Danilo Rossi (solista), la Orquesta Filarmónica de la Scala y Riccardo
Muti (director), interpretan uno de los escasos conciertos para este
instrumento en el repertorio.
La música de este compositor, renovadora por tantos conceptos,
entronca con las raíces primitivas y el folklore de su país. Bartók se dedicó en un principio a estudiar las canciones populares húngaras y
rumanas. En 1934 asumió la dirección del Departamento de Música del
Museo Etnológico de Budapest. Realizó varios viajes y visitó Estados
Unidos, donde residió desde 1940 hasta su muerte.
Su producción musical
es muy extensa. De ella cabe destacar las obras vocales "Escenas
campesinas" y "Veinte canciones populares húngaras" (1929), además de
las "Canciones Szekler" (1932), entre otras. Para instrumentos de
cuerda, sus principales composiciones son dos sonatas para violín y
piano (1921-1924), 44 dúos para dos violines (1931), una sonata para
violín (1944) y su concierto nº 2 (1938). Para piano: "Allegro Bárbaro"
(1911), "Al aire libre" (1926). Para piano y orquesta: sus tres
conciertos (1926,1931,1945), la Suite nº 1 (1905), "Dos imágenes"
(1910), la Suite nº 2 (1905-1907) y "Suite de danzas" (1923). Compuso
además la "Música para cuerda, percusión y celesta"(1937), una ópera,
"El castillo de Barbazul" (1911), en la que plasma el habla campesina y
las melodías populares. Son conocidos también sus ballets "El príncipe
de madera" (1916) y "El mandarín maravilloso" (1918-1919).
En su última época, el nacionalismo da paso a un virtuosismo
instrumental que se permite los mayores atrevimientos formales. En 1940
Bartók emigró a Estados Unidos por razones políticas. Realizó
investigaciones en la Universidad de Columbia (1940-1941) y enseñó
música en la ciudad de Nueva York, donde vivió con serias dificultades
económicas. La obra más popular de esta etapa es el "Concierto para
orquesta" (1943). Murió de leucemia el 26 de septiembre de 1945 en Nueva
York, dejando inacabado su concierto para viola, que finalmente fue
completado en 1949 por Tibor Serly.