lunes, 14 de julio de 2008
Real Orquesta del Concertgebow de Ámsterdam
Director: Carlos Kleiber

I. Poco sostenuto-Vivace




II. Allegretto



III. Presto


IV. Allegro con brio



Las obras más destacables de Beethoven pueden resumirse en nueve sinfonías, ocho conciertos para solista y orquesta (cinco para piano, uno para violín, un triple concierto para piano, violonchelo y violín y la transcripción para piano del concierto de violín, efectuada por el propio autor), dieciséis cuartetos de cuerda, treinta y dos sonatas para piano, diez sonatas para piano y violín, cinco sonatas para piano y violonchelo, una ópera ("Fidelio"), dos misas y la Missa Solemnis, varias oberturas, numerosas obras para piano y otras más.

Beethoven constituye el puente hacia el Romanticismo. Su producción musical puede dividirse en tres períodos, según la conocida interpretación de Lenz. Actualmente los expertos lo consideran como el último representante de la escuela vienesa clásica, pues se dedicó a desarrollar el legado recibido de Mozart y Haydn.

Tras su llegada a Viena, Beethoven alternó las composiciones basadas en modelos clásicos, como su Cuarteto de cuerda en La mayor op. 18 nº 5 (1800, en el que toma como patrón el Cuarteto nº 18 en La mayor K. 464 de Mozart), con las inspiradas en estructuras italianas más imprecisas, como ocurre en la conocida canción "Adelaide" (1795). El nuevo estilo, iniciado en 1802, marca su retorno a las estructuras vienesas clásicas. Sus composiciones en la década que transcurre entre 1802 y 1812, representan el desarrollo de las formas empleadas por Mozart y Haydn, como se aprecia en obras de una envergadura sin precedentes, como la Sinfonía nº 3 en Mi bemol mayor, op. 55 ("Eroica") o el Concierto para piano nº 5 en Mi bemol mayor, op. 73 ("Emperador", de 1809) o en composiciones de estructura compleja, como la Sinfonía nº 5 en Do menor, op. 67 (1808), o la Sonata para piano nº 23 en Fa menor op. 57 ("Appassionata", 1805). En estas obras Beethoven demuestra que su estilo, basado en una temática del todo nueva y en armonías opuestas que utilizaban notas contrarias, servía para crear música dotada de una gran fuerza y expresividad.

Las dificultades para terminar la Sinfonía nº 8 en Fa mayor, op. 93 y las dudas sobre una posible relación con su "amada inmortal" llevaron a Beethoven a un período de incertidumbre. Su fascinante capacidad de producción, característica de la década anterior, entra en declive. Las obras posteriores a 1812, como la colección de canciones opus 98 "An die ferne Geliebte" ("A la amada lejana"), del año 1816, y la Sonata para piano en La mayor op. 101, de 1817, contienen nuevos matices y desarrollan las estructuras musicales empleadas por el compositor en la década de 1790. Este grupo de obras cíclicas y de final abierto respondía a la influencia de una nueva generación de compositores románticos (como, por ejemplo, los ciclos de lieder del compositor alemán Robert Schumann).

Cuando Beethoven compone su Séptima Sinfonía, en 1811, su sordera era total. La obra se estrenó en Viena, el 8 de diciembre de 1813, con el propósito de recaudar fondos para los heridos en la Batalla de Hanau. Fue un momento solemne. Tanto, que Beethoven quiso dirigir él mismo la orquesta, aunque debido a su sordera, ya había tenido fracasos públicos: le era imposible dirigir. Se cuenta que Salieri fue quien realmente dirigió en ese estreno, sin que Beethoven lo supiera.

La obra fue muy bien recibida. El público pidió con sus aplausos que se repitiera el segundo movimiento.

Posteriormente, Wagner se refirió a la obra, por su ritmo vivo, como la "apoteosis de la danza". Gustav Mahler, quien sentía especial admiración por Beethoven, después de dirigir su Séptima Sinfonía, afirmó que "el final es una auténtica experiencia dionisíaca que deja al alma en un estado de embriaguez".

Publicado por jrtapia @ 8:00  | La Sinfonía
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios