Amilcare Ponchielli (1834-1886) es el autor de la música de La Gioconda, con libreto de Arrigo Boito basado en el drama Angelo, tirano de Padua, de Victor Hugo. Boito, que empleó para firmar el seudónimo de «Tobia Gorrio», que
apenas lo ocultaba, hizo varias modificaciones radicales en la obra de
Victor Hugo, trasladó la acción de Padua a Venecia y le dio el título
atractivo pero discutible de La Gioconda; significa propiamente, como
se sabe, la alegre, la jocunda, y por el famoso cuadro de Leonardo da
Vinci, se pone en relación con una misteriosa sonrisa. No se dice
absolutamente nada de ambas en la ópera, ni de la modelo del cuadro ni
de la sonrisa. ¿Quiso señalar con ello Arrigo Boito que una cantante
callejera, esto es, la soprano dramática convertida en figura
principal, debe sonreír en el ejercicio de su profesión? Se pueden
hacer al libreto, a pesar de los dos padres ilustres que posee, Hugo y
Boito, graves objeciones. Es inverosímil, excesivamente romántico y
efectista; y sin embargo, ponerlo en música ha tentado a varios
compositores.
Angelo, tirano de Padua,
de Victor Hugo, ha sido puesto en música varias veces. La versión de
Ponchielli es contemporánea de la del ruso César Cui, que apareció dos
meses antes y ha sido completamente olvidada. La
música de Ponchielli, en cambio, ha permanecido por su pasión,
dramatismo e inspiración melódica. Muchos fragmentos se han grabado en
el corazón de los amantes de la ópera («Voce di donna o d'angelo»,
«Cielo e mar», «Suicidio» y hoy, gracias a los discos que graban los
cantantes famosos, son más populares que nunca. A ello se añade la
«Danza de las horas», que se cuenta entre los ballets operísticos de
más éxito. Unos pasajes de La Gioconda recuerdan a Verdi; otros
permiten reconocer lo que Puccini debe a su maestro Ponchielli.
La década de 1870-1880 fue rica en óperas nuevas que habrían de entrar
en la historia. Entre ellas se cuentan Il guaraní (1870) de Gomes, que
se convirtió en la ópera nacional del Brasil; Aida (1871) de Verdi;
Borís Godunov (1874) de Mussorgski; Carmen (1875) de Bizet; El anillo
del Nibelungo (1876) de Wagner, con motivo de los primeros festivales
de Bayreuth; Eugenio Onieguin (1879) de Chaikovski; en total, un gran
ramillete de óperas famosas, a las que el 8 de abril de 1876 se añadió en la
Scala de Milán La Gioconda de Ponchielli, recibida con un clamoroso
júbilo. Desde entonces no ha habido ningún escenario importante del
mundo que no haya representado esta ópera.
El Acto Segundo se desarrolla a orillas del mar: gran escena musical
con coros, en parte a ritmo de barcarola; en el punto culminante está
la magnífica aria de Enzo «Cielo e mar!», la pieza de exhibición de
todos los tenores del bel canto, comenzando por el inmortal Julián Gayarre que fue quien la cantó en el estreno.
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