía, enmarcada en la patética tonalidad de Si bemol menor, camina con pasos regulares, marcados por la cuerda, en una especie de marcha fúnebre. El bajo la repite, mientras la mezzo superpone un fraseo entrecortado y sollozante. La entrada de la soprano enfatizará "huic ergo parce Deus" en un tono de dulce súplica, momentos antes de que se produzca una total densificación de la textura en un tutti de orquesta y voces. A continuación las líneas vocales e instrumentales se irán desgajando de esta apretada homofonía, acentuando los aspectos contrapuntísticos en imprecantes imitaciones sobre "huic ergo", llevando el dramatismo a su clímax en el agudo Si bemol de la soprano solista. Una nueva melodía, "Pie Jesu", se instala en la pálida luz tonal de Sol bemol mayor. Como conclusión se volverá al introito en el Si bemol menor inicial con toda las partes vocales susurrando al unísono "donna eis requiem". La sorpresa final llega con el inesperado acorde de Sol mayor del "Amen", que precede en un arriesgado uso de las relaciones mediánticas, al Si bemol mayor conclusivo de la orquesta.

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viernes, 11 de enero de 2008
Janos Starker, violonchelo
(Tokyo, recital de 1989)



Zoltán Kodály nació en Keckskemét, Hungría, el 16 de diciembre de 1882. Murió en Budapest el 6 de marzo de 1967. Su estilo musical atraviesa por una primera fase posrromántica-vienesa y evoluciona hacia su característica principal: la mezcla de folclore y armonías complejas del siglo XX, aspectos que comparte con Béla Bártok.

Kodály estudia en Galánta, ciudad a la que dedicará sus famosas Danzas, y Nagyszombat. Más tarde, en Budapest, ingresa en la Academia de música Ferenç Liszt de Budapest, donde es alumno de Koessler. En 1906, después de haberse doctorado en letras, realiza un viaje de estudios a Berlín. Ese mismo año comienza a investigar en el folclore húngaro, tarea a la que se sumaría Bela Bartók. Llegó a coleccionar hasta cerca de 100.000 canciones populares húngaras, a las que aplicaba su singular perfección técnica.

En 1907 Kodály se incorpora al cuerpo de profesores de teoría musical de la Academia Ferenç Liszt, en la que también llegó a impartir clases de composición. La consagración mundial como autor le llega en 1923 con el estreno de Psalmus Hungaricus. Poco antes (1919) había sido nombrado Subdirector de la Academia Húngara de Música, a lo que más tarde iría añadiendo otros títulos y nombramientos.

Las investigaciones etnomusicológicas de Kodály le proporcionaron también el material de base para su ópera cómica Háry János, basada en cuentos populares, de la que extrajo una suite orquestal, que es actualmente su obra más frecuentemente interpretada, de instrumentación brillante y armonía a veces sorprendente.

En cuanto a su Sonata para violonchelo, se trata de una obra dedicada al virtuoso violonchelista Jenö Kerpely y fue estrenada por este mismo cellista en 1918. Es una de las partituras más importantes para el instrumento y explora técnicas muy avanzadas de interpretación, con efectos influidos por la música folclórica húngara.

La Sonata consta de tres movimientos. Comienza con un 'Allegro maestoso ma appassionato' que se inicia con acordes y recuerda en su forma a un Preludio de Bach, aunque su lenguaje es característico de principios del siglo XX. El segundo tiempo de la obra es un 'Adagio', tras el cual la Sonata llega a su fin con un 'Allegro Molto Vivace' -en el vídeo- de gran belleza y enorme dificultad interpretativa. La versión del maestro húngaro Janos Starker es excelente, pues logra captar a la perfección el estilo de obra y halla en su tarea la expresión justa, haciendo destacar brillantemente los momentos líricos o los pasajes más rítmicos.

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Orquesta Filarmónica de Viena
Karl Böhm, director





Mozart y Praga

Mozart visitó por segunda vez el territorio checo en 1787, cuando estaba en el apogeo de su fuerza creadora. El miércoles 17 de enero dirigió personalmente en el Teatro Nostic, el futuro Teatro de los Estamentos, una escenificación de su ópera "Las Bodas de Fígaro", cuyo estreno había tenido lugar en Viena el 1 de mayo de 1786 con no demasiado éxito.

Medio año después, en diciembre de 1786, "Las Bodas de Fígaro" fue escenificada en el Teatro Nostic de Praga por la compañía teatral de Pasqual Bondini. El éxito de la ópera fue clamoroso. Las melodías de "Las Bodas de Fígaro" salieron del teatro a la calle: la gente las silbaba y canturreaba.

A raíz del resonante éxito de "Las Bodas de Fígaro" ante el público checo, Mozart fue invitado a la capital checa para dirigir una de las funciones. El compositor se convirtió en el ídolo de los praguenses. Durante su estancia en la capital checa Mozart estrenó su nueva Sinfonía nº 38 "Praga", una de las obras cumbre de la música instrumental del siglo XVIII. El nombre de esta sinfonía en Re mayor proviene de su primera presentación en el Teatro Nostic. Puede ser interpretada como un homenaje a Praga, ciudad donde el compositor encontró un público comprensivo, acogedor y entusiasta.

Uno de los anfitriones de Mozart en Praga fue el conde Jan Pachta que residía en una bella mansión rococó en la Ciudad Vieja. Wolfgang Amadeus Mozart compuso para el aristócrata "Seis danzas alemanas". Se dice que el conde Pachta encerró al compositor antes del almuerzo en el salón musical prometiendo que lo soltaría después de que le escribiera seis contradanzas para el baile de esa noche. Mozart atendió la petición de buen grado.

Dado el sonado éxito de "Las Bodas de Fígaro", el empresario Bondini ofreció a Mozart un contrato para una nueva ópera destinada a la temporada otoñal. Era la ópera "Don Giovanni". El compositor trabajó sobre ella en Viena, pero se afirma que algunas piezas fueron compuestas en la villa Bertramka durante la estancia de Mozart en Praga, en otoño de 1787. La mansión Bertramka pertenecía a la cantante checa Josefina Dusková y a su esposo, el compositor y pianista Frantisek Xaver Dusek.
La magistral ópera "Don Giovanni" fue estrenada con extraordinario éxito en el Teatro Nostic, en Praga, el 29 de octubre de 1787. La dirigió personalmente Wolfgang Amadeus Mozart.

Se dice que la obertura de la ópera fue escrita en unas cuantas horas de la noche del 28 al 29 de octubre. La partitura estaba terminada, pero aún faltaba sacar las copias para cada instrumento. Por eso la función empezó con retraso.
Cuando Mozart salió a dirigir la obertura ante el teatro lleno a reventar, sudaba copiosamente, ya que los músicos tenían que leer a primera vista las partes de una pieza que jamás habían visto. Cuando terminó la ejecución, el público aplaudió delirantemente.

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jueves, 10 de enero de 2008
tzhak Perlman, violín
Samuel Sanders, piano





Martín Melitón Sarasate y Navascués nace el 10 de Marzo de 1844, día de San Melitón en Pamplona. Su padre era Miguel Sarasate Juanenay su madre Francisca Javiera Navascués Oacharena, que tuvieron otras tres hijas: Micaela, Francisca y María.

Sarasate Falleció en Biarritz, Francia, el 20 de septiembre de 1908. Precoz e hijo de padres que supieron calibrar el futuro de su hijo, toma lecciones y toca desde muy temprana edad (primer concierto a los 7 años en La Coruña) para sorpresa de todos. Pensionado por su provincia natal, ingresa al Conservatorio de París bajo la tutela de A/arden 1856. Gana premios, destaca en sus lecciones y, en seguida, es premiado y reconocido como el gran concertista que fue.

Estudió en Santiago de Compostela entre 1846-1849 con José Courtier , primer violín de la Catedral y profesor d la Escuela de Música de Santiago de Compostela.

El éxito rápido y seguro como ejecutante le hace olvidar sus deberes como alumno de armonía y composición. Llegados a este punto, es conveniente señalar si ésta, fue o no, una correcta decisión. Probablemente el reconocimiento de las limitaciones para la creación, hayan predispuesto al músico español para seguir los caminos de la fama por mar y tierra y dejar breves momentos para la escritura de piezas de especial virtuosismo en digitación y firmeza con el arco.

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miércoles, 09 de enero de 2008
Dúo Scaramouche


Ravel, como tantas figuras de la creación musical de este siglo, es un personaje difícil de situar en una estética determinada, o de clasificar de un modo u otro. La primera referencia que suele acudir a todo el mundo es el impresionismo pictórico, como sucede con Debussy, autor al que siempre, y no sin motivo, se le ha relacionado. No obstante, ambos sólo de forma impropia pueden ser llamados impresionistas. Debussy está más conectado, sin duda con el simbolismo poético de figuras como Mallarmé, Verlaine o Réginer, y se sentía molesto ante la palabra "impresionista"; "Intento hacer algo muevo, realidades, por así decirlo: eso que los imbéciles llaman impresionismo", escribió a Durand en 1908 a propósito de sus Images orquestales. El caso de Ravel es aún más claro: los contornos tan precisos de su música la alejan de toda vaguedad "impresionista". Apenas hay un intento de disolución de la tonalidad como en el caso de Debussy; la obra de Ravel ostenta una personal y decidida afirmación de la tonalidad pero ampliada y enriquecida con recursos como la modalidad, la construcción de sonoridades a partir de superponer dos acordes de tonos distintos, la constante aparición de disonancias, que a veces parecén más agresivas que en Debussy -no olvidemos que el vaso-francés fue llamado en su juventud el "enfant terrible"-. Ravel ha sido conectado por algunos al Neoclasicismo, y no deja de ser cierto que esta afiliación se revela más significativa que la de "impresionista", en el sentido de que informa más de su arte. Sabemos que la estética neoclásica tiene manifestaciones muy diversas y confusas en nuestro siglo; podemos citar a Stravinsky, Falla, Bartók, etc. pero coincidiendo en todos casos en un gusto por la claridad y la depuración técnica, una atención a las formas de hacer música de tiempos pasados, pero siempre presentándolas con una fuerte carga de modernidad, y en definitiva, una singular contención e intelectualización de la música que lleva a preocuparse por la perfección de los detalles y por el trabajo bien acabado antes que por mover las emociones con grandes efectos. Ravel es un compositor extremadamente concreto y su música es precisa, equilibrada, transparente, aunque brilla de emoción por todas partes. Pero no es nunca una emoción vulgar o grandilocuente, ya se cuida de ironizar sobre el patetismo romántico y de mantenerse a distancia de los cantos inflados de tremendos sentimientos; su emoción es la íntima confesión de un corazón discreto, amable y delicado, a veces sufriente, otras veces risueño, en ocasiones exultante...pero siempre muy sutil. Todo en Ravel es refinamiento, elegancia y, hay que decirlo, ternura, y sólo quienes no poseen la sensibilidad necesaria para simpatizar con su arte lo acusan de sofisticado, de prestidigitador, o de técnico frío y desapasionado. No todo hay que decirlo a gritos, señores, un espíritu contenido y discreto puede expresar las agitaciones de su corazón sin perder la compostura, y esta es la valiosa enseñanza de los clásicos, no hay arte sin estilización de los afectos. La expresión de las pasiones mismas, sin la adecuada elaboración y mediación del intelecto, puede ser necesaria en la vida, pero insuficiente y vulgar en el arte. Ravel es un espíritu impregnado de clasicismo, pero deja ver sus delicados y dulces sentimientos en el fondo de su arte perfecto, y hay lugar en su obra para verdaderas explosiones de emoción que nos recuerdan a la sorprendente fluidez con la que personas muy tímidas son capaces de hablar de aquello que les llena interiormente, o que conocen en profundidad, al sentirse libres en su mundo.

La producción musical del autor de Jeux d´eau, pese a que tampoco sea muy abundante -a nustro juicio más que suficiente-, ha abarcado prácticamente todos los géneros: la música pianística en forma de piezas sueltas y "suites", donde se encuentran algunos de sus más preciados tesoros; la música de cámara -un trío, un cuarteto, dos sonatas con violín, la sonata de violín y cello, "Introducción y Allegro...", siempre obras logradísimas, como si fueran cada una la culminación de una serie; el universo de las canciones, donde brilla su maestría en el tratamiento de las inflexiones de la voz de acuerdo a la prosodia francesa, así como su raramente precisa expresión del contenido poético; las grandes obras orquestales, con sus prodigios de instrumentación -nadie le ha igualado; da escalofríos pensar qué hubiera hecho con la "Iberia" de nuestro Albéniz si le hubieran dejado-, sus ritmos frenéticos y sus explosiones de color; en sus manos la orquesta es verdaderamente un organismo vivo en continua agitación y mostrando los más variados matices de su ánimo, capaz de adoptar las formas más imaginativas. Como todos los grandes compositores, Ravel tiene infinidad de registros en su expresión de la música, y en estas obras de amplia factura tenemos a un Ravel lleno de energía y poder, con pleno dominio del gigante orquestal, que no parece tener nada que ver con el Ravel intimista y delicado. No obstante, esto no quiere decir falta de conexión entre su obra; para un oyente o estudioso atento, nuestro autor es uno de los músicos con un lenguaje más unitario y consecuente, que dominaba de tal forma su oficio y escribía con tal seguridad, que era capaz de incluir una pieza de su temprana juventud -la "Habanera " de "Sites articulares"- en una obra orquestal tan madura como la "Rapsodia Española". Podemos decir que, sin que haya quedado estilísticamente estancado en ningún momento, ha sido un compositor cuyo lenguaje cristalizó extraordinariamente pronto, adquiriendo una serie de elementos que iban a caracterizarle hasta el final de sus días. Aunque este fenómeno es común a muchos compositores, es menos común atreverse con el cuarteto de cuerdas tan joven como él lo hizo, y siendo su primera y única incursión, dar a luz una obra maestra, inigualable. Destaquemos entre su música de orquesta el concierto para piano en sol, con sus ritmos y recursos jazzísticos, y el fascinante concierto para la mano izquierda, auténtico alarde de virtuosismo donde no se perciben las limitaciones que debiera ocasionar tal disposición; la "Rapsodia Española", "la Valse", obra de vehemente expresión y muy buena, a nuestro juicio, para acercarse a la esencia de nuestro músico; en ella hay burla e ironía, elegancia, ritmo nervioso, maestría de orquestador y en el tratamiento de los "crescendi"; el voluptuoso y colorista ballet "Dafnis y Cloe", manifestación de un mundo helénico más imaginario y edificado en base a lecturas que invitan a soñar, que históricamente real; la prodigiosa orquestación de los "Cuadros de una exposición" de Mussorgsky, etc. No debemos olvidar sus dos óperas, "La hora española", y "El niño y los sortilegios", que no dejan de estar conectadas con otros proyectos teatrales que no llegaron a buen puerto, como el intento de "La campana sumergida", según textos de G. Hauptmann o el oratorio sobre Juana de Arco, ya casi al final de su vida.

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Simone Alaimo, bajo



La Cenerentola es un dramma giocoso en dos actos con música de Gioachino Rossini. El libreto fue escrito por Jacobo Ferretti, sobre el cuento Cendrillon de Charles Perrault y los libretos de Charles-Guillaume Etienne (para una obra de Nicolas Isouard) y Francesco Fiorini (para una ópera de Stefano Pavesi). Fue estrenada el 25 de enero de 1817 en el Teatro Valle de Roma. (Estreno en España en el Teatre de la Santa Creu de Barcelona, el 18 de abril de 1818).

La Cenerentola, ossia La bontà in trionfo, es producto de un encargo realizado a Rossini por el Teatro Valle de Roma. La censura pontificia prohibió la obra prevista por inmoral y la precipitada solución al problema fue optar por musicar la famosísima fábula de Perrault, La Cenicienta, que todos los niños han conocido durante generaciones. Rossini y Ferretti eliminaron, sin embargo, los aspectos mágicos y fabulosos, bien por falta de sensibilidad del público romano hacia lo maravilloso, bien porque dichos aspectos no inspiraban al compositor.

La intriga tiene otras diferencias respecto a Perrault y los hermanos Grimm: la madrastra se convierte en padrastro, el grotesco Don Magnifico; el papel de hada, de hecho lo ocupa Alidoro, el preceptor del príncipe Don Ramiro quien, disfrazado, detecta la bondad de Angelina, la Cenerentola humillada por las poco agraciadas hermanastras Clorinda y Tisbe; el príncipe ha cambiado sus vestimentas con las de su escudero Dandini para poder juzgar la verdadera personalidad de la joven con quien tiene que casarse; Angelina se enamora de él de inmediato; Don Magnifico y sus hijas quedan en el mayor de los ridículos ante Dandini y el príncipe; el final feliz, incluido el perdón a las hermanas, es consecuencia evidente de la inteligencia y bondad de Angelina.

Los aspectos más innovadores de La Cenerentola y el éxito que muy pronto cosechó nacen del violento contraste entre la personalidad de la protagonista, de una ternura exquisita, unida al suave sentimentalismo de la intriga, y los personajes del mundo buffo rossiniano, mucho más convencional, con sus efectos cómicos, que la rodean. En efecto, desde la melancólica canción inicial de Angelina, «Una volta c’era un re», oímos la maravillosa voz de una figura suspendida entre sueño y realidad, casi una heroína de opera seria, dotada además de una escritura extremadamente virtuosística. En contraste evidente, los recursos musicales llenos de comicidad —y también de dificultades vocales— confieren a los papeles del criado Dandini o de Don Magnifico una diversión asegurada.

En el vídeo, durante el Acto I -escena en el palacio del Príncipe Ramiro-, Dandini, el falso príncipe, sigue burlándose de Don Magnifico y lo nombra somelier de sus bodegas.

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martes, 08 de enero de 2008
Juan Diego Flórez, tenor
Alessandro Corbelli, barítono



La escena transcurre en el palacio del Príncipe Ramiro. Dandini, representando aún el papel del Príncipe, dice a Don Magnífico que va a recompensar su conocimiento de los vinos, nombrándole mayordomo del palacio. Después, y siempre con ampulosas maneras, declara su amor a Clorinda y a Tisbe, que ahora se llenan de celos la una de la otra. Pero, enseguida, Dandini dice a Ramiro en un dueto rápido, de gran comicidad, que las dos hermanas son bobaliconas: "Zitto, zitto, piano, piano" ("Quedo, quedo, despacio, despacio").

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lunes, 07 de enero de 2008
David Adorjan, violonchelo
Bach Collegium München
Christopher Hogwood, director



De los veinte hijos de Johann Sebastian Bach, cuatro son compositores destacados. Carl Philipp (1714-1788) es uno de ellos. En Berlín fue durante 28 años (1738-67) maestro de capilla en la corte de Frederico II, el Grande, rey de Prusia, también conocido como el rey flautista.

En 1767 sucedió a Telemann en el cargo de director general de música de la ciudad de Hamburgo, donde fue, también, hasta su muerte, maestro de capilla de las cinco mayores iglesias de la ciudad.

Representante notable del empfindsamer Stil (estilo expresivo) alemán, anticipó algunos rasgos del estilo clásico. Sus composiciones para teclado tienen un estilo que transita entre las suites de Haendel o de Bach y las sonatas de Haydn o Mozart. Fue pionero en el uso de la forma sonata, que vendría a alcanzar su apogeo con Haydn, Mozart y Beethoven.

Compuso más de 200 obras de cámara y piezas para teclado, además de 50 conciertos para clave y otros instrumentos, 19 sinfonías y 22 pasiones.
También escribió el libro "Ensayo Sobre la Verdadera Arte de Tocar Instrumentos con Teclado" (2 volúmenes, 1753, 1762).

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domingo, 06 de enero de 2008
Orquesta Filarmónica de Viena
Miguel Ángel Gómez Martínez, director



En la Segunda Escena del Acto IV de 'La Forza del Destino' (G. Verdi), Leonora, la hija del Marqués de Calatrava, aparece en una cueva e implora a Dios paz para su alma torturada. A pesar de todas las desgracias acaecidas aún ama a Don Álvaro. Se escucha un ruido cerca y ella se retira al interior de la cueva

Monserrat Caballé es una soprano lírica que posee un timbre bello, profundo, con una riqueza armónica extraordinaria. Una voz grande, pero dotada de gran flexibilidad. La homogeneidad perfecta en todo el registro. Su dominio del legato es extraordinario. La extensión original abarcaba casi tres octavas, aunque en los últimos años de su carrera se aprecian crecientes dificultades en el extremo agudo. Maneja los reguladores con gran maestría, para muchos el ejemplo más perfecto de "messa di voce" se encuentra en su “Pace, pace mio Dio” cantada en la ópera Estatal de Viena en 1979.

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Imagen
Herbert von Karajan


ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS
Corresponsal en Viena
ABC, 6-01-2008

El próximo día 5 de abril cumpliría 100 años quien es considerado el mejor director de orquesta de la época moderna. Heribert Ritter von Karajan nació en 1908 en Salzburgo, la misma ciudad que 152 años antes fue cuna de otro gran genio, Amadeus Mozart. Eso y que su padre fuera un melómano consumado marcaron desde pequeño el destino del futuro «maestro de maestros».
Con cuatro años ya empezó a recibir clases de piano y con nueve años debutó como concertista. En 1929 Karajan dirigió por primera vez a una orquesta, la Mozarteum de Salzburgo, que su padre alquiló en exclusiva para su hijo. Aquel 22 de enero, Karajan marcó con la batuta los compases de la «Quinta Sinfonía», de Chaikowski, el «Concierto de piano número 23 KV 488», de Mozart y el «Don Juan», de Richard Strauss. Justo el repertorio que esa misma orquesta ejecutó ayer en el Großes Festpielhaus de Salzburgo con un recital que abre la veda de homenajes.
La carrera artística de Karajan levantó el vuelo en la Alemania nazi. Su militancia en el NSDAP de Hitler le allanó el camino (sus defensores dicen que ese fue su único motivo para afiliarse) y en 1938, tras dirigir «Tristán e Isolda» de Wagner en la Ópera de Berlín, la crítica le aclamó como el «Milagro Karajan». Tras la guerra, las potencias aliadas le prohibieron dirigir, un veto que fue levantado en 1947, aunque músicos como Arthur Rubinstein se negaron a tocar con él por su pasado nazi.

Poder e influencia
En cualquier caso, su fama alcanzó alturas astronómicas. Ya como Herbert von Karajan su presencia fue constante en la Scala de Milán y desde 1955 dirigió a la Filarmónica de Berlín. La Sinfónica de Viena estuvo bajo sus órdenes y desde 1957 fue director artístico de la Ópera de Viena. Pocos dirigentes han tenido tanto poder e influencia en la escena musical europea. No por nada se le llamaba, medio en broma pero muy seriamente, director general musical de Europa. Su perfeccionismo y su fuerte carácter también le acarrearon problemas. Hubo críticos que se refirieron a su superficialidad y una huelga le expulsó de su cargo en la Ópera de Viena en 1964.
Esa influencia no podía ser olvidada en el centenario de su nacimiento. El día 23, la Filarmónica de Berlín, a las órdenes de Seji Ozawa, recuerda al maestro de la mano de Beethoven y Chaikowski. El 5 de abril, la Mozarthaus de Salzburgo acogerá los actos oficiales de celebración del que habría sido su cumpleaños número 100. Y, como no podía ser de otra forma, el Festival de Salzburgo, del que fue un elemento central durante muchos años, ha preparado un plato fuerte: del 15 al 18 de agosto Riccardo Muti dirigirá a la Filarmónica de Viena interpretando el «Réquiem alemán» de Brahms.
De Nueva York a Tokio
Otros escenarios de la fiesta Karajan serán el Carnegie Hall neoyorquino, donde los filarmónicos vieneses y Valery Gergiev actuarán el 29 de febrero. Fuera de Europa, el Suntory Hall, ubicado en el número 1 de la Plaza Karajan de Tokio, recibirá el 27 de noviembre a la Filarmónica de Berlín. En el programa: Mahler, Stravinsky, Haydn y Wagner. Pero también con libros y discos se celebrará el Año Karajan. Numerosas publicaciones y recopilaciones musicales actualizarán su ya amplía discografía. Y es que ningún otro director ha grabado tanto como hizo Karajan y sólo la diva Maria Callas le aventaja en éxito de ventas.
El maestro austriaco se interesó mucho por las nuevas tecnologías de registro para mejorar la calidad de las grabaciones. Su amistad con Akito Morita, fundador de Sony, le sirvió para presionar en la búsqueda de mejores formatos. En 1981 participó junto a Morita en la presentación del primer CD y del nacimiento de la era digital.
En lo personal, Karajan fue un amante del glamour y un miembro de pleno derecho de la Jet Set internacional. Amante de los bólidos y los yates de lujo, pilotaba a menudo su propia avioneta. Se calcula que su fortuna llegó a sumar 600 millones de marcos alemanes (unos 300 millones de euros).
En definitiva, un icono de la cultura contemporánea que 19 años después de su muerte en Salzburgo sigue siendo recordado como el «maestro de maestros».

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NHK Symphony Orchestra
Pinchas Steinberg, director



Con la Sinfonía fantástica, estrenada en 1830, Berlioz produce una revolución estética debida al empleo integral de un programa literario (inspirado en su amor por la actriz irlandesa Harriet Smithson con la que contraería matrimonio), y establece la música programática como el género dominante en las obras orquestales del período romántico.

En esta obra, así como en Harold en Italia (1834, inspirado en el poema "Childe Harold" de Lord Byron), para viola y orquesta, el uso de la transformación de un tema constante (ideé fixe, o idea fija), anticipa el género que Franz Liszt denominó "Poema sinfónico", que después utilizarán otros compositores, como Wagner o Strauss.

En 1844 Berlioz publicó su "Traité d'instrumentation et d'orchestration modernes" (Tratado de instrumentación y orquestación modernas), primera obra que se ocupaba de este aspecto. En ella exponía las diferentes estéticas de la expresión musical.

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sábado, 05 de enero de 2008


Frederica Von Stade (Cenerentola), Claudio Desderi (Dandini), Francisco Araiza (Don Ramiro), Paolo Montarsolo (Don Magnifico), Margherita Guglielmi (Clorinda), Laura Zannini (Tisbe), Orchestra Teatro alla Scala.
Claudio Abbado, director, Jean Pierre-Ponnelle, director de escena.

El «dramma giocoso» La Cenerentola ossia La bontà in trionfo, en dos actos, con música de Gioachino Rossini y libreto de Jacopo Ferretti sobre el cuento "Céndrillon ou La petite pantoufle" de Charles Perrault y los libretos de Charles-Guillaume Etienne (para una ópera de Nicolas Isouard) y de Francesco Fiorini (para una ópera de Stefano Pavesi), fue estrenado en el Teatro Valle de Roma al inicio del Carnaval del año 1817. Recibido con reticencia, pronto se convirtió en un éxito importante y se representó por toda Italia (en La Scala se realizaron cuarenta y cuatro representaciones) y pasó a Europa y América (en Nueva York la cantó una jovencísima Malibran en 1825) y fue traducida a muchos idiomas.

La acción se sitúa en época indeterminada en los dominios del príncipe de Salerno.

ACTO I
En el decadente castillo de Don Magnifico, barón de Montefiascone, personaje ridículo, vanidoso y cruel, se observa el trato injusto que sufre Angelina, su hijastra, reducida a la condición de la más humilde criada –por eso todos la llaman Cenerentola– al lado de las dos hermanastras, Clorinda y Tisbe, pretenciosas y estúpidas como su padre. El príncipe Don Ramiro está obligado a casarse y busca una mujer digna de ser su esposa. De acuerdo con su preceptor y filósofo Alidoro, decide viajar él mismo, de incógnito, para encontrar a la esposa adecuada pero al mismo tiempo convoca también una gran fiesta en su palacio para conocer a las doncellas del país. Inicia las investigaciones Alidoro, disfrazado de mendigo, que se presenta en el castillo pidiendo limosna, y recibe los insultos de Clorinda y Tisbe y la bondad de la Cenerentola, que le ofrece pan y café. El coro de cortesanos anuncia la fiesta del palacio, circunstancia que provoca nerviosismo y delirio en las hermanas, que prohíben a la Cenerentola declararse su hermana. Aparece Don Magnifico, que ha soñado que era un asno volador padre de dos reinas, sueño que considera profético cuando se entera de la convocatoria en palacio y ordena que se vistan de inmediato para acudir allí. Don Ramiro, igual que Alidoro, se presenta disfrazado, en este caso de lacayo, y se enamora de inmediato de la bella, humilde y desgraciada muchacha. Llega Dandini vestido de príncipe y se burla con ironía del padre y hermanas, que intentan seducirlo. Todos se dirigen a la fiesta, excepto la Cenerentola, que suplica en vano al cruel padre que le permita ir, ante la indignación del príncipe y de Alidoro, quien le demuestra a través del censo que Angelina es hija suya y no murió como él afirma. El preceptor se queda con la Cenerentola y le facilita su presencia en el baile como la hada del cuento original.
En el palacio, Dandini, el falso príncipe, sigue burlándose de Don Magnifico y lo nombra somelier de sus bodegas. Clorinda y Tisbe se pelean con acritud para lograr la seducción de Dandini, que con disimulo explica a Don Ramiro la soberbia y vanidad que ha podido constatar en las dos muchachas. Llega de pronto una carroza con una bella dama velada que asegura no querer riquezas y que solamente se casará con el hombre que le ofrezca su corazón. Cuando levanta sus velos fascina a todos por su belleza y produce evidente incomodidad a Don Magnifico, por su semejanza con Angelina. Pero nadie puede creer que la pobre y humillada Cenerentola tenga relación alguna con la gran dama y la sorpresa es el sentimiento dominante de los presentes.

ACTO II

Don Magnifico intenta convencer a sus hijas de que la boda con el príncipe de una de ellas es totalmente necesaria para su supervivencia económica y canta las ventajas de ser suegro de un soberano. La Cenerentola rechaza las proposiciones de Dandini y le confiesa que a quien ama es al lacayo que ha conocido por la mañana. Don Ramiro, emocionado con lo que acaba de oír, le pide su mano, pero ella teme que no sea capaz de aceptar su miserable condición y le promete que será suya si consigue encontrarla de nuevo. Antes de desaparecer le da un brazalete del que ella tiene la otra mitad idéntica, equivalente al zapatito del cuento original. El príncipe aclara los equívocos y reclama su carroza para iniciar la búsqueda de la Cenerentola mientras Dandini es el encargado de explicar la cruel verdad a Don Magnifico, que reacciona con gran indignación. De nuevo en el castillo de Don Magnifico, donde mientras la Cenerentola –vestida de criada y cuidando la chimenea como al inicio– sueña con su enamorado, llegan el padre y las hijas llenos de rabia y despecho y regañan injustamente a la pobre muchacha. Tras un interludio orquestal que representa una gran tormenta, se presenta Dandini diciendo que la carroza del príncipe ha volcado enfrente del castillo y entra Don Ramiro, que es recibido con mucha deferencia. La Cenerentola sigue creyendo que el príncipe es el lacayo y ofrece la silla a Dandini, a quien considera príncipe. Don Ramiro reconoce a la bella dama del baile y la verdad se impone finalmente a todo el mundo. La sorpresa y el estupor de los presentes se expresa de forma cómica y brillante en el último sexteto, en el que la actitud agresiva y estúpida del padre y de Clorinda y Tisbe se enfrenta a la ira de Don Ramiro, la alegría vengativa de Dandini y la piedad de la Cenerentola.
En la sala del trono del palacio del príncipe, Don Ramiro nombra a Angelina esposa y princesa. La Cenerentola muestra definitivamente su bondad al reclamar al padre resentido que la reconozca como hija y suplica al príncipe el perdón para los suyos.

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Evgeny Kissin, piano



El 9 de marzo de 1831, Niccolò Paganini dio el primero de sus conciertos parisinos. Durante los años anteriores habían corrido de boca en boca historias sobre ese extraño, enervante genio del violín y cuando, ya bien entrado en los cuarenta, su misteriosa figura surgió finalmente entre los jirones de su leyenda y se presentó a las audiencias de Viena, París y Londres, el efecto que produjo fue indescriptible. Un nuevo y demoníaco (ésa es la palabra que más frecuentemente se encuentra en todo lo que se ha escrito sobre Paganini) estilo de tocar el violín, con salvaje abandono, surgía de sus dedos, rompiendo en pedazos la compostura de todos los que lo oían. Su aspecto demacrado, marchito y consumido y su expresión salvaje eran el terrorífico complemento de la música que tocaba - su propia música, apenas tocaba ninguna otra. Poco sorprende, y menos en la época de la que hablamos, que se le atribuyeran pactos con el demonio.

Su paranoia llegaba hasta el punto de dar las partituras de sus obras a la orquesta sólo durante los ensayos y recogerlas inmediatamente tras el concierto, por si a alguien se le ocurría copiarlas. Apenas nada de su producción fue, de hecho, publicado durante su vida.

Franz Liszt estaba entre el público durante aquella velada de 1831. Y nunca se recuperó de la experiencia. “Durante dos semanas mi mente y mis manos han sido las de un poseso“, escribió a su alumno Pierre Wolff. “Practico cuatro y cinco horas diarias… Si no me vuelvo loco, encontrarás a un verdadero artista en mí cuando volvamos a vernos. Dios, cuánto sufrimiento, cuánta miseria, cuánta agonía en esas cuatro cuerdas!“

La absoluta magia de Paganini, el músico acróbata, dejó a Liszt sin aliento y le impulsó a hacer de sí mismo, tanto compositiva como pianísticamente, el Paganini del teclado. Se sumergió en los 24 Caprichos del italiano y, en 1838, presentó la transcripción de cinco de ellos dentro de sus "Études d´exécution transcendante d´après Paganini". Intocables es el adjetivo más suave que se les atribuyó. E intocables eran, por cierto, al menos en su primera versión. Liszt llevó a cabo dos revisiones de esos estudios, la primera en el mismo año, 1838, y la segunda y definitiva en 1851, un año antes de escribir una de las obras más grandes jamás compuestas para el piano: su Sonata en Si menor.

La versión de 1851, que es la que se interpreta hoy día, llevó por título "Grandes Études de Paganini". Además de las cinco transcripciones de los Caprichos, la serie contaba con una transcripción del segundo movimiento del Concierto para violín en si menor del genovés: “La Campanella“.

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viernes, 04 de enero de 2008
Fritz Damrow, trompeta
Royal Concertgebouw Orkest/Mariss Jansons



Una parte fundamental de la producción de Stravinsky está conformada por sus tres obras para ballet del llamado «período ruso»: "El pájaro de fuego", "Petrushka" y "La consagración de la primavera", todas ellas encargadas por los Balletes Rusos de Diaguilev. La concepción original de "Petrushka" (escenas burlescas en cuatro cuadros) tuvo lugar cuando Stravinsky se preparaba para iniciar el trabajo sobre "La consagración de la primavera". Para relajarse, el compositor tuvo la idea de escribir una pieza para piano y orquesta. El propio Stravinsky declara en sus Crónicas de mi vida: «Al componer esta música tenía muy clara la visión de un pelele (muñeco grande relleno de paja o de trapos) desencadenado que a través de sus cascadas de arpegios diabólicos exaspera la paciencia de la orquesta, la cual responde a su vez con amenazantes fanfarrias; sigue después una terrible pelea que, al llegar a su paroxismo, termina con el doloroso derrumbe del desgraciado pelele».

Cuando Diaghilev escuchó un fragmento, quedó encantado y le propuso que lo convirtiera en un ballet completo. En 1911 Stravinsky adaptó esta música a un ballet cuyo personaje central sería Petrushka, polichinela del teatro de marionetas ruso. La primera representación del ballet se realizó en París, el 13 de junio de 1911, con Nijinsky en el papel principal.

"Petrushka empieza con la feria del carnaval, seguido de una danza rusa, antes de colocarse sobre el corazón de Petrushka, la marioneta que cobra vida y se enamora de la bailarina. Después aparecerá en escena el Moro, su rival, para cerrar con una feria al anochecer, donde sucederá esa tragedia en la que Stravinsky brincó de gusto cuando encontró su título, "Petrushka", el inmortal e infeliz héroe de las ferias de todos los países. El lugar de la acción sería una feria, con su gentío, sus puestos, el pequeño teatro, el mago de los mil trucos y los títeres que cobran vida, como lo hace Petrushka, así como su rival y la bailarina de la que estaba perdidamente enamorado, hasta que culmina en una tragedia de amor, como podemos imaginarnos

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Martha Argerich, piano
New Japan Philharmonic
Christian Arming,director





La obra pianística de Mozart es sin duda, una de las más importantes en la historia de la música. Sus obras son parte del repertorio de los pianistas en todo el mundo por su belleza y tienen gran preferencia del público. Su obra total fue motivo de estudio e inspiración para muchos compositores contemporáneos y posteriores, como fueron Haydn, Beethoven, Chopin, por citar algunos y no ha perdido su vigencia a través de más de dos siglos existencia.

El Concierto para piano y orquesta K 466 de Mozart, está fechado en Viena el 10 de Febrero de 1785. Fue estrenado en esa misma ciudad al día siguiente. Está dividido en los habituales tres movimientos: Allegro, Romanza y Rondo "allegro assai".

La instrumentación incluye los efectivos habituales de la época destacando la utilización de timbales (afinados en tónica-dominante) que unido a la tonalidad menor de la obra le confieren un marcado damatismo. El violonchelo y el contrabajo comparten el mismo pentagrama, sonando este último una octava inferior.

* Flauta
* 2 Oboes
* 2 Fagots
* 2 Trompas (en Re)
* 2 Trombones (en Re)
* Timbales (en Re - La)
* Pianoforte
* Violines I
* Violines II
* Viola
* Violonchelo y Contrabajo

En cierta medida se puede considerar que este concierto, el más dramático de la producción mozartiana, precede y desarrolla aspectos musicales y estéticos que posteriormente estarán presentes en la ópera "Don Giovanni"

Está escrito en la misma tonalidad que otras piezas sobresalientes de la obra mozartiana, como el Réquiem o la citada ópera Don Giovanni, en Re menor.

Pocos días después de su estreno, Leopold Mozart, su padre, visitó Viena y le escribió a Nannerl sobre el reciente éxito de su hermano: "[He escuchado] un nuevo concierto para piano, excelente, de Wolfgang. El copista todavía trabajaba en él cuando llegamos, y tu hermano no tuvo tiempo para ensayar el rondo porque tenía que supervisar el copiado".

Ludwig van Beethoven admiraba este concierto y lo mantenía en su repertorio. Escribió varias cadenzas para él, algo que también haría Johannes Brahms. Actualmente se suelen utilizar con frecuencia las cadenzas de Beethoven, mientras otros intérpretes prefieren hacer improvisaciones sobre éstas o las de Brahms.

El primer tiempo, "Allegro", comienza con las cuerdas (I y II violines, violas, violonchelos y contrabajos) introduciendo un tema lento en modo menor. Casi de inmedioto se añaden los vientos y un poco más tarde suenan los timbales; después las cuerdas presentan un segundo tema, junto con los oboes y el fagot; al cabo de unos compases entra el piano con su propio tema. El desarrollo de este movimiento introduce variaciones de los temas anteriores.

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jueves, 03 de enero de 2008
Orquesta Filarmónica de Berlín
Mariss Jansons, director



Bedřich Smetana (1824-1884), compositor checo - más precisamente bohemio -, forma junto con su contemporáneo Antonin Dvořák el par de más sólidos pilares en que se basa el nacionalismo musical checo, con obras profundamente arraigadas en la historia, la geografía y, sobre todo, en el sentir popular.

Claro ejemplo de ello, en el caso de Smetana, es el ciclo de poemas sinfónicos “Mi Patria” y la ópera “La novia vendida”, la más conocida y la más popular de las ocho que este compositor escribiera.

En 1864 se abrió en Praga el Teatro Nacional, para el que Smetana escribió varias óperas, todas ellas inspiradas en temas checos. La primera sería “Los brandenburgueses en Bohemia”, estrenada en 1866. El libreto era de Karel Sabina y se trataba de una ópera seria y de corte patriótico.

La buena respuesta que tuvo esta ópera hizo que Smetana encargara de inmediato un nuevo libreto a Sabina para una nueva obra escénica. Surgiría así entonces “La novia vendida”, una ópera de carácter cómico y alegre, muy enraizada en lo popular.

Sin esperar a tener los textos para ponerles música, Smetana concibió la hoy tan famosa obertura y también el coro inicial como primeros y anticipados pasos (ese coro en forma de polka vendría de una de las “Escenas Nupciales” para piano, de 1849).

La composición de la ópera se realizó entre mayo de 1863 y marzo de 1866, período de mucha felicidad en la vida de Smetana, ajeno aún a la sordera y los desequilibrios mentales que lo afectarían en décadas posteriores.

El estreno de “La novia vendida” tuvo lugar en el citado teatro bajo la dirección del propio Smetana, el 30 de mayo de 1866, con un éxito moderado.

En su versión original la obra tenía dos actos y se asemejaba a una opereta, con alternancia de números musicales y diálogos hablados. En 1869, para una representación en París que no se concretó, Smetana agregó un aria para la soprano y dos de sus célebres danzas. En septiembre de 1870 la obra conoció su versión definitiva, para un montaje en San Petersburgo, en la cual los diálogos fueron cambiados por recitativos cantados y de los dos actos originales se pasó a los tres con que la obra hoy se conoce.

“La novia vendida” es un típico relato de ambiente campesino, de trama y realización simples. Es uno de los mejores ejemplos del género de la ópera cómica y fiel estampa del folclore checo. Tan suya siente en pueblo checo esta ópera que en 1952 “La novia vendida” ya había alcanzado las 2.000 representaciones sólo en el Teatro Nacional de Praga.

Fuera del ámbito checo la ópera cuenta con un escaso número de representaciones, así como muy pocas grabaciones discográficas.

Para el gran público “La novia vendida” se mantiene vigente sólo por la familiaridad que han logrado su obertura y la serie de danzas que la ópera contiene.

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Mstislav Rostropovich, violonchelo



Barcelona, año 1890. Un joven estudiante de violoncelo, de trece años, merodea en compañía de su padre por viejas tiendas de música en busca de partituras. Tras no encontrar nada que le entusiasme, el azar quiere que dé con un legajo polvoriento que permanece olvidado en el anaquel de una de esas tiendas. Contiene: Seis Suites para Violoncelo Solo, de Johann Sebastian Bach. El muchacho mira las partituras sorprendido; no sabía de la existencia de tales obras. Su maestro no le ha hablado de ellas, quizás tampoco las conozca; a nadie jamás ha oído nombrarlas... Su padre paga una modesta suma por ellas y los dos salen de la tienda. El joven estudiante está contento por su hallazgo, pero aún no sabe que esa música dormida que lleva bajo el brazo habrá de cambiarle la existencia.

Efectivamente, fue ese niño, llamado Pau Casals, que con el tiempo habría de convertirse en uno de los violoncelistas más virtuosos de la historia, quien descubrió, o mejor, redescubrió, aquel tesoro musical que permanecía en el olvido.

Como otras obras de J.S. Bach, las seis suites para violoncelo fueron tenidas por algunos como tedioso sejercicios para estudiantes. Hasta el feliz momento del hallazgo de Casals, apenas fueron interpretadas y, desde luego, nunca tocadas en serie. Fue el intérprete catalán quien, tras años de profundo estudio de todas las suites, las interpretó en público por vez primera. Entonces asombró a la humanidad con aquella música intemporal y abstracta, severa a la vez que elegante, dulce y honda... Aquella música que había despertado rebosante de vida a un mundo que ya nunca podría olvidarla. No se sabe con exactitud en qué momento de la vida de J.S. Bach fueron compuestas las suites, aunque se cree que fue entre el año 1720 y 1721, mientras trabaja como Maestro de Capilla de la corte de Anhalt-Köthen, de la que Leopold de Anhalt-Köthen era príncipe regente. Por su semejanza con las sonatas y partitas para violín solo se cree que fueron creadas poco tiempo antes o después de la escritura de éstas.

La circunstancia de la permanencia en la corte de Christian Ferdinand Abel, gambista y padre de Karl Friedrich, quizás el último gran intérprete de viola de gamba [la viola de gamba no es antecesora del violoncelo, como algunas personas creen; por el contrario, y siendo instrumentos relativamente parecidos, en el barroco corren vidas paralelas. No es difícil, pues, imaginar que un intérprete de viola también podría dominar la técnica del violoncelo], hace pensar que la serie de suites fuera concebida para él, pues además de un instrumentista de reconocido prestigio era amigo de J.S. Bach. Otras voces apuntan la posibilidad de que el primer intérprete que tocase las suites fuera Christian Bernhard Linike. Pero todas estas hipótesis aún no se han podido determinar con exactitud, y quizás nunca se logre conocer el momento y la circunstancia de la concepción y creación de estas obras maestras. No existen manuscritos originales de las suites; en época de J.S. Bach y poco después de su muerte circularon cuatro copias, una de mano de su segunda esposa, Ana Magdalena, otra de Johann Petter Kellner y las dos restantes de autores anónimos. Es de notar que ninguna de estas cuatro copias tiene las mismas indicaciones.

Las seis suites para violoncelo solo se componen a su vez de seis movimientos o danzas. En las dos primeras, el penúltimo movimiento es un minueto doble, en las centrales una bourrée doble, y en las dos últimas una gavota doble. Las demás danzas no varían en nombre y disposición de una suite a otra; permanece estable el esquema clásico de alemanda, corrente (courante en francés), zarabanda, minuetto (o, en su caso, bourrée o gavota) y giga. Esta simetría (seis suites, seis danzas, idéntica disposición, tan sólo tres diferencias en las penúltimas danzas), junto con el peculiar y común estilo a todas ellas, puede hacernos pensar en una obra concebida como un todo. De hecho esa fue la idea de Pau Casals. Él las estudió como un conjunto, como un sistema, como un microcosmos cerrado a la vez que infinito.

Suite nº 3 en Do Mayor BWV 1009

Prelude, Allemande, Courante, Sarabande, Bourrée I and II (do menor), Gigue

De tonalidad clara y brillante, el preludio (3/4) de esta tercer suite, está construido mediante incesantes semicorcheas que adquieren su punto culminante en los compases 45-60, en los que J.S. Bach vuelve a utilizar el recurso de intensificación mediante la nota pedal (en este caso sol). La continua marcha de las semicorcheas se ve interrumpida ya casi al final del preludio por una serie de acordes secos seguidos de silencios.

La allemande (4/4), a pesar de su compleja figuración, es de factura grácil y hasta jocosa.

La courante (3/4), pieza muy virtuosa y veloz, adquiere fugaces momentos de tensión dramática poco antes de los últimos compases de cada parte, mediante rápidas modulaciones y figuraciones en intervalos de séptimas, terceras y quintas.

La sarabande (3/4), de carácter noble y alejada del ensimismamiento de la sarabande de la segunda suite tiene su momento más hermoso en el compás 15, cuando se confirma una idea que se había apuntado en el penúltimo compás de la primera parte y penúltimo compás de la segunda, y que en el conclusivo vuelve a asomar.

La primera de las dos bourrées (2/2), es uno de los movimientos de las suites más conocidos. Es fácil de recordar su amable melodía de carácter danzable.

Y en la gigue (3/8) el virtuosismo de la courante vuelve a mostrarse con su faz más arrebatadora. El recurso de la nota pedal vuelve a ser utilizado para intensificar el material sonoro y para dar paso a un extraño pasaje que podría recordar a antiguas músicas hechas con zanfona o musettes.

Publicado por jrtapia @ 16:26  | Instrumentos de cuerda
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Samuel Ramey

Este bajo nació en la localidad norteamericana de Colby, el 28 de Marzo de 1942. Estudió en Wichita y Nueva York, haciendo su debut como Zuñiga en la New York City Opera, donde, más adelante, cantaría papeles como Mefistofeles (Gounod y Boito), Don Giovanni, Leporello, los malvados de Hoffmann, el Enrique VIII de Anna Bolena, Archibaldo, el Olin Blitch de la Susannah de Floyd o el Don Quijote. Sin embargo, en la Metropolitan Opera House no debutaría hasta el 84 con Rinaldo de Haendel. En Europa cantaría en Glyndebourne el Figaro en 1976. Luego seguirían sus éxitos en Aix-en-Provence, La Scala, Ópera Estatal de Viena, Covent Garden...

Actor de impactante presencia escénica, con una voz resonante, flexible y potente. Con gran facilidad para la coloratura rossiniana y con una extensión que le permite abarcar papeles con graves como los del Assur de Semiramide y llegar a los agudos del Don Giovanni mozartiano.

Su carrera se ha centrado, principalmente, en los papeles que Rossini escribió para el gran Filippo Galli, del que ha sido digno sucesor. Ha ido ampliando repertorio hacia el romanticismo italiano y también hacia determinados papeles de "diablo" que han sido otra especialidad "de la casa". En la temporada pasada cantó Boris Godunov en lo que fue su debut en el Teatro Real.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | Voces masculinas
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miércoles, 02 de enero de 2008


"Fausto” es un drama de cinco actos, basado en la obra de Goethe, con música de Charles Gounod y libreto de Jules Barbier y Michel Carré. Se estrenó en el Théatre Lyrique de París el 19 de marzo de 1859.

Charles Gounod se sintió atraído de un modo especial por el aspecto religioso que plantea la obra de Goethe. Sus inquietudes místicas, que ya le habían llevado en su juventud a ingresar por algún tiempo en el seminario, le despertaron el interés por el episodio de Margarita aunque edulcorándolo para transformarlo en una historia en la que acabara resplandeciendo la virtud frente a las tentaciones del diablo, quien está presente en dicha escena.

Tras el estreno parisino de 1859, "Fausto" pasó a Estraburgo, donde adoptó forma de ópera lírica con recitativos orquestales y “no hablados”. Desde entonces continuó su carrera ascendente hasta que fue conocida en toda Francia.

La Ópera de París decidió ponerla en escena, aunque exigió a Gounod los oportunos retoques para que su obra se ajustara al modelo de espectáculo del gran teatro. Se le añadieron un gran ballet y varias escenas complementarias.

Así, estrenada en forma de grand opéra, "Fausto" alcanzó su éxito definitivo en París, convirtiéndose en imprescindible en los carteles de cada temporada. No es extraño que alcanzase las mil representaciones en 1894 y las dos mil en 1934; actualmente ronda las tres mil.

Publicado por jrtapia @ 18:24  | Conjuntos vocales
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Claudio Arrau, piano


Chopin compuso su Balada No. 3, Op. 47 en 1841. La obra comienza con la presentación del primer tema, que inicia con una dulce melodía ascendente en la mano derecha. Más adelante se presenta el segundo tema, que tiene un carácter distinto al del primero y que está en una tonalidad relacionada. La música sigue en este ambiente y continúa con el segundo tema, que parte de sus elementos iniciales, los desarrolla y extiende. Un poco más adelante se presenta el tercer tema, en la tonalidad del primero, con algunas características que recuerdan al vals.

A continuación regresa el segundo tema, un poco variado y ahora en la tonalidad principal. La segunda parte del segundo tema ahora se escucha transformada: está en una tonalidad distinta y sólo se escucha en los agudos del piano, mientras que en los graves hay un movimiento agitado que no había aparecido antes. Un poco más adelante ocurre algo insólito : se escucha el inicio del segundo tema, variado, cuando de pronto la melodía se convierte en el primer tema, también variado. Así, en este punto se produce la convergencia de los dos primeros temas, que se mueven por tonalidades alejadas de las iniciales.

La intensidad de la música crece hasta que aparece de nuevo el primer tema, otra vez en la tonalidad inicial, aunque con una nueva sonoridad mucho más plena. La música crece en intensidad y se precipita hacia el final, cuando regresa el tercer tema, desde luego transformado, para terminar la pieza de forma brillante.

Publicado por jrtapia @ 18:00  | El piano
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El primer director galo en el atril del Concierto de Año Nuevo no defraudó. Hasta se colgó el silbato y pitó falta.

El octogenario director, al que en principio se miró con reserva para empuñar la batuta en Año Nuevo, ofreció un concierto lleno de brío. Hubo tarjeta amarilla y silbato en la «Polka deportiva»

José Luis Pérez de Arteaga
LA RAZÓN, 2-1-2008

Madrid- Lo inesperado ocurrió. Hubo sorpresa generalizada cuando se anunció que Georges Prêtre (Waziers, 1924) dirigiría el Concierto de Año Nuevo 2008 de la Filarmónica de Viena. El maestro francés, 83 años cumplidos en agosto, íntimo amigo de Francis Poulenc -del que estrenó obras tan significativas como la ópera «La voix humaine» o los trascendentales «Responsorios de tinieblas» en los años 50 y 60-, director predilecto en ópera y concierto de Maria Callas -mismo período temporal-, no sólo resultaba un casi-dinosaurio del cretácico frente a los «jóvenes» Jansons, Muti, incluso Mehta, sino una persona completamente desvinculada, en teoría, de la tradición vienesa.
Pues bien, en la mañana de ayer, el veterano artista echó por tierra todos los tópicos antedichos: dirigió con atlético entusiasmo, con persuasiva comunicatividad, con alegría, simpatía, buen humor y con más vitalidad «straussiana» que más de uno y dos de los ocupantes del podio vienés de los últimos diez años.
Vis dramática
No sólo eso: desde los primeros compases del concierto quedó claro que la Filarmónica lo veía como «uno de los suyos», y que, por ende, Prêtre dominaba un estilo vienés -acentuación, fraseo, sobre todo flexibilidad del «rubato»- que ha sido aparente patrimonio de algunos de los maestros «amados» de la formación sinfónica, en una sinuosa, variopinta línea, que va desde Knappertsbuch y Boskowsky hasta Karajan o Carlos Kleiber.
Su manera de controlar/liberar la pulsación de valses como «Golondrinas de Austria» de Josef Strauss o del supremo «Kaiser-Walzer» («Vals del emperador»), por no hablar del «Danubio azul», estos dos últimos de Johann hijo, parecía emerger con completa naturalidad de años, si no décadas, de práctica consuetudinaria de esta música. Además, la bis dramática de este sapiente director de ópera, le permitía convertir en verdaderas «representaciones» en miniatura piezas como la «Marcha rusa» -portentosamente tocada-, la «Orpheus-Quadrille» -sobre temas del «Orfeo en los infiernos» de Offenbach, en donde Prêtre desató truenos orquestales en forma de Can-can- o el «Galop chino», páginas todas de Johann, además de hacer gala de su capacidad histriónica en la «Polka deportiva» de Josef (el hermano pequeño de Johann) con silbato y tarjetas amarillas y rojas de arbitro futbolístico.
Por impredecible que tal valoración hubiese podido resultar a priori, Prêtre ha comandado uno de los mejores Conciertos de Año Nuevo de los últimos años, llegando a la famosa sala de la Musikverein con humildad -dijo en conferencia de prensa, sin ambages, que todos los años veía el concierto por televisión con ilusión de crío-, sí, pero con sabiduría de viejo/joven maestro que no ha perdido un ápice de ilusión por hacer música y compartir con otros ese afán. Con un repertorio gestual inagotable, Prêtre se metió en el bolsillo a orquesta y público, «transmitió», en suma, comunicó y contagió. Y encima se llevó aprendido de memoria todo el programa, en el que las obras de medio concierto no las había tocado jamás. Para 83 años, no está del todo mal, ¿verdad?

Publicado por jrtapia @ 10:43  | Se dice, se comenta
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Tedi Papavrami, violín


Niccoló Paganini (1782.1840), compositor y virtuoso violinista italiano cuyas excelentes dotes y aspecto le dieron fama de “diabólico”, aunque el público y los músicos le idolatraban, destacó ya desde niño, estudiando con Sevetto y Costa, y más tarde en Liorna con Paër y en Parma con Rolla. Después de un arrollador éxito interpretando obras propias y ajenas, se retiró durante tres años para cultivar la interpretación de la guitarra. Pero reaparecería más tarde, consagrándose como el mejor violinista de la historia hasta entonces. Paganini extendió las posibilidades interpretativas del violín mediante digitaciones especiales y posiciones muy avanzadas en el diapasón, y acabó con los mitos de las necesidades de unas condiciones físicas especiales para el instrumento. Murió en el transcurso de un viaje a Francia, durante el cual conoció y ayudó a Berlioz.

Publicado por jrtapia @ 10:13  | Instrumentos de cuerda
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martes, 01 de enero de 2008
¡FELIZ AÑO NUEVO 2008!



Orquesta Filarmónica de Viena
Carlos Kleiber, director


Johann Strauss (padre) nació el 14 de marzo de 1804 en Viena. Comenzó tocando en pequeñas orquestas a los quince años. En 1824 fue segundo director de la orquesta que dirigía el compositor austriaco Joseph Lanner. En 1825 funda su propia orquesta, con la que realiza giras por distintos países europeos, divulgando la nueva forma del vals y estableciendo (sin que fuese su intención) la fundación de una dinastía musical en sus hijos Johann Strauss II, Josef Strauss y Eduard Strauss.

Es autor de 152 valses y numerosas polcas, galops, cuadrillas y marchas. Uno de sus más populares valses es "Lorelei-Voces del Rin", aunque su obra más famosa sea, probablemente, la Marcha Radetzky (llamada así por el mariscal Joseph Radetzky von Radetz), compuesta en 1848 para celebrar el retorno triunfal del octogenario mariscal de campo, tras la victoria contra Italia en la batalla de Custozza. Con ello demostró su enfoque conservador y su fidelidad a la monarquía. Admirado por Berlioz y Paganini, pasó a la historia como el padre del vals, del que fue un gran maestro.

Publicado por jrtapia @ 12:22
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Lila Cita estrenó la versión de 'Short Ride in a Fast Machine', de John Adams, para orquesta Gamelán en el Barbican Centre de Londres (arreglos de Symon Clarke, dirección de John Pawson).

La música de Indonesia ha conseguido fama gracias al gamelán, un conjunto instrumental formado principalmente por instrumentos de percusión (“gamel” significa golpear) de metal. Las orquestas gamelán de Java pueden tener más de setenta instrumentos con los que se alcanza un gran virtuosismo. Los tambores horizontales de dos parches (kendang) marcan el tempo. Distintos tipos de metalófonos con láminas de cobre y de bronce (los saron y los gender) realizan los temas melódicos o acompañan a la voz. También los pequeños gongs (los bonang) agrupados en filas simples o dobles adornan las líneas melódicas. Además se suelen utilizar xilófonos con láminas de madera o bambú (los gambang kayu). Finalmente las composiciones vocales requieren el acompañamiento de viela, flauta y cítara.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | Inst. de percusión
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