Aunque naciera en Berlín el 2 de
agosto de 1937, Gundula Janowitz se formó musicalmente en
Austria. Estudió en el Conservatorio de Graz con Herbert Thöney y en
1959 se presentó como Barbarina en la Staatsoper de Viena, teatro al
que permanecería ligada durante casi tres décadas como una de las
principales sopranos líricas, destacando por la cremosidad y pastosidad
de su timbre absolutamente único, de una pureza casi irreal. En 1964 debutó en Glyndebourne, como Idomeneo, compartiendo escenario con un joven
y prometedor tenor italiano que respondía al nombre de Luciano
Pavarotti. En 1967 cantó por primera vez en la Metropolitan Opera de Nueva York, como Sieglinde y, su debut más tardío en uno de los grandes teatros, se produciría en
1976 (Covent Garden, como Donna Anna).
Esta gran soprano lírica ha destacado además de por su bellísimo timbre por el poderío, la potencia de su voz. Nunca se le ha escuchado flaquear en ninguno de sus registros. Algunos críticos la tachaban de fría, poco
espectacular. Sin embargo otros valoraban precisamente esa falta de tendencia al histrionismo, su
elegancia basada en la música y la línea de canto más que en efectismos. Todo ello queda claramente manifestado en el vídeo del aria de Pamina que acompaña a este comentario.
Se retiró en 1990; se dedica a la enseñanza e incluso duante una temporada (1990-91) dirigió un teatro, el Graz-Steiremark.
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