Interpretación a cargo de Claudio Abbado y la Orquesta del Festival de Lucerna
I. Marcha fúnebre
II.
Agile
La
Quinta Sinfonía de Gustav Mahler fue terminada en el otoño de 1902, aunque Mahler
volvería a rehacerla varias veces hasta el año anterior a su muerte. Es como una
continua pelea, como demuestra la ambigüedad trágica expresada en ella.
Los dos primeros movimientos de la sinfonía forman un bloque. El tema
principal se centra en la marcha fúnebre precedida de una gran llamada de
atención, interpretada por la trompeta. La visión vulgar de la muerte aparece,
asumiendo el compositor la misma vulgaridad. La disposición instrumental de este
movimiento evoca la típica banda que acompaña el cortejo fúnebre: estamos en la
época que inventa para la ostentación las llamadas pompas fúnebres. En el
siguiente movimiento (Agile), Mahler evoca de nuevo el tema de la muerte pero de
una forma diferente. De una alternancia de lo dulce y lo tremendo surge una
riqueza extraordinaria de matices, agudizando los timbres tanto para sugerir la
agonía como ciertas expresiones idílicas, que son como presentimientos de
resurrección.
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