Ciclo Ibermúsica
Obras de Schubert y Debussy. Solista:Radu Lupu, piano. Auditorio Nacional, Madrid.
Lupu (Galati,1945) reaparecía en Madrid tras superar una
enfermedad, y lo ha hecho en belleza. La sutileza del ataque, la finura
de la dicción, la suavidad del acento, la fantasía del fraseo, el
delicado «sfumato», el manejo de las dinámicas, la consecución de una
sonoridad de una hermosura, tersura y transparencia raras han sido los
fundamentos de una espléndida actuación, en la que hizo un alarde de
elocuencia pianística. Es difícil encontrar un instrumentista que posea
en tal grado la técnica y el gusto de manejar con esa facilidad los
reguladores: a cada ataque, una dinámica; a cada nota, una pulsación de
grado diverso.
Sonido carnoso
Esas cualidades son idóneas para enfocar los «Preludios» de
Debussy, de los que ofreció el primer cuaderno. Hubo muchas cosas
dignas de mención, desde la absoluta libertad de los «tempi» y la total
y milagrosa pátina tímbrica, envolvente, difuminada, de perfiles suaves
y brumosos, hasta el temple de los enérgicos despliegues en «forte», en
una amplísima gama de intensidades. Nos captó la prodigiosa acentuación
de «Minstrels», la profundidad de «La cathedrale engloutie»? Un
acercamiento fundamentalmente abstracto a la partitura. El mismo tacto,
la misma magia empleó Lupu en su bis: «La puerta del vino» del segundo
cuaderno. En la primera parte habíamos quedado prendados de su carnoso
sonido en una recogida y morosa interpretación de la «Sonata D 850» de
Schubert, que dio ocasión a un canónico uso del «legato». La
concentrada intensidad de los dos primeros movimientos contrastó con la
amable elegancia de los dos segundos.
Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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