Alicia de Larrocha, piano
A
lo largo de toda la era barroca casi todos los compositores escribieron
sonatas, practicamente para cualquier tipo de instrumentos, (flauta dulce o blockflöte,
flauta, oboe, clavicordio, violín, viola da gamba); entre otros autores,
Bach, Corelli, Geminiani, Haendel, Locatelli, Marcello, Tartini, Telemann,
Vivaldi y, sobre todo, Domenico Scarlatti, el compositor más consumado de este
género, con 550 sonatas para clavecín, que él tituló simplemente essercizi
(ejercicios).
En los años de transición al Clasicismo (obras de Domenico Scarlatti o del
Padre Soler), la sonata era una obra de estructura monotemática, binaria y
bipartita. Constaba de un único movimiento y, tras su exposición, el tema se
repetía, casi siempre más suavemente, siguiendo la costumbre barroca. Después
aparecía una sección contrastante protagonizada por el mismo tema, pero variado
en un desarrollo incipiente, según la fórmula:
A – A’– B – B’
Poco después Carl Philipp Emmanuel Bach dio entrada a un segundo tema que, en principio, no era más que una derivación del primero o principal. La tendencia a enriquecer no ya la sección expositiva, sino la de desarrollo, llevaría a Haydn y Mozart a plantear una forma bitemática en la que los sujetos no sólo no fueran variantes del mismo tronco, sino que, más bien al contrario, ofrecieran perfiles contrastados, de manera que pudieran prestarse al juego dialéctico, a la confrontación.