Gustavo Dudamel (Barquisimeto, Venezuela, 1981) se expresa con
las palabras igual que con la batuta: de forma electrizante. Se permite
cortar cabezas de los pedestales sinfónicos y equiparar en su discurso
a Marc Anthony con Mozart. Sabe que su criterio se escucha, pues pocos
batutas han logrado en las últimas décadas, con apenas 27 años,
convertirse en director titular de Gotemburgo y Los Ángeles, rendir a
la Filarmónica de Viena y, además, debutar en la dirección de ópera en
los fosos de Berlín y La Scala. Familia de Rattle y Abbado
Es el hijo más listo del Sistema de Orquestas Infantiles y
Juveniles de Venezuela, con el que José Antonio Abreu ha logrado que
más de doscientos mil niños y jóvenes dejen la calle para empuñar un
instrumento, y hoy debuta al frente de la Orquesta Nacional de España
(ONE) con el «Concierto para violín en Re mayor» de Beethoven y la
Quinta de Prokofiev. «El fenómeno de Venezuela es muy particular. Ir a
un concierto de música culta es como ir a uno de pop. Las entradas se
agotan al momento», asegura, consciente de que el modelo, además de
terapia social, es una buena fórmula para renovar la audiencia. «No
todos esos jóvenes llegarán a ser músicos profesionales, pero se
convertirán en público que sabrá lo que ocurre en el foso», dice. Se considera familia de mitos como Rattle, Barenboim y Abbado,
pero no duda en reconocer el envejecimiento de los que acuden a los
auditorios en Europa: «Las orquestas son las culpables de haberse
alejado del espectador joven. Han asumido que son intocables. Cuando la
única manera de salvar la música académica es que el público forme
parte de ella», expone. Como muestra, la triunfal gira europea que este
verano encabezó con la Orquesta Juvenil Simón Bolívar: «La música es
energía, y si tocar supone una rutina para el músico eso se nota»,
dice.
Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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