Compuesta entre 1891 y 1892. Estrenada en Praga, el 20 de abril de 1892, bajo la dirección de su autor. Dedicada a la Universidad de Praga.
En 1892, Antonín Dvořák viaja a los Estados Unidos. La estancia será larga.
Instalado en Nueva York, dará clases en su conservatorio. También compondrá
algunas obras. Dvořák es un músico maduro que sabe muy bien el poder que tiene
la música como forma de comunicación. Lo confirma la intención nacionalista de buena
parte de su obra. Ajeno a cualquier propósito de proclamación, lejos de
pretender una forma de rebeldía con la música como estandarte, Dvořák eleva lo popular, el folclore, a la
categoría de materia artística. A través de él pretende encontrar un diálogo
fluido con aquellos que sean capaces de sentirse identificados. Por eso, en
Europa, Dvořák es bohemio, y en Estados Unidos, americano. Uno de los padres de
la música americana.
Lo importante es que tras esta forma de expresión palpita algo más importante,
el sentido humanista. Dvořák utiliza el nacionalismo porque sabe, siente, que
la música también es parte sustancial del acervo cultural que inverna en el
inconsciente colectivo. Hay que entender esto si se quiere situar una obra como
la obertura Carnaval, tan aparentemente alejada del Dvořák “popular”. Lo que
interesa aquí es observar el paso hacia delante.
Antes de emprender la aventura americana, Dvořák trasciende la anécdota
folclórica y se sirve de vínculos más profundos. El argumento que da forma a
Carnaval y a las otras dos oberturas que, junto con esta, forman un tríptico
coherente, es la relación entre la naturaleza y el alma humana.
Un argumento universal
Así lo define el título general,
Naturaleza, vida y amor. De forma particular, la fusión con la naturaleza da
sentido a la primera de las oberturas. En ella se describen las sensaciones
vividas por el hombre, la alegría, el bienestar físico y moral, y el
sentimiento religioso panteísta. Su título En la naturaleza evoca a las claras
el sentido poético de la composición.
Desde un punto de vista estrictamente musical las tres oberturas se alimentarán
del tema principal expuesto en la primera. Se observa claramente acudiendo a la
última de ellas, Otelo. Se exploran aquí los sentimientos del ser humano a
partir de la destrucción del amor por los celos. Obviamente la obra de
Shakespeare está tras ella y, a su lado, una música tensa y convulsa.
Pero interesa ahora la segunda de ellas, Carnaval, pues es la que se ilustra mediante el vídeo. Tras la soledad, unas veces recogida y otras exaltada, a la que se ha enfrentado la primera obertura inscrita en el seno de la plácida naturaleza, salta aquí el contraste con las manifestaciones de la vida humana entendidas en su mayor efervescencia. Los alegres torbellinos que, sin preámbulo, sirven para dar comienzo a la obra admiten también la comparación con el final de la Séptima sinfonía de Beethoven. La impresión de movimiento continuo, tan cercano a la rueda expresiva de la danza, contrasta de inmediato con el segundo tema de la obertura en el que se busca el contraste mediante una línea de carácter lírico y más amable. Pero el momento más notable es la parte central, marcada “Andante con moto”, pues es ahí donde surge la meditación poética. El tema principal de la obertura En la naturaleza, motivo que, ya se ha dicho, da sentido coherente al tríptico, se escucha en el clarinete. No se olvide que su significado último es el argumento esencial de esta serie de obras. La naturaleza como fondo de la existencia humana.