Orquesta Filarmónica de Berlín
Simon Rattle, director
Reconocido como un maestro de la orquestación y también por ser un meticuloso
artesano, Ravel cultivó la perfección formal sin dejar de ser al mismo tiempo
profundamente humano y expresivo. También sobresalió por revelar los juegos más
sutiles de la inteligencia y las efusiones más ocultas del corazón.
Es frecuente considerar la música
de Ravel vinculada al impresionismo, a pesar de que las obras de este
compositor son el fruto de una compleja herencia y están repletas de hallazgos
musicales que, en su momento, revolucionaron
la música para piano y para orquesta. Además,
la música de Ravel suele tener un audaz estilo neoclásico y, a veces, hasta rasgos
expresionistas.
En 1920 Maurice Ravel compuso su célebre "La valse", una de las obras
cumbres de su música orquestal. Se trata de un Poema Sinfónico encargado por
los Ballets Rusos de Serguei Diaghilev y estrenado en abril de ese mismo año en
presencia de Stravinski y de Poulenc. "La valse" está escrita «a la
manera de los valses vieneses» pero totalmente geometrizada por Ravel. «Sitúo
este vals en la corte imperial vienesa, hacia 1855», escribía a un amigo
Maurice Ravel. Pero "La valse", a pesar de los reflejos poliédricos
en mil espejos de este baile, en el que según el poeta Henri de Regnier «el
placer es siempre renovado en esta deliciosa ocupación inútil», tiene una
estructura congelada, una dureza neurótica no exenta del más delicado instinto
para la melodía.
¿Qué representa “La valse”, un homenaje al vals vienés muy a su estilo? ¿Una alegoría a la caída del Imperio austro-húngaro utilizando uno de sus símbolos musicales?... ¿O acaso una simple pieza que Ravel tomó de un género muy popular para mostrar sus grandes dotes técnicas?
Maurice Ravel pudo pretender cualquiera de estos objetivos. El hecho es que consiguió una de sus mejores obras con destino a los ballets de Diaghilev. Sin embargo el empresario llegó a decir: "Ravel es un gran compositor, pero esto no es un ballet, es la pintura de un ballet".
Tal vez por ello la partitura de “La valse” se ha hecho más conocida en las salas de concierto que en las representaciones coreográficas, incluso contra el título expreso de "Poema Coreográfico" que le puso finalmente el compositor.
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