lunes, 23 de junio de 2008

Publicado por jrtapia @ 8:00




Aunque Schumann compuso numerosas obras para piano con la intención de que las tocasen los niños – su "Álbum para la juventud" es el más típico ejemplo – las trece piezas de sus "Escenas infantiles" (Kinderszenen, Op. 15) están dirigidas a adultos, ya que no representan el mundo visto a través de los ojos de un niño, sino la niñez idealizada por un adulto, matizada por la nostalgia de una temprana inocencia.
Después de las primeras seis piezas, que parecen formar un ciclo por sí mismas, viene el que es considerado como el más famoso fragmento, "Träumerei" , que se traduce por "Soñando" pero que se puede interpretar como un sueño despierto o "Ensoñación". A modo de un maravilloso remanso en el punto medio de la colección, "Träumerai" ejemplifica una de las primordiales atracciones de esta obra, tanto para músicos profesionales como para estudiantes. Kinderszenen no requiere de una técnica fenomenal, como muchas de las otras composiciones para piano de Schumann, pero sí nos deja una interminable variedad de matices y emociones. Como en muchos otros fragmentos de esta obra, la música es de una simplicidad engañosa. Engañosa porque "simplicidad" no debe traducirse necesariamente por "facilidad" o "simpleza".

Vladimir Horowitz (Berdichev, Ucrania, 1903-Nueva York, 1989) Pianista estadounidense de origen ruso, empezó a estudiar piano con su madre cuando sólo tenía seis años. A los quince entró en el Conservatorio de su ciudad natal, donde fue alumno aventajado de Felix Blumenfeld. Ofreció su primer recital en Jarkov (1922), obteniendo un gran éxito; la temporada 1924-1925 realizó más de setenta conciertos, algo insólito en aquella época. A partir de ese año emprendió diversas giras por Alemania, Francia y el Reino Unido, invirtiendo su propio dinero, revelándose como uno de los más virtuosos pianistas de su época.

En París, el representante estadounidense Arthur Judson le ofreció un contrato para realizar una gira por Estados Unidos en 1928. Su debut tuvo lugar en el Carnegie Hall y el concierto, como la posterior gira, lo consolidaron como uno de los más importantes pianistas del siglo XX. En 1933 emprendió una tournée con Arturo Toscanini para tocar como solista el concierto "Emperador", de Beethoven, gracias a lo cual conoció a Wanda, la hija del legendario director, con la que se casaría poco después en Milán. En 1940 se estableció en Nueva York, y dos años después le fue concedida la nacionalidad estadounidense.

En 1953 decidió retirarse de los escenarios. Durante doce años se dedicó a formar jóvenes talentos del piano, y a realizar sus primeras grabaciones. En 1965 regresó a las salas de concierto y continuó grabando sus interpretaciones, entre las que destacan las obras de Chopin, Liszt, Skriabin, Debussy y Prokofiev, aunque sus excelentes dotes musicales le permitían abordar con sumo virtuosismo todo repertorio. En 1986 efectuó una histórica visita a Rusia, que levantó gran expectación. Mantuvo sin altibajos su actividad pianística casi hasta el final de su vida.
Esta grabación corresponde a un concierto dado por Horowitz en Moscú (1986), en el que "Träumerei" se ofreció como propina.

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