martes, 12 de agosto de 2008
El pianista ruso Emil Gilels interpreta una de las piezas más
populares de este compositor tardorromántico, el Preludio conocido como
"Las campanas de Moscú": en él parecen escucharse "las campanas
en una noche fría y oscura". Los pesados acordes iniciales contrastan
con una tensa sección intermedia que desemboca nuevamente en los
obsesivos acordes del inicio.
Un preludio es una pieza musical breve, usualmente sin una forma
interna particular, que puede servir como introducción a los siguientes
movimientos de una obra, que suelen ser más complejos. Muchos preludios
tienen un continuo "ostinato" de tipo rítmico o melódico como base,
aunque también los hay de estilo improvisatorio. En ocasiones el
término "preludio" puede referirse a la obertura de una ópera, un
oratorio o ballet.
El "preludio" en su origen consistía en la improvisación que hacían
los músicos con sus instrumentos para comprobar la afinación. En los
siglos XVI o XVII los preludios no estaban ligados a ninguna obra y
tenían un carácter improvisado. Cuando se asienta como forma musical,
el preludio se convierte en una pieza que sirve de introducción a otra
más extensa.
En el siglo XVIII el preludio se asocia a la fuga gracias a
J.S. Bach, que en su monumental obra "El clave bien temperado" (que
consta de 48 preludios y fugas, divididos en dos cuadernos) explora las
bases de la tonalidad.
En el siglo XIX el preludio se constituye como forma independiente,
normalmente para piano, gracias a Chopin (24 preludios opus 28).
Posteriormente otros autores, como Rachmaninov, Debussy, Villa-Lobos o
Shostakovich realizarían nuevas aportaciones en el campo de esta forma
musical breve.