lunes, 11 de febrero de 2008
Aldo López Gavilán, piano
Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela/Claudio Abbado










El concierto K 415 es el tercero de los que Mozart escribió a partir de que se estableciera en Viena. En particular, este Concierto ha sido objeto de interesantes investigaciones y polémicas musicológicas, porque algunos estudiosos han especulado acerca de si existen partes de esta partitura que pudieran no ser originales de Mozart, sino que fueran añadidas por manos ajenas. Sus movimientos son:
I. Allegro
II. Andante
III. Allegretto

En 1781, Mozart se establece como músico independiente en Viena, donde desarrolla una actividad febril como pianista y compositor. Durante esta época, Mozart incluye con regularidad, por primera vez, al respecto conciertos en sus programas de abono. Es interesante reflexionar sobre el nexo que se produce entre el público, el compositor-intérprete y los textos musicales, todos en un momento y lugar particular: las ejecuciones en público como foro musical de Mozart. Por medio del análisis de principios básicos y aspectos técnicos, es posible realizar una lectura metafórica: en un concierto, la parte del solo, la parte orquestal y su relación se pueden leer como una metáfora sobre Mozart, su público y la relación entre ellos; los conciertos de Mozart pueden entenderse como adhesión a un mito general de la comedia.

Mozart, poco después de su mudanza a Viena —en contra de las admoniciones de su padre— le escribe a éste una carta en la que mantiene que una obra o colección de obras musicales debe resultar atractiva tanto para entendidos como para aficionados, lo que puede servir para hacernos una idea de las prioridades estéticas y estilísticas de los conciertos para piano de Mozart K 413-491.

Mozart estaba sin duda atento a los asuntos pragmáticos relacionados con el público musical vienés. Por ello compuso sus obras para que pudiera interpretarlas tanto una orquesta como un cuarteto de cuerda, pero, en el caso de los conciertos, evitando la “insipidez” caracterizada por la excesiva brillantez y la falta de contenido sustantivo. Mozart describe este equilibrio como “el medio feliz” entre los despliegues excesivos de virtuosismo y la composición llana, y aboga por la captación del público por medio de procesos dramáticos cuidadosamente elaborados, en lugar de "coups de théâtre", adelantándose a las ideas estéticas del Romanticismo.

El análisis y la contextualización histórica de los procedimientos dialógicos entre el solista y la orquesta acompañante en los conciertos de Mozart, descubre la importancia dramática y el equilibrio entre el solista y la orquesta de los primeros movimientos de los conciertos para piano K 413-491 —que constituye el núcleo de la relevancia estilística y estética de estas obras-—y que alcanza el clímax en el Concierto para piano en Do menor K 491 (1786). Los restantes conciertos para piano, K 537 y K 595, llevan la experimentación estilística más allá, reevaluando aspectos de sus anteriores conciertos. Las opiniones estéticas de Mozart sobre el género del concierto no parecen cambiar mucho desde 1782 hasta el fin de su vida, ya que el Concierto para clarinete enfatiza cualidades estéticas muy similares a las que el propio Mozart había articulado en los K 413-415.
Publicado por jrtapia @ 18:00  | El Concierto
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