lunes, 26 de mayo de 2008

Arturo REVERTER
DIARIO LA RAZÓN


Ciclo Ibermúsica
Obras de Schubert y Debussy. Solista:Radu Lupu, piano. Auditorio Nacional, Madrid.

Lupu (Galati,1945) reaparecía en Madrid tras superar una enfermedad, y lo ha hecho en belleza. La sutileza del ataque, la finura de la dicción, la suavidad del acento, la fantasía del fraseo, el delicado «sfumato», el manejo de las dinámicas, la consecución de una sonoridad de una hermosura, tersura y transparencia raras han sido los fundamentos de una espléndida actuación, en la que hizo un alarde de elocuencia pianística. Es difícil encontrar un instrumentista que posea en tal grado la técnica y el gusto de manejar con esa facilidad los reguladores: a cada ataque, una dinámica; a cada nota, una pulsación de grado diverso.
Sonido carnoso
Esas cualidades son idóneas para enfocar los «Preludios» de Debussy, de los que ofreció el primer cuaderno. Hubo muchas cosas dignas de mención, desde la absoluta libertad de los «tempi» y la total y milagrosa pátina tímbrica, envolvente, difuminada, de perfiles suaves y brumosos, hasta el temple de los enérgicos despliegues en «forte», en una amplísima gama de intensidades. Nos captó la prodigiosa acentuación de «Minstrels», la profundidad de «La cathedrale engloutie»? Un acercamiento fundamentalmente abstracto a la partitura. El mismo tacto, la misma magia empleó Lupu en su bis: «La puerta del vino» del segundo cuaderno. En la primera parte habíamos quedado prendados de su carnoso sonido en una recogida y morosa interpretación de la «Sonata D 850» de Schubert, que dio ocasión a un canónico uso del «legato». La concentrada intensidad de los dos primeros movimientos contrastó con la amable elegancia de los dos segundos.

Publicado por jrtapia @ 9:00  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios