Leo Nucci en "I vespri siciliani"
Ópera en Viena
Debut de Gómez-Martínez en Vísperas sicilianas
"Vísperas sicilianas" de Verdi. Nucci, K. Ikaia-Purdy, P.Burchladze,
S.Radvanovsky, etc. H.Wernicke, dirección escéna original.
M.Gómez-Martínez, dirección musical. Opera de Viena, 31 de mayo.
En el próximo fin de semana se ofrecen en Viena tres títulos con
importantísimos repartos: "Forza del destino" -Licitra,Alvarez, Stemme y Mehta-, "Capriccio" -Fleming, Jordan- y "Vísperas
sicilianas", aquí comentada.
Gómez-Martínez es persona muy apreciada en Viena, sobre todo por los
músicos de la Filarmónica, pero también por fans que le obligan a
sentarse en la mesa de firmas al acabar la representación para que
estampe la suya en libretos y carátulas de discos. Hace seis meses
dirigió "Manon Lescaut" y próximamente volverá con la de Massenet.
Nadie lo sabía, pero era su debú en la obra verdiana. No sorprende que
no lo supieran los cantantes, ni Renée Fleming que fue a saludarle al
final de la representación para alabar su seguridad, pero sí que
Hollander, el hasta ahora intendente del teatro, también lo ignorara.
Ya se sabe cómo funcionan los teatros de repertorio, con apenas tres
ensayos para las reposiciones, pero en ellos Gómez-Martínez logró
perfilar una lectura coherente y viva de la que no está entre las
mejores partituras verdianas, con especial atención a las voces, a las
que dejó respirar y jamás apagó. Supo también conjugar los momentos más
líricos con aquellos dramáticos llevando muy bien las transiciones.
Afortunadamente se cortaron pasajes como el ballet, entre otras razones
porque en el escenario no había donde bailar, ya que una enorme
escalera ocupaba toda su anchura y toda su profundidad. Un vestuario
pobretón y poco inspirado completaba una muy débil producción de
Wernicke.
Dos figuras sobresalieron claramente en el reparto. De un lado un Leo
Nucci por cuya voz no pasa el tiempo. Canta como decía Kraus que había
que cantar, con el interés y nunca con el capital. Está por encima de
todo y canta sus papeles sin implicarse emocionalmente -así le dura la
voz, sin vibrato alguno- pero da gusto escuchar a un barítono de
verdad. Fue muy ovacionado en su aria "In braccio alle dovizie". De
otro la soprano Sondra Radvanovsky, una de las voces de lírico-spinta
más importantes y con mayor personalidad e interés de la joven
generación. Un nombre a tener muy en cuenta. También fue ovacionadísima
en el "Arrigo, parli a un core" y no tanto en el célebre "Bolero", en
cuya nota final arriesgó y perdió. A Paata Burchuladze sí le van
pesando los años. La voz continúa imponente, pero el vibrato es muy
ostensible y las faltas de medida también. El tenor Keith Ikaia-Purdy
defendió con valentía y una voz de fácil agudo pero escasa belleza, una
parte tan difícil como ingrata. Lo mejor de la ópera quizá se dio en el
primer duodécima entre barítono y tenor. El público, que llenaba la
sala, salió entusiasmado con una obra de las más largas de su autor.
Gonzalo Alonso