lunes, 28 de abril de 2008

Publicado por jrtapia @ 18:00


Astor Piazzolla y su Quinteto

La leyenda data de 1954 y cuenta que fue Nadia Boulanger -discípula de Ravel- la responsable de todo: "Este es el Piazzolla que me interesa. No lo abandone nunca", exclamó en París la maestra de Astor al escucharlo tocar Triunfal. Y finalmente Piazzolla se fue volcando por el tango.

Hasta ahí su carrera oscilaba entre su participación en la orquesta de Aníbal Troilo -de la que se fue a los 23 años acusado de hereje- y de la Sinfonía Buenos Aires. Iba de su propia agrupación tanguística, la orquesta del 46, de acompañar al Tano Fiore y de su amor por Bartók y Bach. Los dos mundos por igual le depararon polémica a un joven combativo Astor que empezaba a mostrar el filo de su poderoso lenguaje musical.

En una Buenos Aires moldeada por poetas, donde los anuncios de los shows de tango poblaban la doble página central de los diarios, las orquestas tenían hinchada, el rock aún no había explotado y Charly apenas gateaba; la presencia de Astor generó de entrada resquemores, envidia y admiración entre la comunidad tanguera.

Pero es en 1955 cuando explota todo su aprendizaje: las fugas, los contrapuntos, los elementos aprehendidos del universo clásico. Nutrido de un potencial que ya se plasma en los tangos, Astor forma el Octeto Buenos Aires. El seleccionado de músicos -en una experiencia similar a la jazzística norteamericana de Gerry Mulligan- escogidos por Astor termina por delinear arreglos atrevidos y timbres poco habituales para el tango: la guitarra eléctrica de Horacio Malvicino es toda una novedad.

Astor Pantaleón Piazzolla, nacido el 11 de marzo de 1921, con una infancia entre Mar del Plata y Nueva  York -más en la segunda ciudad que en la primera-, con la mística de su encuentro norteamericano con Carlos Gardel -participó en el film El día que me quieras-, con su ácido humor borgiano a flor de piel, obsesivamente estudioso, comenzó a revolucionar el tango. "Nos obligó a estudiar a todos de vuelta", sintetizó Osvaldo Pugliese.

"Tóquese un tango, maestro", le gritaban. ¿Y yo que toco, lambada?". En los años 80 ya las cosas habían bajado de tenor: la discusión se limitaba al humor y en todo caso a la indiferencia. Pero no pasó lo mismo en los años 60: Piazzolla debió salir a defender su música, avasallada por las fuertes críticas del ámbito del tango.

"Tuve que defenderme, pelear, discutir, pero también confieso que me divertí. Sin darse cuenta me ayudaron a forjar la fama de Astor Piazzolla", diría el músico años después. La controversia iba a propósito de si su música era tango o no, a tal punto que Astor tuvo que llamarla "música contemporánea de la ciudad de Buenos Aires". Lo más insólito es que mientras esta discusión acaparaba la atención, el tango perdía oyentes, bailarines y público a raudales y las orquestas debían achicarse o desaparecer.

Pero no era sólo eso: Astor provocaba a todos con su vestimenta informal, con su pose para tocar el bandoneón (actuaba de pie, frente a la tradición de ceñirse al fueye sentado, como Troilo). Sus declaraciones sonaban a reto. A comienzos de los años '60, Piazzolla aseguraba que Mariano Mores era una copia fiel de Francisco Canaro y cuando le preguntaban por la orquesta de Alfredo De Angelis, manifestaba: "¿No pueden estudiar y tocar algo mejor?".

Es que justamente Astor llegó adonde el tango no llegó. No sólo por su música: el público que captó el Quinteto estuvo integrado por universitarios, jóvenes y el sector intelectual, si bien estaba lejos de ser masivo. Ya tenía fama de duro y bravo, de peleador, estaba en pleno período creativo y se rodeó de los mejores músicos: Elvino Vardaro, Antonio Agri, Osvaldo Manzi, Kicho Díaz.

Excepto una solitaria vuelta al Octeto, la formación de la primera parte de los 60 fue, básicamente, el quinteto. De la mano de Adiós, Nonino, Decarísimo -dedicado a Julio De Caro, con quien había mutua admiración- y Muerte del ángel comenzó a elaborar un camino que tendría picos en su concierto del Philarmonic Hall de New York, su álbum con Jorge Luis Borges y Edmundo Rivero, el trabajo con Alfredo Alcón y Ernesto Sabato, la grabación con el Polaco Goyeneche.

Al filo de la década de los 60 protagonizó un dúo con Horacio Ferrer -prueba de ello son los temas Bicicleta blanca, Balada para mi muerte y Balada para un loco - más la cantante Amelita Baltar -incluso en el violento Primer Festival de la Canción de Buenos Aires-, pareja de Astor por aquellos años, a quien consideraba una gran voz.

Tiempo después daría otra prueba de su humor: "Como yo estaba en pleno metejón con Amelita Baltar no me daba cuenta de la voz que tenía. Dicen que el amor es ciego, y en este caso, también sordo".

"Tengo una ilusión: que mi obra se toque en el 2020 y en el 3000 también", decía el bandoneonista. A menos de dos décadas del 2020 su cita suena profética: la discusión sobre su música cambió radicalmente el eje. Hoy parece vetusta la cuestión sobre si su música es tango o no. La pregunta más frecuente quizá sea: ¿Cómo hacen las nuevas generaciones de tangueros para escapar  de la gigante sombra de Piazzolla?

"Copiar a Astor es tan malo como imitar a D´Arienzo", comenta el bandoneonista Néstor Marconi. En este aspecto suele haber coincidencia general: "Es muy notorio cuando un grupo recrea el sonido de Piazzolla. Queda muy expuesto. Y sobre todo queda muy feo. Ya se sabe: para copia, mejor el original", dice el músico Pascual Cholo Mamone.

Más allá de la enorme influencia del estilo de Piazzolla, un heterogéneo arco de cantantes y grupos se inclinan por sus obras. Las voces de Adriana Nano, Beatriz Suárez Paz, Viviana Vigil, Patricia Barone y Alcira Canda han grabado al menos una de sus canciones, principalmente del trabajo de Astor con Horacio Ferrer, de fines de los años 60. Los grupos Camerata Porteña, Siglo Treinta y Presencia Tanguera también se volcaron por sus piezas.

Pero los homenajes no se limitan sólo al ámbito del tango. Mientras Luis Alberto Spinetta lo menciona en el tema Ave seca de su último disco Los ojos y Los Fabulosos Cadillacs titularon Piazzolla un tema del álbum Fabulosos calavera, el universo de la música clásica le rinde un tributo aún más explicito.

En el disco Postangos, por ejemplo, el pianista Gerardo Gandini, tomó los pies rítmicos de las obras de Piazzolla y cubrió el resto con la improvisación musical. El renombrado chellista Yo Yo Ma le dedicó Soul of the tango y Gidon Kremer se alzó con un Grammy a través de su homenaje al bandoneonista. El vibrafonista Gary Burton -que tocó con el tanguero-, Emanuel Ax, los hermanos Assad y el Kronos Quartet no fueron más originales: también han grabado discos con sus piezas.

En realidad, la producción cultural sobre Piazzolla parece no tener fin: se esparce al cine, a través del trabajo documental Quereme así (piantao), con tramos ficcionales, de Eliseo Alvarez, y al teatro, con la obra Entre Borges y Piazzolla, con Pepe Soriano. En las disquerías porteñas sus placas ocupan un lugar de relevancia en el sector de tango mientras que en las principales casas europeas sus discos se debaten entre la batea del género World music y la de Música clásica.

Las discográficas tampoco se han quedado quietas. El sello Melopea sacó a la luz una grabación de Astor junto al Quinteto en el año 63 mientras que dos años atrás se dio a conocer el formidable registro de su presentación en el Teatro Colón en 1983.

También se forjó la Fundación Piazzolla, liderada por su viuda, Laura Escalada, que se ocupa de organizar actividades relacionadas con el compositor, mientras que el violinista Fernando Suárez Paz -integrante entre 1978 y 1988 de la segunda formación del quinteto- reeditó la formación piazzolliana más famosa: la del quinteto.




Comentarios

 

     

Ver perfil público del propietario del blog

Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid Para visionar los vídeos de este blog se necesita MACROMEDIA FLASH PLAYER (Se puede descargar en ENLACES)

     

     

Participantes

     


     

Buscador

     

     

Articulos Anteriores

     


     

     

     

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless