Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia
Semyon Bychkov, director
La figura de Brahms puede
perfectamente presentarse como un agente unificador de las tendencias musicales
de su época, más que como un compositor a contracorriente. Su música no sólo es
un homenaje a los clásicos, sino que es la afirmación de una filosofía
historicista que mantuvo el balance en un tiempo donde la idea del hombre
moderno se estaba sobrecargando.
El hecho de que tanto en el siglo XX como en el presente se haya glorificado la
música de Brahms no es algo caprichoso. La realidad sociopolítica que ha vivido
el mundo en estos tiempos ha fomentado una expresión musical tangible; aun
cuando han existido fuertes tendencias de círculos modernistas que intentaron
establecer la regla de la no-regla, como el dadaísmo.
Brahms defendió los más altos
patrones de entendimiento musical y nuestra época ha cultivado también esa
tendencia. El compositor de Hamburgo dejó viva la idea de que ante el caos
probablemente sea mejor trazar líneas de orden y disciplina. Por otro lado no
es menester despreciar otras tendencias que se han dado históricamente; la
genialidad de los compositores modernistas no se debe cuestionar totalmente,
pues ello es una reacción, como lo es el historicismo. Lo importante es ir más
allá de los ismos y analizar la
capacidad creativa y evolutiva de los distintos movimientos históricos para así
comprender mejor la dirección de la expresión humanística.
La importancia de Brahms como portador de un intelectualismo casi radical es
mantener un grado de conciencia en lo que al análisis crítico se refiere. Su
música es el ejemplo vivo de esa filosofía. Antes de la archifamosa Sinfonía nº
1 en Do menor, ya Brahms era un maestro de la música de cámara; además de la
música coral y las canciones de arte. Aún así es tan genial su desarrollo de la
técnica sinfónica que en el siglo XX sus sinfonías, conciertos y oberturas son
los que lo han llevado a ser calificado como la tercera B (Bach, Beethoven,
Brahms).
Su tiempo era el de la crisis del romanticismo musical. Agotadas las grandes
figuras, sólo Wagner se mantenía. Brahms es, con su obra, el representante de
la música pura continuando las grandes tradiciones de los clásicos y cierra así
dos siglos de evolución musical, y es el sólido continuador y de alta calidad
de las tradiciones de Haydn, Mozart y Beethoven.
Así nos presenta Robert Schumann a Brahms: «Siempre he sabido que un día
aparecería un artista que estará llamado a ser la encarnación ideal del genio
de su tiempo y cuyo arte no resultaría de un desarrollo gradual, sino que se
manifestaría de golpe en toda su perfección, a semejanza de Minerva surgiendo
completamente armada de la cabeza de Cronos. Pues bien, ya ha llegado, una
sangre joven junto a cuya cuna montan guardia las Gracias y los Héroes. Se
llama Johannes Brahms, vino de Hamburgo, donde realizó una obra creadora,
ignorada de todos, en una profunda soledad. Todo en él, incluso su físico,
anunciaba a un elegido El día en que dirija con su varita mágica las masas
corales y orquestales que le comunicarán su poder, los misterios del mundo
invisible nos serán desvelados en maravillosas visiones...».
La Tercera Sinfonía es su obra maestra de 1883, dos años después de terminar la
Segunda, y supone el alejamiento de la influencia beethoveniana que se percibe
claramente desde el inicio de la expresión triunfal del allegro, dirigiéndose hacia un final, en el último allegro, majestuoso, en un acorde
pianísimo en Fa mayor.
La Tercera Sinfonía de Brahms está basada probablemente en esbozos de años
anteriores. Uno de sus motivos principales está relacionado con la
transposición musical de las iniciales de una frase muy suya: "Frei aber
froh" (libre pero feliz, FAF, es decir: Fa-La-Fa, aunque realmente la
segunda nota es La bemol).
Fue estrenada el 2 de diciembre de 1883 por la Orquesta Filarmónica de Viena,
bajo la dirección de Hans Richter, que la consideró como la Eroica de
Brahms (aludiendo a la Tercera Sinfonía de Beethoven).
El famoso tema del tercer movimiento, Poco
Allegretto, forma parte de la banda sonora de la película "Aimez vous
Brahms?" de Anatole Lidvak. También ha sido empleado en el documental de
la BBC "The Century of the Self" de Adam Curtis, y en la canción
"Baby alone in Babylone" de Serge Gainsbourg.
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