jueves, 19 de junio de 2008

Publicado por jrtapia @ 8:00



Thomas Tirino, piano


Ernesto Lecuona hijo de un periodista español establecido en la isla de Cuba, nació en Guanabacoa el 7 de Julio de 1896 y murió en el exilio, en Tenerife, Islas Canarias, el 29 de noviembre de 1963. Es sin duda, el compositor cubano más difundido en el mundo. Junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, forma la trilogía más importante de compositores del teatro lírico cubano y en especial la zarzuela. Pronto demostró un gran interés por la música y a la edad de cinco años comenzó a estudiar piano, primero con su hermana y, luego, con maestros como Hubert de Blanck, Joaquin Nin y Peyrellade. Su cuidada formación musical pronto dio óptimos frutos y a los 11 años ya comenzó a demostrar interés también por la composición. Con tan sólo 15 años compuso lo que se considera su primera obra musical de calidad, Danzas Cubanas, en la que además de un dominio musical, podemos observar su interés por la utilización de temas procedentes del sustrato folklórico cubano. Poco después estrena su Vals del Rhin, cuya partitura, a pesar del título, reitera su tendencia folklórica. A los diecisiete años se graduó en el Conservatorio Nacional Cubano y comenzó una larga gira por Estados Unidos, España y Francia. Este viaje le sirvió para conocer nuevas técnicas a la par que para dar a conocer algo de su obra mientras daba conciertos en importantes salas. Su fama de compositor de canciones de tipo ligero internacional se basa en éxitos como Canto Carabalí, Siboney (1927), La Comparsa, Malagueña (1933). Paralelamente cobraba renombre en el terreno de lo clásico con obras como Rapsodia Negra para Piano y Orquesta, Gitanerías, Andalucía, Suite Española... así como por incursiones en determinados ritmos de influencia africana como la rumba-musulmana o danzas del folklore cubano como la Danza Lucumí, y la Danza de los Ñáñígos que han merecido los aplausos de público y musicólogos. Ernesto Lecuona fue un hombre de grandes iniciativas que organizó la Orquesta Sinfónica de La Habana y una compañía de teatro lírico con la que estrenó algunas de sus obras entre las que destacan la ópera El Rumbero de Yarey, y las zarzuelas El Cafetal, su zarzuela más brillante estrenada el 1 de marzo de 1929, María la O (1930),también es el autor de Rosa la China (1932), El Maizal, El Calesero, El Batey (1929), La Flor del Sitio, El Amor del Guarachero, La Tierra de Venus, Diablos y Fantasías, La Caravana, El Recluta del Amor, Lola Cruz (1935), Cuando La Habana era Inglesa, La plaza de la Catedral, La Revista Femenina, La Liga de las Naciones, Alma de Raza, La Flor del Sitio, La Guaracha Musulmana, El Torrente, La de Jesús María, Sor Inés, etc. todas ellas de tema cubano con partituras a medio camino entre el esquema de la zarzuela española y los ritmos cubanos que animan la acción dramática. En España Lecuona estrenó Radiomanía, Levántate y anda, Al caer la nieve, La revista sin trajes, Rosalima y Tropicana.

En lo que a la técnica se refiere, el aporte más importante de Lecuona al género teatral es la fórmula definitiva de la romanza cubana, que, según él la concibió, consta generalmente de dos partes. La primera, por lo regular, hace las veces de introducción, con un cierto sentido de gran recitativo. La segunda parte es la romanza propiamente dicha, sobre un ritmo marcado y constante. Podríamos decir además, que con sus zarzuelas más importantes, Ernesto Lecuona dio forma clásicamente definida a la zarzuela cubana en cuanto a género y estilo se refiere. Lecuona poseyó siempre una capacidad especial para la realización escénica y supo explotar todos los medios a su alcance para que las representaciones fueran siempre un éxito. La música que Lecuona impuso en el teatro lírico cubano es representativa, ambiciosa, tan importante como el libreto y muy a menudo mucho más importante que el libreto mismo. En colaboración con Eliseo Grenet compone Niña Rita o La Habana en 1830, sainete lírico con libreto de Riancho y Castells, estrenado en el Teatro Regina de La Habana el 29 de septiembre de 1927. Debemos comentar que sólo algunas de estas zarzuelas aquí mencionadas son las únicas producciones latinoamericanas que se han integrado en los repertorios en España. La zarzuela, que en España contribuía al entretenimiento con argumentos ligeros y comedias de enredos, en Cuba se teñía en ocasiones con recurrencias dramáticas y hasta trágicas, reflejo de una ingrata historia colonial. Los argumentos se apoyaban en las inocultables realidades de la isla y contribuían a desarrollar los mitos y roles sociales. La mulata infeliz nacida para querida del niño blanco y que podía terminar en la locura, la prostitución o la soledad devino tema socorrido. Ernesto Lecuona falleció en Santa Cruz de Tenerife, el 29 de Noviembre de 1963, lugar al que había viajado con la intención de conocer la tierra natal de sus padres.



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