domingo, 27 de abril de 2008


Kiri Te Kanawa, soprano
Royal Opera House Covent Garden de Londres


“Otello” es la penúltima ópera de Giuseppe Verdi (1813-1901), compuesta a los 70 años de edad, absolutamente maduro y consagrado. La ópera que la antecede es “Aida”, estrenada en El Cairo en diciembre de 1871 y, seis semanas más tarde, en el Teatro alla Scala de Milán.

Tras esta grandiosa producción, el maestro Verdi decidió no volver a componer, pues consideraba que su tarea en la arena operística había llegado a su fin. Para toda petición o presión por una nueva ópera, viniera de donde viniera, Verdi tenía como única respuesta un rotundo no y la negativa a siquiera conversar sobre el tema. Sin embargo, de las gestiones de Giuglio Ricordi, su editor, surgió la posibilidad de que una nueva ópera verdiana subiera a los escenarios, basada en un drama de William Shakesapeare.

Verdi profesaba una veneración casi religiosa por el célebre dramaturgo inglés, y fue por este flanco por donde mostró una suerte de debilidad y abrió su ánimo para volver a componer. El tema de la nueva ópera sería el célebre “Otello” de Shakespeare.

Ricordi propuso el nombre de Arrigo Boito para encargarse del libreto y fueron sus excelentes esbozos los que acrecentaron la posibilidad de que el maestro Verdi se abocara nuevamente a una nueva obra para la lírica. A pesar de todo Verdi estaba reticente. Él era ya una celebridad mundial, quería descansar y estaba encargado de múltiples compromisos. Además, decía el compositor, ¿para qué una nueva ópera “Otello” si ya había otra, exitosa, escrita por Gioacchino Rossini en 1816?

Finalmente, en 1884, a los 71 años de edad, Giuseppe Verdi cedió y se embarcó en la composición de “Otello”. El proceso fue lento y llevado en un ambiente de absoluta reserva e incluso misterio. Cuando la partitura estuvo lista, vino un largo y arduo período de ensayos, tras el cual la ópera tuvo su estreno en La Scala de Milán el 5 de febrero de 1887, con un triunfo resonante. Ya habían transcurrido casi dieciséis años de la presentación de “Aida”, la expectación que el estreno de “Otello” despertó fue enorme, congregando esta primera representación una numerosísima y selecta audiencia, que no vaciló en vitorear varias veces al compositor durante el desarrollo mismo de la función.

Sin duda, este inmediato éxito se debió a que la obra era sustentada por un libreto de máxima excelencia y un tratamiento musical que mostraba a Verdi en la cima de su madurez estilística. El alto concepto dramático que envuelve la obra le concede unidad y la libera por completo de ciertos altibajos tan característicos de producciones anteriores. Con justa razón puede aplicarse a “Otello” la expresión de “drama musical” entendiéndose por tal una etapa superior en el desarrollo histórico del género operístico.

La orquestación muestra a Verdi en caminos completamente nuevos para él, que nunca había pensado en tanta diferenciación, en tantos colores sutiles y expresivos. El concepto de “aria” casi desaparece como elemento aislado. Donde se dan trozos a cargo de solistas, están ligados tanto anímica como musicalmente a los fragmentos lindantes.

La adaptación libretística del original shakespereano, efectuada por Arrigo Boito, no puede calificarse sino de magistral, ya que reduciendo los textos originales a menos de un tercio, logra esbozar con absoluta eficacia un drama, que la música potencia al máximo. En ese libreto se suprimen las escenas iniciales de Venecia del original teatral, y así, de los cinco actos de la pieza de Shakespeare, la ópera rescata sólo cuatro, desarrollándose ésta íntegramente en la isla de Chipre.

En su gran producción de óperas el maestro Verdi tuvo tres encuentros con la obra teatral de William Shakespeare. El primero fue “Macbeth”, cuyo estreno fue en 1847. Luego, 40 años más tarde, vendría este “Otello”. En 1893 el legado operístico verdiano llegaría a su fin con “Falstaff”, también inspirada en obras para el teatro de Shakespeare. Debe consignarse en este resumen que Giuseppe Verdi tuvo durante mucho tiempo la idea de convertir en ópera otra pieza de este dramaturgo inglés. Se trataba de “El rey Lear”, pero por una u otra razón ese proyecto nunca se concretó.

Publicado por jrtapia @ 18:00  | La Ópera
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