martes, 19 de febrero de 2008

The most beautiful sound I ever heard
All the beautiful sounds of the world in a single word
Maria
I just met a girl named Maria
And suddenly that name
Will never be the same
To me
Maria
I just kissed a girl named Maria
And suddenly I found
How wonderful a sound
Can be
Maria
Say it loud and there's music playing
Say it soft and it's almost like praying
Maria
I'll never stop saying
Maria
Maria, Maria...
Maria
Say it loud and there's music playing
Say it soft and it's almost like praying
Maria
I'll never stop saying
Maria
The most beautiful sound I ever heard
Maria

Un hombre, una obra. Los hechos demuestran que la música de Leonard Bernstein ha permanecido abandonada a la popularidad de West Side Story y, en todo caso, subordinada a su impecable trayectoria como director de orquesta.

El ejemplo de Leonard Bernstein podría añadirse al de Joaquín Rodrigo (El concierto de Aranjuez), Mascagni (Cavalleria Rusticana), Leoncavallo (Payasos), Holst (Los planetas) y Carl Orff (Carmina Burana) para abundar en la identificación de «un hombre y una obra», incluso sería sencillo resumir su legado musical desde la perspectiva que otorga a los compositores norteamericanos el inevitable sello del eclecticismo. Pero Leonard Bernstein era un músico total, y establecer fronteras entre sus campos de creación -director, pianista, pedagogo...- parece un modo injusto de reconocer su influencia en la vida musical del siglo XX.

«La verdad -reconocía Leonard Bernstein- es que soy un músico que practica varias funciones musicales muy relacionadas entre sí, desde la composición hasta la enseñanza, y, entre ellas, la conocida en el mundo comercial de las grabaciones como dirección. Yo sé cuándo he conseguido realmente un buen planteamiento de una obra: es cuando tengo el sentimiento de que estoy componiendo esa obra en el escenario durante la actuación, sea mía o no lo sea. Si al final pienso: "¡Qué obra tan bonita compuse!", entonces puedo tener la certeza de que he logrado un documento verdadero y bueno».

¿Qué ha aportado la música de Leonard Bernstein? En opinión de muchos compositores y especialistas, «Lenny» es un autor más intuitivo que original cuya trayectoria no sobrepasa el talento de Gershwin ni la personalidad de Aaron Copland. Incluso podría hablarse de cierta ambigüedad en su lenguaje, por cuanto el espíritu de Broadway tiene un difícil espacio en el ámbito de la vanguardia. No hay que olvidar que West Side Story fue escrita en 1958, o sea, cuando Berio estrenó el Homenaje a Joyce, John Cage terminó su Concierto para piano y Xenaxis dio a conocer Diamorphoses.

Efectivamente, Leonard Bernstein es un compositor que navega en la tonalidad y que procura ordenar sus fuentes musicales en razón de un criterio vitalista, coherente y no excesivamente personal. El jazz, el folclore, la música popular, las baladas, Broadway, el premeditado guiño a Stravinsky y Shostakovich así como la deuda sentimental con Ernest Bloch, procuran una obra ecléctica y singular que prácticamente no ha penetrado en el repertorio de las grandes orquestas. Más aún, sorprende el hecho de que apenas puedan reconocerse partituras de peso en su catálogo musical desde la fecha en que se estrenó la Sinfonía Kaddish (1963).

Podría afirmarse que Leonard Bernstein es un autor de escasa reputación entre los compositores de vanguardia, y no sólo porque se le considere un mero epígono de Gershwin y Copland, sino por cuanto su música les parece poco menos que anacrónica. ¿Ejemplos? Luis de Pablo no duda en afirmar que «Leonard Bernstein no me interesa lo más mínimo, porque considero que su obra no aporta nada y porque, puestos a elegir, me merece mucho más crédito Agua, azucarillos y aguardiente que la celebérrima West Side Story. Me quedo con Chueca antes que con Bernstein. Es mejor compositor».

«Debo decir abiertamente -añade Cristóbal Halffter- que la estética de Bernstein como compositor no me atrae nada y que su música es una faceta de poco interés dentro de su gran personalidad. Lo que no puede negarse es que es un músico total y que poseía un talento y una personalidad excepcionales».

Es posible que Leonard Bernstein no sea un compositor crucial en la historia y que su contribución a la estética del siglo XX no trascienda la desigual influencia norteamericana, pero su compromiso con la vanguardia desde la tarima parece fuera de dudas: Reveló la Segunda sinfonía de Charles Ives, estrenó en 1949 la mítica Sinfonía Turangalîla de Olvier Messiaen, divulgó extraordinariamente el repertorio de Poulenc, Barber, William Schuman y siempre se ha considerado un hombre de su tiempo:

«La música me ha dado la vida y yo le he dado mi vida a la música. Es una deuda que me comprometía a tocar, a dirigir, a enseñar y a componer. Es una deuda que, después de tantos años, creo haber saldado. Puedo descansar tranquilo, porque me he entregado a la música y porque he sido un hombre de mi tiempo. ¿Mejor pianista? ¿Mejor director? ¿Mejor compositor? ¿Mejor pedagogo?. No soy partidario de las fronteras».


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Voces masculinas
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