domingo, 30 de marzo de 2008

Orquesta Filarmónica de Londres

Klaus Tennsdtet, director

El amor y el heroísmo constituyen los dos grandes pilares sobre los que está construido el drama wagneriano. Su presencia desempeña un papel constante y decisivo en la mayor parte de las óperas del músico alemán, aunque la relación que llega a establecerse entre esos dos elementos varía de título a título. Es la propia visión que Wagner tiene de la vida y el arte la que le lleva a ver en el amor y el heroísmo las dos caras de un mismo principio de superación, los dos impulsos que, únicos, permiten al hombre superar los límites de la vida ordinaria y acceder a una dimensión vital “extraordinaria”.

En el ideario ético y estético wagneriano, amor y heroísmo suponen (y a menudo imponen) el rechazo de los valores establecidos en el seno de la sociedad. Por eso, quienes se acogen a ellos lo pagan la mayoría de las veces con la soledad y el rechazo por parte de sus símiles. Algo que coincide también con la trayectoria biográfica del propio músico, que siempre reclamó para el artista un papel de primer plano en la conciencia de su tiempo, exponiéndose a críticas ora injustas, ora merecidas. En la mentalidad de Wagner, amor y heroísmo aparecen pues como portadores de un mensaje de redención destinado, pese a todo, a ser malinterpretado por la mayoría de los receptores. Un acto subjetivo y temerario que tiene un precio muy alto a pagar, pero que le ofrece al individuo la posibilidad de saborear la esencia de lo que está oculto a la percepción ordinaria. Amor y heroísmo encuentran una nueva definición ejemplar dentro del mundo wagneriano en el personaje de Sigfrido. Será precisamente su amada Brunhilda, al creerse engañada por el invulnerable héroe, quien desvele a Hagen su único punto débil: la espalda. En el tercer acto de “El Ocaso de los dioses” (Gotterdämmerung) Hagen atrae a Sigfrido con el engaño y lo traspasa con un puñal a traición en un momento en que éste mira dos cuervos que alzan el vuelo. Así muere Sigfrido. Después, una música fúnebre acompaña el traslado de su cuerpo hacia el castillo de Gunter.

En la Marcha fúnebre, Wagner alcanza una de las cumbres épicas de la Tetralogía. Los sordos redobles del timbal marcan el desarrollo de la pieza desde el principio y le confieren un tono trágico. Las cuerdas graves se mueven con sombríos sollozos. Gradualmente la orquesta crece en volumen sonoro. Uno a uno desfilan los principales temas relacionados con Sigfrido. Pero la marcha fúnebre no es sólo un retrato del héroe y un resumen de su vida: es al mismo tiempo un impresionante epítome del Anillo entero. No es sólo la vida de Sigfrido la que ha llegado a su término. También el mundo de los dioses está a punto de hundirse, y la conciencia de este final inminente se percibe aquí con clara evidencia. Pronto las llamas de su hoguera alcanzarán el Walhall y destruirán la residencia de Wotan y los suyos en un final apocalíptico.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | La orquesta
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