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Juan Diego Flórez durante un recital en el Palau de Valencia.
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Descubrió
la ópera casi por casualidad. El último día de clase, un profesor de
música lo eligió para cantar los solos de tenor en una representación
organizada por el colegio. De ahí saltó al conservatorio, aún
interesado por la música pop de su juventud. Sin embargo, la voz de
Juan Diego Flórez (Lima, 1973) pedía un repertorio más refinado y belcantista, que
descubriría con el Coro Nacional de Perú y, más tarde, en el Instituto
Curtis de Filadelfia. El gran debut llegó en el Festival Rossini de
Pésaro de 1996. Tenía 23 años. En su último disco, Bel Canto Spectacular, lo acompaña la Orquesta de la Comunidad Valenciana en la que es la primera grabación de la joven formación.
–Su relación con España no podría ser más afortunada. En el Orfeo del Real el público lo agasajó con diez minutos de aplausos.
–En
España me siento como en casa, es el país donde estoy más a gusto. La
relación con el Real también es buena. El público me aprecia, y yo lo
agradezco mucho. Lo importante es ser exigente con uno mismo y no
llegar a defraudar. Marcar un nivel y no bajar de ahí.
–Su nuevo disco lo grabó el año pasado en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia, adonde volverá durante su gira española.
–Es
algo que le debo a Valencia. Ya hacía años que Helga Schmidt
–intendente del Palau de les Arts– me estaba pidiendo que cantase un Barbero de Sevilla.
Al final lo único que se pudo hacer es un recital, y ya más tarde se
concretó la grabación del disco. Lamentablemente, no he podido hacer
una ópera, quizá más adelante...
Valencia en el horizonte
–¿Cómo fue la experiencia con la orquesta?
–Era
la primera vez que trabajaba con ellos. Dentro de poco, el 9 de agosto,
volveremos a coincidir para el concierto inaugural de Pésaro. Es una
orquesta formidable, joven y divertida. Lo pasamos bien juntos.
–El año que viene cantará Rigoletto en el Teatro Real. ¿Cómo se defiende en el papel del Duque?
–Es
un papel que me exige mucho. Antes lo canté en Lima y más recientemente
en Dresde. Me obliga a empujar la voz, y eso tarde o temprano pasa
factura.
–¿Cambiaría el repertorio?
–No, voy a mantener mi repertorio, que va desde Gluck a Rigoletto, siempre
y cuando sean roles para una voz ligera, no forzada, donde no tenga que
pelear con la orquesta. Respetar el repertorio te permite conservar las
cualidades de la voz: la ligereza, los agudos, el canto ligado, los
colores...
–Parece algo más habitual de la cuenta que las orquestas se coman las voces.
–Hay
directores que están dispuestos a bajar la orquesta para que al
cantante se le escuche, pero también he conocido a directores que
prefieren lucirse aun cuando el cantante está prácticamente sumergido y
se ve obligado a forzar la voz. Tengo suerte de cantar un repertorio en
donde la orquesta, aunque suene fuerte, rara vez te va a cubrir. Eso
pasó con Gianni Schicchi. La canté en Viena casi gritando, y yo
no estoy acostumbrado a hacer eso. Cancelé inmediatamente los proyectos
que tenía para volverla a cantar.
Un disco entre buenos amigos
–... Porque usted es de los que sabe decir que no.
–Es muy importante decir que no en un determinado momento. Yo no podría cantar Werther, ni Lucia, tampoco La Traviata. Voy a hacer Linda di Chamounix, pero le tendré mucho cuidado a La favorita,
por ejemplo. Mi repertorio es Rossini, tengo la voz acostumbrada a un
tipo de canto ágil y virtuosístico. No creo que a la gente le interese
oírme en ciertos roles que otros tenores harían mejor que yo... Como se
suele decir, zapatero, a tus zapatos.
–De todos modos su registro es amplio. En la grabación de La sonámbula, junto a Cecilia Bartoli, tuvo que bajar de tesitura.
–
Se bajó la tesitura porque se utilizaron instrumentos de época, pero no
porque ella lo cantara en otro tono. Para mí fue un reto cantar casi
medio tono más bajo. Yo estoy acostumbrado a cantarla en teatros y me
costó encontrar las posiciones. Pero ahí está, salió bien y siempre es
una experiencia cantar con Bartoli.
–En su nuevo disco, Bel Canto Spectacular, encontramos arias bastante exigentes. ¿Qué ha aportado la grabación a estos míticos títulos?
–Bueno, son arias complicadas. Se trata de una revisión de algunas de las piezas más emblemáticas del bel canto, pero puestas bajo otra luz. Una furtiva lagrima tiene las variaciones de Donizetti; Spirto gentile está en francés; La figlia del reggimento, en italiano...
–En otras ocasiones, ha sido usted mismo el que ha escrito las variaciones.
– Sí, en Rossini normalmente me encargo yo.
–Intervienen
en el disco Patrizia Ciofi, Anna Netrebko, Plácido Domingo, Marius
Kwiecien y Daniela Barcellona. ¿Se trabaja mejor entre amigos?
–
Siempre. Plácido Domingo me había dirigido anteriormente y con el resto
ya había sudado en escena en otras ocasiones. Con Kwiecien estuve hace
poco en el Don Pasquale del Met, por ejemplo. Son todos amigos
de trabajo y también fuera de los teatros. Claro que es un placer
tenerlos en el disco. Que vinieran a Valencia a cantar conmigo, que
todos estos monstruos del canto encontraran un hueco en su calendario,
me hizo sentirme importante.
– ¿Cuál es su relación con Plácido Domingo?
–Excelente.
Es un honor que uno de mis ídolos tenga siempre elogios para mí. Lo he
encontrado varias veces entre el público de mis óperas: en el Covent
Garden, en Viena, en el Metropolitan...
–¿Acude también como espectador a la ópera?
–Sí, frecuentemente. Sobre todo cuando actúo en teatros donde se hacen óperas todos los días. Tengo muchas ganas de ver el Parsifal de Bayreuth.
–Muchos lo consideran el sucesor de Pavarotti. ¿Existe tal sucesor?
–Precisamente
un amigo me hizo llegar el otro día un vídeo en el que Pavarotti
hablaba de mí como su posible sucesor. Yo ya lo había leído en algún
lado, pero fue una grata sorpresa verlo con mis propios ojos. Muchos
viven en el mundo de su repertorio y el hecho de que Pavarotti
apreciara una voz diferente denota cierta apertura. Su voz era lírica,
la mía es lírico-ligera. Él cantaba Verdi y Puccini, y yo canto Rossini
y Bellini. No creo que se pueda hablar de sucesor.
Más allá del repertorio
– Ahora que está empezando con repertorios como Lucrezia Borgia o Pescadores de perlas, ¿se ve más en la línea de Alfredo Kraus?
–Quizá
sí, aunque él cantaba un repertorio más fuerte que el mío. Me inspira
muchísimo Kraus, no sólo como maestro, sino como persona. Era un gentleman.
–Antes
se centraba más en las pirotecnias vocales. De un tiempo a esta parte
se le ve más preocupado en la línea y el fraseo, más en Bellini o
Donizetti que en Rossini.
–Como le decía , no he cambiado de repertorio, todo se debe a mi calendario. Me incorporo después de vacaciones a hacer Matilde di Shabran en el Covent Garden. Después haré La hija del regimiento en Bilbao y volveré al Covent Garden con el Barbero de Sevilla, Zelmira
en Pésaro... No creo que mi repertorio esté cambiando. Trato de incluir
óperas nuevas porque me parece justo. Digamos que mi única escapada fue
Rigoletto, el único Verdi que haré. Así como Mozart, el Rigoletto va a
estar más presente en un futuro.
| Nuevas luces para el bel canto. Después de su anterior recital discográfico, Arias for Rubini, en el que Juan Diego Flórez rendía homenaje a uno de los divos legendarios del siglo XIX, Giovanni Battista Rubini, su tercer trabajo fonográfico, Bel Canto Spectacular, está dedicado por entero al repertorio belcantista, en el que el tenor peruano, hoy por hoy, no tiene posible rival. El programa está integrado por cinco arias y otros tantos dúos de los tres autores más representativos de este exigente estilo: Gioachino Rossini, Gaetano Donizetti y Vincenzo Bellini. Hay que señalar entre las novedades que el aria de La figlia del reggimento está cantada en su versión italiana y la de La favorite, en el original francés. Del mismo modo, en Una furtiva lagrima se utilizan las variaciones escritas por el propio Donizetti. El álbum, realizado en noviembre de 2007 en el Palau de les Arts, constituye la primera grabación de la joven Orquesta de la Comunidad Valenciana. Estuvo dirigida por el maestro israelí, afincado desde hace muchos años en Italia, Daniel Oren, que imprimió al registro un lirismo particular y una ejecución especialmente poética. En Bel Canto Spectacular encontramos a una serie de buenos amigos del cantante, como la soprano rusa Anna Netrebko, quien le da la réplica en el dúo de I puritani, o el tenor madrileño Plácido Domingo, que aparece en un “cameo” de lujo, intercambiando por una vez el Otello de Verdi por el de Rossini. Por Rafael BANÚS |
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