lunes, 07 de julio de 2008
Daniel Barenboim y la Orquesta Sinfónica de Chicago, en la Philharmonie de Colonia (Alemania)


Manuel de Falla
(Cádiz, 1876-Alta Gracia, Argentina, 1946)
Con Isaac Albéniz y Enrique Granados, Manuel de Falla es el tercero de los nombres que conforman la gran trilogía de la música nacionalista española. Falla fue también uno de los primeros compositores de esta tradición que, cultivando un estilo tan inequívocamente español como alejado del tópico, supo darse a conocer con éxito en toda Europa y América, y con ello superó el aislamiento y la supeditación a otras tradiciones a que la música hispana parecía condenada desde el siglo XVIII.

Falla nunca fue un compositor prolífico, pero sus creaciones, todas ellas de un asombroso grado de perfección, ocupan un lugar de privilegio en el repertorio. Recibió sus primeras lecciones musicales de su madre, una excelente pianista que, al advertir las innegables dotes de su hijo, no dudó en confiarlo a mejores profesores. Tras trabajar la armonía, el contrapunto y la composición en su Cádiz natal con Alejandro Odero y Enrique Broca, ingresó en el Conservatorio de Madrid, donde tuvo como maestros a José Tragó y Felipe Pedrell.

La influencia de este último sería decisiva en la conformación de su estética: fue él quien le abrió las puertas al conocimiento de la música autóctona española, que tanta importancia había de tener en su producción madura. Tras algunas zarzuelas, hoy perdidas u olvidadas, como "Los amores de Inés", los años de estudio en la capital española culminaron con la composición de la ópera "La vida breve", que se hizo acreedora del primer premio de un concurso convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Aunque las bases del concurso estipulaban que el trabajo ganador debía representarse en el Teatro Real de Madrid, Falla hubo de esperar ocho años para dar a conocer su partitura, y ello ni siquiera fue en Madrid, sino en Niza. Finalmente, la injusticia cometida con "La vida breve" quedó reparada en 1998, año en el que se reinauguró el coliseo madrileño como teatro de ópera, precisamente con la mencionada obra de Falla en el estreno.

Francia iba a ser la siguiente etapa de la formación del joven Falla. Afincado en París desde 1907, allí entró en relación con Debussy, Ravel, Dukas y Albéniz, cuya impronta es perceptible en sus composiciones de ese período, especialmente en "Noches en los jardines de España", obra en la que a pesar del innegable aroma español que presenta, está latente cierto impresionismo en la instrumentación.

La madurez creativa de Falla empieza con su regreso a España, en el año 1914. Es el momento en que compone sus obras más célebres: la pantomima "El amor brujo" y el ballet "El sombrero de tres picos "(éste compuesto para cumplimentar un encargo de los célebres Ballets Rusos de Serge Diaghilev), las "Siete canciones populares españolas" para voz y piano y la "Fantasía bética" para piano. Su estilo fue evolucionando a través de estas composiciones desde el nacionalismo folclorista que revelan estas primeras partituras, inspiradas en temas, melodías, ritmos y giros andaluces o castellanos, hasta un nacionalismo que buscaba su inspiración en la tradición musical del Siglo de Oro español y al que responden la ópera para marionetas "El retablo de maese Pedro", una de sus obras maestras, y el "Concierto para clave y cinco instrumentos". Mientras que en sus obras anteriores Falla hacía gala de una extensa paleta sonora, heredada directamente de la escuela francesa, en estas últimas composiciones su estilo fue haciéndose más austero y conciso, y de manera especial en el Concierto.

 El maestro pasó
los últimos veinte años de su vida trabajando en la que consideraba había de ser la obra de su vida, la cantata escénica "La Atlántida", sobre un poema del poeta catalán Jacint Verdaguer, que le había obsesionado desde su infancia y en el cual veía reflejadas todas sus preocupaciones filosóficas, religiosas y humanísticas. El estallido de la Guerra Civil española le obligó a buscar refugio en Argentina, donde le sorprendería la muerte sin que hubiera podido culminar su última obra. La tarea de finalizarla según los esbozos dejados por el maestro correspondió a su discípulo Ernesto Halffter.
Publicado por jrtapia @ 18:00  | La orquesta
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