domingo, 03 de febrero de 2008

Publicado por jrtapia @ 8:00


Alexander Romanovsky, piano



No es tarea fácil abordar obras que por sus grandes dificultades técnicas, como las infrecuentes Variaciones Op. 35 (Estudios) de Brahms pueden llegar a abrumar al auditorio antes que constituir un incentivo auditivo atrayente.

Consideradas "diabólicas" por pianistas de la época como Clara Schumann o el musicólogo James Huneker, que además de advertir sobre los problemas técnicos que encerraban se refirió a otros de naturaleza "espiritual", que exigía "poseer dedos de acero, un corazón de lava hirviente y el coraje de un león", todo un breviario de requerimientos que mantiene intacta -aún hoy- la contagiosa vitalidad de Brahms, en todo contraria al efectismo. Estas intrincadas variaciones que alternan las más variadas fórmulas técnicas, no impiden el vuelo interpretativo. Diríase que Brahms las compuso con miras a una superación no sólo técnica y virtuosística, sino de otro nivel.

Es típico de Brahms delinear conclusiones contrapuntísticas en base a una armonía muy sofisticada, en la cual el bajo es un elemento motívico y temático más que una línea de soporte. Esta técnica no sólo la emplea en las propias Variaciones, sino que también la emplea de manera muy sofisticada y disimulada en obras de toda índole.

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