Herbert von Karajan, al frente de la Filarmónica de Berlín,
interpreta la que es, con seguridad, la obra más popular de todo el
repertorio sinfónico.
Beethoven había cumplido los treinta años de edad cuando presentó su
Primera Sinfonía (Opus 21), fascinando a sus contemporáneos por su
frescura y originalidad. En 1803 da a conocer la Segunda Sinfonía en Re
mayor (Opus 36), cuya alegría contrasta con la tristeza personal que
vivía el autor. Dos años más tarde Beethoven rompe todos los moldes
clásicos con su Tercera Sinfonía 'Eroica' en Mi bemol mayor (Opus 55).
Esta sinfonía contiene una de las anécdotas más interesantes de la vida
de Beethoven, admirador de Napoleón a quien consideraba un libertador
de los privilegios de las coronas europeas, por lo que fue bautizada
originalmente "Bonaparte". Sin embargo, al enterarse de la coronación
de Napoleón como Emperador de Francia, Beethoven tachó el encabezado y
lo cambió por su nombre definitivo, la 'Eroica'.
La Tercera Sinfonía dura tres veces más que cualquier otra de la
época, agranda la orquesta y supone la llegada del Romanticismo. La
sinfonía se compone de un primer movimiento (Allegro con brío) de una
duración aproximada de veinte minutos, finalizando con una excepcional
coda; hasta la fecha no se había compuesto un movimiento tan extenso
como este. Del segundo movimiento, una "Marcha fúnebre"
(Adagio assai), se ha dicho que al enterarse de la muerte de Napoleón,
Beethoven habría comentado: "Yo ya escribí música para este triste
hecho". El tercer movimiento es un Scherzo (Allegro vivace), conocido
como escena de caza, donde destaca el novedoso empleo de un trío de
trompas. El "Finale" (Allegro molto") evoca una escena de danza. Todo
lo anterior difiere de su Cuarta Sinfonía en Si bemol mayor (Opus 60),
que en 1806 recupera el brío de sus dos primeras composiciones
sinfónicas. Esta sinfonía ha sido, según algunos críticos, injustamente
relegada al lado de sus excepcionales antecesora y sucesora. Se suele
decir que la Cuarta es una doncella griega situada entre dos gigantes
nórdicos.
En 1808, Beethoven compone la colosal Quinta Sinfonía (Opus 67).
Esta sinfonía en Do menor destaca principalmente por la construcción de
sus cuatro movimientos, basados todos ellos en un motivo de cuatro
notas, las cuales nacen con el primer compás, conocido popularmente
como "La llamada del destino". Por esta época, su febril creación hace
que en el mismo concierto del estreno de la Quinta, aparezca la Sexta
Sinfonía en Fa mayor, conocida como “Pastoral” (Opus 68), porque sus
movimientos evocan escenas campestres.
Cuando a fines de julio de 1813 llega a Viena la noticia de la
batalla de Vitoria, Johann Nepomuk Mälzel encarga a Beethoven la
composición de una sinfonía con motivo de este hecho. Se trata de la
op. 91 "Wellingstons Sieg" o "Die Schlacht bei Vitoria" o
"Siegessymhonie". La Séptima Sinfonía en La mayor (Opus 92) aparece ese
mismo año; Richard Wagner la calificaría más tarde como “apoteosis de
la danza” por su ritmo y lírica. Al año siguiente, en 1814, Beethoven
concluye su Octava Sinfonía en Fa mayor (Opus 93), una especie de
nostálgica mirada atrás, hacia el Clasicismo, cuya brevedad no eclipsa
su grandeza y su refinada elaboración.
Por último, en 1824 Beethoven llega a su cima con la Novena
Sinfonía “Coral” (Opus 125). Esta obra ha sido declarada "Patrimonio
Cultural de la Humanidad" por la UNESCO. En 1972 su último movimiento
(la "Oda a la Alegría" de Schiller) fue adoptado como himno por el
Consejo de Europa y, finalmente, en 1985 los jefes de Estado y de
Gobierno de la UE lo declararon himno oficial de la Unión Europea.
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