martes, 18 de marzo de 2008

Gala Richard Tucker en la Metropolitan Opera House de Nueva York (1998)

Juan Pons es reconocido mundialmente como uno de los principales barítonos dramáticos de nuestro  tiempo. Nació en Ciutadella de Menorca (España), acaparó la atención mundial en diciembre de 1980  cuando abrió la Temporada de la Scala de Milán en el papel protagónico de "Falstaff" en la  producción de Giorgio Strehler, bajo la dirección de Lorin Maazel. Regresó a la  Scala un mes más tarde para hacer su debut -igualmente aclamado- como Tonio en la producción de  "I Pagliacci" de Franco Zefirelli. Desde entonces canta regularmente en la Scala, habiendo  interpretado obras como "Tosca", "La Traviata", "La Fanciulla del West", "Gianni Schicci", "Pagliacci", “Cavalleria Rusticana”, etc.

A lo largo de su carrera, Juan Pons ha cantado regularmente en las más prestigiosas compañías de  ópera del mundo, incluyendo la Opera Estatal de Viena, Covent Garden de Londres, La Bastilla de  París, La Opera Estatal de Bavaria, Hamburgo, Munich y Zurich, El gran Teatro del Liceo de  Barcelona, El Teatro de la Zarzuela de Madrid, el Teatro Real de Madrid, las Operas de Roma y Florencia, el Teatro La  Fenice de Venecia, el Teatro Communalle de Bolonia, el Teatro Regio de Parma, la Arena de Verona,  las Termas de Caracalla, etc.

 

En Estados Unidos ha cantado también en Chicago, Dallas, Washington, San Diego y San Francisco. En 1992 apareció igualmente como invitado especial en la Ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, un evento que fue transmitido en directo por la televisión a una  audiencia internacional estimada en un billón de personas. Ese mismo año participó en la EXPO  de Sevilla.

El  18 de noviembre del año 2000 fue nombrado DOCTOR HONORIS CAUSA por la Universitat de les Illes  Balears.

Su extenso catálogo de grabaciones discográficas incluye "Tosca", "La Fanciulla del West", "Il  Tabarro" y "Aroldo" para CBS/SONY. "La Forza del Destino", "Madame Butterfly" y "Cavalleria  Rusticana" bajo la dirección de Giuseppe Sinopoli; "La Traviata" con James Levine, "Lucia di Lammermour" y "El Gato Montés" para Deutche Gramophone  y "I Pagliacci" para Phillips con Ricardo Mutti. "Il Tabarro" para London/Decca y "Falstaff" con  Ricardo Mutti para CBS/SONY.

Entre sus más recientes grabaciones podemos contar con "Heoridade" y las Zarzuelas "Luisa  Fernanda", "La Tabernera del Puerto" y "Marina".

Sus grabaciones en DVD son: la producción del Metropolitan de "Elisir d'Amore" con James  Levine, la producción de la Scala de "La Fanciulla del West", "Aida" y "Gianni Schicci" bajo la  dirección de Lorin Maazel, "I Pagliacci" para Phillips y la Gala Lírica de Sevilla para BMG.

Si se hiciera una encuesta entre los directores de los principales teatros del mundo acerca de la mejor cualidad de Juan Pons, habría una palabra que saldría en todas las respuestas: profesionalidad. Por encima de una voz pastosa y bien impostada, por encima incluso de un talento de intérprete que el transcurso del tiempo no ha hecho sino afinar, lo que ha hecho de Pons el paradigma del barítono de gran formato ha sido su capacidad para hace honor a sus compromisos y hacerlo siempre a un nivel irreprochable. Es de esa clase de artistas que hacen posible el sueño tranquilo de los programadores: un contrato firmado por Pons es toda una garantía no sólo de presencia sino de resultados. Y no hay nada que se respete tanto en este entorno como la profesionalidad.

No es muy frecuente el caso de los bajos reconvertidos en barítonos, aunque la reciente y universal floración de los bajos-barítonos –de nombre o de hechos– enturbie un tanto las aguas de ese estanque: ni Ruggero Raimondi, ni James Morris ni Samuel Ramey serán nunca barítonos aunque canten papeles de ese repertorio; Ettore Bastianini sí lo fue, y como antecedente ya debería bastar, pues fue todo un modelo entre los cantantes de su cuerda. Si para el descubrimiento de su verdadera caracterización vocal fue decisivo el asesoramiento y la opinión de algunos ilustres colegas, para su adaptación a cualquier tipo de situación profesional no fue menos básica su enriquecedora experiencia en las filas del coro del Liceo barcelonés y una etapa, larga y fructífera, en la que ejerció el comprimariado con admirable disponibilidad desde el Barnabotto de "La Gioconda" o el Alcalde de "La forza del destino", sus primeros compromisos como solista en 1971, hasta la sorpresa de un Banquo o, ya en su nueva tesitura, la revelación de un Germont père acogido con delirio por público y compañeros, toda una galería de personajes aprendidos con prisas y ensayados apenas, le prepararon para enfrentarse a una carrera en que cualquier imprevisto puede servir lo mismo de escabel para subir que de trampilla para despeñarse. El sentido musical aprendido desde muy joven oyendo cantar a su padre –éste sí, un verdadero bajo– con la Capella Davídica de Ciutadella, lo aprendido en el Liceo de manos de su mentor Diego Monjo y de los muchos directores musicales y escénicos con los que tuvo que lidiar en el teatro de la Rambla le prepararían para la gran prueba: el Falstaff de la Scala que le consiguiera por sorpresa Carlos Caballé y que, de la mano de Strehler y Abbado, le catapultaría al estrellato absoluto. Scarpia, Tonio, Carlo Gérard, Renato y Amonasro le aguardaban: su voz se adaptó rápidamente al gran repertorio verdiano y verista y sin tener un color estrictamente agradecido en el timbre, su fibra vocal y la solidez de su emisión le permiten absorber todas las exigencias vocales de los personajes encomendados, que ha ido sirviendo con un fraseo cada vez más burilado y con un reposo progresivamente elocuente, recurriendo cada vez con menor frecuencia a efectos típicos de su primera época como el ataque glótico o el agudo forzado por la incorrecta administración del aire. En Juan Pons todo parece en la actualidad más asentado, más cálido y más imaginativo.

 



Publicado por jrtapia @ 18:00  | Voces masculinas
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