En 1836, tras sufrir la pérdida de sus dos hijos, Friedrich Rückert escribió una serie de poemas con el título de Kindertotenlieder, es decir, Canciones a los niños muertos. No los publicó en su momento, pero acabaron por ir a la imprenta póstumamente.
Mahler quedó fascinado con la poesía de Rückert en 1901. En aquel verano, cuando Mahler no solo no tenía hijos, sino que ni siquiera conocía a la que había de ser su mujer, comenzó a poner en música versos de este poeta: tres canciones del álbum Kindertoten y otras procedentes de otros libros de Rückert. De manera simultánea, trabajaba en la Quinta sinfonía, en la que se citan estas canciones. Ese impulso rückertiano acabaría fructificando en dos ciclos terminados en 1904, a la vez que la Sexta sinfonía: los cinco Kindertoten y la serie conocida como Rückert Lieder. Por entonces ya era padre y su empeño en seguir trabajando con estos textos enfureció a su esposa, su querida Alma, que dejó dichas unas frases trágicas: "Puedo entender que uno se ponga a componer con textos así de horribles si uno no tiene hijos, o si acaba de perderlos... Pero, ¿cómo se puede cantar a la muerte de los niños media hora después de abrazar a los propios hijos, felices y saludables? ¡Por el amor de Dios, estás jugando con fuego!" El hecho es que, tres años después, a los Mahler se les murió su hijita Ana y los Kindertotenlieder cobraron, si es que no la tenían ya, una pátina decididamente macabra.
Musicalmente, hablando, que es de lo que se trata, se percibe en este ciclo una evolución de Mahler, cuyo discurso creativo discurre, como siempre, paralelamente en sus sinfonías y en sus ciclos de canciones. El universo poético de Das Knabenwunderhon, con sus heraldos trompeteantes, su epopeya grotesca, sus marchas militares, festivas o tabernarias, su orquestación brillante, va dejando paso poco a poco a un repertorio expresivo más refinado que, sin abandonar nunca la
ironía, se traduce en ideas musicales más discretas, en un universo simbólico más interior y subjetivo y en una preferencia cada vez más clara por una orquesta plural, cuya sonoridad se descompone en subconjuntos de tipo camerístico.
Los Kindertotenlieder fueron interpretados por primera por el barítono Friedrich Weidemann en Viena, el 29 de enero de 1905. Veidemann era un cantante de la Ópera de la Corte muy admirado por Mahler.
Nun will die Sonn' so hell aufgehn,
Als sei kein Unglück die Nacht geschehn.
Das Unglück geschah nur mir allein,
Die Sonne, sie scheinet allgemein.
Du musst nicht die Nacht in dir verschränken, Ein Lämplein verlosch in meinem Zelt,
Heil sei dem Freudenlicht der Welt!
|
Ahora el sol se levantará tan radiante,
como si la noche no hubiera traído desgracia.
La desgracia me ha ocurrido sólo a mí,
mientras que el sol brilla para todos.
No debes encerrar en tu abrazo a la noche,
sino sumergirla en la luz eterna.
Una lámpara se enciende en mi morada,
¡saludad a la alegre luz del mundo!
|