Ópera Estatal de Viena
Carlos Kleiber, director
En 1875 las óperas se caracterizaban por enfatizar la música del pasado, más que la del presente. Las obras que se representaban en la Ópera de París eran consideradas como un entretenimiento grandioso y de estilo; si se representaba en el teatro conocido como L'Opéra-Comique, se trataban de algo de carácter más agradable y sentimental. Carmen fue de las primeras óperas que presentó una desviación de la tendencia romántica en el sentido de glorificar a héroes y heroínas. Si bien otras óperas seguirían sus pasos (en particular, las de compositores realistas italianos, como Mascagni y Leoncavallo, con algunos aportes de Puccini), la ópera de Bizet se erige junto con su mezcla consumada de color, melodía, humanidad, pasión y acción física, sin caer demasiado en el "estilo de moda" de entonces de adorar a príncipes de la antigüedad, doncellas virtuosas en apuros o personajes tomados más dela leyenda o de la imaginación que de la realidad. Sus personajes vienen de los estadios inferiores de la vida y, en el caso específico de Carmen, del lado despreciable de la vida.
La ópera tiene un final
trágico; y, aún así, sin el ennoblecimiento inherente a la tragedia; las
emociones expresadas no son de heroísmo, abnegación, búsqueda del destino ni
ninguna de las características que han de esperarse de obras tales como el
tratamiento de la leyenda Fausto de
Gounod, Aida de Verdi o un sinnúmero
de otras obras románticas. En su lugar, nos encontramos con varios individuos
en una situación real y podemos observar sus reacciones e involucrarnos
sentimentalmente en sus vidas sin moralizar ni hacer apoteosis por parte del
compositor.
Sin embargo, Carmen, a pesar de su
naturalismo, es una obra muy romántica. Palpita con evidente emoción, es un
torbellino de melodías vibrantes y costumbristas y recorre desde escenas de
color (la taberna de Lillas Pastia) hasta sitios impregnados de penumbra y
presagio (la Escena de las Cartas, de noche, en las montañas). Hay
oportunidades para observar el colorido vestuario, los exóticos sonidos instrumentales
(por ejemplo, las castañuelas en la escena de baile al principio del Acto II) y
espectaculares escenas corales. En otras palabras, la ópera de Bizet elige
temas que son la antítesis de la ópera romántica y, aún así, le otorga un modo
de expresión romántico.
Es curioso que el naturalismo en la literatura fuera aceptable, pero que el
mismo esfuerzo en ópera se considere reprobable; lo cual puede haber sido
debido a que el público de ópera tenía poco del interés intelectual de quienes deseaban
leer el material que se fabricaba en las imprentas en forma de cuentos, novelas
u obras de teatro.
Las primeras noticias de Carmen
tendieron a ser simples. A continuación, se ofrecen algunas escritas por
críticos totalmente convencidos de que la música para el teatro lírico debía
ser fino, claro y bien ordenado:
"La ópera de Bizet contiene algunos hermosos fragmentos; sin embargo, lo
extraño del tema lo llevó a lo grotesco e incoherente... Sería necesario volver
a escribir el libreto y eliminar sus vulgaridades y el realismo que no
corresponde a un trabajo lírico. Carmen
debería transformarse en una joven bohemia caprichosa, en lugar de ser la
ramera, y Don José, la criatura vil y odiosa que es en el libreto actual, en un
hombre poseído por el amor"
"Si fuera posible imaginar a su majestad Lucifer componiendo una ópera, Carmen
sería el tipo de trabajo que produciría. Después de escucharla, parece como si
hubiéramos asistido a algún rito profano, misteriosamente fascinante, aunque
doloroso... La heroína es una mujer abandonada, desprovista no sólo de todo
vestigio de moralidad, sino de los sentimientos comunes humanos -sin alma, sin
corazón y diabólica. De hecho, era tan repulsivo el tema de la ópera, que
algunos de los mejores artistas de París se negaron a participar en la
selección. En la introducción, se nos presenta un tema estruendoso y flagrante,
que comienza salvajemente, sin prefacio... Escasamente recuperados de nuestra
sorpresa cuando escuchamos una marcha jovial, que da lugar de manera igualmente
repentina a una frase andante curiosamente cromática, por no decir repugnante,
que irrumpe en un conflicto."
Londres, Music Trade Review,
15 de junio de 1872
"Melodía, según se entiende en general el vocablo, hay muy poca."
Boston, Gazette,
5 de enero de 1879
"El corazón de M. Bizet, hecho insensible por la escuela de la disonancia
y la experimentación, necesita volver a captar su virginidad. Carmen ni es
escénica ni dramática."
París, Le Siecle,
marzo de 1875
"M. Bizet pertenece a esa nueva secta cuya doctrina consiste en evaporar
una idea musical, en lugar de comprimirla dentro de contornos definidosÉ los
temas están fuera de moda, la melodía es obsoleta; las voces, ahogadas y dominadas
por la orquesta, no son más que su eco debilitado."
París, Moniteur Universal,
marzo de 1875
Las duras críticas a Carmen fueron el
resultado de varios factores. El empresario de la casa, Camille du Locle,
estaba mortalmente asustado de contrariar a su público y expresó abiertamente
su disgusto por la música antes de su estreno. La inmortalidad de la historia,
sin mencionar su conclusión sangrienta, fue considerada fuera de lugar en un
teatro tan respetable.
¿Y qué hay de la mujer fumando en el escenario? ¡Imposible! Incluso los
integrantes de la orquesta y el coro contribuyeron a los problemas asociados al
trabajo, pues mucha de la música de Bizet se consideraba no sólo excéntrica,
sino extremadamente difícil de interpretar.
Si bien la ópera fue presentada cuarenta y ocho veces durante su primer año
(treinta y siete de ellas en la primera temporada), no hizo demasiado para
reforzar las bajas recaudaciones en L'Opera-Comique. Después de su estreno, el
teatro nunca estuvo lleno; de hecho, Carmen
fue prácticamente retirada después de su cuarta o quinta representación y, casi
al final de su "corrida", el teatro regalaba entradas para estimular
la asistencia del público.
En octubre, siete meses después de su inauguración en París, se representó con gran éxito en la Ópera del
Estado de Viena; poco tiempo después alcanzaría su aceptación mundial.
Lamentablemente, el público de L'Opera-Comique tuvo que esperar hasta 1883 para
volver a escucharla.