sábado, 16 de febrero de 2008

Grigori Sokolov interpretando la Mazurca Op. 63/3

Gonzalo Alonso

Diario LA RAZÓN

Ciclo de grandes intérpretes
Obras de Mozart y Chopin. Grigori Sokolov, piano. Auditorio Nacional. Madrid, 11 de febrero.

Grigori Sokolov nos volvió a deslumbrar a todos los asistentes con su personalidad avasalladora y su técnica apabullante. Nadie puede dudar que estamos ante un monstruo del teclado, pero hay que admitir que algunos de sus conceptos pueden no ser compartidos.
Los dos primeros tiempos de la primera sonata de Mozart interpretada, la en fa menor K.289, revistieron un gran interés por su riqueza tímbrica, claridad y modernidad.
Las molestias del público
Algo debió de suceder después. El solista ruso, quizá molesto por las toses del público, no dio concesión al descanso, y así el último tiempo de la citada sonata se unió a los tres de la en fa mayor K.332. El resultado fue que aquello que empezó brillante se transformó en un Mozart despersonalizado y ausente.
Es cierto que en Madrid hay una contaminación que quizá afecta al 50% de sus habitantes, reflejándose en afonías y picores de garganta, pero no es menos cierto que existen pañuelos, bufandas y otros accesorios con los que apagar las toses y no entorpercer el desarrollo de un concierto como éste.
Los «24 Preludios» de Chopin son una perla del teclado, con su amplísima diversidad y su juego entre las tonalidades mayores de los números impares, si se quiere de concepto emocional liviano, y las menores de los números pares, bastante más dramáticos.
Dramáticos sí, pero no tanto como para que algunos, como los n.16 y 18, sonasen a un Beethoven último o incluso a un Scriabin. Eso sí, todo ello sin el menor fallo, sin el más mínimo roce. Un genio, con sus luces y sus sombras, tocando en penumbra y provocando en el público hasta vítores cuando se encendieron las luces.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Se dice, se comenta
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