martes, 20 de mayo de 2008

Publicado por jrtapia @ 18:00



Orquesta Filarmónica de Berlín
Daniel Barenboim, piano y dirección

El 11 de febrero de 1785, Leopoldo Mozart llega a Viena y tiene ocasión de ver cómo vive un músico, su hijo, que, al contrario del Arlequín de Goldoni, no está al servicio de ningún amo. Precisamente en los meses de febrero y marzo estrenará Mozart dos conciertos de piano; los números 20 y 21 (K 466 y 467).
En el primero de ellos se percibe una agitación interior desconocida hasta entonces en sus conciertos, la que se encuentra en las últimas sinfonías y en los momentos más dramáticos de Don Giovanni, esa inquietud espiritual que hizo, como ha subrayado la crítica, que los románticos, incapaces de comprender el humor sublime del concierto en Fa mayor, escogieran éste, escrito en Re menor, como modelo de lo que ellos sabían muy bien apreciar,

El siguiente es conocido sobre todo por su movimiento lento, éxtasis que se prolonga en una larga melodía con la cuerda en sordina, enmarcado por una brillante marcha y por un final de carácter jocoso. El optimista Concierto para piano y orquesta número 21, en Do mayor, K 467, es uno de los conciertos más felices y positivos de cuantos compuso Mozart, aunque en su elegíaco y famosísimo andante central, utilizado frecuentemente en el cine y que Messiaen consideraba como uno «de los más hermosos fragmentos de la historia de la música», la obra cobra aires más dramáticos, que desaparecen en el animado y risueño allegro vivace assai que tan brillantemente cierra este concierto.

A Leopoldo le sorprende todo; el rondó del primero de los conciertos no se pudo ensayar porque no estaban copiadas las partes, pero está claro que los músicos no son los de Salzburgo. ¡Qué asombro para el criado del arzobispo! “Tu hermano -escribe a Nannerl- ha ganado 559 florines con sus sesiones académicas, más de lo que esperábamos, porque, al mismo tiempo, ha organizado seis conciertos de abono en los que hay inscritas más des 150 personas. Cada una paga un soberano por los seis conciertos, además también toca por cortesía en los conciertos organizados por otros. ¡Ojalá acabara todo esto! Es imposible enumerar las molestias e inquietudes que ocasiona. Desde que estoy aquí han sacado por lo menos doce veces de casa el piano de tu hermano para llevarlo al teatro o a otra casa.”

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