martes, 15 de abril de 2008

Publicado por jrtapia @ 8:00



Waltraut Meier, soprano

Orquesta de la Metropolitan Opera de Nueva York

“Tristán e Isolda” (en alemán, Tristan und Isolde) es una ópera en tres actos que  Richard Wagner compuso entre 1857 y 1859. Fue estrenada en Múnich el 10 de junio de 1865, dirigida por Hans von Büllow . El propio Wagner escribió el libreto basándose en el romance de Gottfried von Strassburg, que a su vez se basa en la leyenda medieval de Tristan and Iseult trasmitida en francés por Thomas de Bretaña.

La leyenda de Tristán e Isolda es una de las más importantes creaciones poéticas y espirituales. No es sólo el testimonio de una época, ni el de un romance del amor cortés, es el testimonio de un amor-pasión más fuerte que las leyes, que la moral, y que la vida misma y sus personajes representan un interrogante en cuanto a su naturaleza mítica y arquetípica.

En la composición de “Tristán e Isolda”, Wagner se inspiró en su aventura con Mathilde Wesendonck, así como en las ideas filosóficas de Arthur Schopenhauer. Reconocida como una de las obras cumbres del repertorio operístico, “Tristán e Isolda” es una obra muy avanzada en cuanto al cromatismo, la tonalidad y la armonía.

El primer acorde de la ópera, conocido como el acorde de Tristán, se considera de gran importancia en la evolución de la armonía tonal tradicional. Esta ópera ha tenido gran influencia en los compositores posteriores a Wagner, con Gustav Mahler, Richard Strauss, Alban Berg y Arnold Schoenberg, entre otros, claramente inspirados por ella. Muchos ven en “Tristán e Isolda” el comienzo del fin de la armonía convencional y la tonalidad, y el arranque del movimiento atonal que será característico del siglo XX.

 Acto I
La leyenda de Tristán e Isolda se desarrolla en la Edad Media, época en la que prevalecen los caballeros y sus valores. A bordo de un barco que viaja desde Irlanda a Cornualles, una voz de marinero resuena desde las jarcias. Su canto sobre una muchacha irlandesa irrita a la ardiente Isolda, quien ha sido ofrecida por Tristán como novia para su tío, el Rey Marke. Isolda desea que el barco se hunda antes que se cumpla su odiado destino. Su doncella, Brangania, intenta, en vano calmarla. En lugar de ello, Isolda está enfurecida con el caballero Tristán, a quien ella observa, sobre la cubierta, evitándola: al tener que entregarla a su tío, él no muestra consideración por los sentimientos de Isolda. Isolda envía a Brangania para que convoque a Tristán, quien le envía cortésmente, una evasiva respuesta. Su escudero, Kurwenal, sin embargo, le dice a Brangania que Tristán no es un vasallo que esté a la entera disposición de Isolda. Avergonzado por este arrebato, Tristán envía a Kurwenal afuera, pero antes éste ha entonado un insolente verso acerca del prometido de Isolda, Morold, a quién Tristán había matado en combate poco tiempo atrás. Los marineros continúan el estribillo mientras que la alicaída Brangania regresa junto a la furiosa Isolda, quien le refiere que, al llegar Tristán a Irlanda para recolectar impuestos para el Rey Marke y matar a su prometido Morold, ella misma lo atendió y cuidó empleando los conocimientos de su madre sobre las hierbas y la magia hasta que sanó de sus heridas. Como descubrió que él fue el asesino de su prometido, lamenta su acto de caridad al perdonarle la vida, pero cuando iba a herirle con la espada de Morold, Tristán miró amorosamente sus ojos y ella se apiadó de él. Isolda arroja una maldición sobre su cabeza y desea la muerte para Tristán y su tío Marke. Brangania intenta decirle a Isolda que no es deshonroso casarse con un rey, y que Tristán simplemente está cumpliendo con su deber. Isolda responde macabramente que ello demuestra su indiferencia por ella. Cuando Brangania recuerda a la joven, que su madre le otorgó suss arte secretas, Isolda le dice que prepararán una de las pociones de su madre: la de la muerte. Un grito desde la cubierta, que exclama ¡Tierra a la vista! es seguido por la llegada de Kurwenal, quien insta a Isolda a que se prepare para el desembarco. Ella replica que no acompañará a Tristán hasta que él se haya disculpado con ella por sus ofensas. Kurwenal lleva el mensaje a su señor, mientras que Isolda fuerza a Brangania a servir la poción. Tristán aparece, saludando a Isolda con fría cortesía. Cuando anuncia que desea satisfacción por la muerte de Morold, Tristán le ofrece su espada, para que pueda tomar venganza. Pero ello violaría la hospitalidad del Rey Marke y sus propios votos replica Isolda. Lo mejor sería que ella y Tristán hicieran las paces con una bebida de la amistad. Sabiendo que se refiere al envenenamiento de ambos, Tristán bebe e Isolda hace lo mismo. Esperando la muerte, ambos intercambian una prolongada mirada de amor, y caen en un abrazo apasionado. Brangania admite haber sustituido la poción por un filtro de amor mientras los marineros aclaman la llegada del barco a Cornualles.

Acto II
En un jardín del castillo de Marke, los cuernos de caza distantes dan señal de la partida del rey y su séquito a una fiesta de cacería. Impaciente por encontrarse con Tristán, Isolda cree que la fiesta es  muy lejos, pero Brangania le advierte sobre los espías, particularmente Melot, un caballero celoso a quien ella ha visto vigilando a Tristán. Isolda replica que Melot es amigo de Tristán y urge a Brangania para que saque la antorcha, señal convenida para que Tristán pueda acercarse. Brangania sabe que ello es imprudente, pero cuando lamenta haber cambiado las pociones, Isolda le dice que fue el poder de las reglas del amor y el destino los que guiaron sus manos a hacerlo. Enviando a Brangania para que vigile, Isolda misma saca la antorcha y recibe a Tristán con entusiasmo. Ambos saludan a la oscuridad, la cual destierra la luz de la realidad diaria y las falsas apariencias. Fueron las fuerzas de la luz del día, exclama Isolda, las que han causado que Tristán se comportara convencionalmente y la trajera desde Irlanda; la poción, el poder del amor, los ha liberado de esa ilusión. Sintiéndose seguros en la veracidad de la noche, ellos dan la bienvenida al amor. La voz distante de Brangania les advierte que la noche pronto se atenuará y que el peligro será revelado, pero los amantes comparan su olvido con la muerte, la cual les otorgará la unión total. Su idilio debe finalizar violentamente cuando Kurwenal los interrumpe con una advertencia: el rey y sus seguidores han regresado, dirigidos por Melot, quien ha denunciado a los amantes. Conmovido y preocupado, Marke declara que fue el mismo Tristán quien le instó a que se casara y fue él quien eligió a la novia, y le pregunta cómo es posible que un caballero a quien él amaba tanto pudiera deshonrarle. Tristán dice que no puede responder, luego se vuelve hacia Isolda y le pregunta si lo seguirá al reino de la muerte. Ella acepta, y Melot se precipita hacia delante, desenvainando la espada. Herido, Tristán cae en brazos de Kurwenal.

Acto III

En Kareol, en el castillo que es el hogar de Tristán en Bretaña, el caballero yace gravemente herido, al cuidado de Kurwenal. Un pastor pregunta por su maestro y Kurwenal le responde tristemente que sólo la llegada de Isolda, con sus artes mágicas puede salvarlo. El pastor accede a cambiar la triste melodía que está tocando en su flauta tan pronto como vea acercarse un barco. Tristán pregunta donde se encuentra, luego, delirando dice que ha visitado el reino de la noche y que retornará allí. Él se aferra a la vida sólo para reencontrarse con Isolda y llevársela con él. Tristán agradece a Kurwenal su devoción, luego imagina que ve el barco de Isolda aproximándose. Pero el pastor aún toca la triste melodía: el mar está desierto. Tristán recuerda la melodía, que escuchaba cuando era niño en conexión con la muerte de sus padres la cual, después asoció con su propia aproximación a la muerte luego del duelo con Morold. El desea que la medicina de Isolda le hubiera dado paz en lugar de haberle hecho revivir el sufrimiento y los tormentos de sus añoranzas. Una vez más se desvanece, luego se reanima al imaginar la sonrisa de Isolda cercana. Finalmente, la melodía del pastor cambia por una alegre fanfarria, y Kurwenal ve el barco. Tristán despierta en una creciente agitación. Por una vez el bendice el día, debido a que iluminó el camino de Isolda hacia él. Imprudentemente arranca sus vendajes, dejando sangrar sus heridas para que ella pudiera curarlas “para siempre”. Al llegar Isolda a la habitación él cae muriendo en sus brazos. Isolda le pide que viva para que juntos puedan compartir una hora final de reunión, pero Tristán ya está muerto. El pastor avista otro barco, el cual piensa Kurwenal que trae a Marke y Melot, con sed de venganza. Aunque Brangania está con ellos, Kurwenal no la escucha y los ataca, matando a Melot y manteniendo a la criada de Marke acorralada hasta que él mismo cae, mortalmente herido. Marke, inundado de maldad, ve al muerto Tristán, mientras Brangania intenta despertar a Isolda, diciéndole que el rey ha venido para perdonar y unir a los amantes. Pero Isolda, inconsciente, tiene una visión en la que Tristán la llama desde el más allá. ¿Debe percibir esto e ir a encontrarse con él? Mientras Brangania intenta sostenerla, ella se hunde, transformada en muerte, sobre el cuerpo de Tristán.


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