lunes, 04 de agosto de 2008

Publicado por jrtapia @ 10:41





Mahler escribió páginas bellísimas para la trompeta orquestal, como ésta que abre la marcha fúnebre de su Quinta Sinfonía.

En las obras de Mahler se aprecia la influencia de Beethoven y Brahms, así como de Wagner y Bruckner. Mahler emplea la música coral y vocal en la sinfonía de forma similar a lo que Beethoven iniciara en su Novena Sinfonía, con textos de la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller, logrando una perfecta unión de lo musical y lo dramático, como Wagner buscaría después en sus dramas musicales.

Como Wagner o Bruckner, Mahler utiliza amplios recursos orquestales. Su orquestación se anticipa al siglo XX en cuanto a la búsqueda del color en los diferentes instrumentos, la utilización de pequeñas combinaciones instrumentales y la inclusión de algunos instrumentos poco comunes como la mandolina o el armonio. Su música es siempre de tipo contrapuntístico. Para él la orquestación es una herramienta que emplea a fin de obtener la mayor claridad posible en las diferentes líneas musicales.

La obra de Mahler supone la máxima evolución de la sinfonía romántica. "Para mí", solía decir, "componer una sinfonía equivale a un acto de creación del mundo". Sus sinfonías más breves (nº 1 y nº 4) tienen una duración de casi una hora y la más larga (la nº 3 en seis movimientos) de más de hora y media, con un primer movimiento de 35 minutos. Simultáneamente, el compositor finés Jean Sibelius se replanteaba la forma musical de la sinfonía a principios del siglo XX, aunque en dirección opuesta: condensando y destilando la materia musical.

Con la misma libertad que permitió a Wagner y a Bruckner llevar casi al límite el sistema tradicional de tonalidades y armonías, Mahler se mantuvo dentro de él, aunque alterando su premisa básica: la mayor parte de sus sinfonías presentan esquemas tonales progresivos que finalizan en una tonalidad diferente a la inicial. Mahler se sitúa en el límite mismo de los recursos de la tradición. Fue consciente de la desintegración de los valores armónicos y formales que vivió.

Las sinfonías de Mahler constituyen un viaje psicológico, por lo general en forma de batalla titánica entre el optimismo y la desesperación expresados de forma irónica. Esta mezcla de alegría y desesperación, cuyo origen son tristes recuerdos de infancia, fue identificada por Sigmund Freud como la faceta central del carácter del compositor. Sin embargo, todas las sinfonías, excepto la nº 6, finalizan en un ambiente de alegría o al menos de serena resignación. Su música transmite en último término una mezcla de vulnerabilidad humana y consumada musicalidad.

Los dos primeros movimientos de la sinfonía nº 5 forman un bloque. El tema principal se centra en la marcha fúnebre precedida de una gran llamada de atención a cargo de la trompeta. La visión vulgar de la muerte aparece, asumiendo el compositor la misma vulgaridad: la disposición instrumental de este movimiento evoca la típica banda que acompaña el cortejo fúnebre: estamos en la época que inventa para la ostentación las llamadas pompas fúnebres.


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