Natalie Dessay, Ofelia (soprano)
Gran Teatro del Liceo (2003)
Harold Bloom dice que Hamlet es un personaje que sobrepasa a la obra que lo contiene. Vale decir, que es mucho más que sus circunstancias. Por eso es tan difícil interpretarlo y, más aún, ponerle música. Ambroise Thomas (1811-1896) se atrevió a ello, tal vez empujado por el éxito de su ópera anterior, "Mignon". Estrenado en París el 9 de marzo de 1868, su "Hamlet" cuenta con un libreto de Barbier y Carré que, hasta cierto punto, sigue con fidelidad la trama de la obra de Shakespeare, aunque la profundidad psicológica de aquella sea soslayada. Lamentablemente, Thomas también incluyó un descontextualizado ballet y cambió el final, con lo cual la trama pierde casi todo sentido: Hamlet no muere, sino que es coronado. Todo esto fue alterado para el estreno en Inglaterra, donde los conocedores habrían tenido razones incluso para incendiar el teatro.
“Hamlet” posee las características de la grand-opéra. Su estreno tuvo un éxito estrepitoso, y fue juzgada por sus contemporáneos como la más importante ópera francesa, después de los dramas de Halévy. En ella se observa un atento cuidado de la instrumentación, mayor que en otras óperas del compositor. El empleo del saxofón barítono en esta obra constituyó una novedad absoluta, siendo la primera vez que era empleado en la historia de la ópera. “Hamlet” puede considerarse el último ejemplo de grand-opéra. Después de “Mignon” es, tal vez, la mejor composición lírica de Thomas.
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