Aunque Schumann compuso numerosas obras para piano con la intención
de que las tocasen los niños – su "Álbum para la juventud" es el más
típico ejemplo – las trece piezas de sus "Escenas infantiles"
(Kinderszenen, Op. 15) están dirigidas a adultos, ya que no representan
el mundo visto a través de los ojos de un niño, sino la niñez
idealizada por un adulto, matizada por la nostalgia de una temprana
inocencia.
Después de las primeras seis piezas, que parecen formar un ciclo
por sí mismas, viene el que es considerado como el más famoso
fragmento, "Träumerei" , que se traduce por "Soñando" pero que se puede
interpretar como un sueño despierto o "Ensoñación". A modo de un
maravilloso remanso en el punto medio de la colección, "Träumerai"
ejemplifica una de las primordiales atracciones de esta obra, tanto
para músicos profesionales como para estudiantes. Kinderszenen no
requiere de una técnica fenomenal, como muchas de las otras
composiciones para piano de Schumann, pero sí nos deja una interminable
variedad de matices y emociones. Como en muchos otros fragmentos de
esta obra, la música es de una simplicidad engañosa. Engañosa porque
"simplicidad" no debe traducirse necesariamente por "facilidad" o
"simpleza".
Vladimir Horowitz (Berdichev, Ucrania, 1903-Nueva York, 1989)
Pianista estadounidense de origen ruso, empezó a estudiar piano con su
madre cuando sólo tenía seis años. A los quince entró en el
Conservatorio de su ciudad natal, donde fue alumno aventajado de Felix
Blumenfeld. Ofreció su primer recital en Jarkov (1922), obteniendo un
gran éxito; la temporada 1924-1925 realizó más de setenta conciertos,
algo insólito en aquella época. A partir de ese año emprendió diversas
giras por Alemania, Francia y el Reino Unido, invirtiendo su propio
dinero, revelándose como uno de los más virtuosos pianistas de su
época.
En París, el representante estadounidense Arthur Judson le ofreció
un contrato para realizar una gira por Estados Unidos en 1928. Su debut
tuvo lugar en el Carnegie Hall y el concierto, como la posterior gira,
lo consolidaron como uno de los más importantes pianistas del siglo XX.
En 1933 emprendió una tournée con Arturo Toscanini para tocar como
solista el concierto "Emperador", de Beethoven, gracias a lo cual
conoció a Wanda, la hija del legendario director, con la que se casaría
poco después en Milán. En 1940 se estableció en Nueva York, y dos años
después le fue concedida la nacionalidad estadounidense.
En 1953 decidió retirarse de los escenarios. Durante doce años se
dedicó a formar jóvenes talentos del piano, y a realizar sus primeras
grabaciones. En 1965 regresó a las salas de concierto y continuó
grabando sus interpretaciones, entre las que destacan las obras de
Chopin, Liszt, Skriabin, Debussy y Prokofiev, aunque sus excelentes
dotes musicales le permitían abordar con sumo virtuosismo todo
repertorio. En 1986 efectuó una histórica visita a Rusia, que levantó
gran expectación. Mantuvo sin altibajos su actividad pianística casi
hasta el final de su vida.
Esta grabación corresponde a un concierto dado por Horowitz en Moscú (1986), en el que "Träumerei" se ofreció como propina.