La mítica soprano dramática Birgit Nilsson durante la grabación del
Anillo de Solti y la Filarmónica de Viena para Decca en 1965 (la
primera grabación en estéreo y al completo de la Tetralogía)
Decca había planeado desde hacía mucho tiempo realizar la primera
grabación en estudio de la Tetralogía de óperas que forman "El Anillo del Nibelungo" de Richard Wagner.
Era un proyecto enorme, con un gran aparataje que mover. No sólo se
requería un grupo de distinguidos cantantes, sino también una
orquesta de 125 músicos y un coro de 130 personas.
No se ahorró en nada para hacer realidad este ambicioso proyecto. Nuevos
instrumentos (Stierhorn: cuernos de toro), de los que casi nadie había
escuchado hablar, fueron solicitados (En Bayreuth y el resto del mundo
estos instrumentos bramadores han sido reemplazados por trombones). No
sólo el LP, sino también la técnica del estéreo había ganado
terreno, y con ello un surgimiento de todos los efectos de sonido
(inclusive aquellos que se podía pensar en crear), haría que la obra se
reprodujese de la forma más natural y cercana al original como fuese
posible. A menudo podría llegarse a la exageración, por ejemplo
con los lingotes de oro que los enanos llevan a escena y que más
tarde serán utilizados como rescate de la hermosa Freia en "El Oro del
Rin". El productor no podía pensar en otra cosa que el sonido de oro
auténtico, cuando los lingotes eran arrojados unos sobre el otro. Uno y
cada uno de los bancos en Viena fueron contactados para pedir prestados
algunos lingotes de oro, pero ninguno se sintió dispuesto a ayudar al
tintineo. A veces hay límites para la práctica de la música, incluso en
Viena.
Para el sonido de los martilleos de los enanos forjando el oro se
encargaron 18 yunques de diferentes tamaños, lo mismo que martillos
(los especificados en la partitura) de peso y tamaño variable. Un coro de 40 niños aportaría los gritos de los enanos. La forja del oro en el ritmo correcto, fue confiada a18 músicos de la Filarmónica. En una funciónde ópera, por lo general,
no se le dedica tanta atención a esta escena, dado que no ocurre a la
vista del público. Los directores prefieren dejar que
la música hable, sin entrometer cosas ajenas. En la grabación de Decca,
los 18 yunques tuvieron el protagonismo preciso como uno de los
momentos más importantes de "El Oro del Rin".. En su libro "Ring
Resounding", Culshaw, el ingeniero de sonido, escribe que la escena de los yunques y los truenos
artificiales (logrados con una plancha de metal de 6 metros de altura,
además de unos timbales solicitados, con base enorme) fue lo que en
mayor grado contribuyó a la venta de la grabación, lo que supuso un estándar internacional para la calidad de una grabación
estéreo. Si estos importantes efectos no podían ser representados de
una forma satisfactoria, el oyente estaría siempre obligado a disponer de una mejor
cadena de música para reproducir el sonido y obtener una satisfacción
total.
En Zürich se encontraba Mauritz Rosengarten, quien tenía
un interés financiero en Decca. Él era el responsable de aprobar todos
los asuntos económicos y permisos correspondientes al "Anillo". Si
no se había tratado mucho con Rosengarten, nunca se entendería como
se dejó convencer para financiar este ambicioso proyecto. La mayoría lo
sentía como un proyecto fantástico, pero dudaban de su poder de venta.
Rosengarten no tenía ni la menor idea de música y menos aún amaba la
música de Wagner. Además no sólo era económico, sino que podía llegar a ser muy
tacaño. Él acostumbraba utilizar el método del cansancio cuando alguien
quería tramitar su contrato, y se podía quedar días esperando (como el
gato al ratón) hasta que el afectado, exhausto, firmaba bajo cualquier
condición. Karajan acostumbraba decir de Rosengarten que si uno le daba
la mano, luego tenía que contarse los dedos.
Pero en lo más interior de su pecho debía haber un
corazón y no una caja registradora. ¿O tenía quizás un sexto sentido
que le hacía oler un buen negocio a grandes distancias? Contra todos
los temores, el "Anillo" se convirtió en un superventas.
Rosengarten se había encontrado con Georg Solti ya en 1946, en
Zürich, en donde Solti se costeaba la vida como pianista en un bar,
tras su huída de Hungría. Solti firmó un contrato con
Rosengarten y desde entonces fue artista exclusivo de Decca.
- Algo había en Solti que me convenció que tendría un gran futuro, dijo Rosengarten una vez en una entrevista.
La grabación del "Anillo" comenzó en 1958 con "El Oro del Rin". La
gran Kirsten Flagstad estaba finalizando su larga y glamurosa carrera.
"The Decca Boy's", como ella acostumbraba llamar al equipo, la
convencieron de participar en el "Anillo", y finalmente accedió cantar
Fricka en "El Oro del Rin".
Al mismo tiempo que la grabación se llevaba a cabo, yo me
encontraba en Viena para cantar en la Staatsoper. Yo no tenía ningún
papel en "El Oro del Rin". Un día, fuera del Hotel Imperial, me
encontré con mi gran ídolo. Ella me reconoció de inmediato y me decía
que había estado en la Staatsoper la noche anterior, en el "Don
Giovanni", y me felicitó por mi Donna Ana. Naturalmente me alegré mucho
y entonces mi lengua se soltó, para sí poder agradecerle, por lo menos,
aquella tan amable carta de 1955, tras una transmisión radiofónica de
"Tristan" desde Turín. A pesar de sus entonces 63 años, se le veía
sumamente fresca. Su piel era tersa y sonrosada como una rosa. Era
sencilla y sin complicaciones, exactamente como un piqué noruego. No
había necesidad de preguntarse porque ella era también el gran ídolo de
los "Decca Boy's".
Unos días más tarde me encontré con Set Svanholm, quién cantaba
Loge en la grabación del "Oro del Rin". También vivía en el Imperial y
acababa de llegar de un ensayo con Solti. Se le veía un tanto
desalentado porque, según lo que me dijo, él pensaba verdaderamente
conocer el papel de Loge a esas alturas. Resultaba ser que a lo largo
de los años se habían deslizado algunos errores de interpretación,
sobre los cuales Solti hizo comentarios de inmediato.
Era alentador el escuchar que Solti también podía encontrar errores
en un ex profesor y más tarde jefe de la Ópera Real de Estocolmo. Él, a
quien todos los cantantes consideraban como un fenómeno musical y sin
ningún rasgo de pedantería.
"La segunda grabación fue "Siegfried", cuatro años después. Culshaw
había (con la aprobación de Solti) contratado a un tenor con una voz
fantástica, pero que nunca antes había cantado a Siegfried. Entonces le
enviaron a los repetidores más hábiles, pero no hubo resultados.
Simplemente no se pudo aprender la enorme tarea.
El distinguido y disciplinado tenor wagneriano Wolfgang Windgassen
ya tenía una larga carrera a sus espaldas y no era una nueva sensación
en el mercado. Cuando él entonces recibió la oferta en el último
minuto, simplemente se tragó su orgullo y aceptó, dado que aún no había
grabado su Siegfried.
Cuando llegué a Viena, Windgassen y Solti ya estaban trabajando de
lleno con los ensayos. Windgassen tenía una voz muy hermosa, más lírica
que dramática, con un esbelto control de sus cuerdas vocales. Sin
problemas podía cantar Siegfried un día, para luego cantar Tamino en
"La Flauta Mágica" al día siguiente, algo verdaderamente único para un
tenor wagneriano. Debido a su ligera voz, con los años, había
desarrollado un sistema de ahorro de la voz casi imperceptible. Era de
la siguiente manera: los tonos altos y largos los acortaba haciendo
descansar la pronunciación de las consonantes anteriores y posteriores
a la vocal, lo máximo posible. Esto producía que la vocal cantada fuese
significativamente más corta, obteniendo con ello menos esfuerzo, lo
cual a la vez se convirtió en una ventaja para la pronunciación del
texto alemán. Si la nota larga tenía una sola vocal, esta era acortada
y reemplazada por una pausa. Si uno no tenía las notas delante, no se
notaba este truco, pero con el maestro Solti no funcionó. Nunca había
visto a Windgassen tan rojo y sudoroso durante un ensayo. Su sistema
ahorrativo se había convertido en parte de él y era casi imposible
cantar los valores correctos de las notas. Fue como aprender un nuevo
papel, pero Solti no se dio por vencido hasta que todo fue correcto. ¡Y
nunca antes había se había escuchado a Windgassen tan grandioso!
Según el manuscrito original de Wagner, Siegfried entra acompañado
de un oso en el primer acto, pero este animal no acostumbra a mostrarse
en escena muchas veces. Desde los tiempos de Wagner, más de alguna vez
este oso ha tenido que estar hibernando, pero no sería así para la
grabación de Decca. El oso sería audible, y sus gruñidos serían
inmortalizados en el disco.
Pero, ¿cómo hacer gruñir a un oso, ordenándoselo? Después de
minuciosos estudios en el zoológico de Londres, alguien tuvo la genial
idea de encerrar a una osa y un oso, cada uno en una jaula, lo más
cerca posible el uno de la otra. Si uno le daba miel sólo a la hembra,
el macho comenzaría a bramar desesperadamente para recibir también la
miel. Todo ocurrió como había sido previsto y los "Decca Boy's", muy
satisfechos viajaron de vuelta a Viena con auténticos gruñidos de oso
en la maleta. Por desgracia fue demasiado bueno. Al escuchar la
grabación a Solti casi le da un patatús. Los gruñidos del oso ahogaban
a toda la orquesta. Allí hubo entonces que marcar el límite para los
experimentos musicales, y el oso se fue a hibernar.
Lo que nunca he dejado de preguntarme es cuales habrán sido los
gruñidos más poderosos ¿los de oso o los de Rosengarten cuando recibió
la cuenta por los gastos del oso?
Un jornada de grabación acostumbraba durar 3 horas, con 20 minutos de pausa
Antes de la pausa, Solti prefería ensayar sólo con la orquesta. A
veces no estaba satisfecho y continuaba con los ensayos también después
de la pausa. Así ocurrió también con la última escena de "Siegfried".
Si la grabación no era aprobada, perderíamos 3 horas de trabajo. Me
comencé a poner nerviosa, porque teníamos que alcanzar con, por lo
menos, dos tomas. El tiempo corría y ahora sólo quedaba tiempo
suficiente para hacer una sola toma. ¡Pensad si toda la jornada se
perdía! Se sentía tan horrible como si fuese a mí a quien le cobrarían
el tiempo perdido. Pero, por fin: "¡Se graba!"
Estábamos tensos como plumas de acero y lanzábamos las notas.
Windgassen estuvo fantástico y Solti ardía y compartía su fuego. Y,
escuchad y sorprendeos, toda la escena final de Siegfried salió
perfecta de principio a fin, sin cortes o nuevas tomas. ¡Qué intensidad
recibió la escena!
- Einmalig! (¡Extraordinario!) Gritó Solti al finalizar. Y de pasó le habíamos ahorrado un montón de dinero a Rosengarten.
En 1964 se grabaría "El Crepúsculo de los Dioses" - la más larga,
difícil y pesada de las óperas que componen el "Anillo". Una nueva mesa
de control se había construido en Viena, bajo la supervisión de Decca.
Esta mesa llegó a costar tanto como la mismísima grabación de "El
Crepúsculo de los Dioses". Ante la primera confrontación con este
"monstruo", me creí transportada a la central espacial de Cape Kennedy.
La mesa de control tenía todas las finezas pensables: efectos
interesantes podían obtenerse de inmediato, casi como por arte de
magia. Se me aseguró que todo se me podía hacer posible. Pero cuando
llegó la hora de cantar para la grabación, el viejo método de dar tres
pasos hacia atrás para cantar los tonos altos fue necesario. Esto
demostraba que la más moderna de las técnicas tenía también sus
limitaciones.
Solti y la Filarmónica de Viena se habían comenzado a entender
mejor. La Filarmónica tocaba como sólo ellos pueden, con su tradición
con Gustav Mahler, Richard Strauss, Furtwängler y Knappertsbusch. Los
más de 100 músicos se convirtieron en un solo instrumento. Un suspiro
de un diminuendo o la progresión de un crescendo se les hacía tan
natural como respirar. El uno sabía instintivamente lo que el otro
hacía y hacían música juntos, con ese tono rico y enfocado que es tan
especial para esta orquesta.
El reparto de "El Crepúsculo de los Dioses" era de lujo. Christa
Ludwig como Waltraute. Ésta fenomenal artista tenía la habilidad de
hacer vibrar cada papel por medio de una encarnación penetrante y su
maravillosa voz. Gottlob Frick como Hagen, con una voz de bajo negra
como la noche, cuyo igual nunca más he experimentado. Wolfgang
Windgassen era nuevamente un fantástico Siegfried. Los hermanos Gunther
y Gutrune tenían el lujo de contar con Dieter Fischer-Dieskau y Claire
Watson... Y finalmente, pero no por ello menos importante, Gustav
Neidlinger como Alberich. Él sobrepasaba a todos aquellos que he
escuchado en ese papel. Los demás papeles también tenían sus estrellas.
George Solti y John Culshaw le habían tomado la palabra, literalmente,
a Wagner: "... en mis óperas todos los papeles son protagonistas."
El primer acto de "El Crepúsculo de los Dioses" se grabó durante la
primavera, mientras que el segundo y tercero durante el otoño. Se había
decidido también grabar un documental para la BBC, producido por
Humprey Burton. Esto valía para los dos últimos actos. No fue fácil el
evitar todos esos cables, que se enroscaban igual que serpientes, no
importando donde uno estaba o iba. Al mismo tiempo había que mantener
la concentración en el director de orquesta, sin perderlo de vista.
Pero las cámaras exigían también atención y había que mirarlas de vez
en cuando.
A veces podía ocurrir que los "Decca Boy's" me sorprendían con
alguna broma, como por ejemplo durante la última jornada de grabación
de "Salome". Justo cuando había cantado el último tono (cuando Salome
ha besado la cabeza decapitada de Juan Bautista), apareció ante mis
ojos una gran cabeza en un plato. Casi caigo desplomada del susto. La
"sangrienta y asquerosa" cabeza, cubierta con mazapán verde resultó ser
un espléndido pastel, el cual luego fue devorado con mucho gusto por la
orquesta, solistas y el equipo de grabación, como si fuésemos
hambrientos caníbales.
Cuando la grabación de "El Crepúsculo de los Dioses" se acercaba a
su fin, no se me vino a la cabeza que me pudieran hacer una nueva
broma, dada la presencia de la televisión y todo eso. Pero aún así me
sorprendieron una vez más. Cuando luego de una larga y agotadora
grabación por fin llegamos a la escena final, el clímax operístico
final, teníamos el aliciente de cumplir con la hazaña. Cuando yo, con
gran entrega, le cantaba a Grane (mi fiel corcel que me llevaría a las
ardientes llamas que luego consumirían el Walhalla) hizo su entrada un
caballo lleno de vida, ¡caminando tranquilamente por el escenario! No
se dejó impresionar ni por los fortissimo míos ni los de la orquesta,
ni tampoco por el derrumbamiento del Walhalla*.
El caballo consideró que la situación estaba completamente en su orden y él (el caballo) era seguramente wagneriano.
Como último número en la grabación del ciclo del "Anillo" para
Decca llegó "La Valquiria" en 1965. la razón para que "Siegfried" y "El
Crepúsculo de los Dioses" se grabasen antes que "La Valquiria" se debía
a que en la compañía estadounidense RCA, que trabajaba muy ligada a
Decca, ya había grabado en 1962 la ópera, conmigo como Brünnhilde.
Desde el punto de vista mercantil era más apropiado esperar con "La
Valquiria" de Decca.
El director de la grabación de RCA fue Erich Leinsdorf. Jon Vickers
cantó un magnífico Siegmund, Gré Brouwnstijn fue Sieglinde; George
London, estupendo actor y magnífico cantante, cantó Wotan; Rita Gorr
fue Fricka y David Ward encarnó a Hunding. Fue en verdad una eminente
grabación.
Recuerdo un episodio relacionado con esta grabación. Cuando llegué
a Londres y me encontré que Rita Gorr cantaría a Fricka en lugar de
Grace Hoffman (que ya había sido contratada), me sorprendí y telefonee
a Grace, quien se encontraba en Stuttgart. Grace y yo habíamos cantado
juntas en muchas funciones y nos conocíamos muy bien. Le pregunté si
estaba enferma. No, Grace se sentía estupendamente, y mientras tanto
estaba esperando el aviso de cuando debería estar en Londres para la
grabación. Cuando le conté que Rita Gorr se encontraba cantando su
papel en la grabación, se quedó estupefacta. De inmediato llamó a su
agente, el confiable Alfred Dietz. Él ya conocía toda la historia, sin
habérsela comunicado a Grace, y le aconsejó el no alborotar el asunto,
en favor de eventuales contratos por venir. El señor Dietz representaba
también a Gorr, así que de ninguna manera perdía en el asunto. Cuando
le pregunté al productor, éste me respondió que Hoffman no era
deseable. Cuando le pregunté sobre cómo Hoffman sería compensada por
esta clara infracción de contrato; él, simplemente, se encogió de
hombros.
Entonces me decidí por irme a la huelga y conseguí a George London
de mi parte; y nos negamos a cantar hasta recibir confirmación de que
Grace por lo menos obtendría su retribución estipulada en el contrato.
Hubo un gran revuelo en el campo, dado que cada hora de grabación
suspendida costaba mucho dinero, así que los señores de RCA en Nueva
York fueron involucrados inmediatamente. Prometieron que Hoffman podría
hacer otra grabación, pero no querían pagar absolutamente nada de
dinero. Les aconseje entonces dormir sobre el asunto, dado que George
London y yo teniamos mucho tiempo y podíamos esperar. Eso apretó algún
tornillo, porque llegó entonces un telegrama que decía que Grace
Hoffman recibiría su dinero. George London y yo nos sentimos como
auténticos vencedores.
Esto no quiere decir que tuviéramos algo en contra de Rita Gorr. Al
contrario, ella era una estrella completamente radiante y una colega
encantadora, lo mismo que también Grace Hoffman. Había sido el infame
método de RCA de ignorar un contrato contra lo que habíamos
reaccionado. En tales casos, los artistas debemos mantenernos firmes,
ya que también las grandes empresas y sus hombretones tienen por lo
general un talón de Aquiles.
Luego saldría a la luz que el responsable había sido el director,
el señor Leinsdorf, quien rechazaba a Hoffman. En alguna ocasión
anterior, durante una grabación, ella le había pedido que fuese más
claro en su dirección, lo cual se había perforado en la memoria del
maestro como una espina. Apenas Grace había recibido su dinero de RCA,
y el agente, Dietz, ¡¡¡ya le estaba exigiendo su comisión!!!
El reparto de "La Valquiria" de Decca tampoco se quedó atrás: James
King y Regine Crespin como la pareja de Welsungos, el fantástico
Gottlob Frick como Hunding. Hans Hotter ya era legendario como Wotan y
Christa Ludwig cantaba Fricka. Ella tenía una hermosa e increíble voz
de mezzo, con la cual soñaba en poder utilizar alguna vez en papeles de
soprano dramática. Me confío una vez que daría años de su vida por
poder cantar algunos de mis papeles: Isolde, Brünnhilde o Elektra.
Christa Ludwig tenía un buen amigo, el doctor Kürsten en Viena,
quien era un eminente especialista de la laringe, y ella le pidió
entonces que comparase nuestras cuerdas vocales. Opiné que sería
interesante y acepté la prueba. Él opinaba que nuestras cuerdas vocales
eran tan diferentes como la noche del día. Mientras mis cuerdas vocales
eran adecuadas para las frases largas y sostenidas, las de ella eran
ideales para tonos más flexibles, con coloratura. En otras palabras: si
yo intentaba cantar coloraturas, sacaría la voz de posición, y
probablemente llegaría a una "muerte vocal" temprana por el desgaste.
Mientras que si Ludwig atacaba las frases sostenidas y pesadas (típicas
del repertorio con el que soñaba) caería de lleno en el desgaste de su
voz. No por eso Christa Ludwig se aventuró un par de veces en el
registro de soprano, pero la experiencia le trajo el recuerdo de la
advertencia del doctor Kürsten, con respecto a mantenerse en el
registro de mezzosoprano.
Durante la grabación de "La Valquiria", recuerdo especialmente
cuando llegué al momento más maravilloso de Brünnhilde, en el tercer
acto: "Der diese Liebe mir ins Herz gelegt." Esta frase se ha de
cantar, en verdad, bel canto y la voz debe flotar sobre la orquesta
como una pluma lo hace en el agua. Naturalmente, Solti era consciente
de esto y me quería inspirar, además, con un gesto extra exigente.
Cuando me doy cuenta que alguien se espera más de lo que yo realmente
creo poder dar, se me anuda la garganta de inmediato. Y eso fue justo
lo que ocurrió: la voz se tensó, obteniendo un horrible vibrato.
Tomamos la misma frase una y otra vez, pero sin resultados. Al final me
armé de valor, y le pedí a Solti que no me mirase mientras yo cantaba.
Fue comprensivo, y se volteó entonces, con su exhortante gesto, hacia
los primeros violines. Y yo conseguí llevar a cabo la proeza.
Cuando leo los repartos de las diferentes partes de la grabación
del "Anillo", me encuentro con no menos de siete cantantes que tarde o
temprano han encarnado el papel de Brünnhilde: Kirsten Flagstad, Anita
Wälki, Berit Lindholm, Gwyneth Jones, Helga Dernesch, Regine Crespin y
yo misma.
Aunque a veces nuestras opiniones a veces fuesen totalmente
distintas, tuve un bonito trabajo en conjunto con el equipo Decca, que
además del ingeniero Gordon Parry y el productor John Culshaw,
consistía en James Brown, Eric Smith y Christopher Raeburn. Eran
agradables hombres jóvenes, hábiles y muy serviciales.
Después de un duro día de trabajo en el estudio podía ocurrir que
algunos cantantes, con Solti a la cabeza, nos instalábamos en el piso
de los "Decca Boy's", que quedaba en el mismo edificio que la
Sofiensaal, en donde se llevaban a cabo las grabaciones. Si había sido
un buen día de grabación, fluía la champaña. El ambiente se volvía
relajado y alguna historia agradable o chiste seguía a otro. Erik Smith
(un hombre muy simpático, hijo del conocido director Hans
Schmidt-Isserstedt) terminaría siendo luego productor de alguna de mis
futuras grabaciones. Con Christopher Raeburn como productor hice entre
otras cosas "Tosca", un disco de arias italianas y romances nórdicos
con la dirección de Bertil Bokstedt (por lo demás uno de mis discos
favoritos). Cuando, hace unos años, Raeburn cumplió 60 años, Decca me
invitó como invitada sorpresa para felicitarle, y naturalmente se
sorprendió, e incluso se emocionó un tanto. Es justo para ocasiones
como ésta cuando el compañerismo que nace durante una grabación deja
recuerdos para toda la vida.
Pero a pesar de buenos colegas y buen trabajo en conjunto no puedo
asegurar que yo sólo me alegraba con los discos grabados. Tengo que
coincidir con lo que los amantes de la música y los críticos decían:
"... el balance entre la orquesta y los cantantes era de gran
desventaja para los cantantes."
Podíamos ser ahogados por la enorme ola de la orquesta, y esto no
sólo en lugares determinados. La orquesta era constantemente demasiado
fuerte. Naturalmente se escuchaba cada uno de los instrumentos y cada
efecto manipulado, pero ocurría a costa de los cantantes. Parece que
casi habían aceptado la imprecación de Richard Strauss al pie de la
letra, cuando en un ensayo de la orquesta para su ópera "Elektra",
gritó sobre la estrenduosa orquesta:
- ¡Tocad más alto, aún puedo escuchar a los cantantes!
Con la fuerte orquesta y período de efectos del equipo Decca se
grabó también "Salome". En la parte trasera del estuche el productor
John Culshaw, escribe más o menos lo siguiente:
-... Nunca antes durante una función alguien ha podido escuchar el
triángulo. Aquí, por primera vez podrá escuchar este instrumento.
No tengo nada en contra de que el público disfrute del pequeño
instrumento de percusión, pero igual me pregunto si la voz de Salome no
es por lo menos igual de importante. Siempre es agradable escuchar
halagos por la interpretación que se realiza, pero no era muy agradable
escuchar que una no sonaba tan bien en el disco como en la realidad...
O aún peor: que la voz era mejor tratada, siendo mejor enfocada en
situaciones más sencillas de grabaciones piratas.
Tuve más de alguna confrontación con John Culshaw y el ingeniero de
sonido Gordon Parry. El señor Parry me explicaba con una quizás no muy
acertada analogía de que habían más de cien primadonnas en la orquesta,
que también querían ser escuchadas. Por eso yo indicaba, lo más
discretamente que podía, que si cada una de estas primadonnas en la
orquesta era tan importante, ¿por qué entonces la dirección de Decca
había puesto como ultimatum (y además hecho público) que "... un
"Anillo" sin Nilsson era inimaginable"?
Es posible que los "Boy's" fuesen tan asiduos en su entusiasmo en
poder obtener los efectos sonoros no experimentados hasta entonces
(tanto con como sin orquesta), que durante el trabajo se olvidaron que
la ópera es canto con acompañamiento musical.
Más adelante, al traspasar las grabaciones a CD, el balance fue
cambiado en los discos grabados durante el período experimental del
equipo Decca. La ópera, a pesar de sus cien primadonnas, volvío a sus
origenes: canto con acompañamiento musical. Me alegré mucho cuando
escuché el resultado, incluso aunque hayan tenido que pasar 25 años
antes que el tiempo me diese la razón.
Aún así, mirando hacia atrás, fue de todas maneras toda una
experiencia el haber estado durante este período crucial de
experimentación, cuando la técnica de grabación buscaba nuevos caminos.
Estas grabaciones son ahora únicas en su género y teniendo también un
valor musical y documental. Ningún sello discográfico se puede hoy dar
el lujo de costearse tales extravagancias que Decca en su tiempo se
permitió, durante los 7 años de grabación en Viena.
NOTA:
(*)Quienes posean el documental "The Golden Ring" (que es al que se
refiere Nilsson) tendrán el "lujo" de ver esta broma, dado que está
grabada en el documental... Y vaya cara de sorpresa tiene Nilsson
cantandole a su tan particular Grane, mostrando un muy buen sentido del
humor. El documental está actualmente en DVD (N. del trad.)
FUENTE:
LA NILSSON, de Birgit Nilsson
capítulo "Grammofoninspelningar" (Grabaciones discográficas),
páginas 316-341 (páginas traducidas: 325-337) Editado por Fischer &
Co (Estocolmo, Suecia) en 1995 ISBN 91 7054 876 5. Traducción de
Claudio Briones
Todo lo relacionado con la música en la Universidad Politécnica de Madrid
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