lunes, 30 de junio de 2008
 


Dido y Eneas, ópera compuesta por Henry Purcell en 1689, es una obra maestra del período barroco. En esta producción, filmada en el Hampton Court Palace (Londres), la mezzosoprano Maria Ewing canta el papel de Dido, la desdichada Reina de Cartago, y Rebecca Evans es Belinda, su doncella. La orquesta y el coro son el Collegium Musicum 90, dirigidos todos por Richard Hickox.

Este fragmento constituye prácticamente el final de la ópera, cuando Dido, al tener conciencia de que Eneas ya no la ama, muere tristemente tras haber ordenado a éste que abandone Cartago. Pocos fragmentos de ópera reflejan tanta tristeza y, a la vez, son tan sublimes...

La escena se desarrolla así (textos traducidos):

1. DIDO
Tu mano, Belinda;
me envuelven las sombras.
Déjame descansar en tu pecho.
Cuánto más no quisiera,
pero me invade la muerte;
la muerte es ahora una visita
bien recibida.
Cuando yazga en tierra, mis
equivocaciones no deberán crearle
problemas a tu pecho; recuérdame,
pero, ¡ay!, olvida mi destino.

(Cupido aparece en las nubes,
sobre su tumba)

2. CORO
Tú, Cupido,
vienes alicaído
y esparces rosas sobre su tumba,
dulces y tiernas como su corazón.
Mantén aquí tu vigilancia y no
partas nunca.

3. DANZA DE CUPIDO

Aunque puede interpretarlo ocasionalmente una soprano dramática, el papel de Dido se adapta mejor a la voz de mezzosoprano.

Publicado por jrtapia @ 18:13  | Voces femeninas
Comentarios (0)  | Enviar








Céderic Tiberghien, piano
Orchestre National de Lille
Paul Polivnik, director



“Noches en los Jardines de España” fue iniciada en París en 1909 y terminada en Sitges, cerca de Barcelona, en 1915. José Cubiles fue el solista de piano cuando Enrique Fernández Arbós dirigió el estreno en Madrid el 9 de abril de 1916, en un concierto que también incluía “El amor brujo”. Falla posteriormente revisó la partitura. Más expresiva que descriptiva, evocaciones en sonido, melancolía y misterio, estos términos sugieren impresionismo musical y “Noches en los Jardines de España” es, sin duda alguna, la obra más impresionista de Falla. Cada uno de los tres movimientos de “Noches” se refiere a un jardín español diferente.


Mientras vivía en París de 1907 a 1914, Falla dio inicio a una serie de nocturnos para piano solo. Otros músicos españoles que también residían en París -el compositor Isaac Albéniz y el pianista Ricardo Viñes- le alentaron para que ampliara la obra. Cuando Falla analizó esta sugerencia, la pieza se convirtió en una obra en la que el piano es una parte integrante, aunque diferenciada, de una gran orquesta. El proceso de gestación fue prolongado y, según Jean Aubrey, París "esperó en vano el estreno. Esos nocturnos empezaron a ser legendarios dentro del mundo musical parisino". Pero Francia no estaba destinada a oír el estreno. La obra estaba aún inconclusa cuando Falla partió de regreso a España.

Al volver a su tierra natal, el compositor se instaló en el pueblo costero de Sitges. Allí compuso en un antiguo piano de la lujosa villa del pintor catalán Santiago Rusiñol. Rusiñol había pintado alrededor de 30 cuadros describiendo los jardines de España y algunos expertos en Falla creen que la inspiración que subyace en “Noches en los Jardines de España” provino de una exposición de estos cuadros a la que Falla asistió. Otros no están de acuerdo con esto, citan el hecho de que Falla había estado trabajando en “Noches” varios años antes de ver esta exposición. Henri Collet, que conoció al compositor en París, sugirió que un poema de ambiente francés perteneciente a Francis James fue el motor real que hay detrás de la composición.

De hecho, tanto las influencias francesas como las españolas son evidentes. Las escalas, los ritmos y los motivos españoles están moldeados en una orquestación completamente francesa. Tal como lo explica Vladimir Jankélévitch, los tres movimientos "no tendrían semejante brillo, semejante belleza inigualada, semejante frescura impresionista de vista, sonido y perfume, si no hubieran existido ya la “Rapsodia española” de Ravel y la “Iberia” de Debussy... Es el mismo misterio -el misterio de la voluptuosidad y la oscuridad perfumada- que baña a “En el Generalife”, a “Parfums de la Nuit” de Debussy y a “Prélude á la nuit” de Ravel, así como es la misma y única embriaguez primaveral que se alza abruptamente de la orquesta de Feria de Ravel y de la orquesta de Noches".

En cierto momento Falla planeó agregar un cuarto movimiento basado en el tango de Cádiz. Pero, en cambio, ese movimiento proyectado fue incluido en “El amor brujo”.

Por una extraña coincidencia, el motivo principal que aparece a todo lo largo de “Noches” también fue usado en forma destacada por el compositor Amadeo Vives. La razón fue que Vives y Falla habían estado viviendo en la misma casa y todos los días habían oído a un viejo mendigo ciego interpretar este motivo en su violín desafinado. Inconscientemente ambos adoptaron la tonada del músico callejero. Ninguno de estos compositores se dio cuenta de que el motivo no era original hasta mucho después de terminadas sus respectivas piezas.

Burnett James, biógrafo de Falla, explica la estética detrás de “Noches”:

[La obra] revela claramente, a partir de un punto de vista particular, el dualismo inherente al temperamento y a la conciencia españoles y, por lo tanto, al arte español. La partitura contiene, como quizá ninguna otra, por lo menos no tan directamente y con la máxima sutileza, los polos gemelos del encanto moro y de la sensualidad del idealismo intelectual gótico. Los arabescos flotantes, la calidez nocturna y la poesía emotiva se complementan perfectamente con la hermosa arquitectura de la Alhambra, con sus jardines y fuentes y cipreses, el legado supremo de la ocupación mora en el sur de España. Sin embargo subrayando esto hay un contorno de estructura fuerte, descarnada y rítmica; los acentos precisos y ocasionalmente las asperezas de la armonía y de la textura rinden homenaje a la gran tradición de la España gótica... Si el encanto y la sensualidad son los elementos inmediatamente más llamativos en las seductoras "impresiones sinfónicas", como reza el subtítulo de la partitura, esto es debido a los orígenes poéticos en la mente del compositor, orígenes que vuelven a París, donde por primera vez le surgieron las ideas embrionarias.

El compositor escribió lo siguiente con respecto a Noches:

Si estas "impresiones sinfónicas" han logrado su objeto, la mera enumeración de sus títulos debe constituir una guía suficiente para el oyente. Aunque en esta obra -así como en toda aquella que tenga el legítimo derecho de ser considerada música- el compositor ha seguido un diseño definido, en cuanto al material tonal, rítmico y temático... el fin para el cual fue escrito no es otro que evocar [el recuerdo de] lugares, sensaciones y sentimientos. Los temas empleados se basan (como en muchas de las primeras obras del compositor) en los ritmos, modos, cadencias y figuras ornamentales que distinguen la música popular de Andalucía, aunque ellos rara vez estén usados en sus formas originales. La orquestación emplea frecuentemente, y de una manera convencional, ciertos efectos peculiares de los instrumentos populares que se utilizan en esa región de España. La música no tiene ninguna pretensión de ser descriptiva; es meramente expresiva. Pero algo más que los sonidos de los festivales y las danzas ha inspirado estas "evocaciones en sonido", pues la melancolía y el misterio también tienen su parte.

Más expresiva que descriptiva, evocaciones en sonido, melancolía y misterio, estos términos sugieren impresionismo musical y “Noches en los Jardines de España” es, sin duda alguna, la obra más impresionista de Falla. Es más fácil explicar aquello que el impresionismo no es, que aquello que es. El término, que ha sido tomado de las artes visuales, se refiere al intento de los compositores de retratar los sentimientos e impresiones asociados con lugares, escenas, acontecimientos o gente. Está lejos de ser pintura tonal literal, tal como el balido de la oveja en “Don Quijote” de Richard Strauss, o las bandas de bronces contrapuestas de “El Cuatro de Julio” de Charles Ives. Sin embargo, el impresionismo está igualmente alejado de la música absoluta, como por ejemplo, las sinfonías de Brahms, que proclama no referirse a nada más que a sí misma. La música impresionista está referida a algo específico pero intangible, a algo elusivo y abstracto, a los sentimientos humanos.

Cada uno de los tres movimientos de Noches se refiere a un jardín español diferente. El primero es “En el Generalife”.  El Generalife (que significa "Jardín del Arquitecto") es parte de la Alhambra, la antigua fortaleza de los reyes moros de Granada. Este jardín, en la ladera de una colina, contiene fuentes y antiguos cipreses. Falla jamás reveló en qué jardín se lleva a cabo la "Danza en la Distancia". El lugar del tercer movimiento es "en los Jardines de las Montañas de Córdoba".







Publicado por jrtapia @ 8:08  | El piano
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 29 de junio de 2008



Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen, aria del Segundo Acto de "La flauta mágica" (W. A. Mozart)

Diana Damrau, Reina de la Noche (soprano)

Dorothea Röschmann, Pamina (soprano)

Orquesta de la ROH Covent Garden

Colin Davis, director

 

La Reina de la Noche es un papel breve, con sólo dos intervenciones en escena, aunque presenta enormes dificultades vocales, casi insalvables para la mayoría de cantantes. Su tesitura es muy forzada y exige subir hasta el Fa sobreagudo. También se debe tomar en consideración sus endiabladas agilidades y adornos vocales, por lo que este papel debe encomendarse a una soprano ligera con coloratura.

La soprano es la voz femenina más aguda y también la persona que canta con esa voz, que debe poseer un timbre claro y brillante. En contextos corales y operísticos, las sopranos suelen llevar la melodía. El término español fue tomado del italiano soprano (que significa ‘soberano, superior&rsquoGuiño. Éste a su vez proviene del latín súper, supra: ‘sobre, por encima de’.

Según el New Harvard Dictionary of Music, el registro vocal de la soprano va desde un Do4 (el Do central del piano) hasta un Do6 (Do sobreagudo).

La soprano ligera es una voz de gran alcance en los agudos, con gran claridad, nitidez y agilidad que le permite ejecutar complicados ornamentos sin dificultad como notas picadas, en el registro más alto de su voz. En el centro, destacan por un color claro y no suelen tener mucha sonoridad; de ahí la denominación “ligera”. En general suelen ser voces pequeñas que suenan mucho en el agudo. Esta apreciación no es un defecto, sino una característica de este tipo de voz. Ejemplos son la soprano ligera francesa Natalie Dessay, Lucia Popp, Edita Gruberova o Diana Damrau por citar sólo algunas.

Diana Damrau, soprano nacida el 31 de mayo de 1971 en Gunzburgo (Alemania) es una soprano de coloratura, conocida sobre todo por sus interpretaciones de Mozart, Mahler, y Strauss.

Desde muy joven, Damrau fue una estusiasta de la música clásica. Con tan solo doce años de edad, el filme "La Traviata" de Franco Zeffirelli con Plácido Domingo y Teresa Stratas como Alfredo y Violetta, la inspiró a convertirse en cantante de ópera. Sus primeras clases de canto las recibió de la cantante de ópera rumana Carmen Hanganu, cuyo esposo era el maestro de música de Damrau. Su primera aparición pública fue a los quince años, cuando cantó partes del musical "My Fair Lady" con acompañamiento de piano en un festival en Offingen.

Tras terminar sus estudios secundarios en Gunzburgo se decidió a continuar con sus estudios de canto en la "Escuela Superior de Música" de Wurzburgo. También tomó clases avanzadas en Salzburgo con Hanna Ludwig y Edith Mathis. En 1995 concluyó sus estudios con honores. Su debú en escena fue en el papel de Eliza, del musical "My Fair Lady", en el teatro de la ciudad de Wurzburgo. En este mismo teatro interpretó con gran éxito partes para soprano en óperas, operetas y musicales. Entre los papeles que interpretó están los de Ännchen en "Der Freischütz", Gretel en "Hänsel und Gretel", Marie en "Zar und Zimmermann", Adele en "Die Fledermaus" y Valencienne en "La viuda alegre".

Damrau fue contratada para los escenarios de los teatros de ópera de Mannheim y Frankfurt del Meno. En estas casas interpretó los papeles de Gilda en "Rigoletto, Oscar en "Un baile de máscaras", Zerbinetta en "Ariadne auf Naxos", Olympia en "Los cuentos de Hoffmann" y La Reina de la Noche en "La flauta mágica". En este último rol actuó como invitada en las casas de ópera de Berlín, Hannover, Darmstadt y Saarbrücken. Ha cantado a la Reina de la Noche en nada menos que 15 producciones, entre las cuales destaca la del Covent Garden en 2003 bajo la dirección de Sir Colin Davis (en el vídeo). Muy recientemente (diciembre de 2007) cantó a la Reina por última vez (aunque quizás en un futuro la cantará de nuevo, teóricamente se ha retirado del papel) en la Metropolitan Opera de Nueva York, junto con el de Pamina, en su debut neoyorkino del papel. Es la primera cantante que ha interpretado los dos roles en la misma temporada.

Damrau ha ganado varios concursos de canto con honores. Además obtuvo el segundo puesto en en el "Concurso de Canto del Festival Mozart" de Wurzburgo en 1996 y el segundo puesto en el séptimo "Concurso de Canto Internacional Mozart" de Salzburgo en 1999.

A partir del año 2002, Damrau apareció en las principales salas de ópera del mundo, incluyendo: Viena, Berlín, Múnich, Dresde, Milan, Londres, Nueva York y Salzburgo. Gran atención recibió su aparición en la reapertura del Teatro de La Scala en Milan en 2003, donde interpretó el papel de Europa en la ópera, "L'Europa riconosciuta" de Salieri.

Además de intérprete de ópera, Damrau es una reconocida intérprete de los Lieder de Shubert y Mahler. Su repertorio incluye también interpretaciones en oratorios de Bach, Händel así como Carmina Burana de Orff.

En julio de 2007 el estado federado de Baviera le concedio a Diana Damrau el título de "Kammersängerin", título que antiguamente era concedido por reyes y príncipes al cantante preferido de la corte. Este honor se le concedió por su distinguida carrera en la Ópera Estatal de Baviera, donde en un período de siete años cantó en 75 ocasiones, interpretando diez papeles distintos.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Voces femeninas
Comentarios (0)  | Enviar

Gabriela Beňačková, soprano
Orquesta Filarmónica Checa
Václav Neumann, director

Bedrich Smetana nació en 1824 en Litomysl, actual República Checa. Aunque históricamente los territorios que conforman Bohemia han dado grandes nombres a la música, Smetana fue el primero que supo expresar en sus obras el espíritu, la esencia y los anhelos de su patria. En este sentido, debe ser considerado como al padre de la escuela musical nacionalista checa, cuya impronta sería decisiva en los autores que lo siguieron, entre ellos Dvorák y Janácek.

Hijo de un cervecero amante de la música, las aptitudes musicales se manifestaron a tan temprana edad en el pequeño Smetana, que a los seis años hizo su primera aparición en público como pianista y a los ocho escribió sus primeras piezas. Deseoso de triunfar como concertista, en 1843 el músico se trasladó a Praga con el fin de mejorar su técnica. Eran años de tensión política entre el emergente nacionalismo checo y el centralismo de las autoridades austríacas, y Smetana participó en el movimiento de concienciación patriótica con varias marchas revolucionarias y un exaltado Canto a la libertad (1848).

Tras un paréntesis de cinco años en Göteborg como director de la Sociedad Filarmónica (1856-1861), colaboró en la fundación de numerosos organismos musicales checos, entre ellos el Teatro Nacional de Praga. En 1866 estrenó en él sus dos primeras óperas, Los brandemburgueses en Bohemia y su obra maestra, La novia vendida, primera obra maestra de la ópera nacional checa.

Con ella y las que le siguieron –Dalibor (1867) y Libuse (1872), entre otras–, Smetana no sólo se convirtió en el fundador y líder de la escuela nacionalista bohemia, sino que consiguió el anhelado cargo de director del Teatro Nacional, en el que permaneció hasta que en 1874 una sordera provocada por la sífilis le obligó a presentar la dimisión.

Pese a las dificultades, entre 1874 y 1879 vieron la luz los seis poemas sinfónicos que integran su obra maestra orquestal, el ciclo Mi patria. De esta época data también una de sus partituras más sentidas y originales, el Cuarteto de cuerda núm. 1, «De mi vida» (1876). Perdida la razón a consecuencia de la enfermedad, Smetana pasó los últimos años de su existencia recluido en un hospital psiquiátrico de Praga, donde murió en 1884.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
Comentarios (0)  | Enviar
viernes, 27 de junio de 2008

ENTREVISTA EN "EL CULTURAL"
Roberto Alagna. Foto: José Cuéllar

Todavía perdura en su recuerdo la mala experiencia de hace dos años en la Scala de Milán, de la que huyó literalmente mientras interpretaba a Radamés en la Aida de Verdi. El tenor ítalo-francés ha recibido a El Cultural para hablar de todos los problemas que ha tenido que superar en los últimos años, incluida una grave enfermedad, y para que nos desvelara sus proyectos más inmediatos, entre los que incluye la actuación, mañana, en Madrid dentro del ciclo Grandes Voces, su primera y esperada aparición en el Teatro Real, y su vuelta a la Scala de Milán de la mano de Stéphane Lissner.

Sorprenda o no, Roberto Alagna (París, 1963) nunca ha cantado hasta la fecha en el Teatro Real. Ha estado “previsto” en la programación, incluso anunciado en firme, pero los avatares administrativos y los problemas de salud han ido retrasando la alternativa madrileña hasta la noche de hoy. Que se antoja interesante porque el tenor franco-siciliano, hijo de la periferia parisina, desgrana enciclopédicamente el repertorio de Verdi: desde los roles puramente líricos –Traviata, Luisa Miller, Hernani– hasta las profundidades de La forza del destino y de Otello. Dos óperas, por cierto, que tiene pendiente llevar a escena en su integridad.

–¿Cómo se explican tantos años de retraso en Madrid?
–Hay razones de todo tipo. Stéphane Lissner quería contar conmigo pero se marchó prematuramente de la dirección del Teatro Real. El año pasado, en cambio, se produjo el contratiempo de la cancelación. Tenía que interpretar Il Trovatore, pero mis condiciones de salud me lo impedían. Fue un año complicado. Sufría estos problemas de hipoglucemia y me encontraba en una situación de estrés, de nerviosismo. La temporada había arrancado de manera conflictiva con la suspensión de los contratos de La Scala a raíz de aquella Aida tan polémica. Pero luego descubrí que había un problema de salud más.

–Un tumor en el lagrimal del ojo.
–Exacto. Los médicos creen que me ha acompañado durante diez años y que ha ido creciendo a mi costa. Afortunadamente era benigno, pero eso no implica que no me hubiera causado muchos problemas. La realidad es que me encontraba muy fatigado. Tampoco podía respirar con normalidad. ¿Sabe lo que es para un cantante no poder respirar? Ignoraba el origen de todas estas limitaciones. Pero estaba claro que me alteraban. Como era cierto que la situación de estrés y de agotamiento me conducía a esos estados de hipoglucemia. Tal como me ocurrió en La Scala. Para que la gente me entienda, yo me encontraba como si estuviera siempre en un avión. Me refiero a la presión, incluso al ruido de fondo. Era una situación enormemente incómoda.

–¿Cómo ha podido entonces cantar así durante 10 años?
– Aclaro que mi carrera siempre ha sido profesional. He ido madurando, creciendo artísticamente. Me he sobrepuesto a los problemas y no creo que el público haya percibido que yo cantara en malas condiciones. Porque nunca ha sucedido así. Otra cuestión es que el tumor ocular, que presionaba en la región nasal, se hubiera convertido últimamente en un contratiempo que requería una solución. Mi madre y mi mujer [la soprano Angela Gheorghiu] no quisieron decirme que tenía un tumor. Sólo lo hicieron cuando se despejaron las dudas sobre su gravedad. Hay antecedentes muy serios de tumores y de cánceres en mi familia. Pero yo me considero una persona afortunada. Me tranquiliza, en el fondo, saber que salgo airoso de los desafíos que me pone la vida. Todos los contratiempos me han servido para salir reforzado. Y cada vez me convenzo más de que es necesario aprovechar el momento.

Pasión por Verdi
–¿Incluso teniendo contratos para la temporada 2013-2104?
– Las experiencias dolorosas y las crisis me han enseñado a que la única realidad que merece la pena es el presente. Le dedicamos demasiado tiempo a rumiar el pasado y nos obsesiona el futuro. De esa manera, sacrificamos el presente. Que es la única certeza. Soy una persona vitalista, optimista. Y quiero concentrar toda mi energía en la realidad actual. Sea cuando canto o sea ahora, cuando estamos haciendo esta entrevista.

–La entrevista la hacíamos para hablar de su debut en el Real. Se trae un programa descarado, valiente. Incluso los espectadores van a poder escucharle las arias del Trovatore que se perdieron la temporada pasada por culpa de la cancelación de última hora.
–Es un homenaje a Verdi, con toda la responsabilidad que encierra el concierto. Verdi es mi gran pasión. Y es igualmente el genio absoluto de la ópera, especialmente si tomamos como referencia el repertorio de tenor. No ha podido escribirnos una música más hermosa ni más desafiante.

–Usted ha decidido abarcarla casi enciclopédicamente.
– Voy a cantar arias de óperas muy distintas, pero mi enfoque tiene un hilo conductor: el estado de ánimo. Quiero decir que mi modo de cantar Verdi sobrepasa la separación de papeles líricos, spinti o dramáticos. No es una cuestión de clasificaciones académicas. Prevalece en cambio una aproximación instintiva, incluso emocional. De una manera u otra, se trata de cantar las arias como si fuera la primera vez. Tanto para mí como para el público que las escucha. Por eso cada recital es distinto. Y por eso Verdi concede tanta libertad a los cantantes. La ópera es un acto de amor. De entrega, de generosidad. Particularmente con Verdi de por medio.

–Alfredo Kraus recomendaba cantar con los intereses y dejar a buen recaudo el capital.
–Tenía razón en cuanto se refiere al control de la fuerza y los recursos que uno tiene. No hace falta poner el Ferrari a 360 por hora para saber y transmitir que es un coche poderoso y veloz. De hecho, una de las características de mi carrera consiste precisamente en evitar los fuegos de artificio y la gestualidad excesiva. Creo que al público hay que conquistarlo paulatinamente. Llevarlo a tu terreno mediante la línea de canto, el fraseo. Pocas veces me gusta utilizar arias famosas en el arranque de los recitales. Trato de evitar el efectismo, aunque es verdad que me reconozco a mí mismo como un tenor generoso que sabe tomar riesgos.

– Ya que hablamos de riesgos, usted mismo ha incluido una alusión a Otello en el recital. ¿Se atrevería a cantar la ópera en escena?
–Quiero hacerlo y tarde o temprano va a ocurrir. Me refiero a que Otello es una ópera que se adapta perfectamente a un tenor lírico, por mucho que se haya generalizado entre los tenores dramáticos. No creo que esté escrita para una voz oscura. De hecho, el testimonio de Tamagno [el intérprete italiano que estrenó la ópera en 1887] nos demuestra que Verdi la había concebido para una voz lírica. Me permito recordar que Tamagno cantaba Guillermo Tell, Poliuto, Simón Boccanegra. Un repertorio nada sospechoso de dramático. Es más, otros tenores históricos como Gigli o como Pertile o como Lauri Volpi demostraron que se adaptaba a una voz menos tenebrosa.

–¿La culpa, entonces, es de Plácido Domingo?
– Qué va. Al contrario. Cuando él la cantaba por primera vez también tenía un color más claro. Mi idea de Otello se inscribe en un personaje romántico, atribulado. En cierto modo es la versión negativa de Cyrano de Bergerac. Cyrano descarga sus tempestades interiores y sus complejos en acciones y obras admirables, mientras que Otello elige un camino destructivo y autodestructivo.

– Habla como si ya tuviera la dirección de escena en la cabeza.
–Una ópera como Otello requiere que yo esté completamente de acuerdo con el criterio escénico. Y ésa es la razón por la que, de momento, he rechazado las ofertas que me han hecho al respecto.

–La solución pasa por que sus hermanos sean los directores. Ya han coincidido en otros montajes. Por ejemplo, el Orfeo y Eurídice de Gluck.
–Sería una solución porque existe entre nosotros una gran sintonía. Y no me preocupa que se hable peyorativamente del ‘clan Alagna’. Yo no voy por ahí imponiéndolos. Pero me niego a dejar de trabajar con unos artistas en los que encuentro tantos puntos de conexión.

–La prueba más reciente es el lanzamiento de El último día de un condenado a muerte. Una ópera contemporánea escrita musicalmente por David Alagna, aunque usted mismo y su otro hermano, Federico, han colaborado en el libreto. El proyecto, además, lo ha puesto en circulación la Deutsche Grammophon.
–Es una larga historia. Comienza hace diez años, cuando yo me encontraba un poco solo y desarraigado en Chicago. Igual que un condenado. Mi hermano me envió El último día de un condenado de Víctor Hugo. Me lo leí del tirón y enseguida me vino la idea de plantear un libreto operístico. De hecho, comencé a escribirlo. Federico le dio una forma más teatral, mientras que David comenzó a escribir la música. Pausadamente. Creo que el resultado es muy brillante. Pudieron comprobarlo los espectadores de Valencia cuando la hicimos allí en versión de concierto. El proyecto, además, también demuestra que puede concebirse una ópera contemporánea asequible y que pueden tratarse asuntos de actualidad. El último día de un condenado a muerte no se limita al tiempo de Víctor Hugo. Es un “manual” de nuestro tiempo porque son todavía muchos los países donde está en vigor la pena de muerte. Incluidos varios estados de Estados Unidos.

Una gran versatilidad
–Esta nueva ópera también es una prueba de su versatilidad. Ha batido récords de ventas con el disco de Luis Mariano, se ha empleado en el celuloide y va avanzando en la conquista de nuevos repertorios.
–Creo que la razón estriba en la curiosidad y en la melomanía. Me considero antes un melómano que un tenor o que un músico. Y soy además un melómano insaciable. Esa misma experiencia repercute en mi carrera como tenor. Positivamente, quiero decir. Es importante saber dónde están los límites de uno mismo, aunque también lo es evitar el acomodamiento o el conformismo. De ahí que haya sido fundamental en mi carrera una actitud positiva y optimista. ¿Sabe, a propósito, que voy a regresar a La Scala?

–No, no había trascendido nada.
–Si me hubiera venido abajo después de la Aida habría entrado en el círculo vicioso del “no van a llamarme, se acabó Milán”. Y ocurre que el otro día me contactó Stéphane Lissner [sobreintendente de La Scala] para decirme que quería contar conmigo. No sólo eso: me puso encima de la mesa hasta cinco proyectos distintos. Me ha hecho mucha ilusión porque es una manera de resolver el incidente del pasado.

–¿Y qué le ha ofrecido?
–La primera cosa a la que he dicho que sí es el Simón Boccanegra. No sólo porque es una ópera de Verdi que me atrae mucho. También porque voy a cantarla al lado de Plácido Domingo. Que, como saben, es el protagonista de la obra como… barítono. ¿Puede imaginarse la ilusión que me hace volver a Milán y en esas condiciones? También hemos hablado de un Romeo, de un Don Carlo, incluso de una Carmen, aunque hay que ver cómo se ajustan las fechas y las posibilidades.

–También es Carmen la ópera con que regresa al Liceo.
– Sí. He hablado con ellos. Y me he permitido decirles que yo me sentí muy cómodo en la versión que hizo Calixto Bieito en Peralada. Ya sé que es un director de escena muy discutido. Ha hecho cosas buenas y malas, pero aquella Carmen es la mejor que he interpretado en mi vida.

Rubén AMÓN

Un olimpo de cera junto a Luciano Pavarotti

Roberto Alagna se ha convertido en figura de cera. Quiere decirse que su figura ya ocupa un espacio de referencia entre las salas del Museo Grévin, versión parisina del Madame Tussauds y olimpo donde se alojan las glorias francesas y no francesas. Vivas y no vivas. De hecho, a Roberto Alagna lo han colocado a la vera de Luciano Pavarotti. Le hace ilusión la cercanía, pero el tenor, que es de origen siciliano y de naturaleza supersticiosa, no termina de hacerse con la idea de la inmortalidad en cera. “Cuando miro la escultura es como si me estuviera viendo muerto. ¡Qué impresión! Produce una sensación muy extraña. Por un lado, me enorgullece entrar en un museo de personalidades ilustres siendo aún bastante joven. Y por otro, me provoca cierta grima. El día que la destaparon empecé a poner defectos. Yo me veo más guapo de cuanto aparezco ahí…”, bromea Alagna. Pavarotti no es sólo el compañero de sala. También es el destinatario de un homenaje que el propio Alagna va a dedicarle en París en septiembre.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar
jueves, 26 de junio de 2008


La soprano francesa Natalie Dessay, poseedora de una voz increiblemente ágil y sutil, canta "Où va la jeune hindoue...", es decir, el aria de las campanas de "Lakmé", ópera de Léo Delibes.

Famosa por su compromiso escénico y su talento actoral, la primera parte de la carrera de esta cantante se ha cimentado en roles de soprano ligera, gracias a la facilidad en el registro sobreagudo (que alcanza el La de la quinta octava, La5), pero enseguida ha extendido su repertorio a roles más dramáticos.

Su verdadero nombre completo es Nathalie Dessaix. Cuando aún era estudiante quitó la “h” de su nombre en honor a Natalie Wood. Más tarde cambió su apellido para simplificarlo.

"Lakmé"  narra el amor imposible de un oficial británico y la hija de un sacerdote de Brahma en la India del siglo XIX.  El libreto es de Edmond Gondinet y Philippe Gille y está basado en la pieza teatral de Julian Viaud “La boda de Loti”. La obra, si bien no posee un contenido dramático de peso, presenta unos buenos ingredientes que el público de todas las épocas gusta de paladear.

Delibes escribió esta ópera casi sin proponérselo. Primero le llamó la atención la voz ligera y muy flexible de la soprano de origen holandés Marie van Zandt. Al mismo tiempo cayó en sus manos la novela de Gondinet, que leyó durante un viaje a Viena. El ambiente exótico de la narración haría el resto.

Con “Lakmé”, Leo Delibes inicia la exploración del exotismo y el orientalismo, fenómeno que marcó con singular intensidad a muchos compositores del siglo XIX. Son claros ejemplos al respecto “Los pescadores de perlas” de Bizet, algunas óperas de Massenet (“El Rey de Lahore&rdquoGuiño, “Aida” de Verdi y el ballet “La Bayadera”, coreografiado por Marius Petipa, con música de Ludwig Minkus. El momento cumbre de esta corriente exótica vendría con las óperas “Madama Butterfly” y “Turandot” de Puccini, ambientadas respectivamente en el Japón y en la China legendaria, que serían estrenadas ya en el siglo XX.

“Lakmé” subió a escena el 14 de abril de 1883 en el Teatro de la Opera Cómica de París, con enorme triunfo. No obstante, esta ópera no ha logrado rebasar definitivamente el ámbito francés.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Voces femeninas
Comentarios (0)  | Enviar


Arturo Toscanini
(Parma, 25 de marzo de 1867 - 16 de enero de 1957) músico italiano, considerado por muchos de sus contemporáneos (críticos, colegas y público en general) como el más grande director de orquesta de su época. Era célebre por su brillante intensidad, su incansable perfeccionismo, su prodigioso oído y su memoria fotográfica que le permitía corregir errores de los miembros de la orquesta que habían pasado inadvertidos durante décadas para sus colegas.

Biografía

Toscanini inició su formación musical en Parma al ganar una beca para el conservatorio local, en el que estudió violonchelo. Tras sus estudios, se unió a la orquesta de una compañía de ópera con la que realizó una gira por Sudamérica. Mientras representaban "Aida" en Río de Janeiro en 1886, el director de la orquesta fue abucheado por el público y obligado a abandonar el escenario. Toscanini, afortunadamente, cogió la batuta animado por el resto de músicos comenzando así, con 19 años, su carrera como director.
En 1898, fue nombrado director residente de La Scala de Milán, donde permaneció hasta 1908 y a la que volvería en los años 20. Además pasó por la Metropolitan Opera de Nueva York (1908 - 1915) y Bayreuth (1930 - 1931), dirigiendo también la New York Philharmonic Orchestra (1926 - 1936) y en el Festival de Salzburgo (1934 - 1937).

Radicalmente opuesto a los regímenes fascistas de Alemania e Italia, abandonó Europa para establecerse en los Estados Unidos de América. Allí se fundó en 1937 la Orquesta Sinfónica de la NBC para él y con ella actuó con regularidad hasta 1954 en la Radio Nacional. Sus actuaciones le convirtieron en el primer director de orquesta estrella de los modernos medios de comunicación de masas. Su actividad como director de actuaciones en directo para la radio continuó hasta su retirada.

Toscanini era famoso por sus interpretaciones de Beethoven y Verdi. Realizó numerosas grabaciones, especialmente en el final de su carrera, la mayoría de ellas publicadas, amén de las numerosas grabaciones disponibles de sus interpretaciones para la radio.

Publicado por jrtapia @ 9:19  | El director de orquesta
Comentarios (0)  | Enviar
martes, 24 de junio de 2008
(Largo e maestoso — Allegro non troppo)






Orquesta de Filadelfia
Eugene Ormandy, director

Sheherezade es una suite orquestal, inspirada en "Las mil y una noches" y narra
las historias que Sheherezade, durante dos años, nueve meses y un día, fue narrando a su marido y sultán para evitar que éste la ejecutase. Consta de cuatro movimientos: El mar y el barco de Simbad, El cuento del príncipe Kalender, El joven príncipe y la joven princesa y el último movimiento en el que se suceden el Festival de Bagdad, El mar y El barco se estrella contra las rocas.

Escrita en 1888, la música del gran compositor y teórico ruso transporta al público a algunos de esos maravillosos paisajes, aventuras, sabores y aromas orientales. La plantilla orquestal se compone de dos flautas, flautín, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, tuba, arpa, timbales y cuerdas.

En esta obra hay dos temas musicales principales: el vigoroso del sultán y el tierno solo de violín de Sheherezade. Como todas las buenas historias, una de las claves de la obra está en la repetición, una repetición que en este caso le sirve a Korsakov para demostrar su talento en la armonía y orquestación, y a la vez para representar al mar, a veces monótono y a veces impredecible, por el que navega el barco de Simbad. El tema de violín, que personifica a Sheherezade, es la única parada de serenidad en cada capítulo que invariablemente se va convirtiendo en una trepidante aventura sonora.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La orquesta
Comentarios (0)  | Enviar
lunes, 23 de junio de 2008

Orquesta Sinfónica de la Radio de Suecia
Daniel, Harding, director


A diferencia de sus contemporáneos Debussy y Mahler, Richard Strauss alcanzó la fama rápidamente y, antes de los 21 años, era aclamado como el sucesor de Brahms y Wagner. Sus poemas sinfónicos compuestos antes de 1900 entraron de inmediato al repertorio internacional y sus primeras óperas lo ubicaron al frente de la vanguardia musical, transformándolo en uno de los personajes más controvertidos de la época. A pesar de que su popularidad cayó ostensiblemente con la llegada de la Primera Guerra Mundial y la aparición de movimientos anti-románticos, su labor creativa continuó sin interrupción hasta el final de sus días.

Aunque la ópera ocupó la mayor parte de la labor creativa de Strauss, sus primeros éxitos los obtuvo en el campo instrumental, específicamente con sus poemas sinfónicos. Sin embargo, el estilo que presentan estos trabajos difiere bastante de aquel que muestran sus composiciones juveniles; ello se debe a la profunda influencia que ejerció la educación que le brindó su padre, quien era un músico muy conservador que era trompista en la Orquesta de la Corte de Múnich. Cuando éste notó las aptitudes de su hijo, lo puso en manos de algunos de sus compañeros de orquesta y nunca lo envió a una academia de música. Así pudo supervisar sus estudios de piano, violín, teoría, armonía e instrumentación, mientras guiaba sus gustos musicales haciéndole escuchar sólo a los clásicos. Este tradicionalismo marcó profundamente las primeras creaciones de Strauss y le sirvió para ser aceptado de inmediato en los círculos artísticos que preferían la música de Brahms antes que la de Wagner.

Entre esas primeras obras encontramos una sinfonía, conciertos para corno y para violín, y algunas partituras para instrumentos de viento. Estas últimas, realizadas entre 1881 y 1884, fueron bastante significativas para los inicios de su carrera. Se trata de la Serenata Op.7 y la Suite Op.4 que atrajeron la atención del afamado director Hans von Büllow, quien hasta entonces había tenido una opinión desdeñosa hacia el compositor y que rápidamente incorporó tales obras al repertorio de la orquesta que dirigía en Meiningen.

A comienzos de la década de 1880, el estilo de Strauss sufrió un cambio notable, tras conocer al violinista Alexander Ritter, un devoto seguidor de Wagner y Liszt. Ritter se encargó de “convertir” al joven Strauss a la filosofía de la "nueva música" o "música del futuro", donde lo poético se transforma en el elemento formativo de una obra. El resultado inmediato de esta conversión fue una fantasía sinfónica que recoge las impresiones que produjo en Strauss su primera visita a Italia en 1886. Al ser estrenada en Múnich al año siguiente, la obra dividió a la audiencia en admiradores y detractores, tomando un carácter controvertido que, en realidad, no merece; el mismo compositor la consideraba "una conexión entre los métodos tradicionalistas y modernistas".

La otra partitura que marcó el cierre de esta etapa formativa en Strauss fue la Burlesca para piano y orquesta escrita en 1885 para Hans von Bülow. Pero como éste la encontró muy complicada, la partitura no fue estrenada hasta 1890 por Eugen d’Albert.

Entre 1888 y 1889, Richard Strauss compuso los poemas sinfónicos que lo llevaron a la fama. El primero de ellos fue Macbeth, un trabajo experimental que, a pesar de ser interesante, fue eclipsado inmediatamente por su sucesor, Don Juan, estrenado con gran éxito en Weimar en noviembre de 1889. El impulso para crear Don Juan se lo dio su amor por Pauline de Ahna, soprano con la que se casaría en 1894 y para quien escribiría la mayoría de sus canciones. La base para esta obra fue un poema de Lenau y el resultado fue una partitura apasionante, donde se funde todo lo que Strauss había aprendido hasta entonces como compositor y director, es decir, continuidad musical, virtuosidad orquestal y una pirotecnia sin precedentes.

Después de Don Juan y en un lapso de diez años, vinieron los poemas sinfónicos Muerte y Transfiguración, Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel, Así habló Zarathustra, Don Quijote y Una Vida de Héroe. Durante ese periodo, Strauss también ganó notoriedad como director de orquesta en Weimar, Múnich y Bayreuth, mientras consolidaba su posición como el compositor alemán más importante desde Wagner. Su nombre era sinónimo de modernismo y cacofonía, debido a las enormes fuerzas instrumentales, el diseño innovador y los efectos que empleaba en sus obras.

Para el estreno de Muerte y Transfiguración, que tuvo lugar en Eisenach en 1890, Strauss le pidió  a su amigo, el poeta Alexander von Ritter, que escribiese un breve poema basado en la siguiente temática: del padecimiento terrestre hacia la bienaventuranza. La edición publicada terminó adaptándose al estilo musico-dramático de la petición que Strauss le hiciera a su amigo. El programa contiene cuatro partes, cada una se corresponde con las cuatro secciones en las que se divide la composición musical (tocada ésta de manera continua, sin intercalación de pausas).

Primera parte del poema sinfónico comienza describiendo lo siguiente: [Largo] En un pequeño cuarto tenuemente iluminado, un hombre muy enfermo yace en su cama. Cansado tras haber luchado contra la muerte, el hombre yace ahora dormido. En el oscuro cuarto se percibe que la muerte se acerca, sólo el tictac del reloj interrumpe el silencio reinante. Repentinamente, en la cara del enfermo inválido se dibuja una sonrisa melancólica: ¿acaso está soñando su dorada infancia a medida que se desplaza hacia el borde de la vida?

Segunda parte: [Allegro molto agitato] La muerte ha decidido concederle un poco más de tiempo para soñar. Imprevistamente la muerte sacude con violencia a su víctima para relanzar nuevamente la batalla: ¡el intento de vivir, el poder de la muerte! Se desata una contienda  vehemente. (En la versión musical, se intercala aquí una breve aparición del “tema ideológico”) Ni la vida ni la muerte consiguen la victoria, y nuevamente reina el silencio.

Tercera parte: [Meno mosso, ma sempre alla breve] Cansado de tanta lucha, y envuelto en un estado delirante, el enfermo comienza a ver desfilar su vida delante de sus ojos, paso a paso, escena por escena. Primero aparece el anaranjado amanecer de su infancia, radiante e inocente; luego surgen los juegos agresivos de los chicos, intentos de construir su fortaleza y virilidad – intenta lograr la meta más alta de su vida con toda su fogosa pasión: transfigurar todo aquello que le parezca noble dándole una forma más exaltada aún– esto ha sido siempre su más alta aspiración a lo largo de toda su existencia. Fría, desdeñosamente, la vida le pone incesantes obstáculos. En momentos en donde ve acercarse la consecución de la meta, una voz-relámpago le grita: “¡Alto!”. Pero al tiempo una voz dentro de él lo incita al reclamarle: “Haz que cada obstáculo se convierta en un nuevo peldaño en tu subida”. Ante dicho reclamo, intrépidamente avanza con la exaltada búsqueda. Aún encontrándose en su agonía sigue en busca de las aspiraciones aún inalcanzadas, pero todo ha sido en vano… A pesar de acercarse cada vez más a dichas metas, éstas nunca pudieron ser aferradas en su alma. Inesperadamente, el golpe del martillo de hierro que representa la muerte irrumpe, todo lo construido anteriormente se desmorona cubriendo sus ojos con la eterna noche.

Última parte: [Moderato] Desde el infinito reino celestial un fuerte estruendo retorna a él, llevándole esta vez aquello que tanto había ansiado y suplicado vanamente en la vida terrenal: Redención, Transfiguración.

En una nota inédita, haciéndose referencia al poema sinfónico Muerte y Transfiguración, el propio Strauss confiesa la particularidad de esta pequeña joya:

Muerte y Transfiguración logra su punto culminante a través del propio tema principal, cuya aparición se manifiesta una vez que haya trascurrido la primera mitad de la obra”.

Se aprecia así el intento del músico en lograr un efecto atrapante al prolongar la expectativa y la intriga del oyente hacia el punto medio de la partitura. Heinz Becker, en Historia de la Música Clásica, confirma esta hipótesis al señalar que uno de los principios básicos de Richard Strauss consiste en no exponer nunca los temas de entrada, sino sugerirlos y desarrollarlos para lograr un gran efecto psicológico. Incluso, muchas veces, los temas aparecen en su forma más completa recién hacia el final de la obra. Tal es así que es conocida la espontaneidad que poseía Strauss para manejar los efectos psicológicos (el manejo de la dialéctica del deseo y de la demanda, se podría agregar).


Publicado por jrtapia @ 18:00  | La orquesta
Comentarios (0)  | Enviar


Aunque Schumann compuso numerosas obras para piano con la intención de que las tocasen los niños – su "Álbum para la juventud" es el más típico ejemplo – las trece piezas de sus "Escenas infantiles" (Kinderszenen, Op. 15) están dirigidas a adultos, ya que no representan el mundo visto a través de los ojos de un niño, sino la niñez idealizada por un adulto, matizada por la nostalgia de una temprana inocencia.
Después de las primeras seis piezas, que parecen formar un ciclo por sí mismas, viene el que es considerado como el más famoso fragmento, "Träumerei" , que se traduce por "Soñando" pero que se puede interpretar como un sueño despierto o "Ensoñación". A modo de un maravilloso remanso en el punto medio de la colección, "Träumerai" ejemplifica una de las primordiales atracciones de esta obra, tanto para músicos profesionales como para estudiantes. Kinderszenen no requiere de una técnica fenomenal, como muchas de las otras composiciones para piano de Schumann, pero sí nos deja una interminable variedad de matices y emociones. Como en muchos otros fragmentos de esta obra, la música es de una simplicidad engañosa. Engañosa porque "simplicidad" no debe traducirse necesariamente por "facilidad" o "simpleza".

Vladimir Horowitz (Berdichev, Ucrania, 1903-Nueva York, 1989) Pianista estadounidense de origen ruso, empezó a estudiar piano con su madre cuando sólo tenía seis años. A los quince entró en el Conservatorio de su ciudad natal, donde fue alumno aventajado de Felix Blumenfeld. Ofreció su primer recital en Jarkov (1922), obteniendo un gran éxito; la temporada 1924-1925 realizó más de setenta conciertos, algo insólito en aquella época. A partir de ese año emprendió diversas giras por Alemania, Francia y el Reino Unido, invirtiendo su propio dinero, revelándose como uno de los más virtuosos pianistas de su época.

En París, el representante estadounidense Arthur Judson le ofreció un contrato para realizar una gira por Estados Unidos en 1928. Su debut tuvo lugar en el Carnegie Hall y el concierto, como la posterior gira, lo consolidaron como uno de los más importantes pianistas del siglo XX. En 1933 emprendió una tournée con Arturo Toscanini para tocar como solista el concierto "Emperador", de Beethoven, gracias a lo cual conoció a Wanda, la hija del legendario director, con la que se casaría poco después en Milán. En 1940 se estableció en Nueva York, y dos años después le fue concedida la nacionalidad estadounidense.

En 1953 decidió retirarse de los escenarios. Durante doce años se dedicó a formar jóvenes talentos del piano, y a realizar sus primeras grabaciones. En 1965 regresó a las salas de concierto y continuó grabando sus interpretaciones, entre las que destacan las obras de Chopin, Liszt, Skriabin, Debussy y Prokofiev, aunque sus excelentes dotes musicales le permitían abordar con sumo virtuosismo todo repertorio. En 1986 efectuó una histórica visita a Rusia, que levantó gran expectación. Mantuvo sin altibajos su actividad pianística casi hasta el final de su vida.
Esta grabación corresponde a un concierto dado por Horowitz en Moscú (1986), en el que "Träumerei" se ofreció como propina.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | El piano
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 22 de junio de 2008
1. "Frühling"

2. "September"


3. "Beim Sclafengehen"


4. "Im Abendrot"

Hijo de músico, Strauss se formó en Munich y perfeccionó sus estudios con H. von Bülow. A los 16 años terminó su primera sinfonía y pronto comenzó a destacar como director de orquesta, lo que le llevaría a largas giras internacionales. En 1885 fue nombrado director de la Orquesta de Meiningen. En 1908 comenzó su colaboración con Hugo von Hofmannsthal en la creación de varias óperas. Su obra, clasificable como postromántica, comenzó dentro de una tradición académica seguidora de Brahms, para verse influida pronto por Richard Wagner y Franz Liszt y llegar hasta el atonalismo, para regresar posteriormente a la tonalidad. Escribió abundante música de cámara, casi toda en sus años juveniles, música orquestal (Poemas Sinfónicos, Sinfonías) y cerca de doscientas canciones de gran belleza, entre las que destacan los "Cuatro últimos lieder" (con orquesta, 1948), su última obra.

La voz de Renée Fleming, definida como soprano lírica, es ágil y cristalina, aterciopelada y opulenta. Fleming es una espléndida profesional surgida en Estados Unidos en los últimos años, que posee una conjunción de inteligencia, preparación y atrayente materia vocal. Mozartiana de formación, no ha vacilado en alternar estrenos de óperas contemporáneas, con oportunas incursiones en la época que mejor define su actividad: la del bel canto. Comenzó su vida artística cantando jazz porque se trataba de un género que le interesaba extraordinariamente. Actuaba los fines de semana en un club de Nueva York donde trabajó con el gran Illinois Jackett. Sin embargo, eligió ser cantante porque la música clásica era una magnífica oportunidad para ella. Tuvo que renunciar al jazz, ya que era imposible hacer bien dos cosas tan diferentes al mismo tiempo.

Renée Fleming se decidió por la ópera por la influencia de su madre, maestra de canto, con quien estudió durante treinta años. Aprendió a tocar el piano y el violín, luego estudió ballet e ingresó en la Juilliard School. Después se marchó a Francfort para perfeccionar su formación con Elisabeth Shwarzkopf, Arleen Auger y Harmut Höll. Para Renée la clave del canto, de la salud vocal, está en el lied. Cantar lieder le permite controlar la voz mejor que si trabajara una ópera completa.

La soprano ha cantado todos los grandes papeles de Mozart: La Condesa y Susana de "Las Bodas de Fígaro"; Donna Anna, Donna Elvira y Zerlina de "Don Giovanni"; Fiordiligi y Despina de "Così fan Tutte", y muchos de otras, incluida "La Finta Giardiniera", que cantó en concierto con la Orquesta de París. Su repertorio es muy extenso: le encanta "Rusalka" de Dvořák, no sólo porque tenga tres bonitas arias sino porque se identifica con este personaje: pertenece a su cultura. Cantó "Armida" de Rossini en Pésaro; Margarita de Fausto de Gounod en París; Eva de "Los Maestros Cantores de Nuremberg" de Wagner en Bayreuth; "Alcina" de Händel en París; y Desdémona de "Otello" de Verdi, después del nacimiento de su segundo hijo. Canta mucho Richard Strauss: "El Caballero de la Rosa" -hizo su primera Mariscala en 1995-, "Arabella", "Dafne", la Condesa de "Capriccio", inclusive "Ariadna en Naxos".

Pero, le gustan muchos papeles y le es difícil escoger... Mozart es diferente de Bellini, Rossini de Dvořák, Donizetti de Massenet, Verdi de Strauss... No quiere limitarse. Intenta evitar los papeles demasiado graves, porque desea cantar en el registro agudo y virtuosístico mientras sea joven. Le gustan tanto las obras del repertorio belcantista como aquellas en las que la orquesta desempeña un papel importante (Strauss o Beethoven). Según Fleming, la extensión vocal de los personajes que canta es bastante parecida. Sólo diverge el estilo. La variedad le es tan natural como respirar. Su voz es lo que es, pero con ella quiere hacer todo lo que pueda. Piensa que el sonido es muy distinto entre Alcina, Desdémona, Rusalka o Margarita, pero quiere intentar cantar con el sonido más cálido que sea posible. Quiere entregarse a fondo en todo lo que hace en el plano de la interpretación.

Renée Fleming ha participado en los estrenos "The Ghost of Versailles" de John Corigliano en el Metropolitan de Nueva York, y "Les Liasons Dangereuses" de Conrad Susa en San Francisco, y cantó "Susannah" de Carlisle Floyd en Chicago, y "A Streetcar Named Desire" de André Previn en San Francisco. Para ella, codearse con un compositor es algo irremplazable en la carrera de un intérprete. La diva ha tenido una suerte enorme de trabajar con los mejores directores de orquesta: James Levine, Bernard Haitink, Daniel Barenboim, Christoph Eschenbach -con el que se presenta regularmente en recitales- y Sir Georg Solti..., viviendo un verdadero sueño al grabar "Rusalka" con Sir Charles Mackerras.

Publicado por jrtapia @ 11:12  | Voces femeninas
Comentarios (0)  | Enviar
sábado, 21 de junio de 2008
viernes, 20 de junio de 2008
Mundoclásico, Madrid
El VI Premio Yehudi Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación ha sido concedido al maestro José Antonio Abreu, fundador y director del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. El Premio será entregado por Su Majestad la Reina el próximo 25 de junio en el Palacio Real de El Pardo durante la ceremonia de clausura del curso académico de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.

El Premio Yehudi Menuhin está dotado con 18.000 euros y fue instituido por la Fundación Albéniz en 1999 con el fin de premiar y reconocer la labor de los músicos excepcionales de cualquier país que, además de haber logrado la excelencia artística sobre los escenarios, hayan destacado por contribuir a la formación de los jóvenes. La Fundación Albéniz delega la concesión del Premio en el Patronato de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. En ediciones anteriores han recibido el Premio las siguientes personalidades: Alfredo Kraus (1999), Piero Farulli (2000), Carlo María Giulini (2001), Sir Colin Davis (2002), Alicia de Larrocha (2004) y Claudio Abbado (2006).

El nombre del ganador se hace público unos días antes de la ceremonia de entrega. El fallo que otorgó el Premio Yehudi Menuhin 2008 al maestro Abreu fue alcanzado hace ahora un año y su ratificación por parte de la Junta de Patronos se realizó igualmente hace meses.

El Premio Yehudi Menuhin lo otorga la Junta de Patronos de la Escuela a propuesta de una Comisión de Selección que, en esta ocasión, fue presidida por Ramón González de Amezúa (Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid) y estuvo integrada por Gustav Djupsjöbacka (Rector de la Academia Sibelius de Helsinki), Vicente Ferrer y Pérez de León (Vicepresidente de la Fundación Albéniz), Gary Graffman (Director del Curtis Institute de Filadelfia), Ian Horsbrugh (Presidente de Honor de la Asociación Europea de Conservatorios), Arie van Lysebeth (Presidente del Jurado del Premio Reine-Elisabeth de Bruselas), Paloma O'Shea (Directora de la Escuela Superior de Música Reina Sofía) y Luis Pereira Leal (Director del Servicio de Música de la Fundación Gulbenkian de Lisboa).

Las candidaturas recibidas para el otorgamiento de este premio fueron las siguientes: Claudio Abbado, director; Salvatore Accardo, violinista; Marta Argerich, pianista; Daniel Barenboim, pianista y director; Teresa Berganza, mezzosoprano; Valentin Berlinsky, violonchelista; Pierre Boulez, compositor y director; Norbert Brainin, violinista, Alfred Brendel, pianista; Ana Chumachenko, violinista; Sir Colin Davis, director; Henri Dutilleux, compositor; Peter Frankl, pianista; Aurora Nátola Ginasterra, violonchelista; Harmut Höll, pianista; Ifor James, trompa; György Kurtág, compositor y música de cámara; Alicia de Larrocha, pianista; Yo-Yo Ma, violonchelista; Sir Charles Mackerras, director; Sir Neville Marriner, director; Zubin Mehta, director; Seiji Ozawa, director; Jorma Panula, compositor y director; Menahem Pressler, pianista; Sir Simon Rattle, director; Mstislav Rostropovich, violonchelista y director; Grigori Sokolov, pianista; János Starker, violonchelista; María Tipo, pianista; Thomas Zehetmair, violinista; y Krystian Zimerman, pianista.

José Antonio Abreu

José Antonio Abreu nació el 7 de mayo de 1939 en Valera, estado de Trujillo (Venezuela). El mayor de seis hermanos de una familia con linaje musical, confiesa que fue su férrea vocación de servicio al país, su inquietud y rebeldía frente a los fenómenos de desequilibrio social lo que le impulsó, a los 35 años de edad (1975), a concebir un proyecto en el que pudiera sintetizar y canalizar de manera ingeniosa y nacionalista la experiencia y los conocimientos alcanzados en el campo económico, gerencial, pedagógico y, por supuesto musical, que se forjó prácticamente desde su adolescencia.

Su hoja de vida intelectual y profesional incluye los títulos de Profesor Ejecutante y de Maestro Compositor, de Director Orquestal y de Clavecinista, Organista y Pianista. Gracias a su amor y consagración al estudio y a su deseo de ser un profesional integral, simultáneamente a su dedicación a la música, Abreu obtiene los títulos de Economista (en la Universidad Católica Andrés Bello UCAB) y el Ph.D de Economía Petrolera, en la Universidad de Pensilvania. Estos logros académicos le permitieron distinguirse como profesor universitario, planificador y asesor económico, y desempeñarse en los cargos de Director de Planificación de Cordiplan y Asesor del Consejo Nacional de Economía, además de haber sido Ministro de Estado para la Cultura, Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y Diputado al Congreso Nacional de la República.

Por su invalorable aporte musical, y por haber colmado de esperanzas, de conciencia nacionalista y de herramientas para el trabajo a miles de niños venezolanos y latinoamericanos, este venezolano ejemplar ha recibido múltiples reconocimientos nacionales e internacionales. Ha sido nombrado miembro honorario del Claustro de las Artes de la Universidad de Alcalá de Henares (España), de la Real Sociedad Filarmónica (Reino Unido) y de la Academia de Mérida (Venezuela); se ha hecho acreedor de la Distinción Universitaria que otorga la Universidad de Los Andes (Venezuela) y ha recibido, entre otros, el Premio Simón Bolívar de la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela y la Orden al Mérito Futurista de La Sociedad Mundial del Futuro (Venezuela). Prestigiosas instituciones le han otorgado el Doctorado Honoris Causa: la Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela), la Universidad Experimental Francisco de Miranda (Venezuela), la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (Venezuela), la Universidad de Carabobo (Venezuela), la Universidad Nacional Abierta (Venezuela) y el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra (Estados Unidos). Abreu recibió en 2007 el Premio Don Juan de Borbón de la Música, en su segunda edición y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008.

Publicado por jrtapia @ 20:56  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar


Janine Jansen, violín
Joven Orquesta de la Unión Europea
Vladimir Ashkenazy, director

Mozart escribió sus 5 conciertos para violín durante 1775, siendo considerado el último de ellos como una obra maestra. Aunque dentro de su catálogo figuran otros dos conciertos para violín, su autenticidad no ha podido ser plenamente comprobada. En lo que respecta a la obra que nos ocupa, está fechada el 20 de diciembre de 1775. Según Michel Parouty, respecto a sus antecesores en este concierto se nota un mejor aprovechamiento de los recursos del violín, sin llegar a un virtuosismo inútil, y una mayor participación de la orquesta. Los temas que sirven como base al Allegro aperto presentan carácter opuesto, siendo el primero de espíritu marcial y el otro suave. Por su parte, el Adagio está construido alrededor de una melodía impregnada de dulzura. En el Rondó final, varios autores señalan la presencia de ritmos húngaros de czardas, elemento popular que también aparece en algunas sinfonías de Haydn.


Publicado por jrtapia @ 8:00
Comentarios (0)  | Enviar
jueves, 19 de junio de 2008
Deborah Voigt: The Return of the Little Black Dress



A Deborah Voigt, una de las mejores sopranos de la actualidad, la despidieron por sobrepeso. Sobre el escenario, su voz era descrita como una de las más idóneas para interpretar los personajes de Wagner o Richard Strauss. El público la idolatraba y la crítica la mimaba. No obstante, esta soprano, nacida en Chicago, daba la nota pero no la talla. O al revés. Para aclararlo hay que decir que el director del casting de la Royal Opera House Covent Garden de Londres quería enfundarla en un diminuto vestido negro con el que debía interpretar a Ariadna, la amante de Baco en la ópera de Strauss "Ariadna en Naxos". Pero no cabía. Y se deshicieron de ella como si fuera un saco de patatas.

Era el año 2004 y el despido de la soprano estadounidense del Covent Garden hizo correr ríos de tinta acerca de la discriminación en los escenarios. Ella misma definió la actitud hacia la gente con sobrepeso como "el último bastión de la discriminación libre en nuestra sociedad".

Cuatro años después, la Voigt ha reaparecido en el mismo escenario que le cerró las puertas. Es ella revivida, con idéntica voz y en la misma ópera y, lo que son las cosas, dentro del mismo vestido. Eso sí, con 61 kilos menos.

Que la despidieron por "gorda" quedó claro hace cuatro años. Ya es menos claro que esta magnífica cantante de ópera perdiera peso para recuperar su puesto de trabajo.

La intérprete de personajes como Isolda, Salomé o Helena de Troya, pasó por el quirófano poco después del incidente. Sin embargo, ha explicado que no necesitó del despido para comprender que tenía un problema.

La cantante se ha tomado todo el asunto con toneladas de humor. de otra forma, no habría grabado un hilarante vídeo en el que ella misma narra el reencuentro con el famoso vestido negro ("The return of the little black dress"):

Un misterioso visitante llama al camerino de Voigt. El timbre, un peculiar politono con la melodía de la cabalgata de las walkyrias, antecede al encuentro entre Deborah y el "vestidito negro", que le pide a la cantante, con una sensual voz masculina, que le deje pasar para la reconciliación. El desenlace tiene su gracia y encierra una moraleja que a buen seguro encuentra su destinatario.

Deborah Voigt ha vuelto para triunfar. Su representación de Ariadna en el Covent Garden el lunes pasado arrancó los aplausos del público y la calificación de cinco estrellas para el vespertino "Evening Standard".

Con dulce despecho y más peso que nunca en la escena londinense, se ha servido una suave vendetta en la que han ganado todos. A despecho no la ha ganado nadie.

"Al comprobar que mi vida se deterioraba, me decidí por la cirugía. Es lo mejor que he hecho"
1961: Nace en la ciudad estadounidense de Chicago (Illinois)
1991: Debuta como soprano en el papel de Ariadna en "Ariadna en Naxos" en la Boston Lyric Opera
2004: Es despedida en la Royal Opera House de Londres "por no caber en el vestido"
2005: Es sometida a una operación de bypass gástrico, gracias a la cual perderá 61 kilos.
Junio de 2008: Regresa a la Royal Opera House de Londres con gran espectación de crítica y público


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar

Thomas Tirino, piano


Ernesto Lecuona hijo de un periodista español establecido en la isla de Cuba, nació en Guanabacoa el 7 de Julio de 1896 y murió en el exilio, en Tenerife, Islas Canarias, el 29 de noviembre de 1963. Es sin duda, el compositor cubano más difundido en el mundo. Junto a Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, forma la trilogía más importante de compositores del teatro lírico cubano y en especial la zarzuela. Pronto demostró un gran interés por la música y a la edad de cinco años comenzó a estudiar piano, primero con su hermana y, luego, con maestros como Hubert de Blanck, Joaquin Nin y Peyrellade. Su cuidada formación musical pronto dio óptimos frutos y a los 11 años ya comenzó a demostrar interés también por la composición. Con tan sólo 15 años compuso lo que se considera su primera obra musical de calidad, Danzas Cubanas, en la que además de un dominio musical, podemos observar su interés por la utilización de temas procedentes del sustrato folklórico cubano. Poco después estrena su Vals del Rhin, cuya partitura, a pesar del título, reitera su tendencia folklórica. A los diecisiete años se graduó en el Conservatorio Nacional Cubano y comenzó una larga gira por Estados Unidos, España y Francia. Este viaje le sirvió para conocer nuevas técnicas a la par que para dar a conocer algo de su obra mientras daba conciertos en importantes salas. Su fama de compositor de canciones de tipo ligero internacional se basa en éxitos como Canto Carabalí, Siboney (1927), La Comparsa, Malagueña (1933). Paralelamente cobraba renombre en el terreno de lo clásico con obras como Rapsodia Negra para Piano y Orquesta, Gitanerías, Andalucía, Suite Española... así como por incursiones en determinados ritmos de influencia africana como la rumba-musulmana o danzas del folklore cubano como la Danza Lucumí, y la Danza de los Ñáñígos que han merecido los aplausos de público y musicólogos. Ernesto Lecuona fue un hombre de grandes iniciativas que organizó la Orquesta Sinfónica de La Habana y una compañía de teatro lírico con la que estrenó algunas de sus obras entre las que destacan la ópera El Rumbero de Yarey, y las zarzuelas El Cafetal, su zarzuela más brillante estrenada el 1 de marzo de 1929, María la O (1930),también es el autor de Rosa la China (1932), El Maizal, El Calesero, El Batey (1929), La Flor del Sitio, El Amor del Guarachero, La Tierra de Venus, Diablos y Fantasías, La Caravana, El Recluta del Amor, Lola Cruz (1935), Cuando La Habana era Inglesa, La plaza de la Catedral, La Revista Femenina, La Liga de las Naciones, Alma de Raza, La Flor del Sitio, La Guaracha Musulmana, El Torrente, La de Jesús María, Sor Inés, etc. todas ellas de tema cubano con partituras a medio camino entre el esquema de la zarzuela española y los ritmos cubanos que animan la acción dramática. En España Lecuona estrenó Radiomanía, Levántate y anda, Al caer la nieve, La revista sin trajes, Rosalima y Tropicana.

En lo que a la técnica se refiere, el aporte más importante de Lecuona al género teatral es la fórmula definitiva de la romanza cubana, que, según él la concibió, consta generalmente de dos partes. La primera, por lo regular, hace las veces de introducción, con un cierto sentido de gran recitativo. La segunda parte es la romanza propiamente dicha, sobre un ritmo marcado y constante. Podríamos decir además, que con sus zarzuelas más importantes, Ernesto Lecuona dio forma clásicamente definida a la zarzuela cubana en cuanto a género y estilo se refiere. Lecuona poseyó siempre una capacidad especial para la realización escénica y supo explotar todos los medios a su alcance para que las representaciones fueran siempre un éxito. La música que Lecuona impuso en el teatro lírico cubano es representativa, ambiciosa, tan importante como el libreto y muy a menudo mucho más importante que el libreto mismo. En colaboración con Eliseo Grenet compone Niña Rita o La Habana en 1830, sainete lírico con libreto de Riancho y Castells, estrenado en el Teatro Regina de La Habana el 29 de septiembre de 1927. Debemos comentar que sólo algunas de estas zarzuelas aquí mencionadas son las únicas producciones latinoamericanas que se han integrado en los repertorios en España. La zarzuela, que en España contribuía al entretenimiento con argumentos ligeros y comedias de enredos, en Cuba se teñía en ocasiones con recurrencias dramáticas y hasta trágicas, reflejo de una ingrata historia colonial. Los argumentos se apoyaban en las inocultables realidades de la isla y contribuían a desarrollar los mitos y roles sociales. La mulata infeliz nacida para querida del niño blanco y que podía terminar en la locura, la prostitución o la soledad devino tema socorrido. Ernesto Lecuona falleció en Santa Cruz de Tenerife, el 29 de Noviembre de 1963, lugar al que había viajado con la intención de conocer la tierra natal de sus padres.



Publicado por jrtapia @ 8:00  | El piano
Comentarios (0)  | Enviar
martes, 17 de junio de 2008



Herbert von Karajan, al frente de la Filarmónica de Berlín, interpreta la que es, con seguridad, la obra más popular de todo el repertorio sinfónico.

Beethoven había cumplido los treinta años de edad cuando presentó su Primera Sinfonía (Opus 21), fascinando a sus contemporáneos por su frescura y originalidad. En 1803 da a conocer la Segunda Sinfonía en Re mayor (Opus 36), cuya alegría contrasta con la tristeza personal que vivía el autor. Dos años más tarde Beethoven rompe todos los moldes clásicos con su Tercera Sinfonía 'Eroica' en Mi bemol mayor (Opus 55). Esta sinfonía contiene una de las anécdotas más interesantes de la vida de Beethoven, admirador de Napoleón a quien consideraba un libertador de los privilegios de las coronas europeas, por lo que fue bautizada originalmente "Bonaparte". Sin embargo, al enterarse de la coronación de Napoleón como Emperador de Francia, Beethoven tachó el encabezado y lo cambió por su nombre definitivo, la 'Eroica'.

La Tercera Sinfonía dura tres veces más que cualquier otra de la época, agranda la orquesta y supone la llegada del Romanticismo. La sinfonía se compone de un primer movimiento (Allegro con brío) de una duración aproximada de veinte minutos, finalizando con una excepcional coda; hasta la fecha no se había compuesto un movimiento tan extenso como este. Del segundo movimiento, una "Marcha fúnebre" (Adagio assai), se ha dicho que al enterarse de la muerte de Napoleón, Beethoven habría comentado: "Yo ya escribí música para este triste hecho". El tercer movimiento es un Scherzo (Allegro vivace), conocido como escena de caza, donde destaca el novedoso empleo de un trío de trompas. El "Finale" (Allegro molto") evoca una escena de danza. Todo lo anterior difiere de su Cuarta Sinfonía en Si bemol mayor (Opus 60), que en 1806 recupera el brío de sus dos primeras composiciones sinfónicas. Esta sinfonía ha sido, según algunos críticos, injustamente relegada al lado de sus excepcionales antecesora y sucesora. Se suele decir que la Cuarta es una doncella griega situada entre dos gigantes nórdicos.

En 1808, Beethoven compone la colosal Quinta Sinfonía (Opus 67). Esta sinfonía en Do menor destaca principalmente por la construcción de sus cuatro movimientos, basados todos ellos en un motivo de cuatro notas, las cuales nacen con el primer compás, conocido popularmente como "La llamada del destino". Por esta época, su febril creación hace que en el mismo concierto del estreno de la Quinta, aparezca la Sexta Sinfonía en Fa mayor, conocida como “Pastoral” (Opus 68), porque sus movimientos evocan escenas campestres.

Cuando a fines de julio de 1813 llega a Viena la noticia de la batalla de Vitoria, Johann Nepomuk Mälzel encarga a Beethoven la composición de una sinfonía con motivo de este hecho. Se trata de la op. 91 "Wellingstons Sieg" o "Die Schlacht bei Vitoria" o "Siegessymhonie". La Séptima Sinfonía en La mayor (Opus 92) aparece ese mismo año; Richard Wagner la calificaría más tarde como “apoteosis de la danza” por su ritmo y lírica. Al año siguiente, en 1814, Beethoven concluye su Octava Sinfonía en Fa mayor (Opus 93), una especie de nostálgica mirada atrás, hacia el Clasicismo, cuya brevedad no eclipsa su grandeza y su refinada elaboración.

Por último, en 1824 Beethoven llega a su cima con la Novena Sinfonía “Coral” (Opus 125). Esta obra ha sido declarada "Patrimonio Cultural de la Humanidad" por la UNESCO. En 1972 su último movimiento (la "Oda a la Alegría" de Schiller) fue adoptado como himno por el Consejo de Europa y, finalmente, en 1985 los jefes de Estado y de Gobierno de la UE lo declararon himno oficial de la Unión Europea.

Enlace a la partitura en pdf:
I Allegro con brio
 http://www.el-atril.com/partituras/Beethoven/sinfo5/I.%20Allegro%20con%20brio.pdf

II Andante con moto   http://www.el-atril.com/partituras/Beethoven/sinfo5/II.%20Andante%20con%20moto.pdf

III Scherzo. Allegro
http://www.el-atril.com/partituras/Beethoven/sinfo5/III.%20Allegro.pdf


IV Finale. Allegro
http://www.el-atril.com/partituras/Beethoven/sinfo5/IV.%20Allegro.pdf


Publicado por jrtapia @ 18:15  | La Sinfonía
Comentarios (0)  | Enviar

Christian Ferras, violín
De entre las piezas cortas para violín y piano que escribiera Fauré, la Berceuse Op. 16 ha sido con diferencia la más apreciada. Su perfeccionismo, exento de notas que no sirvan a su emotivo diseño musical, es característico de las mejores obras de Fauré y su atmósfera casi mágica confiere a esta pieza una dimensión superior a la de una simple nana para un recién nacido.

Compuesta entre 1878 y 1879, fue la obra que convenció al editor musical Julien Hamelle de la conveniencia de patrocinar a Fauré, que hasta ese momento no había cobrado ningún derecho de autor sobre sus composiciones. Según Jean-Michel Nectoux, biógrafo de Fauré,  este último no concedía importancia alguna a su Berceuse, pero la gran belleza que encierra esta obra la ha hecho desde siempre irresistible tanto a los violinistas como a los simples aficionados.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Música de cámara
Comentarios (0)  | Enviar
lunes, 16 de junio de 2008

Un violinista sorprendente, un artista comprometido que explora nuevos terrenos con su violín, un intérprete que trasciende la mera interpretación para crear. Ara Malikian habla para Confutatis de sus proyectos.

Netrebko

 

En primer lugar quisiéramos adentrarnos en su itinerante biografía y que nos hable de su infancia en el Líbano y su periplo vital hasta afincarse en España.

Mi camino hacia Madrid fue largo . Me fui del  Líbano en el 84 en plena guerra del país. Primero fui a estudiar a Alemania, luego a Londres y en el verano del 98 cuando se me quemó mi apartamento y había perdido todo menos mi violín decidí mudarme a Madrid .

Echa de menos sus raíces, ¿es quizás la música una forma de volver a ellas constantemente.?

Nunca he tenido nostalgia de mi raíces porque siempre he estado en contacto con las culturas de mi país y mis orígenes. Me atrae mucho mas la música, el idioma o el arte que la tierra donde he nacido.

La tradición centroeuropea, zíngara hace del violín  un modo de vida, una manera de asentarse a orillas del Danubio como dice Mauricio Wiesenthal, una manera de posicionarse en la existencia. Hay algo en su virtuosismo que recuerda ese violín electrizante. ¿Se considera heredero de esa tradición violinística?

Creo que para ser violinista hay que ser un poco o incluso muy “ zíngaro” en el alma. La música “zingara” durante siglos ha influenciado mucho la música y a grandes compositores

¿ Por qué el violín y no otro instrumento?

Ante todo porque mi padre era violinista . Pero si tuviera que elegir, mi elección seria otra vez el violín .

¿ Es el violín el instrumento que se presta a un mayor virtuosismo por su dificultad técnica?

Hoy día el virtuosismo se puede prestar a cualquier instrumento, ,pero el primero que  inventó el virtuosismo romántico fue Paganini . Él utilizo la técnica y el virtuosismo para emocionar. Y desde entonces compositores como Brahms Schumann, Liszt, Rachmaninov y muchísimos mas se han inspirado de Paganini.

Decía Heifetz que un violín puede arañar una lágrima al más duro de los hombres de la Tierra. ¿Cree que el violín puede tocar el alma? La música como terapia. ¿Cómo cree que puede ayudar la música a hacer que el hombre mejore su vida?

Es verdad que el violín tiene el potencial expresivo para tocar el alma o emocionar. Pero creo que la música en general tiene la capacidad de cambiar nuestro estado de animo y acompañar cada momento especial o normal de nuestra vida. Cada persona tiene su propio gusto musical (clásica, jazz, rock, hip hop y etc) pero la influencia sobre nosotros es mucho mas que lo que nos imaginamos.

Su presencia en múltiples proyectos le hace conocedor del panorama musical de forma amplia, ¿ Cómo cree que se vive la música en España y cómo cree que puede mejorarse la difusión musical?

Cuando decidí venir a España mis colegas en el resto de Europa me comentaron que era una locura de ir a España que allí no habría trabajo en la música. Creo que fue la mentira mas grande. Hoy día España no tiene nada que envidiar a cualquier otro país. Aquí hay mucha afición, muchos músicos buenos y orquestas y auditorios. Así que España tiene que perder ya su complejo de frente a los países del norte de Europa.

Especialmente interesante es su labor al frente de conciertos que tienen por protagonistas a los niños. ¿Cómo vive esos momentos que se suponen gratificantes?

Empecé a tocar para niños hace unos diez años , y lo que aprendí de ellos fue enorme. Los niños son los mejores críticos. Son sinceros y espontáneos. Para mi es un trato que tengo con ellos yo les enseño la música clásica y ellos me enseñan como tengo que tocar para que no se aburran.

Usted ha grabado discos de una calidad inigualable, Caprichos, Sarasate, Ysaye... pero en el escenario es dónde se le ve disfrutar sobremanera. Hay algo en el directo parece sacar lo mejor de usted. ¿Que diferencias encuentra entre la grabación y el directo en su ejecución?

Me siento muy a gusto en un estudio y me gusta grabar discos. Sin embargo un concierto en vivo en un auditorio, iglesia, en un café o al aire libre son mas emocionantes ; la presencia del publico y su energía siempre se hace sentir. Podría vivir sin grabar, pero jamás sin poder actuar en vivo.

Resulta obligado plantearle a un virtuoso del violín qué pieza le ha opuesto mayores dificultades interpretativas y cual es el reto que aún no ha afrontado

Cuando eres joven y descubriendo todavía todas la posibilidades del instrumento . siempre te interesa tocar lo mas difícil y las cosas mas imposibles. Después un tiempo te das cuenta que lo mas difícil de todo es emocionar uno mismo tocando y por supuesto al que te escucha. Y así la obra mas fácil técnicamente puede convertirse en lo mas difícil

Cuál es la partitura que en su interpretación le haga disfrutar más sobre un escenario

El repertorio del violín es muy grande y cada día mas, así que uno tendré que vivir varias vidas para poder tocar todo que le gusta. Por eso todo lo que toco me gusta . No podemos darnos el lujo de tocar cosas que no nos gustan. Es desperdicio.

En ésa tradición “zíngara- romaní” de evolución popular del violín destaca Lakatos que recientemente ha grabado con Deutsche un disco de gran nivel, ¿qué le parece ése violinista?

Lakatos es un gran violinista . Ojalá hubiera mas violinistas de este tipo

¿ Cuál es su intérprete tótem, aquel en el que se haya fijado desde joven, y cuáles son las condiciones que debe reunir a su juicio un gran violinista?

Mis preferidos eran Heifetz, Ferras, Gitlis, Oistrach. hoy día hay muchos violinistas muy buenos pero pocos se diferencian de lo demás. Falta más personalidad y fantasía.

Su condición de concertino de una orquesta que trabaja la ópera le hace estar muy al tanto del panorama operístico. ¿ Le gusta la ópera?

Si trabajo en la ópera no me queda otro remedio, si no sería muy difícil aguantar a los cantantes...

¿ El trabajo en un foso es algo ingrato, es fácil tener mentalidad de solista y una carrera brillante para alternar ésa condición con las tinieblas del foso anónimo en las representaciones de ópera?

No me gusta la mentalidad de solista. Me gusta tocar un concierto de violín con orquesta, pero me gusta tocar también una sinfonía de Mahler o de Beethoven , una opera de Verdi ,  un quinteto de Schubert, etc. Uno complementa a otro. Seria muy triste imaginarme tocando el concierto de Chaikovsky o de Sibelius 80 veces seguido
 
Háblenos de su nuevo disco. Qué ha querido transmitir en un trabajo de estas características.

“Lejos” es una mezcla de música entre el jazz, el rock , el clásico y el tango y probablemente muchas mas cosas, con una formación jazzistica violín , guitarra, contrabajo, piano y batería. Son temas del guitarrista argentino Fernando Egozcue que conocí hace 10 años y en aquella época tocábamos tangos de Piázzola y siempre queríamos hacer nuestro propio proyecto . Habría que esperar 10 años. Pero estamos muy contentos del resultado.

¿Cuál es su compositor soñado, como decía Stefan Zweig, aquel que le despierta en la noche?

No tengo compositor preferido. Pero me emociona mucho la música de Bach y la música de cámara de Schubert

¿Qué violín utiliza? ¿ Le gusta cambiar de violín?

Utilizo un Domenico Montagnana del año 1720. Y estoy contento

No se si ha tenido la suerte de tocar violines de la mítica Triada (Guarneri, Amati o Stradivarius) si ha sido así que diferencias encuentra entre ellos y como definiría sus sensaciones.

Por supuesto que he tocado  Stradivarius o Guarnerius. Pero el violín es un instrumento con muchos secretos , para descubrir los secretos de los violines hay dedicar mucho tiempo ; a mi violín lo conozco muy bien y sé cómo responde. Me siento mas a gusto con mi violín que con un  Stradivarius que me prestaron para un concierto.

¿ Cuáles son sus proyectos inmediatos?

Mi proyecto es siempre quedar con ilusión de hacer y buscar nuevos retos y proyectos. Lo más peligroso en la música es entrar en la rutina. Espero nunca llegar allí.
 
-Que así sea muchas gracias por atender a Confutatis

- Muchas gracias a vosotros

 

- Daniel López Fidalgo -

REVISTA CONFUTATIS


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar

Transcripción para oboe del aria, interpretada por Albrecht Mayer con la Sinfonía Varsovia

"Rinaldo" fue la primera ópera que Haendel escribió específicamente para los escenarios londinenses. Estrenada con éxito en el Queen’s Theatre en 1711, tuvo como protagonista al famoso castrato Nicolo Grimaldi, más conocido por Nicolini. Con "Rinaldo" - la primera ópera en italiano compuesta en Inglaterra- “Il caro Sassone” demostró su dominio del estilo italiano, puesto a prueba antes en "Agrippina" (1709) de la que reciclaría dos arias con destino a “Rinaldo”, “Basta che sol” y “Bel piacere”. Poco tiempo después, con la creación de la Royal Academy of Music y su deseo de rivalizar con los principales teatros europeos, Haendel se convirtió en el rey de la ópera que Londres estaba esperando con títulos como "Ottone", "Giulio Cesare", "Tamerlano" y "Rodelinda". Para sus producciones fueron contratados los mejores cantantes de Europa. Nombres como Margherita Durastanti, Francesca Cuzzoni, Faustina Bordoni, Senesino, Conti, etc. cantaron en la ciudad del Támesis bajo las órdenes de Haendel y con su popularidad, caprichos, rivalidades y altos honorarios se convirtieron en los verdaderos precursores de los divos actuales.

La obra que según Winton Dean entra en la categoría de “óperas mágicas”, con elementos fantásticos, transformaciones, hechiceras y magos de por medio, es un derroche de inspiración melódica de principio a fin. Tiene además la ventaja de ofrecer un argumento nada farragoso y escenas verdaderamente conseguidas. Musicalmente hablando, Rinaldo es mucho más que el “Lascia ch’io pianga” y el “Cara sposa”; por ejemplo, hay largas secuencias en el Acto I donde la genialidad y talento musicales de Haendel hacen que seamos partícipes de un continuo dispendio de belleza musical escena tras escena, aria tras aria.


En la actualidad cuando se habla de oboe todo el mundo piensa en Albrecht Mayer. Sobre sus interpretaciones se han escrito críticas como “la chispa divina” o el “milagroso oboe” o que ha elevado el oboe hasta hacer de él un “instrumento de seducción”.
Estudió con Gerhard Scheuer, Georg Meerwein, Maurice Bourg e Ingo Gorinzki, comenzando su carrera profesional en 1990 como Oboe solista en la Orquesta Sinfónica de Bamberg, puesto que, a partir de 1992, ocupa en la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Pero Albrecht Mayer no sólo es conocido como miembro de la Filarmónica Berlinesa sino que es a su vez un renombrado y prestigioso solista, habiendo actuado bajo la dirección de grandes directores como Claudio Abbado, Sir Simon Rattle o Nikolaus Harnoncourt.
Dentro de sus proyectos, Mayer considera muy importante encontrar tiempo para la música de cámara. No deja de buscar ocasiones para colaborar regularmente con músicos como los pianistas Hèléne Grimaud y Leif Ove Andsnes así como con el Bajo-barítono Thomas Quasthoff, con quien ha grabado un
CD de Cantatas de Bach.
En la búsqueda de un nuevo repertorio para su instrumento, le fascina la idea de llevar su voz como oboe en obras originalmente escritas para otros instrumentos o cantantes, lo que se debe a que Albrecht Mayer se ha sentido atraído por la voz humana como el más natural de los instrumentos ya desde su infancia. Muestra de ello es el CD Lied Ohne Worte, una magnífica transcripción para oboe y orquesta en el que se combinan los estilos barroco y el incipiente bel canto italiano, que ha conseguido el número uno de ventas en Alemania.
En agosto de 2004 su CD In search of Mozart, grabado con Claudio Abado y la Mahler Chamber Orchestra, ha sido también número uno en ventas en Alemania. Su última grabación Albrecht Mayer: New Season recoge música de Georg Fiedrich Haendel desde una nueva perspectiva sonora.
Albrecht Mayer ha sido elegido Instrumentista del Año y galardonado con el ECHO-Klassik Prize por la Deutsches Phono-Akademie. En diciembre de 2006 ha sido galardonado con el Premio E.T.A. Hoffmann en Bamberg, su ciudad natal.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | Inst. de viento madera
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 15 de junio de 2008

El polifacético Alexander Borodin (1833-1887), compatibilizó su carrera de químico con la de compositor. En 1881 dedicó su Segundo Cuarteto de cuerda a su esposa, como evocación de los tiempos en que ambos se conocieron en Heidelberg (Alemania). Es, por lo tanto, una obra dotada de un fuerte contenido emocional. La melodía posee gran importancia, destacando sobre un acompañamiento de intrincados arpegios. El protagonismo corresponde al primer violín y al violonchelo. Prácticamente son estos instrumentos los encargados de presentar los diferentes temas, mientras los dos restantes, el segundo violín y la viola, hacen siempre funciones de acompañamiento.

El Nocturno es el fragmento más popular de este Cuarteto y ha sido objeto de numerosos arreglos para todo tipo de formaciones vocales e instrumentales. Es un Andante de cantabiles melodías. El tema principal es presentado por el violonchelo, sostenido por un acompañamiento de acordes a cargo de violines y viola, acompañamiento que varía en cada exposición del tema. De esta forma se evita la monotonía y se enriquecen las texturas. La sección central posee un entramado mas complejo y en ella toman protagonismo materiales provenientes de temas secundarios. Finalmente, se produce una reexposición del tema principal a cargo del primer violín.

Publicado por jrtapia @ 18:00  | Sonido y Música
Comentarios (0)  | Enviar
El tenor Lev Kuznetsov en el Teatro Bolshoi de Moscú (1980).



Compositor ruso y teórico de la música, una de las grandes figuras de la escuela nacionalista rusa y gran maestro en el arte de la orquestación, Nikolai Rimski-Korsakov nació en Tijvin, cerca de Novgorod, en una familia aristocrática y de marinos militares. Rimski-Korsakov demostró su talento artístico desde una edad muy temprana, pero estudió en la Escuela Naval de Cadetes Imperial en San Petersburgo y posteriormente se alistó en la Marina.

En 1861 conoció a Mili Balakirev y comenzó a centrarse más seriamente en la música. Balakirev le animaba a componer y le enseñaba teoría musical en los períodos que Rimski-Korsakov no navegaba. A través de Balakirev conoció otros compositores, tales como Cesar Cui, Borodin o Mussorgsky, que juntos formaron el que más tarde sería conocido como "Grupo de los Cinco". Durante su pertenencia a la marina, Rimski-Korsakov compuso una sinfonía, la primera escrita por un ruso. También escribió sus óperas "Sadko" (1867) y "La Doncella de Pskov" (1872), antes de presentar renuncia a su cargo militar en 1873.

Rimski-Korsakov y otros miembros del "Grupo de los Cinco" completaron con frecuencia las obras inconclusas de otros compañeros. En particular, tras la muerte de Modest Mussorgsky en 1881, Rimski-Korsakov revisó muchas de sus obras para publicarlas y ponerlas en condiciones de ser ejecutadas. Por ejemplo, el poema sinfónico "Una noche de San Juan en el Monte Pelado" o la ópera "Boris Godunov", ambas de Mussorgsky. Sin embargo, su opinión crítica inicial respecto a las obras de Mussorgsky fue cambiando con el transcurso del tiempo. Su estilo, considerado inicialmente como tosco o agreste, ha dado paso en tiempos más recientes a admitir su originalidad.

En 1871, a pesar de haber sido autodidacta, Rimski se convirtió en profesor de composición y orquestación en el Conservatorio de San Petersburgo. Allí enseñó a muchos compositores que más tarde alcanzarían renombre internacional, como Alexander Glazunov, Sergei Prokofiev e Igor Stravinsky.

Rimski-Korsakov escribió un Tratado ("Principios de Orquestación"), utilizado por los muchos conservatorios de todo el mundo durante la primera mitad del siglo XX, aunque en la actualidad se ha abandonado su empleo, pues sus ejemplos prácticos están tomados sólo de sus propias obras y ello limita la gama de posibilidades de aprendizaje del alumno. Rimski también escribió un Tratado de Armonía. Actualmente se valora más la frescura y la brillantez de su orquestación que la originalidad de sus ideas musicales.
Rimski-Korsakov compuso otras obras orquestales, como "Scheherezade" y el "Capricho español" (1887). También escribió quince óperas, por ejemplo "Kashey el inmortal" o "La leyenda del zar Saltan" (1903) y otras populares obras, como "El vuelo del moscardón", arreglada para distintas formaciones instrumentales. Dentro de su música para la liturgia ortodoxa se encuentran la "Liturgia de San Juan Crisóstomo", para coro a cappella, y la obra orquestal "La Gran Pascua Rusa".

En 1905 Rimski-Korsakov fue cesado de su cargo de profesor en San Petersburgo debido a sus ideas políticas, lo que provocó una serie de dimisiones de sus colegas. Gracias a ello fue reincorporado a su cargo. La controversia política continuó en 1907 con el estreno de su ópera "El gallo de oro", que representaba un ataque a la monarquía absolutista de la Rusia Imperial, por lo que fue inmediatamente prohibida.

Hacia el final de su vida, Rimski-Korsakov enfermó de angina y murió en Lyubensk el 21 de junio de 1908. Fue enterrado en el cementerio de Tikhvin del monasterio Alexander Nevski, en San Petersburgo, Rusia. En 1909 se publicó a título póstumo su autobiografía "Recuerdos de mi vida musical".


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Ópera
Comentarios (0)  | Enviar
sábado, 14 de junio de 2008

Orquesta Filarmónica de Viena/Christian Thielemann



En la obra de Bruckner se nota el peso de la ciudad de Viena, aquella con la que Mozart mantuvo una lejana cercanía dominada por el amor y el odio, incluyendo el uso de ciertos procedimientos musicales que nacen como expansión de otros ya practicados o intuidos en la obra del autor salzburgués. Pero si en la época de Mozart el retrato más popular de cualquier prohombre se vincula a las siluetas recortadas en negro, casi a la manera de impersonales sombras chinescas, avanzado el siglo XIX domina la traza de cuerpo entero, la mirada fija en el objetivo y la apostura naturalista. Se sabe, y ayuda para entender su música, que la "razón" de Bruckner queda cerca de su carácter timorato y que la "fogosidad de lo sentimental" tiene mucho que ver con cierta represión sentimental. Bruckner era una criatura simple, ingeniosa, quizá cruel, que poseía largura más que verdadera inteligencia. Lleno de tics neuróticos, tenía pánico al fuego, sentía fascinación por la muerte y admiraba las ejecuciones públicas, usaba zapatos y sombreros más grandes que los de su talla, a los cuales ponía afectuosos sobrenombres, poseía un inmoderado gusto por los honores, y tras su extremada educación católica escondía una sexualidad reprimida. Fue un ser de profunda humanidad, generoso, amable, buen amigo y respetuoso, con una alma llena de dudas que le hizo transitar por el proceloso mar de la angustia vital.
Ante semejante personalidad es fácil comprender que puedan existir tantas variantes de las sinfonías, siempre puestas en continua revisión. Excepcionalmente, de todas ellas, la Séptima es la única sin modificaciones significativas, a excepción hecha del añadido de unos platillos y un triángulo en el clímax del "Adagio", anotados por el autor, a partir del consejo del director Arthur Nikisch, en un papel aparte que quedó pegado a la partitura original. En 1881 Bruckner disfruta de un relajado optimismo y de un ánimo sereno. Comienza la obra entre agosto y septiembre, durante las vacaciones en el monasterio de San Florián. Su estreno tendrá lugar en Leipzig, el 30 de diciembre de 1884, bajo la dirección de Nikisch, en un concierto en memoria de Wagner, quien había declarado que Bruckner era el único sinfonista válido después de Beethoven. No cabe mejor escenario. Bruckner sospecha que el autor de Parsifal encarna al héroe capaz de penetrar en el futuro con la gallardía del triunfador. La inevitable contradicción le llevará a aliarse con él pero a asimilar muy poco de su estilo, que aparece como un barniz exterior sin influencia clara sobre la realidad del método compositivo. Efectivamente, Bruckner maneja pasajes de un cromatismo audaz, pero frente a ellos hay muchos otros que se asientan en un diatonismo claro, de colores firmes y severos. Amplió progresivamente la composición de la orquesta hasta alcanzar dimensiones wagnerianas pero no cultivó la amalgama de timbres típica de Wagner y, en consecuencia, su sonoridad. Al margen de que el procedimiento utilizado para el desarrollo del discurso musical tenga poco que ver con el principio de variación continua manejado por el autor dramático. Los aspectos formales y estructurales de las sinfonías de Bruckner tienen más que ver con la obra de Schubert, a lo que añade un detalle de originalidad mediante el uso de un tercer grupo temático en el primer movimiento, lo que provoca una dilatación formal que afecta de igual modo al resto de los movimientos con el fin de equilibrar la obra.
En julio de 1882, concluido el primer movimiento de la Séptima sinfonía, Bruckner se traslada a Bayreuth para asistir al estreno de esa última ópera: "Sentí que el Maestro no iba a vivir ya mucho tiempo. Fue entonces cuando el "Adagio" en Do sostenido menor me vino a la mente". A la inmediata muerte de Wagner, plácidamente elevado a la eternidad entre los brazos del silencioso transcurrir de las aguas del Gran Canal de Venecia, había escrito hasta el compás 180. Añade entonces cuatro tubas wagnerianas, que utiliza por primera vez, y da fin al "Adagio" con una imponente marcha fúnebre emanada de El ocaso de los dioses. El milagro se ha hecho posible. El casi perfecto equilibrio clásico de la obra se alía con la música más avanzada. Bruckner hipnotiza a la audiencia con sus largas melodías, envolventes, fluidas, plásticas. Convence con la sencillez de las estructuras y embriaga con la brillantez y espesura de las sonoridades. Así se manifiesta el día del estreno. Es su consagración como compositor. El público siente "primero curiosidad, después interés, seguidamente admiración, finalmente entusiasmo, tal fue la gradación". La Séptima Sinfonía tiene un éxito inmediato. El secreto no es otro que la insistencia en una fórmula digna del último Mozart. Había sido, en palabras de Friedrich Eckstein "completamente absorbido por el mágico, laberíntico mundo del [viejo] contrapunto".

Publicado por jrtapia @ 17:31  | La Sinfonía
Comentarios (0)  | Enviar


John Williams, guitarra

La interpretación de la obra de Isaac Albéniz no ha estado exenta de polémicas y controversias que, lejos de enturbiar el dinamismo de su escritura, enriquecen su universo expresivo. La dificultad que supone su interpretación no ha frenado el interés de los músicos que, a lo largo del siglo XX, se han acercado a sus páginas con más o menos fortuna: unos, tratando de convertirse en fieles transmisores de la técnica y estilo del autor, y otros, dispuestos a mostrarnos una peculiar visión subjetiva de la obra. Por otra parte, el hecho de que la producción de Albéniz pueda fragmentarse en piezas sueltas, logrando mantener su autonomía respecto a la obra a la que pertenecen, ha propiciado su presencia en los repertorios más variados y dispares. Entre versiones originales y arreglos para otros instrumentos, las grabaciones que hoy podemos encontrar en el mercado son incontables.

La Suite Española Op.47 de Isaac Albéniz está compuesta principalmente de obras escritas en 1886 que se agruparon en 1887, en honor de la Reina de España. Como muchas de las obras para piano de Albéniz, estas piezas son cuadros de diferentes regiones y músicas de España. Esta obra se inscribe dentro de la corriente nacionalista relacionada con el Romanticismo. Los ocho títulos originales son Granada, Cataluña, Sevilla, Cádiz, Asturias, Aragón, Castilla y Cuba; pero sólo los tres primeros títulos y Cuba aparecieron en la colección original. Las demás piezas se publicaron en ediciones posteriores y a menudo con títulos distintos. El editor Hofmeister publicó los ocho títulos de la Suite Española en 1912, después de la muerte de Albéniz. Lo hizo tomando otras piezas para los cuatro títulos restantes, ya que esas piezas no reflejan muy exactamente la región geográfica a la que se refieren. Un caso muy claro es el de Asturias (Leyenda), cuyos ritmos de flamenco andaluz poco tienen que ver con la música de la región atlántica de Asturias. El Op. 47, número asignado por Hofmeister, no guarda relación con ningún tipo de orden cronológico en la obra de Albéniz, en la que los números de opus fueron dados aleatoriamente por los publicadores o por el mismo Albéniz. Algunas obras incluso aparecen en más de una colección.

Partitura completa de la Suite Española: http://pianosociety.com/cms/files/resourcesmodule/@random476b7e8549888/1198302780_albeniz_47.pdf


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Instrumentos mixtos
Comentarios (0)  | Enviar
viernes, 13 de junio de 2008

Plácido Domingo, tenor
Alexis Weisenberg, piano
(1983)


Plácido Domingo canta la canción más popular, y una de las más tempranas, de Fauré. 
Después toca el piano a cuatro manos con Alexis Weisenberg.
Après un rêve está escrita sobre un poema de Romain Bussine, poeta francés que realizó la transcripción de un poema italiano anónimo. Esta canción forma parte de las Tres Melodías opus 7 del compositor, junto con Hymne (nº 2, Baudelaire) y Barcarolle (nº 3, Monnier), escritas entre 1870 y 1878.

Gabriel Fauré nació en Pamiers Ariège y estudió música en la École Niedermeyer de París con el prestigioso compositor Camille Saint-Säens. Desde 1866 hasta 1905 fue organista de varias iglesias, entre ellas las de St. Sulpice y la Madeleine, en París. En 1896 fue nombrado profesor de composición en el Conservatorio de París, y entre 1905 y 1920, se hizo cargo de la dirección. Entre sus alumnos se encuentran los músicos MauriceRavel, Florent Sehmitt, Jacques Aubert Charles Koechlin, Nadia Boulanger y el compositor rumano Georges Enesco. Junto con Saint-Saëns, Fauré fue defensor de los valores de la música francesa en un tiempo en que la tendencia predominante en Europa era adoptar los resultados y técnicas de la música romántica alemana. Romántico en sus inicios y admirador de la música de Richard Wagner, Fauré se sumó luego a la corriente impresionista en la línea de la música francesa, siendo la suya de una gran finura melódica y equilibrio compositivo.





Aprèsun rêve

Dans un sommeil que charmait ton image
Je rêvais le bonheur, ardent mirage;
Tes yeux étaient plus doux, ta voix pure et sonore,
Tu rayonnais comme un ciel éclairé par l'aurore.
Tu m'appelais et je quittais la terre
Pour m'enfuir avec toi vers la lumière;
Les cieux pour nous, entr'ouvraient leurs nues,
Splendeurs inconnues, lueurs divines entrevues...

Hélas!Hélas, triste réveil des songes!
Je t'appelle, ô nuit, rends-moi tes mensonges;
Reviens, reviens radieuse,
Reviens, ô nuit mystérieuse!
<!--[endif]-->


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Música vocal
Comentarios (0)  | Enviar


I. The Song Of The Yellow River Boatman

II. Ode To The Yellow River

III. The Yellow River In Wrath

IV. Defend The Yellow River

 

Lang Lang, piano

100 Pianistas del Conservatorio Xing-Hai

Zhu-Jiang Movie Production Symphony Orchestra

Guang-Ju Symphony Orchestra

Shen-Zhen Symphony Orchestra

Xing-Hai Conservatory Symphony Orchestra

Long Yu, director

 
 Este Concierto es una adaptación de la Cantata Yellow River del mismo autor por Cheng-Zong Yin, Wang-Hua Chu, Li-Hong Sheng , Zhuang Liu, Guang-Ping Cao.
 Tras la Revolución Francesa, las ideas ilustradas se difundieron en China ejerciendo su influencia sobre una generación entera de intelectuales progresistas de este país. El lema “libertad, igualdad y fraternidad” fue adoptado por muchos de ellos. Precisamente en aquellos momentos, un gran pensador chino, Yan Fu, decía que "para un país, lo más importante es la independencia, y, para el pueblo, lo más importante, es la libertad". Debido a este "entusiasmo" por lo francés muchos destacados pensadores, revolucionarios, literatos y artistas chinos, incluidos Zhou Enlai, Deng Xiaoping, Chen Yi, Ba Jin, Qian Zhongshu, Xin Xing-Hai y Xu Beihong, se trasladaron a Francia a principios del siglo XX en busca de nuevos planteamientos.

El Concierto para piano Yellow River está inspirado en el modelo de los Conciertos románticos de la música occidental, tales como los de Chaikovski, Rachmaninov o Chopin.  Xing-Hai, compositor adorado por Mao, tomó algunas melodías de su Cantata “Yellow River” y las incorporó al Concierto en forma de Temas Principales, empleando la forma Sonata y la armonía tonal. ¿Por qué se considera esta obra como un Concierto del Proletariado? A saber…


Publicado por jrtapia @ 8:00  | El Concierto
Comentarios (0)  | Enviar
jueves, 12 de junio de 2008

II. Largo

Orquesta Filarmónica de Viena

Herbert von Karajan, director

Antonin Dvořák nació en Nelahozeves, un pequeño pueblo bohemio situado treinta kilómetros al norte de Praga, el 8 de septiembre de 1841. De niño aprendió a tocar el violín, el piano y el órgano. En 1873 su fama se hizo internacional gracias a la publicación de la primera colección de sus "Danzas eslavas". En 1884 visitó por primera vez Gran Bretaña y obtuvo éxito inmediato. Luego se trasladó a Norteamérica, donde fue director del Conservatorio de Nueva York. Dos de sus obras más famosas, la Sinfonía nº 9 ("Del Nuevo Mundo") y el Cuarteto en Fa mayor, Sinfonía "conocido como "Cuarteto americano", las compuso en 1893, durante su estancia en los Estados Unidos.

Sus composiciones incluyen nueve sinfonías (1865-1893), obras para piano (entre ellas la conocida "Humoresca", de 1894), dos colecciones de Danzas Eslavas (1878 y 1886), para dos pianos (orquestadas más tarde por el propio compositor), las óperas "Vanda" (1875), "Dimitri" (1882), "El jacobino" (1887-1888), "El diablo y Catalina" (1888-1889), "Rusalka" (1901) y "Armida" (1902-1903) entre otras, varios Poemas Sinfónicos, música de cámara, Oratorios, Cantatas, Misas, un Concierto para violonchelo, otro piano y otro más para violín. El Concierto para violonchelo en Si menor opus 104 es una de las obras más espléndidas del repertorio romántico (1895).

Dvořák murió el 1 de mayo de 1904 en Praga.

"Sinfonía "Del Nuevo Mundo"


La Sinfonía nº 9 en Mi menor, Op. 95, conocida como "Del Nuevo Mundo" es, seguramente, la sinfonía más popular de Dvořák y una de las más destacadas de todo el repertorio sinfónico. Consta de cuatro movimientos:
I. Adagio - Allegro molto
II. Largo
III. Scherzo: Molto vivace
IV. Allegro con fuoco

Fue escrita en los primeros meses de 1893, durante la estancia de su autor en Estados Unidos que se prolongó desde 1892 hasta 1895. Fue estrenada el 16 de diciembre de 1893 en el Carnegie Hall de Nueva York, con la Orquesta Filarmónica de la ciudad dirigida por Anton Seidl. El éxito fue apoteósico.

De los cuatro movimientos, el segundo es el más conocido; parece ser que Dvořák se inspiró en la lectura de "La Canción de Hiawatha", en la que Longfellow pinta la grandiosidad de los bosques americanos.

La melodía tiene ese aire doliente y nostálgico propio de los “espirituales negros”. Dvořák se interesó por la música nativa americana y por los espirituales afro-americanos desde su llegada a América.

En el Scherzo se escucha una especie de danza ritual india, para acabar en un final de trompas y trompetas en contraste con los acordes secos de la orquesta.

Tras el estreno de la sinfonía, Dvořák explicaba en un artículo publicado en el New York Herald cómo la música originaria americana había influido en su obra. En él afirmaba que, si bien no había utilizado directamente melodías populares americanas, excepto en el segundo tema del primer movimiento, basado en un canto espiritual afronorteamericano, sí había incorporado las particularidades de la música india, desarrollando los temas con todos los recursos de los ritmos modernos, del contrapunto y del color orquestal.


Publicado por jrtapia @ 17:39  | La Sinfonía
Comentarios (0)  | Enviar
miércoles, 11 de junio de 2008

Nicholas Daniel, oboe

Las Seis metamorfosis de Ovidio (Op. 49) (título original en inglés: Six methamorphoses after Ovid) es una obra escrita para oboe solo por Benjamin Britten en 1951. Intentaba así evocar las imágenes del poeta romano Ovidio en su obra titulada las Metamorfosis.

 

Como el título sugiere, está dividida en seis movimientos, cada uno de los cuáles está encabezado con la siguiente inscripción:

   1. Pan, quien una vez tocó la flauta a Syrinx, su amado.

   2. Phaeton, quien condujo el carro del sol durante un día y fue lanzado al río Padus por un rayo.

   3. Niobe, quien, lamentando la muerte de sus catorce hijos, fue convertida en una montaña.

   4. Bacchus, en cuyas fiestas se oyen los murmullos de mujeres y los gritos de hombres.

   5. Narcissus, quien se enamoró de su propia imagen y se convirtió en flor.

   6. Arethusa, quien, volando dese el amor del dios del río Alfeo, fue transformado en una fuente.

 La mayor parte de los seis movimientos están marcados por frecuentes pausas entre las frases, mediante signos de respiración (cesuras) o un calderón. Una interpretación habitual de toda la obra puede durar entre 10 y 15 minutos.

La obra está dedicada a la oboísta Joy Boughton, hija del amigo y compositor contemporáneo Rutland Boughton que dio la primera interpretación el 14 de junio de 1951 en el Festival de Aldeburgh. Las Metamorfosis constituye un crisol de emociones en las que el oyente tras oírlas no sabe si reír o llorar, ambivalencia curiosa igualmente expuesta en el carácter del músico. La obra recoge sólo seis de las 246 fábulas que escribiera Ovidio, y las refleja con socarronería, evitando cualquier contexto romántico para así hacer más sencillo un tratamiento sarcástico de las mismas, empleando todos los recursos técnicos posibles del oboe.

Debido a su espíritu libre, el de una epónima figura mitológica, el primer movimiento, Pan,  está señalado como Senza misura, o "sin medida". Esto, en combinación con los frecuentes calderones de fin de frase, da a la pieza una sensación de ad libitum.


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Inst. de viento madera
Comentarios (0)  | Enviar

Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia

Semyon Bychkov, director

La figura de Brahms puede perfectamente presentarse como un agente unificador de las tendencias musicales de su época, más que como un compositor a contracorriente. Su música no sólo es un homenaje a los clásicos, sino que es la afirmación de una filosofía historicista que mantuvo el balance en un tiempo donde la idea del hombre moderno se estaba sobrecargando.

El hecho de que tanto en el siglo XX como en el presente se haya glorificado la música de Brahms no es algo caprichoso. La realidad sociopolítica que ha vivido el mundo en estos tiempos ha fomentado una expresión musical tangible; aun cuando han existido fuertes tendencias de círculos modernistas que intentaron establecer la regla de la no-regla, como el dadaísmo.

Brahms defendió los más altos patrones de entendimiento musical y nuestra época ha cultivado también esa tendencia. El compositor de Hamburgo dejó viva la idea de que ante el caos probablemente sea mejor trazar líneas de orden y disciplina. Por otro lado no es menester despreciar otras tendencias que se han dado históricamente; la genialidad de los compositores modernistas no se debe cuestionar totalmente, pues ello es una reacción, como lo es el historicismo. Lo importante es ir más allá de los ismos y analizar la capacidad creativa y evolutiva de los distintos movimientos históricos para así comprender mejor la dirección de la expresión humanística.

La importancia de Brahms como portador de un intelectualismo casi radical es mantener un grado de conciencia en lo que al análisis crítico se refiere. Su música es el ejemplo vivo de esa filosofía. Antes de la archifamosa Sinfonía nº 1 en Do menor, ya Brahms era un maestro de la música de cámara; además de la música coral y las canciones de arte. Aún así es tan genial su desarrollo de la técnica sinfónica que en el siglo XX sus sinfonías, conciertos y oberturas son los que lo han llevado a ser calificado como la tercera B (Bach, Beethoven, Brahms).

Su tiempo era el de la crisis del romanticismo musical. Agotadas las grandes figuras, sólo Wagner se mantenía. Brahms es, con su obra, el representante de la música pura continuando las grandes tradiciones de los clásicos y cierra así dos siglos de evolución musical, y es el sólido continuador y de alta calidad de las tradiciones de Haydn, Mozart y Beethoven.

Así nos presenta Robert Schumann a Brahms: «Siempre he sabido que un día aparecería un artista que estará llamado a ser la encarnación ideal del genio de su tiempo y cuyo arte no resultaría de un desarrollo gradual, sino que se manifestaría de golpe en toda su perfección, a semejanza de Minerva surgiendo completamente armada de la cabeza de Cronos. Pues bien, ya ha llegado, una sangre joven junto a cuya cuna montan guardia las Gracias y los Héroes. Se llama Johannes Brahms, vino de Hamburgo, donde realizó una obra creadora, ignorada de todos, en una profunda soledad. Todo en él, incluso su físico, anunciaba a un elegido El día en que dirija con su varita mágica las masas corales y orquestales que le comunicarán su poder, los misterios del mundo invisible nos serán desvelados en maravillosas visiones...».

La Tercera Sinfonía es su obra maestra de 1883, dos años después de terminar la Segunda, y supone el alejamiento de la influencia beethoveniana que se percibe claramente desde el inicio de la expresión triunfal del allegro, dirigiéndose hacia un final, en el último allegro, majestuoso, en un acorde pianísimo en Fa mayor.

La Tercera Sinfonía de Brahms está basada probablemente en esbozos de años anteriores. Uno de sus motivos principales está relacionado con la transposición musical de las iniciales de una frase muy suya: "Frei aber froh" (libre pero feliz, FAF, es decir: Fa-La-Fa, aunque realmente la segunda nota es La bemol).

Fue estrenada el 2 de diciembre de 1883 por la Orquesta Filarmónica de Viena, bajo la dirección de Hans Richter, que la consideró como la Eroica de Brahms (aludiendo a la Tercera Sinfonía de Beethoven).

El famoso tema del tercer movimiento, Poco Allegretto, forma parte de la banda sonora de la película "Aimez vous Brahms?" de Anatole Lidvak. También ha sido empleado en el documental de la BBC "The Century of the Self" de Adam Curtis, y en la canción "Baby alone in Babylone" de Serge Gainsbourg.



Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Sinfonía
Comentarios (0)  | Enviar
martes, 10 de junio de 2008


José Carreras (Barcelona, 1946) es y parece demasiado joven como para celebrar medio siglo en los escenarios, aunque la efeméride en cuestión se explica por qué tenía 11 años cuando el maestro José Iturbi le dio el papel de Trujumán en El retablo de Maese Pedro. Se lo había preparado a conciencia con la ayuda de su primera profesora, Magda Pruneda, aunque el pequeño José María (así aparecía entonces) tenía a su favor el éxito en un concurso radiofónico y la fama de Rigoletto, que así le llamaban sus compañeros de clase por la frecuencia con que cantaba La donna è mobile. El estreno de El retablo de maese Pedro fue un éxito prematuro y premonitorio cuyo eco puede rescatarse leyendo la crítica publicada entonces en las páginas de Solidaridad Nacional: “Un niño de once años, cantante excepcional de ópera”. La revelación de Carreras se proyecta cincuenta años después en un homenaje complementario que le ha organizado el Liceo. Primero con una exposición retrospectiva que celebra a partir de hoy los hitos de su trayectoria en el templo barcelonés. Y en segundo lugar, con un recital del propio tenor el día 17 de junio.


– Medio siglo de carrera y de Carreras. ¿Siente vértigo?
–Debo aclarar que no tengo 80 años ni soy un anciano (se ríe). Y que me beneficio del atenuante de la precocidad. Porque era un niño cuando pisé el Liceo la primera vez. Y nada menos que al lado de Iturbi. En realidad estoy muy feliz de que el teatro de mi ciudad y de mi vida se haya volcado en este homenaje, en esta iniciativa. He tenido con el Liceo un vínculo extraordinario, profesional y personal. Así que la posibilidad de volver a cantar y a ver a mi gente me llena de emoción.

–La exposición rescata imágenes, crónicas, vídeos… ¿Ha sido para usted como revolver los recuerdos? ¿Qué impresiones se le vienen a la cabeza después de visitar o revistar su álbum personal?
–Bueno, se me vienen recuerdos fundamentalmente entrañables. Me acuerdo, por ejemplo, con especial cariño de mi debut al lado de Montserrat Caballé, cuando hicimos Lucrezia Borgia. Y también hago inventario de los personajes que he llevado a escena. Muchos. La cuenta creo que llega a 25 ó 26 y muchas de esas óperas, como Andrea Chénier, Herodiade o La forza del destino, la canté por primera vez en mi vida entre las paredes del Liceo. Si hago memoria, creo que estos cincuenta años son una mezcla intensa de tensión, nervios, satisfacción, emociones, miedos, éxitos.

Ejemplo de la sociedad civil
–¿Cuál consideraría que ha sido para usted el peor momento del medio siglo?
– Sin duda, el incendio. Fue un momento dolorosísimo, durísimo para todos. Es como si se nos hubiera quemado la casa. Fue un golpe tremendo, aunque la reacción general que se produjo para reconstruirlo me impresionó. Por una vez todas las administraciones se pusieron de acuerdo. Y hubo una reacción ejemplar de la sociedad civil gracias a la cual pudo volver a inaugurarse.

– ¿Y el momento más feliz?
– Curiosamente no fue una ópera o un concierto en el que yo cantaba, sino una experiencia imprevista, espontánea. Recién llegado de Seattle [la ciudad donde Carreras se trató la leucemia] me animé a ir al Liceo como espectador. Cantaban Plácido Domingo y Renata Scotto. Concretamente Fedora. Yo estaba en un palco, escondido. Y aprovechando el descanso me acerqué a saludar a los cantantes. Plácido decidió entonces “arrastrarme” hasta el escenario y me hizo saludar delante de los espectadores, que no sabían de mi presencia. Fue un momento de una intensidad tremenda. Una bienvenida que no voy a olvidar nunca.

–...Y el origen de una amistad con el propio Domingo.
–Es verdad que habíamos tenido alguna discrepancia en el pasado, concretamente en Viena, pero Plácido siempre fue un buen colega y luego un excelente amigo. Hemos pasado muchas, muchas horas juntos. Especialmente en las giras de los tres tenores. Discrepamos cuando hablamos de fútbol [Carreras es del Barça, Domingo del Madrid], pero coincidimos en muchas cosas más.

–¿Tiene la impresión de que los conciertos de los tres tenores han sido efectivamente una fórmula de divulgación operística?
–Estoy convencido. Y no es una cuestión de demagogia. El fenómeno de los tres tenores ha llevado la ópera donde parecía imposible y ha llegado a un tipo de público que de otro modo nunca habría tenido acceso. Ha sido un vehículo de iniciación. Igual que lo fue para mí y para otras muchas personas la figura de Mario Lanza. Yo “decidí” hacerme tenor después de ver El Gran Caruso en un cine que, por si hubiera dudas, se llamaba Gayarre. Me consta, porque lo he visto, que la idea de los tres tenores ha roto una barrera. Ha generalizado la ópera.

–Domingo y usted se han quedado sin Pavarotti. ¿Cómo sobrelleva el luto del tenor italiano?
– Fue un golpe muy duro, una pérdida terrible. Y me jacto de haber tenido una relación personal muy estrecha con Luciano. De él siempre me ha atraído su filosofía de vida. Su mentalidad de contadino [hombre del campo]. Y lo digo con el mayor de los elogios, porque Luciano hablaba con gran sabiduría de las pequeñas cosas y de las importantes. Era un hombre agudo, perspicaz, simpático, audaz. Desprendía un enorme calor humano. Te hacía sentir muy próximo.

–No ha sido la de Pavarotti la única pérdida que usted ha sufrido en 2008. También ha muerto Giusseppe Di Stefano. Probablemente el tenor que más ha podido admirar.
–Ha sido triste el final del maestro Di Stefano. No llegó a recuperarse de aquella agresión que sufrió en Kenya. Qué puedo decir de él. Quizá que lo escucho cantar todos los días. Siempre encuentro un momento para poner un disco y admirar la entrega, la generosidad con que Di Stefano cantaba. Es el ídolo de mi vida. Sobre todo porque, más allá de sus condiciones vocales, artísticas, a mí me hubiera gustado dar tanto como yo recibía de él. Se vaciaba. Se entregaba.

–La crítica italiana se apresuró a compararlo con usted después de su debut en los grandes coliseos trasalpinos.
– Para mí fue un reconocimiento inesperado y desmesurado. Ser comparado con el cantante que más admira uno… ¿Paralelismos? Sí puedo decir que yo siempre he sido sincero cantando. Siempre he salido al escenario convencido de lo que hago. Soy de verdad. Lo que hago en el escenario, lo siento. Y creo que esa sinceridad puede reconocerse como una columna vertebral en estos cincuenta años de carrera.

–¿Qué lugar ocupa Karajan en el medio siglo que menciona? Estamos celebrando el centenario de su nacimiento y el maestro austriaco desempeñó un papel determinante en su carrera, ¿no?
– Karajan era un músico extraordinario. Tuve la suerte de colaborar con él más de una década, entre 1976 y 1987. Debuté a su lado con el Réquiem de Verdi y se produjo a partir de entonces una sintonía que guardo con especial satisfacción. Me refiero en primer lugar a una cuestión de calidad musical. Karajan ha llevado a la ópera a una dimensión que parecía imposible en términos de perfección, de profundidad. Pero es que además estar al lado de Karajan significaba jugar en la Champions League. Cuando te llamaba, sabías que ibas a estar con la mejor orquesta del mundo, con los mejores cantantes. Conocías que ibas a participar en las mejores producciones y en los teatros más importantes. Por todas esas razones puedo decir que mi carrera llegó a su punto culminante al lado de Karajan.

– ¿Y dónde ha llegado la ópera en España? ¿Le sorprende el número de teatros que se han abierto? ¿Qué grado de responsabilidad tiene usted y sus colegas en esta democratización del fenómeno lírico ?
– Sería pretencioso hablar de un protagonismo personal. Es verdad que mis colegas españoles y yo hemos podido ayudar a divulgar la ópera, pero creo que la transformación es de un orden cultural más profundo. Hemos subido peldaños en calidad de vida. Hemos prosperado. Y la cultura es uno de los síntomas que mejor transmiten la buena salud de una sociedad. Hay buenas y muchas razones para congratularse. Y es una alegría que hayan surgido tantos teatros y que se le haya perdido el miedo a la ópera.

–Usted regresa a ella el día 17. Un recital con obras de Scarlatti, Tosti, Puccini, Toldrá. ¿Ya ha superado el miedo escénico después de tantos años sobre el escenario?
–Qué va. Me parece que voy a estar más nervioso y tenso que nunca. Supone para mí mucha responsabilidad estar a la altura de un homenaje tan importante y de una efeméride tan significativa. Además, el recital va a transmitirse en directo por la televisión catalana. Tengo que tener cuidado con las emociones. Y no me queda otro remedio que ser cínico conmigo mismo. Me refiero a que estoy obligado a abstraerme de todos los sentimientos que pueden aflorar. Es una de las facetas que un cantante debe siempre vigilar. La cuestión es emocionar al público. No emocionarse a uno mismo. Son los espectadores quienes tienen que sentir.

Rubén AMÓN

EL CULTURAL


El Líceo como eje profesional y vital
El debut de José Carreras se produjo efectivamente cuando era un niño –11 años– en El retablo de maese Pedro, aunque el propio tenor considera su verdadero bautismo profesional en el Liceo el 19 de diciembre de 1970. Olvidándose incluso de sus papeles menores en Norma y Nabucco. Tenía entonces 24 años e interpretaba Lucrezia Borgia a la vera de Montserrat Caballé, tantas veces prima donna en La Rambla. El debutante no se anunciaba como Josep Carreras, sino como José María Carreras. Y sus pretensiones llamaron de inmediato la atención de Xavier Montsalvatge, crítico de La Vanguardia con buen olfato. Ya advirtió entonces el compositor catalán “un gran temple vocal y una constante hondura expresiva”, antesala de los éxitos que irían sucediéndose en las temporadas posteriores. De hecho, el Liceo se convirtió para Carreras en el patio de su casa y en una especie de eje gravitatorio. Le exigían mucho los aficionados, pero la familiaridad con el templo barcelonés y los guiños de indulgencia permitieron al tenor probar y experimentar papeles que nunca había realizado anteriormente. Incluidos los protagonistas de La forza del destino (Verdi), Herodiade (Massenet) y Andrea Chénier (Giordano), particularmente significativo porque redundó en la apertura de Carreras hacia un repertorio más dramático. La curiosidad personal y vocal del maestro también sirvió para dar a conocer en Barcelona Sly, de Wolf-Ferrari. La interpretó en junio de 2000 como preámbulo del Sansón y Dalila (Saint-Saëns) con que triunfó “liceísticamente” en la temporada de 2001. No volvió a dejarse ver ni escuchar hasta cuatro años más tarde con ocasión de un recital benéfico, entre otros motivos porque José Carreras ha eludido en los últimos años los riesgos del estajanovismo y ha medido con inteligencia sus facultades.
El próximo 17 de junio el tenor José Carreras celebrará en el Liceo, su Liceo, cincuenta años de trayectoria artística con un recital en el que interpretará obras de Eduard Toldrá, Francesco Paolo Tosti,Giacomo Puccini y Alessandro Scarlatti, entre otros. Los actos conmemorativos arrancan hoy con la inauguración de la muestra Josep Carreras, el hombre, el artista. Con este motivo, El Cultural ha hablado con el tenor para hacer balance de su carrera, en la que destacan nombres como Plácido Domingo, Pavarotti, Caballé, Karajan o Di Stefano.


Publicado por jrtapia @ 23:40  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar


Truls Mork, violonchelo

Rostropóvich ha sido, sin duda, uno de los más influyentes violonchelistas de toda la centuria pasada. Sus aportaciones técnicas y estilísticas al instrumento que tanto amaba le sitúan en la cima de los intérpretes de violonchelo. Se trata de una pérdida irreparable en el plano puramente humano y material, aunque Rostropóvich seguirá siempre vivo en la memoria colectiva. Vivo a través de sus múltiples y extraordinarias grabaciones del repertorio para violonchelo, y vivo también mediante el compromiso musical y ético de todos aquéllos que le conocieron y que, aunque lloran su pérdida, saben que su Arte está vivo aquí y ahora. Donde Slava se encuentra ahora tocando – a su manera – alguna melodía que emerge de las entrañas de algún violonchelo, nadie ha llegado todavía…

Una de las anécdotas más deliciosas que se recuerdan para enfatizar la sorprendente faceta humana de Rostropóvich tuvo lugar en Inglaterra en la década de los años sesenta, mientras el músico realizaba una gira europea acompañando a su buen amigo, el compositor y pianista Benjamin Britten (Lowestoft, Suffolk, Inglaterra, 22/11/1913 – Aldeburg, Suffolk, id., 04/12/1976).

Ambos habían sido invitados en 1964 por la Casa Real británica para acudir a la residencia oficial veraniega de la Reina Isabel II. Rostropóvich y Britten aceptaron encantados la invitación de Su Alteza Real, y se dispusieron a preparar el viaje a la mayor brevedad posible.

Ya en camino hacia las inmediaciones de Londres, mientras ambos músicos conversaban en el automóvil, Rostropóvich confesó a Britten que había estado ensayando durante meses una coreografía espectacular para presentar sus respetos a la Reina. Según nuestro protagonista, se trataba de un saludo muy especial que se le había ocurrido tras ver durante tantos años las coreografías en el Teatro Bolshoi. Britten, incrédulo, le preguntó a su amigo en qué consistía semejante salutación.

Slava le explicó que era algo relativamente sencillo: se trataba de un ejercicio quasi gimnástico consistente en un triple salto mortal hacia delante - tirabuzón incluido – con genuflexión final delante de la Reina. Britten, al escuchar el relato de su amigo, se escandalizó y le exhortó a que desistiera en hacer semejante saludo. Pero el violonchelista insistió durante el trayecto en que estaba firmemente decidido a realizar la egregia coreografía que con tanto esfuerzo había estado preparando.

Casi desesperado y horrorizado, Britten siguió insistiendo a Rostropóvich para que recapacitara sobre aquella delirante idea que tantos disgustos podía ocasionarles. Entre sus argumentos, el compositor británico esgrimió uno muy razonable: la Reina era una persona mayor que no estaba preparada para recibir semejantes sustos, por muy nobles que fueran las intenciones de Slava. Además, si Su Majestad sufriese un ataque al corazón tras el espectacular saludo de Rostropóvich: ¿Cómo se podría justificar semejante hecho por parte de un ciudadano de URSS en Inglaterra durante aquellos años de difíciles e intensas relaciones diplomáticas entre ambos países?

Cuando los dos músicos se detuvieron para comer en Lynn (Condado de Worcester), Britten le exigió a Rostropóvich que recapacitase seriamente. Mstislav, con cierto aire burlón, le contestó que retiraría formalmente el saludo alla rusa que tenía preparado para la Reina sólo si Britten se comprometía por escrito a redactar para él en un período de tres años – a partir de la fecha - un mínimo de dos suites para violonchelo.

Britten, sin demasiado entusiasmo, y preocupado porque su amigo cometiera una locura delante de Su Alteza Real la Reina Isabel II, aceptó el trato a regañadientes. En una servilleta del restaurante en el que comieron, Rostrópovich redactó un contrato improvisado – en alemán, idioma neutral para ambos -, en el que los “abajo firmantes” (Britten y él) se comprometían a cumplir las condiciones anteriormente descritas.

De esta manera tan peculiar – recurriendo al chantaje emocional -, Rostropóvich logró ‘arrancar’ – literalmente – a Britten dos suites para violonchelo solo. La primera de ellas fue terminada en aquel año de 1964, y el músico azerbaiyano veía cumplida la primera promesa contractual de su amigo compositor. La segunda de las suites le fue entregada a Rostropóvich en 1967. El propio Slava, dedicatario de sendas composiciones, se encargó de estrenarlas bajo la atenta supervisión del compositor británico. Aún recibiría otro regalo de su sufridor amigo en 1972, cuando éste le obsequió con su tercera suite para violonchelo.

Los nueve movimientos de la Suite op. 72, que se tocan sin pausa, son los siguientes:

1. Canto primo

2. Fuga

3. Lamento

4. Canto secondo

5. Serenata

6. Marcia

7. Canto terzo

8. Bordone

9. Moto perpetuo e canto quarto


Enlace a la partitura de la obra:              http://nlib.org.ua/score/violoncello/britten-vsuite.pdf


Publicado por jrtapia @ 18:00
Comentarios (0)  | Enviar


Emmanuel Pahud, flauta

Haydn-Ensemble Berlin

Mozartwoche Salzburg 2000

Los dos conciertos de Mozart para flauta y orquesta que llevan los números 313 y 314  en el catálogo Köchel pertenecen a su estancia en Mannheim y pueden haber sido creados entre el 25 de diciembre de 1777 y el 14 de febrero de 1778. Ello significa que se ubican en la etapa del gran viaje que Mozart emprende con su madre a París, con escalas en Múnich y particularmente en Mannheim, ciudad cuya intensa vida musical dejará tan importantes huellas en su  producción.

En efecto, la ciudad estaba dotada por entonces de una de las más célebres orquestas de Europa por su riqueza  y variedad instrumental. Fue un auténtico laboratorio  de experiencias sonoras y allí pudo  ese genio de veintiún años deslumbrarse ante las posibilidades que ofrecían al compositor los virtuosos del organismo sinfónico  de la ciudad. Christian Cannabich, sucesor de Stamitz como director de orquesta y compositor también él, cultivó una cálida amistad con el joven salzburgués, quien pudo así tener contacto más íntimo con la excitante vida musical de Mannheim. Es ahí donde compone los dos conciertos dedicados al oficial holandés Dejean. Las obras surgen por encargo de este aficionado, quien ofrece pagarle doscientos florines  por "dos pequeños   conciertos fáciles y un par de cuartetos con intervención de la flauta". A estas obras consagró el músico su actividad creadora, pese al escaso gusto que habría sentido por dicho instrumento.

El Concierto nº 1, en Sol mayor, K. 313, pide como acompañamiento para el solista una orquesta con dos oboes, dos trompas y cuerdas. Además, lleva dos flautas en el Adagio. Se trata al parecer de la primera composición orquestal realizada por Mozart desde su partida, lo cual explica que sea aún tributaria de las prácticas del estilo salzburgués . Ante todo, se ha observado que no responde al deseo expresado por Dejean, quien quería dos conciertos "fáciles y breves". Este concierto no es ni corto ni fácil. En cambio, cómo negarlo, se trata de  una composición de una técnica y un estilo  perfectos.

La obra se abre con un Allegro maestoso, a través de un tema de gran nobleza que se vincula, de manera original, con el segundo tema, con los cuales podrá realizar el autor ingeniosos diálogos entre orquesta  y solista, antes de que la cadencia habitual del concierto clásico permita al flautista mostrar toda su destreza.

El movimiento central, Adagio non troppo, marca el momento culminante de todo el concierto. No falta quien lo considere uno de los tiempos lentos más hermosos de la producción mozartiana; pero  aún sin llegar a tal entusiasmo, bien puede decirse que una misteriosa poesía impregna estas páginas inmortales del gran músico de Salzburgo.

El final es un Tempo de Menuetto en forma de rondó. Como ocurrirá en los finales que compone Mozart en su madurez, también aquí el solista, desde el primer compás, ataca el tema que se repite en la orquesta, un ritornello ligero y encantador, tanto como lo son los intermedios o coplas, dignos por su imaginación y originalidad de la incomparable fantasía creadora de su autor.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | El Concierto
Comentarios (0)  | Enviar
lunes, 09 de junio de 2008

Gabrielle Ferro/Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart

Rossini escribió esta ópera en un tiempo récord, pues el contrato se había firmado sólo siete semanas antes de su estreno. Años después Rossini aclararía que había terminado "El barbero de Sevilla" en sólo trece días. Sin embargo, es muy probable que el tema de Fígaro hubiera rondado por su cabeza bastante tiempo antes de su composición.

Además de la de Rossini existen varias óperas tituladas “El barbero de Sevilla”, basadas en la obra original del escritor francés Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais (1732–1799), aunque con textos escritos por diferentes libretistas. La más importante de estas óperas es la de Giovanni Paisiello, que se estrenó en 1792 y que tuvo gran éxito que perduró por muchos años. Entre esta obra y la de Rossini hubo al menos cinco compositores que escribieron obras con el mismo tema. Sin embargo la obra de Rossini es la ópera más conocida sobre el tema y es, casi desde su estreno en 1816, una de las óperas más gustadas por el público con justa razón. Para conocer las causas de tanta admiración por esta obra sólo hay que escucharla (y verla si es posible).

La obertura de "El barbero de Sevilla" se suele tocar con frecuencia en los conciertos. Su carácter alegre, gracioso y humorístico prepara psicológicamente al público para el ambiente en que se desarrolla el resto de la ópera. Esta música había sido utilizada por el compositor en dos óperas anteriores ("Elisabetta, Regina d'Inghilterra" y "Aureliano en Palmira"). Sin embargo, ha quedado ligada de manera definitiva a "El barbero de Sevilla”

La obertura no es el único material de “El barbero de Sevilla” que proviene de otras obras previamente compuestas por Rossini; también encontramos material de “Sigismondo”, “La cambiale di matrimonio”, “Il Signor Bruschino” y “Egle ed Irene”. Lo sorprendente del asunto no es la diversidad de materiales, pues era práctica común en la época, sino que el resultado sea una obra maestra.

La obertura, que tiene forma tripartita, se inicia con una llamada de atención, algo así como el principio de una parte que funciona de manera introductoria. Después, comienza una de las secciones más conocidas de “El barbero de Sevilla”, o quizás debiéramos decir de “Aureliano en Palmira”. La última sección es también muy popular.


Publicado por jrtapia @ 18:13  | La Ópera
Comentarios (0)  | Enviar

Arabella Steinbacher, violín

Eugène Ysaÿe nace en Lieja (Bélgica) el 16 de julio de 1858. Su padre lo inicia en el estudio del violín, comenzando en 1865 sus estudios en el Conservatorio de Lieja con R. Massart. La estancia de Ysaÿe en el Conservatorio no fue todo lo disciplinada que pudiera parecer, ya que fue expulsado en 1869 debido a una no del todo aclarada disputa con Heynberg, su profesor de entonces. Readmitido en 1872, fue puesto al cargo de Massart, hasta que en 1873 marcha a Bruselas para recibir lecciones de Wieniawsky y más tarde, en 1876, a París, donde será alumno de Vieuxtemps. Con todo, nunca estudia formalmente las asignaturas de armonía o composición.

En 1880 debuta como concertino de la Orquesta Bilse en Berlín, comenzando un año después sus giras de conciertos en Noruega. De ahí en adelante recorrerá Europa y América acompañado de Anton Rubinstein.

Profesor de violín del Conservatorio de Bruselas desde 1886, se cuentan entre sus alumnos más aventajados Mathieu Crickboom y J. Thibaud, a los cuales les dedicó varias de sus obras. Ese mismo año fundaría tanto el Cuarteto Ysaÿe como los Conciertos Ysaÿe.

Ya en 1894 comienza la primera de las ocho giras previstas por los EE.UU. recibiendo como relago de bodas de César Franck la Sonata para Violín y Piano en La menor.

Director de la Orquesta de Cincinnati (EE.UU.) desde 1918, sufre en 1929 la amputación de una pierna. Ese mismo año es nombrado Caballero de la Legión de Honor de Francia.

El violinista y compositor belga moría en Bruselas el 12 de mayo de 1931 a los 73 años. A lo largo de su carrera llegó a utilizar dos violines: un Guarneri del Gesù y un Stradivarius de nombre Hércules, robado en 1908 y recuperado en 1947, muerto ya Ysaÿe.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Instrumentos de cuerda
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 08 de junio de 2008

Albrecht Mayer, oboe

Hélène Grimaud, piano

Robert Schumann es uno de los músicos que encarna más intensamente el espíritu del Romanticismo, puesto que su obra es fruto exclusivo de su yo interior. La introspección, el estudio de todos sus fenómenos internos, le proporcionó los datos fundamentales de su creación. Su visión poética buscó la naturaleza oculta de las cosas: de ahí el inmenso espacio reservado en su obra para la fantasía, lo misterioso, lo infantil. Como él mismo anotaba en su diario, siempre fue consciente de que poseía un “yo” público y un “yo” oculto; estas dualidades se advierten constantemente en su obra: los personajes de “Florestan” y “Eusebius” fueron un reflejo de ese desdoblamiento. Schumann se definía a sí mismo como «a la vez pobre y rico, abatido y vigoroso, cansado de la vida pero lleno de ardor». Es por ello también que abordó con tanta frecuencia la forma de las piezas breves (“Stücke”) y los Lieder, que le permitían escapar de los marcos organizados de la sonata tradicional y volcar más libremente su emoción. En sus numerosas composiciones vocales respetó la personalidad propia de cada escritor, demostrando una excepcional comprensión de la poesía, fruto no solo de su cultura, sino principalmente de su emotividad y su capacidad espontánea para describir sensaciones por medio de la música. Esto lo hizo ser uno de los polos fundamentales del Lied germano. Se ha dicho que en Schumann la música siempre busca explicar aquello que no se logra con palabras. Su música es reveladora de lo oculto, incluso lo inconsciente: toda su obra puede ser considerada, en efecto, como una confesión.
Sus Romanzas  para oboe y piano fueron escritas el año 1849. Estas tres piezas también suelen ser tocadas a menudo por clarinete o el violín. “Nicht schnell” (moderado), “Einfach, innig” (simple, entrañable), y nuevamente “Nicht schnell” son las indicaciones del autor. Es precisamente en piezas breves como éstas en las que Robert Schumann da de sí lo mejor: inventiva, riqueza armónica, íntimos sentimientos: todo ello queda fielmente reflejado en la interpretación de Mayer y Grimaud, espléndida, extrayendo toda la riqueza radiante de estas piezas, interpretadas con finos matices sonoros, dinámicos y rítmicos, dignos de ser paladeados por el oyente más exigente.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Inst. de viento madera
Comentarios (0)  | Enviar
sábado, 07 de junio de 2008




Darcey Bussel y Roberto Bolle
Royal Ballet de Londres

Léo Delibes nació en Saint-Germaine-du-Val y estudió música en el Conservatorio de París. Entre 1855 y 1869 compuso operetas y óperas cómicas dirigidas al teatro comercial francés. En 1866, mientras trabajaba como sustituto del director de coro de la Ópera de París, ganó su fama como compositor de música para ballet gracias a "La source", en la que colaboró con el compositor austro-ruso Léon Minkus. Delibes compuso en 1870 su obra maestra -el ballet "Coppélia"- y en 1876 el ballet mitológico "Sylvia". También compuso varias óperas de interés, entre las que destaca "Lakmé" (1883), que todavía sigue interpretándose hoy día. Dentro de su producción musical se incluye un libro de canciones (1872), que contiene, entre otras, "Bonjour", "Suzon" y "Les filles de Cádiz".

Publicado por jrtapia @ 20:21  | La Danza
Comentarios (0)  | Enviar
Mariss Janson homenajeará a Messiaen en el Festival de Granada

Karajan, Sarasate, Messiaen y Argenta, en las citas estivales

Un auténtico festín para los aficionados a la música de culto. Este verano, los certámenes veraniegos no dejan aniversario ni estrella por tocar. Desde los 150 años de Puccini en Peralada al homenaje a Ataúlfo Argenta y Sarasate en Santander y San Sebastián pasando por el tributo a Messiaen en el de Granada, el recuerdo de Martín y Soler en el de Torroella y el centenario de Karajan en Salzburgo. Grandes lujos que se adornan con las tradicionales notas wagnerianas del de Bayreuth.

El festival de Granada dará el pistoletazo de salida a los grandes eventos musicales veraniegos. En sus programaciones, lo mejor de la temporada. Grandes nombres como Abbado, Rattle, Minkowski, Muti, Maazel, Dudamel, Diego Flórez, Bayo o Villazón estarán en los mejores escenarios durante la excelencia canicular. Son todos los que están aunque la lista podría ampliarse a otros grandes festivales como el mallorquín de Pollença, que arranca en julio, los Promenade Concerts de Londres (del 13 de julio al 8 de septiembre) o el Festival de Edimburgo, una cita que recorre todo el mes de agosto y que abarca numerosos géneros creativos.

Daniel Barenboim

Granada
Del 20 de junio al 6 de julio
El bicentenario de la Guerra de la Independencia marcará una buena parte de las actividades del festival granadino, como los conciertos del conjunto Concierto Español que lidera Emilio Moreno (y que presentan como especial atracción la recuperación de la Tercera sinfonía del prolífico Manuel García), o una singular velada que, a modo de estreno absoluto, reunirá los talentos de Uri Caine y Carmen Linares sobre textos de José Ramón Ripoll. La Staatskapelle de Berlín con Daniel Barenboim dedicará su ya tradicional visita a las tres últimas Sinfonías de Bruckner, y la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam con su titular, el brillante Mariss Jansons, homenajeará a Messiaen con su Sinfonía Turangalîla. A resaltar también la versión de concierto de West Side Story de Gershwin dirigida por Wayne Marshall, la presencia de Les Musiciens du Louvre con Marc Minkowski, en el precioso oratorio de Haendel Il trionfo del Tempo e del Disinganno, o de la magnífica pianista Elisabeth Leonskaja con las últimas Sonatas de Beethoven. www.granadafestival.org.

Aix en Provence

Del 27 de junio al 23 de julio
Simon Rattle prosigue con su lectura de la Tetralogía wagneriana, en colaboración con el director de escena Stéphane Braunschweig, llegando este año a la segunda jornada de la misma, Siegfried, que contará con un protagonista masculino de auténtica excepción, el tenor canadiense Ben Heppner, que asume por primera vez el más exigente y agotador de los papeles escritos por el compositor. Claro que contará con el lujo de tener en el foso a la Orquesta Filarmónica de Berlín, y unos compañeros de calidad como el bajo-barítono jamaicano Willard White como Wotan o la soprano sueca Katarina Dalayman en Brünnhilde. El festival provenzal recordará también a su fundador de hace 60 años, Hans Rosbaud, con una producción de Così fan tutte de Mozart dirigida musicalmente por Christophe Rousset, al frente de su grupo Les Talens Lyriques, y escénicamente por el cineasta Abbas Kiarostami. Entre los estrenos destaca Passion, la última ópera del francés Pascal Dusapin, una moderna recreación del clásico mito de Orfeo y Eurídice www.festival-aix.com.

Santiago de Compostela
Del 4 al 23 de julio
Cada vez más afianzado, y con la mirada ya puesta en el Xacobeo 2010, el festival Via Stellae prosigue en esta tercera edición con su afirmada vocación por la música antigua, contando para ello con algunos de los máximos especialistas en la materia como John Eliot Gardiner (que ofrecerá un bellísimo programa al frente del Coro Monteverdi), Marc Minkowski (con músicas de Rameau y su reveladora versión de la Misa en si menor de Bach, que grabará precisamente en Santiago), Philipp Pickett (Dido y Eneas de Purcell), el contratenor argentino Martín Oro, Rinaldo Alessandrini (La serva padrona de Pergolesi), Giovanni Antonini (Concerti grossi op. 6 de Haendel), Federico Sardelli (con el espléndido oratorio sacro-militar Juditha Triumphans de Vivaldi) o Andrea Marcon, que se pondrá al frente de la Real Filharmonía de Galicia para ofrecer lecturas, sin duda muy particulares, de sinfonías de Mozart y Beethoven (Heroica). Además, el barítono Florian Boesch y el pianista Roger Vignoles, muy vinculado a la villa compostelana, ofrecerán el ciclo schubertiano La bella molinera, y Daniel Harding clausurará la edición con la Mahler Chamber Orchestra y la estupenda violinista holandesa Janine Jansen en un atractivo repertorio que reúne a compositores como Bartók, Tchaikovski y Dvorák. www.viastellae.es.

Kurt Masur

Peralada
Del 17 de julio al 17 de agosto
El festival celebrará los 150 años del nacimiento de Giacomo Puccini con una Bohème procedente de la Ópera de Oviedo debida a Emilio Sagi, dirigida musicalmente por Eiji Oue al frente de la Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña, y con las voces de Raffaella Angeletti, María José Moreno, Aquiles Machado y Javier Franco. Habrá una gala con Juan Diego Flórez y conciertos de Frühbeck de Burgos con la Filarmónica de Dresde y Kurt Masur con la Nacional de Francia. El jazz estará representado en esta XXII edición de Peralada por la voz de Diana Krall. También habrá espacio para la danza con las actuaciones de los ballets de Roland Petit, Antonio Gades, Salvador Távora o el Kremlin. www.festivalperalada.com.


Torroella de Montgrí
Del 18 de julio al 26 de agosto
El certamen ampurdanés, que pronto cumplirá la treintena, ha conseguido establecer lazos con prestigiosos intérpretes, como las hermanas Katia & Marielle Labèque, el pianista vasco Joaquín Achúcarro o la soprano navarra María Bayo, que fue la principal figura de la pasada edición, y regresará con un variado recital junto al guitarrista Pablo Sanz Villegas, que se extiende desde Sor y Martín y Soler hasta Rodrigo y Martínez Palomo. El festival hará también especial hincapié en las músicas revolucionarias del convulso periodo que abarca desde finales del siglo XVIII hasta las primeras décadas del XIX, con la inclusión de autores poco difundidos como Carles Baguer, Domènech Terradellas o Niccolò Jommelli. El Grupo Enigma del Auditorio de Zaragoza, al mando de Juan José Olives, estrenará la obra-encargo Un vent transparent de Ramón Humet, en un concierto que se completa con el emocionante Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Maurice Ohana y El amor brujo de Falla con Carmen Linares como cantaora. Aunque la música clásica es el eje central de la programación, el certamen cuenta en esta 28 edición con la presencia de la malinesa Mah Damba. www.festivaldetorroella.com.

Bayreuth
Del 25 de julio al 28 de agosto
El debut del italiano Daniele Gatti como director musical de la nueva producción de Parsifal, debida al sueco Stefan Herheim, es la mayor atracción del festival wagneriano. El sólido reparto estará encabezado por Christopher Ventris, Kwangchul Youn, Detlef Roth y Mihoko Fujimura. El resto de la programación lo constituyen las reposiciones del Anillo de Tankred Dorst y Christian Thielemann –con una nueva Brünnhilde, la norteamericana Adrienne Dugger–, Tristán e Isolda (Christoph Marthaler/Peter Schneider) y Los Maestros Cantores (Katharina Wagner/Sebastian Weigle). www.bayreuther-festspiele.de.

Salzburgo
(Del 26 de julio al 31 de agosto)
El certamen austriaco continúa manteniendo su supremacía entre los festivales europeos gracias a su extraordinaria oferta sinfónica, que este año recordará los 100 años del nacimiento del hijo más famoso de la ciudad después de Mozart: Herbert von Karajan. Y, sobre todo, por la imponente actividad operística, que comprende desde Don Giovanni por Bertrand de Billy y Claus Guth o La flauta mágica por Pierre Audi y Riccardo Muti (con decorados del recientemente desaparecido pintor holandés Karel Appel) hasta las nuevas producciones de Rusalka de Dvorák por Franz Welser-Möst y el tándem Jossi Wieler-Sergio Morabito, con las voces de Emily Magee y Piotr Beczala, un Otello de Verdi con el citado Muti en el foso o un Romeo y Julieta de Gounod protagonizado por uno de los tenores de moda de hoy, el mexicano Rolando Villazón. www.salzburgfestival.at.ç

Santander
Del 1 de agosto al 1 de septiembre
La figura de Ataúlfo Argenta será la gran protagonista de la 57ª edición del festival santanderino. El maestro de Castro Urdiales recibirá el homenaje de su tierra a los 50 años de su muerte, con un ciclo sinfónico en el que intervendrán la Filarmónica de Dresde con Frühbeck de Burgos, la Sinfónica de la Radio Finlandesa con Sakari Oramo y la soprano Karita Mattila, la Filarmónica de San Petersburgo y Yuri Temirkanov o la Filarmónica del Maggio Musicale Florentino con Zubin Mehta, a la que se unirá el Orfeón Donostiarra en la Novena de Beethoven. La ópera estará representada por Sansón y Dalila de Saint-Saëns, en una producción del Teatro Comunale de Bolonia con una potente pareja estelar: el tenor argentino José Cura y la mezzosoprano rusa Julia Gertseva, bajo la siempre estimulante batuta del israelí Eliahu Inbal. También habrá, entre otras muchas cosas, una gala de la soprano Eva Mei y el bajo Giacomo Prestia, y arias barrocas francesas por la mezzosoprano Anne Sofie von Otter y Les Arts Florissants al mando de William Christie. Además, el certamen enmarcará las fases finales del Concurso de Piano Paloma O’Shea. www.festivalsantander.com.

San Sebastián
Del 4 agosto al 6 septiembre
La Carmen de Bizet ha sido la ópera escogida para abrir una edición de marcado sabor hispano por la conmemoración del centenario de la muerte del violinista navarro Pablo Sarasate. La fogosa mezzo canaria Nancy Herrera y el elegante tenor italiano Massimo Giordano darán vida a la cigarrera y a su amante en una producción del Capitole de Toulouse, cuya orquesta actuará, a las órdenes de su temperamental titular, el ruso Tugan Sokhiev, en otra de las citas obligadas: la bellísima Iolanta de Tchaikovski. Ataúlfo Argenta, tan asociado con la capital guipuzcoana, será recordado por el Orfeón Donostiarra y la ONE al mando de Josep Pons con el Réquiem alemán de Brahms. A destacar también los conciertos de la Orquesta Gustav Mahler con Sir Colin Davis (en una absoluta especialidad del maestro británico: la Sinfonía Fantástica de Berlioz) y la Filarmónica Checa con Manfred Honeck (en uno de ellos, un monográfico Richard Strauss, con la nueva estrella del canto Measha Brueggergosman). La Orquesta de la SWF de Baden-Baden rendirá un sustancioso homenaje a Messiaen al mando de Sylvain Cambreling. www.quincenamusical.com.

Pesaro
Del 9 al 23 agosto
Juan Diego Flórez abrirá el encantador muestrario rossiniano a orillas del Adriático junto a Alberto Zedda y la Orquesta de la Comunidad Valenciana, en su primera salida internacional. Habrá nuevas producciones de dos de los títulos mayores del genio pesarés, Ermione (Roberto y Daniele Abbado) y Maometto II (Gustav Kuhn/Michael Hampe), así como la reposición de L'equivoco stravagante, uno de los trabajos más aplaudidos de Emilio Sagi, de quien también se repetirá, por enésima vez, su divertidísima propuesta de Il viaggio a Reims, que sirve de jugosa cantera para nuevas voces belcantistas. www.rossinioperafestival.it.

Lucerna
Del 13 de agosto al 21 de septiembre
La más espectacular reunión de orquestas del mundo tendrá este año a la danza como motivo conductor. Para ello ha contado con el joven coreógrafo Joachim Schlömer. También se oirán diversas partituras inspiradas en el tema, como La consagración de la primavera de Stravinsky en todas sus variantes. El festival presenta 32 conciertos sinfónicos, a cargo de la Lucerne Festival Orchestra (Claudio Abbado), la Filarmónica de Viena (Riccardo Muti), la Filarmónica de Nueva York (Lorin Maazel) y la Orquesta de Cleveland (Franz Welser-Möst) como orquestas estables. El compositor residente es el británico George Benjamin, y el oboísta Albrecht Mayer tocará a Richard Strauss con Gustavo Dudamel y la Orquesta Sinfónica Juvenil Venezolana Simón Bolívar. www.lucernefestival.ch


Rafael BANÚS

Revista EL CULTURAL


Publicado por jrtapia @ 10:05  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar
jueves, 05 de junio de 2008

Leo Nucci en "I vespri siciliani"


Ópera en Viena
Debut de Gómez-Martínez en Vísperas sicilianas
"Vísperas sicilianas" de Verdi. Nucci, K. Ikaia-Purdy, P.Burchladze, S.Radvanovsky, etc. H.Wernicke, dirección escéna original. M.Gómez-Martínez, dirección musical. Opera de Viena, 31 de mayo.


En el próximo fin de semana se ofrecen en Viena tres títulos con importantísimos repartos: "Forza del destino" -Licitra,Alvarez,  Stemme y Mehta-, "Capriccio" -Fleming, Jordan- y "Vísperas sicilianas", aquí comentada.
Gómez-Martínez es persona muy apreciada en Viena, sobre todo por los músicos de la Filarmónica, pero también por fans que le obligan a sentarse en la mesa de firmas al acabar la representación para que estampe la suya en libretos y carátulas de discos. Hace seis meses dirigió "Manon Lescaut" y próximamente volverá con la de Massenet. Nadie lo sabía, pero era su debú en la obra verdiana. No sorprende que no lo supieran los cantantes, ni Renée Fleming que fue a saludarle al final de la representación para alabar su seguridad, pero sí que Hollander, el hasta ahora intendente del teatro, también lo ignorara. Ya se sabe cómo funcionan los teatros de repertorio, con apenas tres ensayos para las reposiciones, pero en ellos Gómez-Martínez logró perfilar una lectura coherente y viva de la que no está entre las mejores partituras verdianas, con especial atención a las voces, a las que dejó respirar y jamás apagó. Supo también conjugar los momentos más líricos con aquellos dramáticos llevando muy bien las transiciones. Afortunadamente se cortaron pasajes como el ballet, entre otras razones porque en el escenario no había donde bailar, ya que una enorme escalera ocupaba toda su anchura y toda su profundidad. Un vestuario pobretón y poco inspirado completaba una muy débil producción de Wernicke.
Dos figuras sobresalieron claramente en el reparto. De un lado un Leo Nucci por cuya voz no pasa el tiempo. Canta como decía Kraus que había que cantar, con el interés y nunca con el capital. Está por encima de todo y canta sus papeles sin implicarse emocionalmente -así le dura la voz, sin vibrato alguno- pero da gusto escuchar a un barítono de verdad. Fue muy ovacionado en su aria "In braccio alle dovizie". De otro la soprano Sondra Radvanovsky, una de las voces de lírico-spinta más importantes y con mayor personalidad e interés de la joven generación. Un nombre a tener muy en cuenta. También fue ovacionadísima en el "Arrigo, parli a un core" y no tanto en el célebre "Bolero", en cuya nota final arriesgó y perdió. A Paata Burchuladze sí le van pesando los años. La voz continúa imponente, pero el vibrato es muy ostensible y las faltas de medida también. El tenor Keith Ikaia-Purdy defendió con valentía y una voz de fácil agudo pero escasa belleza, una parte tan difícil como ingrata. Lo mejor de la ópera quizá se dio en el primer duodécima entre barítono y tenor. El público, que llenaba la sala, salió entusiasmado con una obra de las más largas de su autor.

Gonzalo Alonso


Publicado por jrtapia @ 11:27  | Se dice, se comenta
Comentarios (0)  | Enviar

Renée Fleming, soprano
Orquesta del Festival de Lucerna
Claudio Abbado, director


Pese a sus importantes contribuciones en el campo de la sinfonía, de la sonata para piano y de la música de cámara, la aportación musical más valiosa de Schubert se produce en el campo del lied o canción de concierto, donde se manifestó como un maestro insuperable, llegando a escribir alrededor de 600.     
 Pero, ¿qué es el lied? Para responder a esta pregunta se puede reparar en la definición que da Zamacois: "canción original, escrita para ser cantada por una sola persona, compuesta con ambición artística, pero en un estilo íntimo, desprovisto de efectismos vocales, y en la cual poesía y música se funden totalmente, ésta al servicio de aquella, y no a la inversa".      
 De este modo y, pese a que el lied existía antes de Schubert y tuvo después de él un amplio florecimiento, su lied es el mejor representante de este género marcadamente alemán, basado en componer música para poemas escritos, y por lo tanto, con un fin principalmente literario.     
 Aunque las bases de este género ya habían sido establecidas por autores de la talla de Mozart o Beethoven, son músicos de menor relieve los que ejercen su influencia sobre Schubert, entre ellos Reichardt, Zelter o Zumsteeg, oriundos del norte de Alemania y que habían adquirido gran especialización en el canto monódico.      
 La característica más marcada del lied schubertiano es su extremada concisión: sólo dice lo que hay que decir y nada más. Dentro de esta línea esquemática aparentemente simple, se abre paso una exhuberante inventiva: alternancia de modos y ritmos, contrastes entre serena regularidad y febril agitación, perfecto conocimiento de las inflexiones del idioma, aliento poético o trágico según necesidad, y por encima de todo, un maravilloso gusto en el empleo de la voz.      
 Sus lieder (canciones, plural de lied) se engloban, según su estructura, en tres grandes grupos:
-    Lied estrófico simple: donde melodía y acompañamiento son iguales en cada estrofa. El acompañamiento suele basarse en un tema melódico o un motivo rítmico sencillo. Si existen otros motivos independientes, éstos sirven sólo de nexo entre las estrofas. Podríamos considerar este tipo de lied como una canción de tipo popular.

-         Lied estrófico variado o desarrollado: con una estructura mucho más libre, donde, melodía y acompañamiento varían en determinadas estrofas. 

-         Lied escénico o declamado: melodía y acompañamiento son siempre nuevos, las transiciones pueden ser abruptas, con cambios de tempo e introducción de recitativos; la unidad musical se consigue a través de la tonalidad del conjunto, y también por motivos recurrentes.      

Algunos de los recursos típicos que utiliza Schubert en estas composiciones son:

-         Revolotea entre la forma mayor y menor de una misma tonalidad. 

-         Emplea excepcionalmente el colorido cromático dentro de una sonoridad fundamentalmente diatónica. 

-         Sus modulaciones tienden a desplazarse desde la tónica hacia las tonalidades con bemoles, siendo mediante y subdominante su relación preferida, algo imprescindible para reflejar los cambios de carácter del poema. 

-         Sistemática repetición de células rítmicas. Por ejemplo una nota larga y una corta, o una larga y dos o más cortas, como símbolo también de esa idea de viaje o como alusión a una marcha fúnebre.

Los temas principales tratados por Schubert son el amor, la libertad, la naturaleza, la soledad y la vida, siempre enraizados con el folclore popular germano, fuente principal de su inspiración. Pero su tema favorito es, sin duda, el eterno vagabundear; en ocasiones caminar es un gozo, pero en la mayoría de ellas tiene el sentido de errar como un extraño en todas partes, sin hallar la felicidad en ningún sitio.

Hasta tal punto tiene importancia este tema para el autor que se puede afirmar a ciencia cierta que todos los nombrados con anterioridad derivan de él, e incluso es el punto de partida que nos lleva a otro tema también muy recurrente en la obra schubertiana: la muerte, tratada como amiga, ya que da salida y es el consuelo y la esperanza ante esa eterna soledad.   

  A partir de Schubert el piano deja de ser un mero acompañante en el lied para convertirse en coprotagonista. Algunas introducciones y finales de piano solo, son como pequeños poemas, y en los momentos en que el piano simplemente sostiene la voz, su parte es con frecuencia tan independiente y de tanto valor musical como la melodía que interpreta el cantante. El mismo Schubert era consciente de la novedad de este aspecto, como se infiere de una frase que dijera tras interpretar algunos de sus lieder junto con el barítono Michael Vogl:       "...La manera en que Vogl canta y yo acompaño, tal que en ese instante parecemos ser sólo uno, es algo nuevo e inesperado para la gente."      

Los ejemplos de perfección aislada en su producción liederística son innumerables: Gretchen am Spinrade (Margarita en la rueca), Erlkönig (El rey de los Elfos) y Die forelle (La Trucha), son sólo algunos entre tantos otros. Sin embargo, al final de su vida Schubert se sintió inclinado por las colecciones de lieder con un nombre conjunto, los llamados ciclos. Sus dos grandes ciclos son: La bella molinera y El viaje de invierno.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | Formas musicales
Comentarios (0)  | Enviar
miércoles, 04 de junio de 2008



Orquesta Sinfónica de la Radio de Suecia
Esa-Pekka Salonen, director

Jean Sibelius (1865-1957) es el principal compositor finés y uno de los autores sinfónicos más importantes del siglo XX. Su música se inspira en gran medida en la naturaleza y en las leyendas finesas, como el Kalevala. Aunque en sus composiciones no utiliza directamente músicas folclóricas, sí emplea patrones melódicos y rítmicos extraídos de la poesía y la música popular finlandesa. Una de sus obras más famosas, el poema sinfónico Finlandia (1899, revisado en 1900) fue prohibida en su momento por las autoridades rusas porque suscitaba un gran fervor patriótico entre la población.

En sus obras Sibelius emplea frecuentemente motivos breves que se transforman de modo continuo, evolucionando finalmente hacia desarrollos melódicos completos. Destaca como compositor de sinfonías y poemas sinfónicos y es preciso ponderar su dominio del arte de la orquestación. Sibelius, uno de los últimos exponentes del romanticismo musical del siglo XIX, se esforzaba por mantener la estructura formal siguiendo la huella de Johannes Brahms.

Su concepto de sinfonía complementaba al de Gustav Mahler, quien un día le confesó que componerlas era
para él "crear un mundo que debe abrazarlo todo". En cambio, para Sibelius lo importante era "una lógica profunda que interconectase todos los motivos". Por esta razón sus sinfonías tienden hacia la austeridad y la compresión de la forma, tendencia que se fue haciendo más pronunciada a medida que avanzaban los años. Así, Sibelius condensó los dos primeros movimientos de su Sinfonía nº 5 hasta dejarlos en uno sólo, y la estructura tradicional de cuatro tiempos de su Sinfonía nº 7 la redujo también a un solo movimiento. Entre las principales obras de Sibelius se encuentran sus siete sinfonías (1899-1924) y los poemas sinfónicos En Saga (1892, revisado en 1901), El cisne de Tuonela (1893), Cabalgata nocturna y amanecer (1909), Las Oceánicas (1914) y Tapiola (1925). También es autor de un celebrado Concierto para violín en Re menor, opus 47 (1903), música de cámara y vocal, obra para piano y numerosas canciones. Sibelius está considerado en su país  como una figura emblemática y es el punto de partida del importante movimiento musical finés del pasado siglo XX.

Publicado por jrtapia @ 20:34  | La Sinfonía
Comentarios (0)  | Enviar

Sumi Jo (soprano), Janacek Philharmonic Orchestra, Paolo Olmi (director)
Seúl (Corea del Sur), 2003

TERCER ACTO (Escena Primera)
Sala de banquetes del castillo

Lucía ha sido obligada por su hermano Enrico Ashton a casarse con lord Arturo Bucklaw, a pesar de haberle manifestado su amor y su compromiso con Edgardo. Lucía pierde la razón y apuñala a su marido en la cámara nupcial. Raimondo se precipita a la sala donde se festeja la boda y anuncia la tragedia a los invitados. Éstos se horrorizan al conocer este acto espantoso. Raimondo anuncia, entonces, que Lucía esta a punto de entrar en la sala. La consternación se adueña de los invitados a la vista de su comportamiento desordenado y de su horrible palidez, como si acabase de salir de la tumba.

Es evidente que Lucía ha perdido la razón. Cree oír la voz de Edgardo y se imagina que él está sentado cerca de ella, cerca de la fuente. Ve aparecer al fantasma de la fuente, que amenaza a los amantes, que no encontrarán refugio si no es ocultándose al pie del altar, donde pronto van a ser unidos en matrimonio. Lucía cree asistir a los preparativos de su boda y a la llegada del sacerdote que oficiará la ceremonia. Los invitados, al oír los desvaríos de Lucía, no pueden más que apiadarse de ella. Enrico es atormentado por los remordimientos. Lucía revive la fatal ceremonia de sus esponsales con Arturo y jura que permanecerá siempre fiel a Edgardo.

Mientras delira, Lucía exhorta a Edgardo a llorarla mientras él siga vivo en la Tierra, proclamando que ella no será feliz en el cielo mientras él no vaya a reunirse con ella. Se desvanece y pierde el conocimiento.

La escena de la locura contiene algunas de las notas más altas del repertorio para soprano: dos Mi bemol sobreagudos (notas aún más altas se pueden hallar en la ópera de Mozart, La flauta mágica: un fa sobreagudo en el aria del Segundo Acto de la "Reina de la Noche"). Estas notas no suelen estar escritas en la partitura, por lo que pueden ser interpretadas o no según el criterio de las cantantes.

Durante décadas Lucia di Lammermoor ha sido considerada casi como una pieza de artificio que servía para demostrar las aptitudes vocales de las sopranos. Sin embargo, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, divas como Maria Callas y después Joan Sutherland la colocaron definitivamente en el repertorio. Actualmente es una ópera muy interpretada en los teatros y frecuentemente grabada.

Publicado por jrtapia @ 8:00  | Voces femeninas
Comentarios (0)  | Enviar
martes, 03 de junio de 2008


Charlie Chaplin como Adenoid Hynkel (Astolfo, en la versión española), Dictador de Tomania/el barbero judío, en la original y divertida escena del sueño de todo dictador que se precie, con la música de Wagner de fondo.

"El Gran Dictador" es una sátira del fascismo, y en particular de Adolf Hitler y su Nacionalsocialismo. Es también la primera película sonora de Chaplin.

En su primer largometraje
Chaplin realizauna agria  crítica de la figura de Hitler, filmada una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial. Chaplin interpreta en la película a dos personajes. Esta película fue el primer film sonoro, con diálogos, de Chaplin. "El Gran Dictador" no se estrenaría en Alemania hasta 1958 (aunque era una de las películas que tenía Hitler en su sala de cine particular), y obtendría sus mayores éxitos a partir de 1945. Al conocer años después el horror de los campos de exterminio, Chaplin afirmó que no hubiera realizado la película de saberlo, aunque demostrara gran intuición sobre el tema al realizarla, con una fuerte carga de moralidad y llena de parodias y críticas hacia un sistema político tan deleznable como era el Nazi. Al final de la película Chaplin sorprende con un emotivo manifiesto en el que destaca los horrores de la guerra y lo terrible que es para las personas estar sometidas a una dictadura.

Estreno en Estados Unidos: Nueva York, 15 de octubre de 1940.
(Estreno en España: 30 de abril de 1976).

Por cierto, la partitura original de "Lohengrin", en poder de Hitler, pereció con él en el bunker de la Cancillería en Berlín en 1945.

Publicado por jrtapia @ 21:22  | Música de cine
Comentarios (0)  | Enviar
lunes, 02 de junio de 2008

Edicson Ruiz, Contrabajo

Los tiempos son:

I. Ballad. Moderato

II. Arioso. Lento

III. Finale. Allegro Vivace


Lars-Erik Vilner Larson (1908-1986) fue un destacado compositor sueco del pasado siglo XX. Nación en Åkarp. Entre 1925 y 1929 estudió con Ellberg en el Conservatorio de Estocolmo y entre 1929 y 1930 con Alban Berg y Reuter en Viena y Leipzig, respectivamente. Después trabajaría en la Radio Sueca y daría clases en el Conservatorio de Estocolmo (1947-1959) y en la Universidad de Uppsala (1961-1966).

Su estilo como compositor es ecléctico, situándose a caballo entre el Post-Romanticismo y el Dodecafonismo de Schoenberg. Fue el primer músico sueco que escribió música serial (1932), aunque otras obras de ese mismo período son continuadoras de la estética de Sibelius y tienen un car´cater neoclásico. Sus obras se caracterizan por una gran variedad de estilos.

 

Además de las formas tradicionales (sinfonías, conciertos, música de cámara y vocal, etc., Larsson escribió música par el teatro, el cine y la radio. Murió en Helsinki el 27 de Diciembre de 1986.

Por su parte, Edicson Ruiz  nació en 1985 en Caracas, Venezuela. A los diez años comenzó a tocar el contrabajo bajo la tutela del maestro Prof. Félix Petit y su primera experiencia tanto como su formación musical y Orquestal se la debe a la FESNOJIV, fundada por el Excelentísimo Dr. José Antonio Abreu. Su maestro en Europa es el Prof. Klaus Stoll.

Es Primer Premio del Concurso de la Sociedad Internacional de Contrabajistas celebrado en Indianápolis en 2001, siendo el participante más joven en ganar este Premio.

A los diecisiete años se convirtió en el primer músico latinoamericano miembro de la Orquesta Filarmónica de Berlín y en el más joven en toda su historia.

Como solista ha tocado anualmente con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar desde 2001, con la Rheinische Philharmonie Koblenz en Alemania en 2003, con la Orquesta Metropolitana de Lisboa en 2005, con la Orquesta Philharmonica de las Americas en Nueva York-Lincoln Center en 2006 y ha ofrecido recitales en el Lucerne Festival 2006,  en la Philharmonie de Berlin en 2006 y 2007, así como en distintos festivales de música de cámara en las Azores, Suiza, Italia, Alemania y España organizados por Heinz Holliger y András Schiff.

Con la Filarmónica de Berlín se encuentra en su sexta temporada y con ella ha tocado en los festivales más importantes del mundo como lo son el Festival de Pascua y el de Verano de Salzburgo, el Lucerne Festival, Edimburgh International Festival, los PROMS de Londres, ARD de Munich, Berliner FestWochen, Beijing Festival. Ha realizado varias giras por los E.E.U.U., Japón, Taiwán, China,  Corea del Sur y todos los principales escenarios de Hungría, Grecia, Rusia, Holanda, Italia, España, Finlandia, Suecia, Noruega, Letonia, Estonia, Dinamarca, Alemania, Austria, Francia, las Islas Canarias, Portugal, además de múltiples transmisiones de Radio y Televisión desde y para E.E.U.U., Europa y toda Asia.

Es miembro del Sexteto de Contrabajos de la Filarmónica de Berlín y también del Proyecto de Educación propuesto por Sir Simon  Rattle y ejecutado por la Filarmónica, denominado futuro@BPhO que se lleva a cabo desde el año 2002. El Gobierno Venezolano le ha condecorado con la Orden José Félix Ribas a una Juventud Ejemplar en 2002 y la Cámara Internacional de Jóvenes le ha otorgado el premio TOYP (Ten Outstanding Young People) de Venezuela en 2003.  

Edicson Ruiz  nació en 1985 en Caracas, Venezuela. A los diez años comenzó a tocar el contrabajo bajo la tutela del maestro Prof. Félix Petit y su primera experiencia tanto como su formación musical y Orquestal se la debe a la FESNOJIV, fundada por el Excelentísimo Dr. José Antonio Abreu. Su maestro en Europa es el Prof. Klaus Stoll.

Es Primer Premio del Concurso de la Sociedad Internacional de Contrabajistas celebrado en Indianápolis en 2001, siendo el participante más joven en ganar este Premio.

A los diecisiete años se convirtió en el primer músico latinoamericano miembro de la Orquesta Filarmónica de Berlín y en el más joven en toda su historia.

Como solista ha tocado anualmente con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar desde 2001, con la Rheinische Philharmonie Koblenz en Alemania en 2003, con la Orquesta Metropolitana de Lisboa en 2005, con la Orquesta Philharmonica de las Americas en Nueva York-Lincoln Center en 2006 y ha ofrecido recitales en el Lucerne Festival 2006,  en la Philharmonie de Berlin en 2006 y 2007, así como en distintos festivales de música de cámara en las Azores, Suiza, Italia, Alemania y España organizados por Heinz Holliger y András Schiff.

Con la Filarmónica de Berlín se encuentra en su sexta temporada y con ella ha tocado en los festivales más importantes del mundo como lo son el Festival de Pascua y el de Verano de Salzburgo, el Lucerne Festival, Edimburgh International Festival, los PROMS de Londres, ARD de Munich, Berliner FestWochen, Beijing Festival. Ha realizado varias giras por los E.E.U.U., Japón, Taiwán, China,  Corea del Sur y todos los principales escenarios de Hungría, Grecia, Rusia, Holanda, Italia, España, Finlandia, Suecia, Noruega, Letonia, Estonia, Dinamarca, Alemania, Austria, Francia, las Islas Canarias, Portugal, además de múltiples transmisiones de Radio y Televisión desde y para E.E.U.U., Europa y toda Asia.

Es miembro del Sexteto de Contrabajos de la Filarmónica de Berlín y también del Proyecto de Educación propuesto por Sir Simon  Rattle y ejecutado por la Filarmónica, denominado futuro@BPhO que se lleva a cabo desde el año 2002. El Gobierno Venezolano le ha condecorado con la Orden José Félix Ribas a una Juventud Ejemplar en 2002 y la Cámara Internacional de Jóvenes le ha otorgado el premio TOYP (Ten Outstanding Young People) de Venezuela en 2003.  

Edicson Ruiz  nació en 1985 en Caracas, Venezuela. A los diez años comenzó a tocar el contrabajo bajo la tutela del maestro Prof. Félix Petit y su primera experiencia tanto como su formación musical y Orquestal se la debe a la FESNOJIV, fundada por el Excelentísimo Dr. José Antonio Abreu. Su maestro en Europa es el Prof. Klaus Stoll.

Es Primer Premio del Concurso de la Sociedad Internacional de Contrabajistas celebrado en Indianápolis en 2001, siendo el participante más joven en ganar este Premio.

A los diecisiete años se convirtió en el primer músico latinoamericano miembro de la Orquesta Filarmónica de Berlín y en el más joven en toda su historia.

Como solista ha tocado anualmente con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar desde 2001, con la Rheinische Philharmonie Koblenz en Alemania en 2003, con la Orquesta Metropolitana de Lisboa en 2005, con la Orquesta Philharmonica de las Americas en Nueva York-Lincoln Center en 2006 y ha ofrecido recitales en el Lucerne Festival 2006,  en la Philharmonie de Berlin en 2006 y 2007, así como en distintos festivales de música de cámara en las Azores, Suiza, Italia, Alemania y España organizados por Heinz Holliger y András Schiff.

Con la Filarmónica de Berlín se encuentra en su sexta temporada y con ella ha tocado en los festivales más importantes del mundo como lo son el Festival de Pascua y el de Verano de Salzburgo, el Lucerne Festival, Edimburgh International Festival, los PROMS de Londres, ARD de Munich, Berliner FestWochen, Beijing Festival. Ha realizado varias giras por los E.E.U.U., Japón, Taiwán, China,  Corea del Sur y todos los principales escenarios de Hungría, Grecia, Rusia, Holanda, Italia, España, Finlandia, Suecia, Noruega, Letonia, Estonia, Dinamarca, Alemania, Austria, Francia, las Islas Canarias, Portugal, además de múltiples transmisiones de Radio y Televisión desde y para E.E.U.U., Europa y toda Asia.

Es miembro del Sexteto de Contrabajos de la Filarmónica de Berlín y también del Proyecto de Educación propuesto por Sir Simon  Rattle y ejecutado por la Filarmónica, denominado futuro@BPhO que se lleva a cabo desde el año 2002. El Gobierno Venezolano le ha condecorado con la Orden José Félix Ribas a una Juventud Ejemplar en 2002 y la Cámara Internacional de Jóvenes le ha otorgado el premio TOYP (Ten Outstanding Young People) de Venezuela en 2003.  

Edicson Ruiz  nació en 1985 en Caracas, Venezuela. A los diez años comenzó a tocar el contrabajo bajo la tutela del maestro Prof. Félix Petit y su primera experiencia tanto como su formación musical y Orquestal se la debe a la FESNOJIV, fundada por el Excelentísimo Dr. José Antonio Abreu. Su maestro en Europa es el Prof. Klaus Stoll.

Es Primer Premio del Concurso de la Sociedad Internacional de Contrabajistas celebrado en Indianápolis en 2001, siendo el participante más joven en ganar este Premio.

A los diecisiete años se convirtió en el primer músico latinoamericano miembro de la Orquesta Filarmónica de Berlín y en el más joven en toda su historia.

Como solista ha tocado anualmente con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar desde 2001, con la Rheinische Philharmonie Koblenz en Alemania en 2003, con la Orquesta Metropolitana de Lisboa en 2005, con la Orquesta Philharmonica de las Americas en Nueva York-Lincoln Center en 2006 y ha ofrecido recitales en el Lucerne Festival 2006,  en la Philharmonie de Berlin en 2006 y 2007, así como en distintos festivales de música de cámara en las Azores, Suiza, Italia, Alemania y España organizados por Heinz Holliger y András Schiff.

Con la Filarmónica de Berlín se encuentra en su sexta temporada y con ella ha tocado en los festivales más importantes del mundo como lo son el Festival de Pascua y el de Verano de Salzburgo, el Lucerne Festival, Edimburgh International Festival, los PROMS de Londres, ARD de Munich, Berliner FestWochen, Beijing Festival. Ha realizado varias giras por los E.E.U.U., Japón, Taiwán, China,  Corea del Sur y todos los principales escenarios de Hungría, Grecia, Rusia, Holanda, Italia, España, Finlandia, Suecia, Noruega, Letonia, Estonia, Dinamarca, Alemania, Austria, Francia, las Islas Canarias, Portugal, además de múltiples transmisiones de Radio y Televisión desde y para E.E.U.U., Europa y toda Asia.

Es miembro del Sexteto de Contrabajos de la Filarmónica de Berlín y también del Proyecto de Educación propuesto por Sir Simon  Rattle y ejecutado por la Filarmónica, denominado futuro@BPhO que se lleva a cabo desde el año 2002. El Gobierno Venezolano le ha condecorado con la Orden José Félix Ribas a una Juventud Ejemplar en 2002 y la Cámara Internacional de Jóvenes le ha otorgado el premio TOYP (Ten Outstanding Young People) de Venezuela en 2003.  


Publicado por jrtapia @ 18:00  | Instrumentos de cuerda
Comentarios (0)  | Enviar

Franz Liszt (1811 - 1886)
Musicalmente Liszt tiene un doble significado: por un lado, es el creador del Poema Sinfónico, forma típica del Romanticismo, y por otro, es el pionero de la moderna técnica de interpretación pianística. Liszt es autor de una importante obra para piano (rapsodias húngaras, estudios, preludios, etc.), de dos conciertos para piano y orquesta y también de una extensa obra orquestal.
Liszt nació en Raiding, cerca de Sopron, una pequeña población de Hungría, en el Imperio Austríaco. Se le considera uno de los mejores pianistas de la historia, con un virtuosismo y una técnica que enlazan el pianismo de Beethoven con la técnica moderna. A la edad de ocho años, Liszt ya componía y tocaba el piano. Su padre, Adam Liszt aprovechó las aptitudes del niño prodigio para explotarlo en actuaciones públicas, al igual que había hecho Mozart, si bien destinaba el dinero recaudado a la educaciónde su hijo. Liszt estudió piano en Viena con Carl Czerny y composición con Antonio Salieri. En París perfeccionó sus estudios de composición con Anton Reicha y Ferdinando Paër.
En 1831 asistió en París a un recital del virtuoso del violín Nìccolo Paganini (el músico más famoso de la época). Impresionado por su técnica y maneras artísticas surgió en él la idea de convertirse en el Paganini del piano, viéndose pronto reflejados en este instrumento cambios revolucionarios.
Liszt mantuvo una relación estable con la condesa Marie d'Agoult entre 1834 y 1844, con la que tuvo dos hijas y un hijo. Su hija Cosima habría de ser más tarde la esposa del músico Richard Wagner. En 1847 comenzó su segunda relación amorosa importante con la princesa Caroline von Wittgestein.
Entre 1840 y 1847 Liszt decide hacer giras de conciertos. En 1840 además inventa el recital de piano tal y como lo conocemos hoy en día. En 1847 Liszt aceptó el puesto de director musical del Duque de Weimar, aunque anteriormente ya había sido nombrado maestro de capilla para eventos extraoficiales, abandonando su carrera como virtuoso del piano. En los años de Weimar se centra en desarrollar su faceta compositiva. De esta época destacan entre otras su Sonata en Si menor para piano, sus poemas sinfónicos, su Missa Solemnis, la Fantasía y Fuga sobre el nombre de Bach y la revisión y edición final de numerosas obras como los Estudios de Ejecución Trascendente o sus dos conciertos para piano y orquesta.
En 1859 fue ordenado sacerdote en Roma, en una modalidad inferior. En los años 60 y 70 Liszt pasa la mayor parte de su tiempo componiendo obras corales e impartiendo cursos de gratuitos a un grupo muy selecto de músicos, entre los que destaca Isaac Albéniz. Liszt pasó los últimos años de su vida en Weimar (entre 1869 y 1886). Murió en Bayreuth, durante un festival Wagner, a los 75 años de edad.

Obras principales
Estudios de ejecución trascendental
Estudios de concierto
Sonetos del Petrarca
Años de peregrinaje
Sonata en si menor
Liebesträume, o "Sueños de amor", en especial el N° 3
Rapsodias Húngaras (19), entre ellas, la Segunda, posiblemente su obra más conocida
Vals Mefisto
Conciertos para piano:
Preludios
Preludio y fuga para órgano
Orfeo
Prometeo
Sinfonía Dante
Sinfonía Fausto
Tristán e Isolda (Transcripción para piano)
Rapsodia Española


Publicado por jrtapia @ 9:11  | Música de cine
Comentarios (0)  | Enviar
domingo, 01 de junio de 2008
 

Música: Aram Khachaturian
Coreografía: Yuri Grigorovich

Natalia Bessmertnova (Frigia), Irek Mukhamedov (Espartaco) y Mikhail Gabovich (Craso)

Teatro Bolshoi, 1982

El ballet “Espartaco” es la más importante obra del compositor Aram Khachaturian. Su estreno tuvo lugar en  el escenario del Teatro Kirov de San Petersburgo el 27 de diciembre en 1956, con coreografía de L. Yakobson y  la escenografía de V. Jodasevich. 

El primer Espartaco fue Vasiliev  y la Frigia del estreno fue Maximova. En los últimos años este papel se asocia a Bessmertnova, una prima ballerina no tan reconocida como se merecería.
El 11 de marzo de 1958 se presentó en el Teatro Bolshoi de Moscú y los papeles protagonistas fueron interpretados  por D. Begak y M. Plisetskaya.
Yuri Grigorovich, fue el encargado de coreografiar el ballet para su segundo estrenó en el Teatro Bolshoi de Moscú el  9 de abril del año 1968. El tema de Espartaco era de un  gran valor en el marco de la ideología soviética, por representar al jefe de la revuelta de los esclavos gladiadores que en la Antigua Roma, y como si de un  proletario que se rebela se tratara, se levanta contra un orden político injusto. Frigia y Espartaco no sólo lucharán contra la injusticia, la  vanidad y el vicio, sino que, por sobre todas las cosas, tratarán de preservar el amor que los une, fracasando en su intento de levantamiento contra Roma.

El argumento del ballet está dividido en tres actos de cuatro escenas cada uno.

Acto primero

Escena 1: Dominación -  La acción se inicia con el regreso triunfal de Craso a Roma después de someter Tracia y volver con una multitud de esclavos, entre los que se encuentran Espartaco y su compañera Frigia.

Escena 2: El mercado de esclavos - El primero será enviado a una escuela de gladiadores, mientras que la segunda se convertirá en un capricho de Craso; confinada en una de las villas del general, será puesta bajo la custodia de Aegina, la concubina de Craso.

Escena 3: La orgía - Durante una de las fiestas que allí se celebran, el romano ordena que dos gladiadores enmascarados luchen a muerte. Después de un ardoroso combate, el vencedor se despoja de la máscara y resulta ser Espartaco.

Escena 4: La barricada de los gladiadores - Al anochecer, y de vuelta a su barracón, el tracio reflexiona sobre la barbarie que supone la esclavitud; los remordimientos le empujan, junto a algunos de sus compañeros, a huir de la escuela. El objetivo del cabecilla rebelde no será otro que liberar a todos los esclavos de Roma, no sin antes arrancar a Frigia de las garras de Craso.


Acto segundo

Escena 1: La Vía Apia - El gladiador encuentra a su compañera en la villa de Craso; el apasionado reencuentro de la pareja se produce mientras el general romano ofrece una fiesta a los patricios de Roma.

Escena 2: La villa de Craso - En mitad del festín llegan noticias que alertan de la proximidad de los esclavos; los patricios huyen y Espartaco descubre que las victorias de Roma se deben a sus legionarios, y no a sus cobardes dirigentes.

Escena 3: Derrota de Craso - La vergonzosa huida no evita que Craso caiga prisionero en manos serviles. Mientras sus compañeros quieren ejecutarlo, Espartaco impone su autoridad y decide otorgarle una oportunidad. Craso y Espartaco luchan como si fueran gladiadores y, al final del combate, el romano pide  clemencia.

Escena 4: La altiva generosidad de Espartaco - Espartaco, altivo y magnánimo, le deja marchar. Humillado por lo sucedido y, alentado por Aegina, Craso planea su venganza al tiempo que recluta un poderoso ejército.

Acto Tercero

Escena 1: Conspiración - Al amparo de la noche, Aegina se introduce en el campamento rebelde, en donde Espartaco expone sus planes y advierte de la necesidad de la unidad interna.

Escena 2: El Campamento de Espartaco - La concubina corrompe a los lugartenientes menos decididos ofreciéndoles vino y mujeres.

Escena3: Traición - Cuando llega el momento de la batalla, las tropas esclavas son fácilmente vencidas aunque será necesaria una  emboscada para acabar con Espartaco.

Escena 4: Batalla Final - El ballet concluye con una Frigia desconsolada buscando el cuerpo de su esposo muerto en el campo de batalla.


Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Danza
Comentarios (0)  | Enviar