viernes, 09 de mayo de 2008

Publicado por jrtapia @ 10:42



Orquesta Filarmónica de Viena

Pierre Boulez, director

Anton Bruckner (1824 - 1896) nació en Ansfelden, un pequeño pueblo en el norte de Austria. Devoto católico, sus estudios musicales se extendieron hasta la edad de cuarenta años, bajo la dirección de Simon Sechter y Otto Kitzler. Este último lo introdujo en el universo musical de Richard Wagner, autor que Bruckner estudió extensivamente desde 1863. Después de terminar sus estudios escribió su primera obra madura, la Misa en Re menor.

En 1868 aceptó el puesto de Profesor de Teoría de la Música en el Conservatorio de Viena, momento a partir del que concentró la mayor parte de su energía en escribir sinfonías. Sin embargo, sus obras fueron mal recibidas, consideradas "salvajes" y "absurdas". Bruckner aceptó más adelante, en 1875, una Cátedra de Teoría de la Música en la Universidad de Viena. Dentro del círculo de sus adeptos universitarios se encontraban Hugo Wolff y Gustav Mahler, entonces aún estudiantes.

La escena musical vienesa estaba polarizada entre los partidarios del estilo musical de Richard Wagner y los que preferían la música de Johannes Brahms. Al dedicar a Wagner su Tercera Sinfonía, Bruckner se ubicó sin saberlo en uno de los dos bandos. El crítico musical Eduard Hanslick, líder de la opinión culta, escogió a Bruckner como blanco de su ira antiwagneriana al calificar esta sinfonía como "si la Novena de Beethoven y La Walkyria de Wagner se mezclaran, y la primera acabara pisoteada por los cascos de los caballos de la segunda".

A pesar de todo, Bruckner tenía fervientes partidarios, entre los que se contaban famosos directores de orquesta como Arthur Nikisch y Franz Schalk, que intentaban constantemente acercar su música al público. Con este buen propósito propusieron al maestro gran cantidad de modificaciones a sus obras para hacer su música más aceptable. El carácter retraído de Bruckner hizo que consintiera en realizar algunos cambios, aunque se cercioró de conservar sus manuscritos originales, seguro de su validez. Éstos fueron posteriormente legados a la Biblioteca Nacional de Viena.

Otra prueba de la confianza de Bruckner en su capacidad artística es el hecho que él a menudo comenzaba el trabajo en una nueva sinfonía pocos días después de acabar la anterior. Además de sus sinfonías, Bruckner escribió misas, motetes, y otras obras corales sacras.

Aunque Bruckner era un organista renombrado en su tiempo, impresionando a la audiencia en Francia o en Inglaterra con sus improvisaciones, no compuso ninguna obra importante para este instrumento. Sus sesiones de improvisación le proporcionaron a veces ideas que desarrollaría posteriormente en sus sinfonías.

La vida del maestro se apagó en Viena el 11 de octubre de 1896. Sus restos reposan en la entrada de la Iglesia de San Florian, justo debajo del gran órgano.


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