El violonchelo es el instrumento más grave -exceptuando el
contrabajo- de la familia de la cuerda, que nació hacia 1530 en Italia.
En la segunda mitad del siglo XVII sufrirá un gran auge entre los
compositores, como faceta de acompañante de bajo continuo junto al
clave y órgano, relegando a principios del siguiente a la obsoleta
viola da gamba. Gran parte del éxito en aquella época se debe a
compositores como Vivaldi, y Bach, que quedaron entusiasmados por las
nuevas características técnicas y el potente sonido que superaba los
límites de la viola da gamba, de ejecución más difícil que el
violoncello.
Bach fue uno de los primeros compositores que compusieron para el
nuevo instrumento, con apenas precedentes que las obras de Vivaldi,
entre otros, incluso investigó a fondo las características sonoras y
técnicas e hizo fabricar especialmente para sus obras, tipos de
violoncellos especiales como el violonchelo "d'amore", cuyo primer
ejemplar está conservado en el Museo de Leipzig.
El violonchelo está presente en muchas facetas de la su obra, como
solista y acompañante, pero su única aportación a solo, y la más
destacada, son las seis Suites para violonchelo solo BWV 1007-BWV 1012,
la obra más sobresaliente de Bach para este instrumento y una de las
cumbres de la composición para cello, escritas en Köthen en 1722.
Al igual que el órgano, el violoncello como solista está presente sobre
todo en las cantatas, especialmente en las arias, donde es notable su
participación en el aria para bajo de la nº 132, además de la Pasión
según San Juan y la Pasión según San Mateo.
Como acompañante, su presencia es habitual junto al órgano y el
clave para ejecutar el bajo continuo, omnipresente prácticamente en la
música vocal y la música orquestal y de cámara del Barroco.