lunes, 17 de marzo de 2008

Publicado por jrtapia @ 8:00


Jean-Yves Thibaudet, piano
Takashi Harada, Ondas Martenot
Orquesta Sinfónica della Scala
Riccardo Chailly, director

Olivier Messiaen ha sido una de las figuras mas destacadas de la composición del siglo XX. En sus obras emplea con frecuencia elementos de culturas extra-europeas. Ejemplo de ello son los ritmos hindúes que incorpora en su obra para órgano "La Ascención" y, en especial, la orquestación a imitación del gamelán de la Sinfonía Turangalîla. Más tarde incluiría en sus composiciones procedimientos y materiales provenientes de culturas dispares, como la japonesa o la andina.

De origen francés, Messiaen fue un compositor y organista caracterizado por sus profundas creencias cristianas y su vocación pedagógica, además de ser ornitólogo aficionado. En su música, como explica en su ensayo "Técnica de mi lenguaje musical", se mezclan la fe cristiana, los ritmos de los cantos devocionales hindúes y el canto de los pájaros.
Messiaen estudió en el Conservatorio de París donde luego enseñaría armonía, análisis y composición a las nuevas generaciones de compositores de posguerra. Entre sus alumnos más notables están Stockhausen, Boulez y Xenakis. Se suele asociar a Messiaen con un grupo denominado en 1936 "La Jeune France" que pretendía una vuelta al humanismo universal y espiritual en la música, el cual estaba formado por el propio Messiaen, además de Jolivet, Daniel-Lesur y Baudrier. Messiaen evolucionó desde un estilo heredado de Debussy a las técnicas del serialismo integral, para terminar poniendo un sello propio en sus obras.

La Sinfonía Turangalîla fue compuesta entre 1946 y 1948. Fue un encargo de Serge Koussevitski. El estreno tuvo lugar en Boston, el 2 de diciembre de 1949 bajo la dirección de Leonard Bernstein. Es una obra poco interpretada en concierto debido a las dificultades técnicas que implica, tanto para los solistas como la orquesta, pero al mismo tiempo es una composición dotada de gran encanto, arrastre entre el público y espectacularidad.

Turangalîla es una palabra compuesta procedente de dos raíces del antiguo sánscrito:'Turanga' que se refiere a tiempo, movimiento y de manera especial al ritmo (el elemento preponderante en la partitura) y 'lila' que significa acto, acción o juego, por lo que 'Turangalîla' vendría a significar algo así como “himno de amor” o “himno de alegría”

Esta Sinfonía es una obra de grandes proporciones, pues está dividida en diez partes y su duración casi alcanza los noventa minutos. Fue un encargo de Serge Koussevitzky para la Orquesta Sinfónica de Boston, de la que el maestro ruso era entonces director titular. Messien basó su obra en la leyenda de Tristán e Isolda, en la que es tanto el amor que forzosamente se culmina en la muerte. Messiaen invirtió en esta obra todos sus antecedentes, y aunque la escribió después de estar en un campo de concentración, el aspecto religioso que ese hecho propició en sus obras posteriores no puede advertirse tan claramente en Turangalîla, aunque está llena de elementos místicos. Asimismo, se puede advertir la enorme influencia que tuvo en él el canto de los pájaros. Fue un gran ornitólogo y en casi todas sus obras ese es un elemento constante. Fue una de sus obsesiones.

La Sinfonía Turangalîla está considerada como un "monumento inabarcable" dentro de la producción de Messiaen, con una riquísima paleta orquestal, en la que destaca especialmente la presencia de abundante percusión (celesta, vibráfono, glockenspiel y otros metalófonos percutidos), así como de los instrumentos solistas (Ondas Martenot y piano). Aunque lleva el título de sinfonía, sus características son más propias de un concierto de piano, al ocupar este instrumento el 70 por ciento del protagonismo. Es destacable el empleo que Messiaen hace de las percusiones en una época en la cual eran poco utilizadas, lo que la hace una obra de gran vigencia, así como de las Ondas Martenot, instrumento monofónico inventado en la década de los 20 del siglo pasado por el francés Maurice Martenot y que consiste en un teclado, un altavoz y un generador de baja frecuencia. El resultado final de todo lo anterior se traduce en la obtención de un colorido musical que recuerda al de las orquestas gamelán de Bali, pero en combinación con unos materiales rítmicos y armónicos muy originales que consiguen un impacto de gran efecto en su conjunto.

Los tiempos de esta sinfonía son:

1. Introduction. Modéré, un peu vif
2. Chant d’amour 1. Modéré, lourd
3. Turangalîla 1. Presque lent, rêveur
4. Chant d’amour 2. Bien modéré
5. Joie du Sang des Étoiles. Vif, passionné avec joie
6. Jardin du Sommeil d’amour. Très modéré, très tendre
7. Turangalîla 2. Un peu vif, bien modéré
8. Développement d’amour. Bien modéré
9. Turangalîla 3. Bien modéré
10. Final. Modéré, presque vif, avec une grande joie

La Sinfonía Turangalîla tiene una forma parecida a la de un concierto para dos solistas (piano y ondas Martenot) y orquesta. Recorre en sus diez partes una abierta gama de recursos. La tonalidad clásica y diversos modos del atonalismo conviven en una relación fluida, con polarizaciones que no excluyen las gradaciones intermedias, como la oposición de tríadas perfectas y el libre vuelo lineal. Una cuidada trama formal guía la recurrencia de ideas y temas. Una orquestación variadísima sostiene y recrea un material de interés y calibre diverso.Su ejecución, que abarca unos ochenta minutos sin tregua, plantea lógicamente un concierto con esta sola obra y una única parte. Poseedora de grandes dificultades de ejecución y concertación, exige una orquesta de pericia y entrega parejas en todas sus filas.

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