sábado, 03 de mayo de 2008

Publicado por jrtapia @ 18:00



Monserrat Caballé y Concha Velasco

Gioacchino Rossini tenía un gran sentido del humor y no le hacía ninguna gracia que los cantantes modificaran las partituras de sus óperas en beneficio de su propio lucimiento, osadía en la que, a principios del siglo XIX, las sopranos eran auténticas virtuosas.

Se desconoce con certeza si algo de lo segundo tuvo que ver en la composición de esta pequeña pieza para piano y dos voces femeninas, generalmente sopranos, pero lo cierto es que llamó poderosamente la atención que el gran Rossini hiciera cantar a dos gatos. La compuso el maestro en honor de un par de gatos que todas las mañanas venían a visitarlo a su ventana en su casa de Padua.

Quién les iba a decir a aquellos dos mininos que sus miau-requete-miau-miau iban a formar parte de la historia de la música. A saber… Seguro que una de aquellas mañanas el propio Rossini se lo dijo.


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