domingo, 04 de mayo de 2008


Pablo de Sarasate, violín (¡grabación excepcional de 1904!)

Pablo Sarasate fue un gran violinista que compuso, y no un compositor que tocaba el violín, pero también merece especial atención su obra creada.

Es el primer profesional del violín, el primer intérprete que, gracias a una excepcional técnica, origina tal cantidad de obras que se convertirá en el mayor proveedor de repertorio violinístico de los tiempos modernos, ajeno a su propia obra como compositor.

Compuso 54 obras publicadas y numeradas a partir de 1856, año en que realiza su primera composición: 66 en total, contando las seis no numeradas y las transcripciones realizadas sobre obra de Bach y Chopin. Muchas de ellas (ver Catálogo de Obras) recogían la inspiración de sus viajes y tomaban elementos del folclore de otras tierras o de la suya propia. Las más interpretadas en sus conciertos fueron la 9, 10, 23, 14, 17 y 18.

Compositor romántico, Sarasate gustaba de reflejar con su música aquellos aspectos exóticos de algunos de los países a los que viajó (Rusia, Inglaterra, Escocia&hellipGuiño y, especialmente, los de sus dos “patrias”: España y Francia.

No fue un músico nacionalista español al uso, sino un compositor de tintes románticos cosmopolitas, amante de crear pequeñas composiciones que supusieran un guiño a los lugares a los que viajaba constantemente.

Acostumbró también a realizar transcripciones de piezas clásicas o cortes de ópera para su violín, cubriéndolas de adornos y parafernalias virtuosísticas que le permitieran mostrar sus dotes técnicas de dominio del instrumento.

En esas transcripciones, la melodía mantenía su esencia y modificaba su envoltura hasta los límites que garantizaba el potencial virtuosístico del Sarasate transcriptor. Los arreglos armónicos son limitados y se basan en el juego de tónica y dominante, con escasas modulaciones y saltos tonales cercanos. Su estructura refleja una tendencia sistemática a las frases musicales pares y múltiplos de cuatro, con el máximo deseo de buscar un resultado fresco y evocador.

Sus composiciones están elaboradas con el fin de lucir la habilidad técnica, pero siempre bañadas en un ambiente artístico puro y elevado. En sus composiciones menores, para violín y piano, destacan aquellas que nacen como himno al alma de los pueblos y las razas.

Los arreglos para piano u orquesta se mueven entre los recursos más simples, con el único fin de asegurar el protagonismo del violín; un criterio, por otro lado, propio de un músico que, por encima de todo, fue intérprete excepcional de su propio instrumento.

Entre sus obras más populares figura la “Fantasía sobre Carmen” opus 25, “Aires Gitanos” opus 20, y una serie de piezas con fuerte inspiración folclórica española como la “Malagueña” nº 1 opus 21, “Habanera” nº 2 opus 21, “Romanza Andaluza” opus 22, “Zapateado” opus 23, o “Capricho Vasco” opus 24. Compuso, además, al menos, dos obras para su tierra natal: “Navarra”, dedicada a la Diputación Foral, y la “Jota de Pamplona”.

Le gustaban también las fantasías de óperas, variaciones… versionándolas para imprimirles un aire virtuosístico. No hay que olvidar que durante muchos años fue un intérprete de salón, que tocaba para una burguesía que entendía la música como un entretenimiento y exhibición, lejos del modelo alemán de repertorio de música de cámara más profunda. Las obras que compuso siguieron estos criterios y se crearon para el público al que iban dirigidas.

Si se tratara de hacer una clasificación de la obra de Sarasate, ésta podría distribuirse en fantasías y reminiscencias de ópera, piezas de salón de corte francés, fantasías y melodías basadas en piezas populares europeas, y composiciones basadas en el folclore hispano. Muchas de ellas fueron escritas para violín o para violín y piano, y adaptadas después a formas orquestales, sin que la esencia y el carácter de la obra variaran de una manera determinante.

Las versiones para acompañamiento de orquesta estaban elaboradas con corrección y de una forma simplificada, garantizando el acompañamiento armónico y rítmico al papel de su violín, siempre como verdadero protagonista en el escenario. Una constante en sus obras es el folclore español, destacando las jotas navarras y zortzikos vascos como punto de partida y como principal elemento rítmico y melódico.

Casi toda su obra se conserva hoy entre sus manuscritos. Sus composiciones incluían casi siempre dedicatoria, la de mayoría a sus múltiples amistades.

En sus conciertos no faltaban algunas de las composiciones escritas para él. Es importante referencia que hubiera concitado el interés para que muchos músicos compusieran para él. Fue, de hecho, un inspirador de compositores. Escribieron para él 14 obras creadas por un total de 8 autores (ver Catálogo de Obras). Le fueron dedicadas numerosas obras de importantes compositores contemporáneos, como la “Sinfonía Española” de Eduard Lalo, el “Concierto No. 3 para violín y orquesta” de Camille Saint-Saëns y muchas otras importantes joyas del repertorio para este instrumento.


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