Alfredo Kraus en la Musikverein de Viena (1988)
La ópera es un género que también ha dado en llamarse “teatro musical” o “teatro cantado”. Por este motivo, resulta absolutamente lógico que uno de los más sólidos pilares de la dramaturgia de todos los tiempos -como lo es William Shakespeare- haya provocado una natural atracción para convertir sus obras en grandes páginas de la lírica.
Así, al
citar las óperas que están basadas en piezas teatrales de Shakespeare, puede confeccionarse
una muy extensa lista, en la cual sobresalen:
- “Macbeth”, “Otello” y “Falstaff” de Giuseppe Verdi
- “La reina de las hadas” de Henry Purcell
- “Julio César” de Georg Friedrich Haendel
- “Hamlet” de Ambroise Thomas
- “Las alegres comadres de Windsor” de Otto Nicolai
- “Otello” de Gioacchino Rossini
- “Oberón” de Carl Maria von Weber
- “El sueño de una noche de verano” de Benjamin Britten
- “Cleopatra” de Jules Massenet
- “Antonio y Cleopatra” de Samuel Barber
- “Romeo y Julieta” de Charles Gounod
Después de los grandes éxitos obtenidos con “Fausto”, la ópera de mayor
renombre de Gounod, éste escribió ocho óperas más, de las cuales sólo dos -“Mirella”
y “Romeo y Julieta”- fueron recibidas con entusiasmo.
Poner música a la más célebre de las tragedias de Shakespeare fue una idea que
desde joven rondó en la mente de Charles Gounod, siendo decisivo para a este
respecto que escuchara la sinfonía dramática ”Romeo y Julieta” de Berlioz, en
1839. Si en 1841 trazó los esbozos de una ópera en italiano, no fue hasta 1865 cuando
Gounod puso definitivamente manos a la obra.
El libreto de “Romeo y Julieta”, que fue encomendado a Jules Barbiér y Michel
Carré, conocidos colaboradores de Gounod, se concentra principalmente en el
asunto amoroso de la trama de la tragedia de Shakespeare, lo que hace resaltar
sus aspectos líricos sobre otros elementos propiamente dramáticos.
El estreno de “Romeo y Julieta” tuvo lugar en el Teatro Lírico de París, el 27
de abril de 1867, con enorme éxito, debido en gran parte a la calidad de la
soprano que interpretaba a Julieta. Ello significó tener que representarla más
de una centenar de veces consecutivas. En 1888 la obra llegó al Teatro de la Ópera
de la capital francesa, con un elenco sobresaliente, que también conocería el
éxito, con más de quinientas puestas en escena.
Ya que es de aceptación general que los apellidos Capuletos y Montescos, son
sinónimos de rivalidad, poco se sabe del origen de la misma. Baste decir al
respecto que ese constante odio se fundamenta en el hecho de que una y otra
familia son seguidoras de los Guelfos y los Gibelinos, respectivamente. Esas
dos facciones ideológicas marcaron durante mucho tiempo la convivencia en bastantes
ciudades italianas.