Orquesta Filarmónica de Viena
Leonard Bernstein, director
Jean Sibelius (1865-1957), el compositor más representativo de la música finlandesa, se enfrentó a la composición de su Primera Sinfonía a los 33 años, extendiéndose su ciclo de siete sinfonías a un período de 25 años, desde 1899 hasta 1924. Cada una de sus siete sinfonías es original tanto en su estructura como en su carácter, pese a que la popularidad de la Segunda Sinfonía ha eclipsado de alguna manera al resto.
La Primera Sinfonía tiene el sello de Chaikovski y Borodin. Algunos años después, el compositor negaría esa influencia, poniendo a su carrera como única inspiración. Con su Segunda Sinfonía (1901 a 1902) el autor encontró su propio camino. Escrita con temas de carácter enérgico, basados en pequeños motivos de un par de compases, el autor abordó la música en una dirección que representaría una ruptura con el estilo imperante. Para él, la música debía ser pura.
La optimista Tercera Sinfonía, de equilibrio clásico, fue calificada por Marc Vignal como ”Pastoral del Norte” gracias a la impresión de luz y de claridad que emana esta especie de idilio campestre. La Quinta Sinfonía, una de las más apreciadas y originales del compositor y para muchos la más interesante de las siete, dio mucho trabajo a Sibelius, quien tuvo que revisar la obra varias veces, siendo la tercera versión, publicada en 1919, la que finalmente ha prevalecido.
El método que empleaba Sibelius era orgánico: la música debía tener una integridad estructural y una consistencia interna basada en el sonido. Después, a pesar de sus éxitos en su tierra natal, en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, sus trabajos posteriores no tendrían tanto éxito en ciudades como Berlín, Paris, Viena, Moscú o Milán. Todas ellas tenían ya bien establecida su tradición musical, con un marcado chovinismo. Aunque Sibelius fue un innovador radical y trató de cambiar la estructura de la sinfonía y del poema sinfónico, mantuvo sin embargo un gran respeto hacia lo compositores clásicos.
Sibelius fue un gran admirador de Mozart, de sus temas tan brillantemente estructurados y de la simplicidad de sus orquestaciones, pero su método fue sorprendentemente diferente: mientras que Mozart escribía la música directamente desde su cabeza, como si estuviera dando un dictado, Sibelius escribía primero sus temas y a veces los orquestaba tras experimentar en ensayos con la orquesta completa.