lunes, 11 de febrero de 2008


En cierta ocasión Beethoven fue invitado a una fiesta en donde se encontraba una hermosa joven que, al ser informada de quién era el maestro, se le acercó y comentó que también ella era artista, pues tocaba algunas piezas al piano, lo cual le causó simpatía a Beethoven y, antes de retirarse, pidió que le tocase algo al piano.

La joven con toda alegría interpretó obras de varios compositores, pero cuando Beethoven le solicitó que tocase alguna de sus sonatas, muy apenada, ella le explicó que le gustaban mucho, pero que eran muy difíciles, por lo que el maestro le prometió que haría una pieza mucho más sencilla, para que pudiese ser tocada por ella. Ése fue el motivo por el que compuso una de las obras más conocidas y apreciadas por los jóvenes pianistas de todo el mundo, la que el maestro tituló “Para Elisa" y a la que agregó el subtítulo “Recuerdos del 27 de abril de 1810”.

Esta celebérrima bagatela para piano, conocida como «Para Elisa», debe su popular nombre, según parece, a la confusión de algún copista a la hora de transcribir el manuscrito original de la partitura. Debido a la mala legibilidad de la dedicatoria, donde parecía estar escrito «Elisa» debía leerse, en realidad, «Teresa». Así, la bagatela en realidad es «Para Teresa».

“Para Elisa” no suele ser mencionada en los catálogos de composiciones beethovenianas, ni tampoco en el catálogo de Lenz, que es muy meticuloso, pero aseguran sus estudiosos que no hay dudas con respecto a la autenticidad de esa hermosa página musical que concibiera el gran maestro de Bonn. El tempo con el que se toca no es, probablemente, el que escribió Beethoven en la partitura original, ya que ésta se perdió, desgraciadamente.

“Para Elisa” consta de tres partes principales:

La primera, romántica, tranquila y que puede ser considerada hasta triste por sus tonos menores, conforma la parte más importante de la obra; se repite posteriormente en varias ocasiones.

La segunda, que es un despertar repentino e inesperado de la primera, denota alegría en aumento, en una corta expresión que crece, para convertirse en un clímax de desbordante alegría, velocidad significativa y contrastante comparada con la primera parte. Termina en una aún más inesperada caída en tonos menores y tristes, volviendo así a la primera parte.

Después de la repetición de la primera parte se entra de forma inesperada en la tercera parte: con una base dramática, de tintes románticos, cierta monotonía y un final en pausa, subiendo hacia el agudo para luego caer hasta el inicio de la primera parte. Se convierte así en la parte más interesante de la obra.

A pesar de ser una obra de facilidad relativa, es tocada  con  frecuencia en los concursos de estudiantes jóvenes bajo el pretexto de tratarse de una obra que puede sumar ciertos méritos al intérprete.



Publicado por jrtapia @ 8:00  | El piano
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