Orquesta Filarmónica de Rotterdam
Valery Gergiev, director
Prokofiev conoció al empresario de los Ballets Rusos, Sergei Diaghilev (1872-1929), durante un viaje a Londres en 1914. Éste le encargó la música para un ballet sobre temas del antiguo paganismo ruso. El compositor se puso a trabajar inspirado en temas de la mitología escita. La obra que resultó de ello recibió el nombre de "Ala y Lolly", siendo rechazada por el empresario ruso al considerarla muy "revolucionaria", demasiado próxima al estilo del por aquella época "moderno" Stravinsky y es que, claro está, aun escocían las heridas abiertas con ocasión del estreno de la Consagración de la Primavera. Prokofiev finalmente decidió darle la forma de suite, que es como se interpreta actualmente, con el número de opus 20.
La "Suite Escita" está cargada de pasajes violentos y visiones fantasmagóricas. La obra termina en un “crescendo” que evoca la salida del sol. La lectura de Gergiev es puro salvajismo. Se muestra muy cuidadoso con los instrumentos de metal y la gran "artillería" de percusión que requiere esta partitura, ya que son los instrumentos que llevan la voz cantante. No juega, como hace Abbado, con las sutilezas tímbricas. Gergiev va a la raíz rusa de las obras, a la raíz de esa leyenda "bárbara". Una lectura muy clara y contundente... quizás demasiado.
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