sábado, 05 de abril de 2008

Publicado por jrtapia @ 8:00



Kyung Wha Chung, violín
Phillip Moll, clave

Las Sonatas para violín y clave BWV 1014-1019 y para viola da gamba y clave BWV 1027-1029 forman parte de las obras instrumentales cumbre de Bach. No obstante, sorprende que éstas no se conozcan en mayor medida. Hay un sencillo motivo para ello: tocadas en un violín moderno acompañado por un piano no resultan tan atractivas desde un punto de vista acústico, porque en su mayoría se trata de obras para tres voces –una del violín y dos para cada mano del clave–, cuya nitidez y equilibrio son imprescindibles a fin de que estas maravillas contrapuntísticas adquieran todo su esplendor. Además la sonoridad del violín moderno dista demasiado de la del piano.

Esta colección de sonatas fue creada por Bach durante su estancia en la corte de Köthen, donde tenía a su alcance buenos instrumentistas que las pudieran interpretar para el patrón. Bach tenía entonces 35 años de edad y ya estaba en su período de madurez compositiva. Es notable el gran orden y equilibrio que observaba Bach: cada una de las seis sonatas está escrita en una tonalidad diferente, tres con sostenidos, las otras tres con bemoles; tres en modo mayor y tres en modo menor. Hasta nuestros días han llegado varias copias, algunas de las cuales han agregado un bajo continuo para viola de gamba, siguiendo las costumbres de la época. Pero no cabe duda que la intención original no era esa.

Es interesante transcribir lo que Forkel, el primer biógrafo de Bach, con información recogida entre los hijos de éste, escribe al respecto: “Seis sonatas para teclado con acompañamiento obligado de violín. Fueron compuestas en Köthen y pueden considerarse entre las obras maestras de Bach en este género. Todas están fugadas, y hasta contienen cánones con carácter, naturales, en diálogo entre los dos instrumentos. Hace falta un maestro para tocar la parte del violín, porque Bach conocía las posibilidades del instrumento y no se lo hizo fácil, valiendo lo mismo para el clave”.

Hay algunos movimientos de estas obras que merecen ser destacados: el primero de la Sonata nº 4 es una Siciliana, cuya melodía nos es conocida de la Pasión según San Mateo, de una tristeza inconmensurable. El tercer movimiento de la Quinta Sonata convierte al violín en una especie de bajo continuo que acompaña una serie de arabescos del clave. Esto suena a gloria. En la Sexta Sonata, Bach dedica un Allegro al clave, haciendo callar al violín. Todas las Sonatas tienen cuatro movimientos: lento – rápido – lento – rápido. Llama la atención que Bach da preferencia a los ritmos ternarios sobre los binarios.

Existe muy poca música instrumental a tres voces que pueda competir con la riqueza de invención de estas seis sonatas.


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